Haide Giri: Auschwitz y los postes de la luz.

 

Leía hace algunos días unas reflexiones referidas a los turistas que visitan Auschwitz, en las que se señalaba la poca demostración de interés real por los sucesos ocurridos allí durante la Segunda Guerra Mundial, en comparación con el frenesí morboso por ver las tibias y las calaveras. Todo quedaba eclipsado y sometido a la macabra visión de ese momento. 

Tal vez muchos de los genocidas de entonces pensaban en la muerte “del otro” como en algo ajeno a sí mismos, como una expiación que había que hacer cumplir con la consigna de: “la pena de muerte es un regalo; habría que mutilarlos antes” . Y por eso se realizaban los experimentos científicos con personas vivas para ver cómo morían. No había televisión entonces, por ello había que fotografiarlos mientras medían los niveles de dolor alcanzados en tanto agonizaban. Las fotografías también permitían excelentes tomas de los rostros despavoridos.

ninos-espanoles-21

La misma sensación me produjo imaginar los postes de luz con ese deseo profundo y maligno de algunos nazis argentinos, “bien nacidos” por cierto, cuando dicen: “Hay que colgar a los chorros en los postes de luz, y la televisión tiene que mostrar cómo se desangran”; más aún si se tratan de menores de edad y pobres. Y mientras más chiquitos mejor, para que no crezcan, como sostenía aquél portando un cartel que rezaba “control de la natalidad”. Me pregunto, ¿se referirá, acaso, a la no natalidad de ellos mismos?

Retomando lo de los postes, hasta podríamos ponerles nombres simbólicos. A saber, “poste niño Campo de la Ribera”; a otro, en la vereda de enfrente, “adolescente marginal La Perla”, y así sucesivamente. Total, para eso nos sobran nombres y la miserabilidad de la condición humana todo lo puede. De los cables de luz, entre poste y poste, podríamos colgar los intestinos y a la calle llamarla Luciano Benjamín Menéndez.

Eso sí, los muertos colgados de los postes deberían estar en una calle de una villa de emergencia. Por dos razones: una, para que sirva de escarmiento, y la otra, para que al hedor se lo banquen los negros de mierda.

En otra época, si uno era joven, estudiante y encima militante, era “sospechoso”. ¿Sospechoso de qué? Sospechoso de generación, con eso bastaba. Y los genocidas del proceso mataron 30 mil.

En la época actual, si se es adolescente, pobre y portador de rostro, sos un pibe sospechoso. ¿Sospechoso de qué? Sospechoso de homicidio. Y hay que matarlos a todos. Por las dudas.

 Cuando el hijo de “alguien conocido” (nunca supe muy bien qué quiere decir esa expresión) es adolescente, mata a otro de sus pares a patadas y le revienta la cabeza con una piedra, la sociedad “bien” se vuelve cómplice de ese asesino. Porque “es uno de ellos”, y “ellos” siempre tienen razones para justificarlo. Les puede suceder con sus propios hijos que además, siempre tienen fundamentos válidos para explicar su criminalidad. Y por si esto fuera poco, también tienen el dinero de papá para no estar presos. Queda claro, en estos casos nunca hablamos de colgarlos de un poste. A ellos hay que esconderlos y pagarles un viaje al exterior para que se olviden de ese mal suceso.

Esos adolescentes son “chicos confundidos” que tuvieron un momento desgraciado y que encima tienen que cargar con “eso” (eso es la muerte de otro, por si hiciera falta más aclaración).

No son estos adolescentes con los que hay bajar la edad de imputabilidad, porque a ellos sí les va servir de lección y no van a hacerlo más. La baja de edad es para los otros, esos negritos mafiosos desde su nacimiento, que nunca aprenden, y por eso es que hay que colgarlos.

¡Cuánta miseria humana en este modo de mirar la vida! Permítanme confesarles que a veces me cuesta extender mi amor por este tipo de prójimo.

Cosa de mayores. ¿Cuándo entenderemos que somos los adultos los responsables de los pibes, los que les regalamos juguetes, celulares, armas, Barbies, y tantas otras cosas con las que les arrebatamos la infancia? ¿Quiénes, sino los adultos, producimos el alcohol, diseñamos la publicidad para tentarlos y los hacemos adictos? 

Hasta donde yo puedo observar, los niños nacen con la necesidad de tomar la teta y no alcohol. ¿Quiénes, sino los adultos, inventamos y fabricamos el paco y levantamos los muros de la indiferencia y la discriminación? ¿Quiénes, sino los adultos, insisto, somos los que los condenamos a la cultura del consumo a la que algunos niños y adolescentes no pueden acceder y tienen que conformarse del lado de afuera de las vidrieras?

Nosotros los adultos somos los responsables del egoísmo y la discriminación. Nosotros nos armamos para matar a los pibes a los que les hemos puesto un revólver en la mano, pero no les llevamos una flor al cementerio.

Ruego para que todos los muertos por actos de violencia, descansen en paz. Y ruego más aún, por aquellos que nunca tuvieron un poquito de niñez, de paz ni oportunidad de igualdad sobre esta tierra.

Fuente texto: Diario La Voz del Interior , 30 de abril de 2009.

Fuente imagen:Blog todoslosrostros.com (Foto de niños españoles ahorcados por la tropa de invasión fascista en la provincia de Badajoz)

Anuncios
Published in: on mayo 2, 2009 at 1:25 pm  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamingaenmovimiento.wordpress.com/2009/05/02/haide-giri-auschwitz-y-los-postes-de-la-luz/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: