Alfredo Eric Calcagno: De los diversos tipos de violaciones

 

La diferenciación entre lo fundamental y lo accesorio es uno de los rasgos sobresalientes de cualquier juicio crítico serio. En otras palabras, en una evaluación es necesario distinguir cuál es el tema de fondo y cuál es el chisme. La gran especialista en confundirlos es la prensa sensacionalista amarilla, que estimula la saña vengativa de quienes se regodean con la desgracia ajena. Las víctimas preferidas son los que gozan de notoriedad (o la sufren). Ahora se ha planteado el caso de Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), que además fue intendente de una ciudad del conurbano de París (Sarcelles), ministro de Economía y el más firme candidato para ganar las elecciones presidenciales francesas del año que viene. Nada menos.   

VIOLACIÓN DE LA SOBERANÍA NACIONAL

En este caso, lo que choca al buen juicio es que mucha prensa internacional y local se ha ensañado con Strauss-Kahn por la presunta tentativa de violación de una empleada del hotel en el que se alojaba. Pero esa misma prensa no repudió  otra violación que, como partícipe necesario, ha perpetrado el director gerente del FMI, que es la violación de la soberanía de los países deudores y del bienestar de sus pueblos. La prensa amarilla ha publicado con lujo de detalles los supuestos arañazos en la espalda de Strauss-Kahn y su presunta retirada precipitada del hotel en Nueva York; pero no publicó las condiciones coloniales que el FMI impuso, por ejemplo, a las economías de Hungría y de Grecia.  

El FMI -y esto es muy anterior a Strauss-Kahn- se extralimita en sus funciones e impone a los países orientaciones generales y medidas específicas de política económica, en violación de su Estatuto. Es un organismo de las Naciones Unidas, cuya Carta de creación establece que “ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados, ni los obligará” (art. 2 inc.7). Además, la Comisión sobre las Instituciones de Finanzas Internacionales del Congreso de Estados Unidos, comisión Meltzer, fue lapidaria cuando dictaminó en el año 2000 que “los programas del FMI no aseguraron el progreso económico”, “han socavado la soberanía nacional” y “a menudo trabado el desarrollo de instituciones democráticas responsables”.

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Las autoridades del FMI actúan en defensa de un esquema económico neoliberal y parten de la base de que los países deben acatarlo: debe preservarse el modelo económico que surge del Consenso de Washington. Olvidan que existen otros bienes superiores desde el punto de vista de la comunidad internacional, que son la soberanía nacional y el bienestar del pueblo.

Los países débiles con problemas de iliquidez en sus pagos externos quedan sujetos a su arbitrio. El FMI les impone programas de ajuste, que suelen ser ruinosos para ellos, mientras generan prosperidad para el establishment financiero internacional y local. Las condicionalidades que impone trascienden los préstamos específicos y se proyectan sobre toda la política económica nacional. En la Argentina los sufrimos durante el período neoliberal. Recordemos la última etapa de la presidencia de De la Rúa, con los sucesivos ajustes fiscales, la obligación de derogar la ley de subversión económica, reformar la ley de quiebras y dictar la ley de flexibilización laboral. Por suerte, nos salvamos de lo peor: en los momentos previos a la caída del gobierno (diciembre de 2001) el staff del FMI tenía listo el proyecto de dolarización y el préstamo para proveer los dólares que reemplazarían al circulante (IMF, Independent Evaluation Office, Report on the evaluation of the role of the IMF in Argentina, 1991-2001, Washington, junio de 2004). Hubiéramos perdido uno de los atributos fundamentales de la soberanía nacional, que es la moneda propia.

En su origen, el mandato que marcaba la acción del FMI era muy distinto a lo que fue su práctica posterior. Fue creado para administrar el sistema internacional de pagos y reducir los posibles desequilibrios de la balanza de pagos. Sin embargo, después se convirtió en el agente de cobro de la deuda externa que debían pagar los países de mediano o escaso desarrollo, para lo cual les imponía planes de ajuste recesivos, con los que extraía los dólares para el servicio de la deuda. A principios de los años setenta dejó de administrar los tipos de cambio y los países desarrollados implantaron un régimen caótico de flotación de las divisas. A partir de los años ochenta fue, además, el instrumento para que los países subdesarrollados aplicaran las reformas estructurales que impuso el Consenso de Washington. Tras su penoso papel con las crisis financieras de las economías emergentes (entre 1997 y 2001, crisis asiática, rusa, brasileña, argentina, turca, etcétera), el FMI vio achicarse sus ingresos y su  influencia. Ya no lo amenazaba el oprobio, sino  la irrelevancia.

Paradójicamente, la crisis financiera internacional de 2008 le devolvió protagonismo. No sólo le llegaron nuevos clientes, a los que distribuyó sus recetas recesivas, sino que obtuvo más fondos y el mandato de monitorear la gestión de la crisis. Así, se transformó en el custodio de la hegemonía del sistema financiero mundial y de la prosperidad de los bancos.

VIOLACIONES A HUNGRÍA Y A GRECIA

El FMI impuso muy duras condiciones de ajuste a los países que le solicitaron préstamos para enfrentar la crisis financiera internacional de 2008/2009. En noviembre de 2008, le prestó a Hungría 15.700 millones de dólares con las siguientes condiciones: primero, ajuste fiscal y fortalecimiento de los bancos; segundo, reducción del tamaño del sector público y aumento del privado; tercero, disminución del gasto público y baja de jubilaciones y sueldos estatales;  cuarto, reducción de la demanda; quinto, recapitalización prioritaria de los bancos elegibles.

Con Grecia, el FMI hizo lo mismo: rebaja de los salarios de los empleados públicos y las jubilaciones (que además se congelaron por tres años); reducción de los beneficios de la seguridad social; el IVA aumentó del 21 al 23 por ciento; designación de un grupo especial para controlar el gasto público; creación de un Fondo de Estabilidad Financiera para “preservar la salud del sector financiero” y “apoyar a los bancos cuando lo necesiten”;  reorganización y reducción de los gobiernos locales y de sus funcionarios; control estricto del presupuesto y de su ejecución; reforma del régimen jubilatorio; publicación de los estados financieros de las 10 mayores empresas estatales; implantación de un plan contra la evasión fiscal; publicación de un informe detallado sobre los sueldos en el gobierno; adopción de nuevas regulaciones para el sistema estadístico; y -última en la enumeración pero privilegiada en la intención- preparación de un plan de privatizaciones para recaudar al menos 1.000 millones de euros por año en el período 2011-2013.

Estas son las obligaciones que el FMI impuso a Hungría y Grecia para transferirles los fondos que salvarían a los sistemas bancarios húngaro y griego, a costa de la brutal recesión que están sufriendo los pueblos de esos países.

VIOLACIONES DIVERSAS

En síntesis, los medios de comunicación y los paladines de la moralidad pública, se indignaron y lapidaron a Strauss-Kahn por una acusación de tentativa de violación no probada. Es obvio que, si ha cometido un delito, debe ser procesado por ello y condenado, como cualquier delincuente común; si, en cambio, fuera inocente, debe ser absuelto; no pasa de ser un hecho policial.

Pero esos medios de comunicación no dicen una palabra sobre la conducta del director gerente del FMI, cuando puso la firma a las violaciones comprobadas de la soberanía nacional de varios países y del derecho a un ingreso digno que tienen sus habitantes. El FMI fue partícipe necesario de esa violación; sus instigadores y cómplices fueron el sistema financiero internacional y los gobiernos de los principales países desarrollados. Pero esas violaciones se silencian porque no suscitan el morbo informativo y, sobre todo, porque su difusión afecta a las convicciones o los intereses de la mayoría de los dueños de los medios de comunicación.

Fuente texto: revista debate, 21 de mayo de 2011

Fuente imagen: página web lavoz.com.ar

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Published in: on mayo 23, 2011 at 11:25 pm  Dejar un comentario  

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