Dante Augusto Palma: Propiedad, propietarios, y apropiación

 

No hace falta tener barba, canas y votar al Partido Obrero para afirmar que una reconstrucción del núcleo de los ideales que han regido los últimos siglos arrojará como resultado que la noción de “propiedad” ocupa un lugar central. Si bien es posible remontarse al derecho romano para profundizar antecedentes, los cambios filosóficos, políticos, culturales y económicos que comenzaron a darse especialmente desde el siglo XVII son aquellos en los que hay que poner especial atención. Así, resulta claro que la irrupción del sujeto con el célebre “pienso, luego existo”, la conformación de los Estados modernos, la moral protestante, y la revolución industrial, son elementos que no pueden comprenderse si se deja de lado la discusión en torno a la cuestión de la propiedad.

Sin embargo, quien considerara que esta es una discusión anacrónica se equivoca pues, de hecho, no sería descabellado indicar que prácticamente todo el espectro de los debates de la política argentina actual tienen el mismo eje, esto es, determinar qué se entiende por propiedad, cuándo se es legítimamente propietario de algo y cuándo alguien se ha apropiado de lo que no le corresponde.

Si hacemos énfasis en la ciudad de Buenos Aires, la referencia es casi obvia pues, como muchos analistas observaron, el eslogan macrista “Vos sos bienvenido” nos interroga y nos obliga a pensar quién habla y a quién le habla. Si bien es de suponer que el publicista que ideó la campaña seguramente ya ha perdido su empleo, lo que resulta claro es que quien habla es un propietario pues sólo desde allí se puede ofrecer una bienvenida tal como sucede cuando llega a un territorio una personalidad o una delegación extranjera. Sin embargo, se les está hablando a los propios habitantes de la ciudad. Nótese que dije “propios” dado que si bien la ciudad parece ser propiedad de todos los que viven en ella, se comienza a dar así una paradojal situación de extrañamiento en la que se es bienvenido al lugar del cual ya se es propietario. Así, la misma indignación que le produciría a usted llegar al edificio en el cual es propietario de un departamento y encontrar que la administración fija un cartel en la puerta de su hogar con el lema “Vos sos bienvenido”, es la que produce en miles de porteños este eslogan de campaña. Pero la cuestión de la propiedad no se reduce a este episodio sino que, podría decirse, ha atravesado toda la gestión del actual alcalde, algo que especialmente se pudo ver en el tratamiento de la problemática de la pobreza, el déficit habitacional y la atención en los hospitales de la ciudad en los que sólo son bienvenidos los vecinos porteños. La ciudad es la ciudad de los propietarios, la que se opone a esa “otra” ciudad, la de los “okupas”, la que usa lo que no es suyo y la que abusa del espacio público que es de todos pero no es de ellos. Hoy más que nunca, Pro no es apócope de “pro-puesta” sino de “pro-pietario”.

Si llevamos la discusión al terreno nacional se notará que el tema de la propiedad resulta igualmente central. En primer lugar, está la controversia en torno a la supuesta apropiación llevada adelante por Ernestina de Noble en connivencia con el genocidio más atroz y en el marco de otra supuesta apropiación de la que también parece haber buenos fundamentos: la de Papel Prensa. Tal paso resultó central para construir y ser propietario del mayor multimedio del país y por ello lo que se espera es que entre en vigencia la cláusula de desinversión que exige la Ley de Medios para que, justamente, Clarín pierda su espacio de propietario ubicuo y dominante.

Pero en segundo lugar hay, no casualmente, otra controversia que ha surgido, pero esta vez en torno al Gobierno, esto es: la acusación de que el kirchnerismo se habría apropiado de las “banderas” progresistas. Se supone así que el kirchnerismo sólo es propietario de fortunas personales y de una voluntad de poder que ha atraído a muchos sectores con legitimidad social a través de un sistema de prebendas, beneficios y corrupción.

Se dan así dos acusaciones en términos de propiedad pues apropiarse es hacer propio algo de manera ilegítima. Sin embargo, esta insidiosa analogía no puede ir mucho más allá porque, en el caso de la dueña del multimedio, la acusación es en torno a una apropiación ilegal en el marco de un delito de lesa humanidad, mientras que, en el segundo, no habría ilegalidad sino, en todo caso, una falta, de algún modo, ética, en el marco de una estrategia política. De probarse el primer caso, los acusados deberían ir presos; de probarse el segundo, quizás, en algún momento, los acusados pierdan una elección.

Pero detengámonos en este último caso: ¿qué significa apropiarse de una bandera como, por ejemplo, la de los derechos humanos? Evidentemente parece hacer referencia a que una facción política ha tomado algo que es propiedad de otros. Pero una vez más, comienza a generar perplejidad la analogía con el tema de la propiedad pues daría a entender que el kirchnerismo sería equivalente a cualquiera que hace uso de algo que no es suyo, lo que incluye tanto a la familia que sin techo usurpa una casa como al melómano con síndrome de abstinencia que roba un pasacassette y al diablo que, sin cuerpo, elige poseer a una chica bonita (y al asesino que roba y entrega los bebés de sus asesinados o al que se adueñó de una empresa de papel comprada a precio vil en el contexto de una cámara de tortura).

En todo caso, la pregunta debiera ser: ¿las banderas políticas pueden entenderse en términos de propiedad, como si fuera un asunto de patentes? De ser así, ¿quién ha patentado la pelea por los derechos humanos? ¿Se le reclama al kirchnerismo que pague un canon por la utilización de esa bandera?

Es particularmente extraña esta crítica pues generalmente proviene de los sectores que exigen diálogo abierto y promueven la posibilidad de acuerdos básicos que surjan del saber escuchar al otro. La contradicción se produciría pues si el resultado del diálogo es que uno de los interlocutores decide llevar adelante una iniciativa ajena, bien podría ser acusado de apropiador.

Visto así, el kirchnerismo sería originariamente perverso porque las cosas buenas que ha hecho son sólo apropiaciones. Se apropió de las Abuelas, de la Asignación Universal por Hijo; también se apropió de “la Caja” travestido de la inobjetable decisión de tener una línea de bandera o acabar con las estafas de las AFJP; se apropió de la juventud y de otra forma de entender la historia; se apropió de los homosexuales y del matrimonio igualitario; también se apropió de la Ley de Medios y, es más, ni siquiera dejó de apropiarse de la Corte Suprema porque se apropió de Zaffaroni, quien ha pasado de ser un garantista pro-delincuentes pero de conducta intachable que pregonaba por una reforma constitucional a favor de un parlamentarismo que todos los republicanos pedían, a ser el Maquiavelo de CFK. Y todo porque los republicanos se dieron cuenta de que el parlamentarismo tendrá sus beneficios pero también es el sistema a través del cual un primer ministro puede quedarse mucho más que ocho años en el poder.

Así, para concluir, parece claro que si bien las principales controversias de la actualidad política en la Argentina giran en torno a la cuestión de qué significa ser propietario, los múltiples sentidos que se pueden dar al tema de la propiedad y, a lo que se sigue de ello, esto es, cómo alguien se está apropiando de algo, nos obliga a desmenuzar y a desbrozar un camino en el que no todo es igual. Pero eso sí: en el momento en que usted esté reflexionando sobre estas palabras, probablemente yo esté haciendo, junto a numerosos opositores, la cola en el recién creado Registro Nacional de Ideas Políticas para patentar todas esas venerables ideas que a pesar de haber nacido conmigo y de ser capaces de solucionar todos los problemas de la humanidad, nunca tuve ni la vocación de poder, ni la visión estratégica ni la capacidad y las agallas para llevarlas adelante. 

Fuente texto: Revista Veintitres. 22 de junio de 2011

 Fuente imagen nro 1: flickr.com

Fuente imagen nro 2: indecquetrabaja.blogspot.com 

Fuente imagen nro 3: Ilustración el roto

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Published in: on junio 30, 2011 at 5:51 pm  Dejar un comentario  

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