Carlos Boyadjián: Minga al FMI

 

Allí estaba la frase, pintada a brocha gorda sobre una pared maltrecha que había sido previamente blanqueada a la cal. “Minga al FMI”, gritaba el mural ilustrado con un dibujo de un fornido brazo masculino haciendo el clásico corte de mangas. Ese era el sentimiento que se vivía por entonces en Valentín Alsina, primera estación del conurbano al sur dela Capital Federal.Por cierto, era una sensación compartida en muchos lugares del país. Pasaban los meses y la frase seguía allí, estoica y firme como el primer día, un fiel testimonio del rechazo que generaba en la población el organismo financiero internacional.

Corrían los primeros años de la democracia recuperada, cuando el gobierno de Raúl Alfonsín buscaba con esfuerzo, y en una pulseada desigual con los acreedores, articular un club de deudores para encontrar una solución colectiva al acuciante peso de la deuda externa de América latina. La crisis de la deuda había explotado como un “daño colateral”, surgida de la brutal suba de tasas de interés que Estados Unidos había dispuesto en 1981 y que en menos de un año había llevado la tasa del uno al seis por ciento anual.

Como solía suceder entonces, el Fondo Monetario Internacional estaba presente en la agenda política y económica argentina, tal cual ocurría desde mediados de siglo cada vez que el país tenía inconsistencias en su balanza de pagos, lo que en buen criollo no es otra cosa que dificultades para hacer frente a los servicios de la deuda pública.

Años más tarde, en 2001, llegarían sucesivos paquetes de salvataje, el blindaje, el default y al año siguiente las presiones para devaluar la moneda, el recordado “castigo a la Argentina” y el “dejar que el país quiebre”, un eufemismo para decir algo así como “váyanse todos al fondo”.

El tiempo pasó y en 2005 el gobierno nacional primero reestructuró la deuda que estaba en default –con una quita histórica del 65 por ciento sobre el monto nominal–, y a comienzos de 2006 pagó al contado los 9.500 millones de dólares que se le adeudaban al FMI, para no negociar más ni estar obligado a seguir sus recetas. Quizás algún memorioso haya recordado en ese instante aquella frase del paredón.

ESE VIEJO CONOCIDO

Hace tiempo que los argentinos no convivimos a diario con el Fondo Monetario Internacional, sus furtivas misiones ni mucho menos sus dictados. El gobierno de Néstor Kirchner se encargó de sacar al organismo de la agenda. Queda todavía una negociación pendiente, que es el pago de la deuda con el Club de París (6.500 millones de dólares más intereses), una instancia que el Gobierno espera saldar antes de fin de año, aunque todavía no hay un acuerdo con el organismo acreedor ni una propuesta formal de pago. Para ello, las normas del organismo acreedor establecen tener en vigor un acuerdo con el FMI, algo que el gobierno argentino resiste.

En los últimos meses el Fondo volvió a ser noticia en todo el mundo por insistir con sus conocidas recetas de ajuste en varios países europeos, esto luego de haber pasado una década del derrumbe argentino y haberse demostrado empíricamente el fracaso a que condujeron sus recetas en el país.

Para reforzar la idea del fracaso, días pasados el ex director gerente del Fondo Michel Camdessus (1987-2000), de visita en Buenos Aires, admitió que en esos años se cometieron “muchos errores y tonterías conla Argentina”, pese a lo cual destacó que el hecho de que el país hoy integre el G-20 es un signo de quela Argentinarecuperó su estándar internacional. Hay que aclarar que probablemente esto se hubiera logrado de cualquier modo, porque como se sabe, business are business.

La reciente designación de la ministra de Finanzas francesa, Christine Lagarde, al frente del FMI, tras el escándalo que le costó el puesto al ex director gerente Dominique Strauss-Kahn, no parece suponer demasiados cambios para nuestro país en la relación con el organismo financiero.

“Lagarde es una continuadora de la política de Strauss-Kahn”, entiende el economista Jorge Todesca, titular de la consultora Finsoport. Pero en momentos en que la actual crisis económica está enraizada en el Viejo Continente, Todesca apunta que “cualquiera que venga de Europa tiene una sensibilidad mayor frente a la crisis, algo que es bueno para América latina”. El ex viceministro de Economía cree que luego del pago de la deuda total en 2006 se imponía un reestablecimiento de las relaciones con el Fondo y dice que “ese momento era en 2007 cuando los factores inflacionarios, la expansión monetaria y la cuestión fiscal eran mejores que ahora”.

Pese a todo, Todesca considera que el país no enfrenta una crisis financiera en el corto plazo. “Yo no creo quela Argentina tenga por delante problemas con la balanza de pagos, al menos en el próximo año, y en ese marco, no veo que el país se esté aproximando al FMI ni tenga necesidades de alcanzar algún tipo de acuerdo por asistencia.”

Por su parte, Fausto Spotorno, economista jefe de la consultora Orlando Ferreres y Asociados, entiende que el FMI debe “volver a ser un prestamista de última instancia pero hoy el problema es la relación del FMI con todo el mundo”. En su opinión, ala Argentina “a la larga le va a convenir volver al FMI” porque de ese modo habría un prestamista más barato que los mercados de capitales internacionales, para obtener recursos y hacer los cambios necesarios.

“Para terminar con el tema de los subsidios y ajustar las tarifas, hay que tomarse un tiempo, hacerlo en cuatro años, es cierto que se va a generar un déficit fiscal, pero en ese lapso puede asistir el FMI. De otra forma es difícil desarmar el sistema de subsidios al transporte, la energía, etcétera”, explica.

“La historia se presenta la primera vez como tragedia y la segunda se repite como farsa”, escribió Karl Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte (1851). Un siglo y medio después la crisis económica en Europa preanuncia que la experiencia argentina de principios de siglo y de varios países latinoamericanos tendrá su remake en la cuna del euro.

Un reciente estudio de la consultora Reporte Económico sobre la actualidad europea señala: “Los mayores ajustes fiscales en estos países (Grecia, España, Portugal, Italia) sólo terminarán profundizando la agonía y poco será el aporte a una salida de la crisis por la vía de un mayor crecimiento económico. La situación no difiere de lo ya vivido en la Argentina, y tanto las autoridades europeas como el FMI deberían poner en práctica otras recetas tras la mala experiencia vivida por nuestro país y las buenas prácticas utilizadas por nuestra economía en la década siguiente”.

Pero como suele ocurrir, lo más difícil es mirarse al espejo y hacer una autocrítica. “Una reciente visita del FMI a estos países sorprendió, al considerar que ‘a pesar de las medidas tomadas no se observa ni una recuperación de la actividad económica, ni del empleo, y menos de un sistema financiero al que consideran frágil’ ya que difícilmente con estas recetas se pueda alcanzar dichos objetivos”, subraya Reporte Económico.

Y concluye: “La experiencia vivida en Latinoamérica en la década anterior parece que no les alcanza a los organismos internacionales a la hora de mensurar programas que alienten una salida rápida a la crisis con políticas de ajuste”.

Fuente texto: página web caras y caretas

Fuente imagen: lahistoriadeldia.wordpress.com

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Published in: on julio 13, 2011 at 7:23 pm  Dejar un comentario  

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