Alberto Minujin y Camila Help : Clase media, una chica fácil para los galanes de la clase alta

 

Su resistencia a sumarse al proyecto nacional que encarna el kirchnerismo plantea incógnitas y muchos desafíos.

Hace siete años, con Eduardo Anguita, publicamos un libro que titulamos La Clase Media: seducida y abandonada. Allí, relatábamos cómo la clase media fue conquistada por el proyecto de los sectores conservadores dominantes, desde los militares, en la década del ’70, hasta los neoliberales en los ’90. También mostrábamos cómo fue afectada en forma negativa en términos económicos, por esos mismos proyectos que la seducían. Pero no fueron los crímenes y la debacle del proyecto militar, incluida la aventura de Malvinas, ni el desmantelamiento neoliberal, lo que desilusionó a la clase media, sino que debió llegar la crisis del 2001 para que se sintiera realmente abandonada por el galán dominante.

Hoy, la clase media se encuentra frente a una disyuntiva. En términos económicos, está decididamente mejor que en el 2001/2002, pero ideológicamente se encuentra todavía seducida por el proyecto conservador, opositor al Gobierno. No le alcanzó con su desilusión pasada.

Si bien su situación económica es más favorable que 10 años atrás, una parte de ella duda del actual modelo país que el Gobierno ha ido delineando. Las críticas y dudas se relacionan con arrastres ideológicos y con una serie de cuestiones simbólicas que siente como ataques personales. Sin lugar a dudas, el país tiene muchos problemas que en su mayoría son herencia de muchas décadas pasadas de des-desarrollo. El punto es que esa lista de problemas, que se arrastran del pasado y que todavía no han sido resueltos, algunos grupos de los sectores medios se los asignan al modelo que el actual Gobierno ha ido delineando, sin acordarse de la historia vivida. Es así como la clase media, en su descontento con el modelo gobernante, se ve atraída por los sectores conservadores, pese a que son estos quienes siempre terminan traicionándola. ¿Estamos entonces frente al atípico caso o a la excepción que hace a la regla donde billetera no mata galán conservador opositor?

Modelo redistributivo. Este modelo político y económico, que en la Argentina arrancó en el año 2003, con todos los conflictos ideológicos que ha ido teniendo con algunos sectores al interior de la clase media, en definitiva, mejoró la situación de éstos. Así lo muestran los distintos indicadores. Por ejemplo, el coeficiente de Gini –que mide la desigualdad en la distribución de los ingresos– ha experimentado un descenso en la última década en la Argentina así como en algunos de los países latinoamericanos. Esto implica que estas sociedades se volvieron menos desiguales puesto que cuanto más bajo es el coeficiente de Gini, menor es la desigualdad en la distribución del ingreso. En el caso argentino, desde el 2001 hasta el 2008, se ha dado una reducción significativa de aproximadamente ocho puntos. Si lo comparamos con Brasil y Chile, lo que se observa es que la Argentina es el país que más ha avanzado en términos de redistribución y que ha mostrado el mayor progreso en materia de equidad (Ver gráfico “Inequidad”).

El avance en la distribución del ingreso implica no sólo que la situación de los sectores pobres ha mejorado, sino también la de los sectores medios, en particular la de aquellos que conformaron en los ’90 la llamada “nueva pobreza” y que al presente pareciera que han salido de esta situación. De esta manera, se está revirtiendo el aumento de la concentración del ingreso y de la inequidad, resultado de las políticas neoliberales, que en términos del coheficiente de Gini implicó un aumentó de nueve puntos, entre 1990 y 2002.

¿Qué significa “clase media”? Es posible determinar a la clase media no sólo en su relación con la posesión de los medios de producción, su posición en el mercado de trabajo y su ingreso, sino también por sus habilidades en el área educativa, su formación y sus conocimientos, por sus patrones de consumo y “estilo de vida”. La definición de clase media no pasa por una identidad común objetiva, respaldada en aspectos materiales, como la de los terratenientes o los obreros, sino por lo que algunos denominan “identidad simbólica”.

La clase media ha sufrido significativos cambios en las últimas décadas. Ya no es más la otrora compacta clase media creciente, que mejoraba su posición económica y social de generación en generación. Los procesos económicos y políticos de deterioro social que ha sufrido la Argentina, en particular desde la Dictadura Militar, profundizándose con las políticas neoliberales de los años ’90, dieron lugar a un aumento de la desigualdad vertical y horizontal. Como consecuencia, la clase media se fracciona y se hace más heterogénea. Entonces, dentro de similares niveles de ingreso, conviven grupos diferentes, con identidades y discursos totalmente opuestos. Este distanciamiento tiene que ver con diversos factores, entre ellos el tipo y la calidad de las inserciones laborales, el crecimiento del trabajo informal, especialmente entre los jóvenes, así como, la pauperización de grupos de estrato medio y el quiebre de redes sociales.

A pesar de esto, la fraccionada clase media constituye un actor social de la mayor relevancia. Lo que ellos dicen y piensan hace una diferencia en la sociedad. Sin claras representaciones corporativas, están presentes en la vida social, económica, política y cultural de nuestro país. Suelen no liderar procesos sociales. Sin embargo, en diversas ocasiones, hemos visto a la clase media en relevantes movilizaciones sociales de manera más evidente. Es en este sentido, como plantea Eric Hobsbawm, que no sólo no podemos dejar de lado a estos grupos, sino que los mismos deben ser parte central de cualquier análisis socio-político que se haga en la región y también de las políticas que se encaren hacia la población en general.

Un estudio publicado en la revista de Cepal en abril de este año, define a la clase media bidimensionalmente cruzando la variable ocupación con la variable ingresos. En este sentido, se combina la ocupación del principal proveedor de ingreso del hogar (manual, no manual) y el ingreso familiar como una variable sustitutiva del consumo. Este enfoque emplea dimensiones objetivas como la ocupación, el ingreso, la educación y el consumo. Al analizar, en base a esta definición bidimensional, a la clase media durante el período que va desde 1990 hasta 2006/2007, se observan transformaciones relevantes. En buena parte de América latina, crecieron tanto el número de hogares de clase media como su ingreso promedio. Además, los sectores medios han sufrido cambios como consecuencia de la expansión del empleo no manual y del crecimiento absoluto del producto bruto interno (PIB) por habitante, que incrementó el ingreso y por tanto el consumo de los hogares medios y bajos. Asimismo, si bien no está explicitado en el estudio, estos cambios positivos se han debido a políticas redistributivas adoptados por algunos gobiernos en la región después del 2000.

Por otro lado, se dio una masificación del crédito de consumo que implicó un mayor acceso a bienes durables y a ciertos servicios. Según la Cepal, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial, en comparación a 1990 en el año 2006 el crédito doméstico creció del 30% al 55% del PIB en la región, siendo mayor la expansión en el Mercosur lo que favoreció especialmente a los sectores medios y bajos. La Argentina no fue la excepción a lo que plantea Cepal sino que encabeza la lista de los países en los que los sectores medios mejoraron (Ver cuadro “Hogares de estratos sociales medios”).

En el caso de la Argentina, con los parámetros del estudio de Cepal, en estos últimos 16 años la clase media aumentó. El cuadro elaborado muestra un crecimiento de algo más de un 10% de los hogares de estrato social medio que pasaron de un 67% a un 74%. Pero lo que resulta más impactante es la mejora en los ingresos. Los hogares con ingreso medio duplican el peso relativo del total de dichos hogares pasando de ser el 25% en 1990 al 54% en 2006. Paralelamente, los hogares del estrato medio con ingresos bajos, se redujeron en un 50%.

El trabajo de Cepal, también muestra que cuando se analiza lo ocurrido por condición de actividad y estrato laboral, el ingreso mejoró tanto en los “estratos medios” que están conformados por los jubilados, por los trabajadores por cuenta propia en ocupaciones no manuales y por los asalariados públicos y privados en ocupaciones no manuales, como en los “estratos bajos”, que se conforman de inactivos, de los trabajadores por cuenta propia en ocupaciones manuales y de los asalariados públicos y privados en ocupaciones manuales. La distinción entre ocupaciones manuales y no manuales se realizó utilizando la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (Ciuo) de la OIT.

En el cuadro sobre distribución de los hogares según el ingreso familiar y el estrato laboral, se observa cómo con el paso del tiempo aumentan los ingresos por estratos laborales. En 2002, el 49% de los estratos bajos percibe ingresos medios y sólo el 26% tiene ingresos altos, este porcentaje se duplica en 2006, pasando a ser el 54% de los hogares de estrato bajo los que perciben los mayores ingresos. Con los estratos medios se da también un aumento en la proporción de hogares que perciben ingresos altos, pasando del 46% en 2002 al 66% en 2006. Asimismo, cabe destacar que disminuye la disparidad de ingresos entre ambos estratos.

La clase media respecto al resto de la población es cuantitativamente importante, pero también lo es desde el punto de vista de la generación del ingreso, el consumo y la formación de opinión política.

¿Qué hacer con la clase media? Pese a que la clase media está mejor, muchos de ellos no sólo no compra el modelo gobernante sino que se sigue sintiendo atraída por los mensajes neoliberales y no se identifica ideológicamente ni con la propuesta de Cristina Fernández de Kirchner, ni con la de otros sectores progresistas.

Frente a esta clase media seducida por los sectores conservadores y enfrentada a su galán gobernante, por una parte es necesario insistir en la implementación de políticas cuyo objeto sea la construcción de ciudadanía y el afianzamiento de los procesos democráticos, buscando el desarrollo de una sociedad aún más incluyente con equidad y justicia social. Esto hay que hacerlo a pesar de que es posible que no sea lo que más atraiga a esos sectores medios pero es ese el modelo de sociedad al que aspiramos.

Dentro de los distintos aspectos a llevar adelante en este modelo, la educación puede y debe constituir un eje convocante y que aglutine a toda la sociedad. Este es un aspecto que resulta especialmente significativo para los sectores medios. La universalización de la educación inicial a partir de los cuatro años, la expansión del secundario y la búsqueda de mayor calidad educativa, debieran ser ejes principales del próximo gobierno. Estos temas son cruciales para nuestro presente y futuro porque permiten lograr un proyecto de mayor equidad y porque la infancia y adolescencia deben ser temas prioritarios ya que son nuestro activo más importante como sociedad. Los cambios positivos en la educación traen un amplio reconocimiento de la sociedad.

Por otra parte, para incluir en el proyecto a mayores grupos de la clase media, resulta especialmente importante debatir e implementar políticas orientadas hacia esos sectores, así como se discuten y desarrollan programas para los sectores de mayor vulnerabilidad. Entre estas políticas, la expansión de los espacios públicos, las instituciones y los espacios culturales, que tengan a los estratos medios como actores protagónicos pueden ser significativas.

Pensamos que la clave parece residir en expandir e institucionalizar canales participativos con poder de acción, en los cuales las clases medias pueden jugar un papel relevante y positivo. Convivencia urbana, planeamiento y desarrollo de espacios públicos de recreación y cultura, transporte, infraestructura local, implementación y funcionamiento de servicios básicos de educación, salud, saneamiento, alumbrado y otros, constituyen algunos de los tantos ejemplos de espacios de acción ciudadana en los que los sectores medios pueden encauzar su energía de forma constructiva (Vulnerabilidad y resiliencia de la clase media en América latina, Minujin, 2010).

Todas estas estrategias pueden ayudar a captar grupos de clase media, pero seguramente van existir otros que seguirán en su idílica relación con los sectores conservadores, que sin duda los volverán a traicionar si así lo requieren sus intereses. Esperemos que estos sectores conservadores no tengan la chance de gobernar, ni siquiera en la Ciudad de Buenos Aires, donde se concentra buena parte de los sectores medios ideológicamente opuestos al modelo propuesto por la actual presidenta. La interesante opción Filmus-Tomada, dos profesionales de clase media con trayectorias positiva, experiencia pública, ética y rodeados de buenos equipos, debiera ser más que convincente para amplios sectores medios, si no fuera por la carga ideológica anti-gobierno que muchos de ellos tienen. Nuestra esperanza radica en que una parte significativa de la clase media aprenda de experiencias pasadas, tome conciencia de que una propuesta basada en la justicia social los incluye como actores relevantes y que tiene más que ver con sus propios intereses que la de los sectores conservadores. Pero si esto no sucediera esperamos que al menos la lógica de la billetera sí mate galán conservador opositor.

Fuente texto: periódico miradas al sur, 3 de julio de 2011

Fuente imagen: periódico miradas al sur

Fuente imagen nro 2; renovaciondeideas.blogpost.com

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Published in: on julio 8, 2011 at 2:50 pm  Dejar un comentario  

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