Edgardo Mocca: Operaciones mediáticas y tensiones reales

 

Una de las primeras operaciones mediáticas contra el Gobierno, después del del derrumbe electoral de todas las anteriores en las primarias abiertas, está dedicada a la puesta en escena de una supuesta crisis en la conducción de la CGT. Es muy curioso el estilo de los analistas del establishment. Le dicen a la derecha que el Gobierno prepara una radicalización del populismo; al ala nacional-popular le hacen llegar rumores acerca de una disposición oficial a conciliar con los adversarios políticos de estos años. Los rumores nunca se confirman en los hechos y no son reemplazados por reconocimientos autocríticos y correctivos sino por nuevos rumores. El caso de la nonata “sublevación peronista en el conurbano bonaerense” es el más contundente de los muchos ejemplos de esta metodología.

Claro que si no hubiera tensiones internas en la coalición de gobierno, estas operaciones girarían en el vacío absoluto. Lo que tal vez no alcanzan a ver los analistas de los medios dominantes es que la escena se ha transformado bruscamente a partir del 14 de agosto. Perseveran de modo rutinario en las viejas prácticas y en las viejas especulaciones, cuando la realidad ha mutado bruscamente e insinúa profundizar ese cambio. Una cosa es jugar con la amenaza de desmadre interno con un gobierno débil y acorralado; otra muy diferente es imaginar escenas caóticas con un elenco oficialista que acaba de dar un salto decisivo hacia una legitimación plebiscitaria en las elecciones presidenciales.

Lo cierto es que el movimiento sindical es uno de los apoyos fundamentales del proyecto del actual gobierno. Fácilmente se reconoce ese hecho si se desmaleza el análisis de intrigas y de subjetivismos y se lo pone en el sitio de la política: un gobierno que propone un proceso de reindustrialización, apoyado en el sostenimiento prioritario del consumo interno capaz de sustentar la recuperación del empleo y la elevación de su calidad como factores centrales de inclusión social no puede prescindir del actor social cuyos intereses coinciden más plenamente con ese rumbo. De hecho, no solamente la conducción dela CGT, parte orgánica del movimiento peronista, apoya resueltamente este rumbo, sino que también lo acompaña uno de los dos sectores en los que hoy está divididala CTA, surgida en los años noventa como modelo sindical alternativo. Cualquier rebajamiento orgánico del papel del sindicalismo constituiría un debilitamiento del dispositivo transformador en su conjunto.

Sobre esa base estructural se desenvuelve el drama de la política concreta en el interior de la coalición de gobierno. Hoy la constelación kirchnerista ha alcanzado, no solamente un predominio electoral que se reveló abrumador hace unos días sino también una influencia rectora en los sectores más dinámicos de la sociedad argentina. Cristina Kirchner es el vértice de un amplio y heterogéneo conjunto de actores sociales: tiene el apoyo decisivo de la estructura justicialista y el respaldo de un sector importante de la izquierda que no forma parte orgánica del gobierno -el Nuevo Encuentro, que dirige Martín Sabbatella-,la CGT yla CTA que dirige Hugo Yasky suman su adhesión. El mundo empresarial ha virado sus posiciones y apoya en lo fundamental el rumbo. Los movimientos de derechos humanos, que están entre las fuerzas con mayor prestigio histórico están alineados conla Presidenta, igual que un influyente grupo de organizaciones juveniles, intelectuales, artistas y personalidades del mundo cultural.

Cada uno de estos sectores tiene sus propios objetivos particulares. Y no es extraño que sus intereses presenten aristas contradictorias, que obligan a una negociación inteligente. Así está sucediendo, por ejemplo, cuando está por comenzar la negociación sobre el salario mínimo vital y móvil en la instancia tripartita entre el Gobierno, los sindicatos y las cámaras empresarias. Las tensiones entre patrones y trabajadores son tan viejas como la economía capitalista y se expresan con todo vigor cuando, como sucede en los últimos años, se discute el modo de distribuir un importante crecimiento económico. Hay que recordar que el Consejo del Salario estuvo virtualmente congelado en los tiempos de las reformas neoliberales, por lo que no queda sino saludar las tensiones actuales como un logro de la democracia que debería ser más reconocido, si la calidad institucional dejara de ser una bandera de agitación electoral y se convirtiera en un objetivo práctico común.

La política laboral argentina es hoy reconocida en todo el mundo. “Este país y esta región es la única en el mundo donde hay optimismo acerca del futuro de los trabajadores”, señaló Sharon Burrow, secretaria general dela Confederación Sindical Internacional (CSI) -el principal agrupamiento mundial de los trabajadores-, quien visita el país en estos días. En la misma dirección suelen manifestarse los principales dirigentes dela Organización Internacional del Trabajo. Es decir que desde el punto de vista de los intereses sectoriales de los trabajadores, la alianza entre Estado y movimiento sindical da innegables frutos.

Las tensiones principales entre el gobierno de Cristina Kirchner y la dirección dela CGT radican más bien en la esfera política. El secretario general de la central obrera, Hugo Moyano, hizo muy poco, en los meses últimos, para ocultar que su sector reclama otro lugar político para los dirigentes sindicales. “No nos conformamos con alcanzar reivindicaciones, los trabajadores queremos el poder”, dijo hace poco. La cosecha de candidatos del sector en las listas del Frente parala Victoria fue muy pobre, según la dirección cegetista, y alrededor de la insatisfacción resultante giran las actuales dificultades de la relación y los problemas que pueden avizorarse para el futuro próximo.

La tradición peronista ha sostenido que el movimiento obrero es su columna vertebral. Así quedó planteado desde el primer gobierno de Perón, no solamente por imperativo doctrinario sino, ante todo, como resultado del desarrollo de las luchas políticas en el país. En ese gobierno, y sobre todo en los años siguientes al derrocamiento y proscripción del peronismo, el movimiento sindical operó como instrumento principal de la estrategia del líder desterrado en su lucha por el poder. Claro está que no era un instrumento dócil: en más de una ocasión, como durante la época de oro del líder metalúrgico Augusto Vandor, el sindicalismo peronista acarició la posibilidad de independizarse críticamente del liderazgo fundador del movimiento para dar paso a lo que era llamado “peronismo sin Perón”. Nunca, como se ve, las relaciones entre el liderazgo del movimiento y su columna vertebral fueron sencillas y plácidas.

¿Cómo entender la idea de un movimiento obrero que lucha por “el poder”? El sindicalismo peronista nunca sostuvo orgánicamente una visión clasista de la sociedad, ajena en lo fundamental al ideario nacional-popular. Sin embargo, aun en los marcos de una concepción más bien corporativa (o neocorporativa) de la política,  los líderes sindicales nunca han renunciado a un papel principal en la lógica movimientista del peronismo. La actual conducción cegetista reivindica, además, que su compromiso con un proyecto político industrialista e inclusivo no empezó con el proceso abierto en 2003. Junto conla CTAy una variedad de movimientos sociales fueron, en efecto, los principales animadores de la resistencia social al neoliberalismo, en tiempos en que esa estrategia no rendía los frutos políticos que hoy rinde.

Las tensiones, entonces, son completamente lógicas y legítimas. Tal vez, sin embargo, hay un par de cuestiones que deberían ser revisadas. La primera es de orden estructural: los dramáticos cambios socioeconómicos y culturales del país en las últimas décadas han debilitado el peso político de los trabajadores orgánicos y potenciado el de actores sociales organizados territorialmente en torno del Estado. Ciertamente un proyecto de reindustrialización, eventualmente exitoso en el largo plazo, podría invertir esa tendencia. Pero ese proceso no se ha consumado y los espacios políticos los disputan las fuerzas reales y no los proyectos. La otra cuestión es la de los métodos con los que el sindicalismo sostiene sus posiciones. Sirve de ejemplo, la dura amenaza lanzada hace unos meses por una serie de sindicatos afines con la actual dirección de lanzar nada menos que un paro total de transportes para repudiar un exhorto de la justicia de Suiza para investigar cuentas bancarias del secretario general dela CGT. Sólo débilmente encubierto bajo el argumento de un repudio a la campaña mediática contra el líder, la movida tenía una clara dirección de desafío al liderazgo de Cristina Kirchner. Algo de esa situación parece estar pesando en la relación entre el Gobierno y la central obrera.

Mientras tanto, los medios -que perseveran en líneas editoriales desastrosamente derrotadas en las primarias del 14- tratan de reducir estos problemas complejos en el interior de la coalición de gobierno, a un juego de intrigas menores y a un supuesto objetivo dela Presidenta de deshacerse de una figura poco atractiva electoralmente como el líder camionero. Por los resultados que hemos conocido, no parece que Cristina Kirchner ande demasiado necesitada de mejorar su imagen electoral.  

Fuente texto: revista debate

Fuente imagen: redaccionrosario.com

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Published in: on septiembre 2, 2011 at 9:25 pm  Dejar un comentario  

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