Alberto Dearriba : Algunos ven la foto y otros, la película

 

¿Cuál es la verdad entonces de la situación argentina? ¿La del New York Times que habla de una bonanza económica impensada años atrás o la del infierno que describen algunos medios argentinos?


En los últimos tiempos la Argentina produjo la paradoja de ser un ejemplo internacional de cómo salir de una crisis, mientras algunos diarios y emisoras locales describen aquí el peor de los mundos. ¿Quién tiene razón? 

Un columnista del New York Times, Ian Mount, le pidió días atrás a Barack Obama a través de un artículo, que se inspire en el plan aplicado por el kirchnerismo para sacar del pozo a la mayor economía del mundo, mientras los medios argentinos más poderosos subrayan la persistencia de la pobreza, de las villas miserias, de las viviendas sin cloacas, ni agua potable y del escaso peso industrial en el PBI. Unos miran la película y otros se quedan con la foto.  

El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, no deja pasar oportunidad para recalcar que no se sale adelante con ajustes ortodoxos, sino con medidas contracíclicas como las aplicadas por Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Y el también Premio Nobel, Paul Krugman, destacó reiteradamente el crecimiento de la economía argentina mediante medidas heterodoxas. Sostiene que “cuando la Argentina intentó ser seria y aplicar medidas ortodoxas, fue un desastre”. 

En cambio, los economistas de la oposición siguen proponiendo el viejo remedio del enfriamiento de la economía y el ajuste. Durante una conferencia organizada por la Cámara de Aseguradoras del Interior de la República Argentina (ADIRA), el compañero de fórmula de Ricardo Alfonsín, Javier González Fraga, propuso atajar el eventual impacto de la crisis internacional en la Argentina, “trabajando sobre la inflación”, eliminando subsidios y revirtiendo una política que “hace un culto al consumo y desprecia la inversión”.  Curiosamente, el ministro de Economía de Hermes Binner, Ángel Sciara, coincidió con González Fraga, al advertir que “no se puede seguir creciendo estrictamente sobre el consumo, porque no hay economía que pueda mantener su crecimiento en estos términos”. Por su parte, el candidato a diputado nacional del postulante presidencial que se impuso en la Antártida,  Martín Redrado, sacó a pasear al último cuco: el aumento del dólar. Redrado advierte ahora sobre una corrida cambiaria post eleccionaria. 

El columnista Mount propone en cambio inspirarse en la receta kirchnerista y le dice a Obama que promueva la obra pública como se hace en la Argentina hoy y como lo hizo el New Deal en los EE UU, luego de la crisis del ’30. También pide el editorialista aceitar el consumo popular: “Ponga dinero en el bolsillo de los ciudadanos –dice– que ellos después gastan y contribuyen a la reactivación económica”. Mount reconoce que los precios de los comodities ayudaron a la Argentina a salir del marasmo, pero advierte que el gobierno mantuvo inteligentemente un dólar alto para favorecer las exportaciones y frenar las importaciones. Algunos lo llaman viento de cola, pero hay que saber poner las velas para avanzar. 

Enterada de los elogios, Cristina Fernández dijo, un poco en broma y un poco en serio, que “no sé si esto es bueno o es malo”. Tal vez recordó las lisonjas a los ministros de Economía argentinos que volvían de Nueva York tras haber pactado gravosas refinanciaciones de la deuda. Los grandes medios locales y extranjeros coincidían entonces en que las gestiones habían resultado “exitosas”, pero los trabajadores no percibían esos éxitos. Uno de los más elogiados por sus ideas “serias” y su “brillantez intelectual” fue sin duda José Alfredo Martínez de Hoz, quien dio el puntapié inicial para el derrumbe argentino. Desde entonces, cada vez que hay demasiados elogios en el exterior, no pocos argentinos sospechan. 

¿Cuál es la verdad entonces? ¿La del New York Times que habla de una bonanza económica impensada años atrás o la del infierno que describen algunos medios argentinos? ¿La que informa ahora sobre la falta de agua de millones de argentinos o la que da cuenta de la drástica reducción de ese déficit? Parece sugestivo que se hable de estas falencias precisamente en el momento en que la presidenta inaugura una extensión de la red de agua potable para unos 25 mil vecinos de la La Matanza. Más allá de las visiones interesadas, las que defienden negocios y no la verdad, las dos cosas pueden ser ciertas a la vez: una de las miradas contempla interesadamente sólo la foto actual y la otra, una película de 25 años de ajustes.   

Por esas paradojas de la política, resulta que quienes más insistieron históricamente en la necesidad de atacar la pobreza, son quienes celebran ahora su disminución, mientras que los más insensibles descubrieron ahora el flagelo. Los periodistas más veteranos saben de sobra lo que costaba poder realizar descripciones de la pobreza argentina o dar cifras. Pero ahora resulta que la presidenta de la Nación informa que la pobreza se redujo al 8,3% en la primera mitad de 2011 y tiene más espacio la nota que rebate la información oficial que el anuncio. La Asignación Universal subió casi un 23%, con lo cual llegó a 270 pesos. Ni este aumento, ni la incorporación al cobro del salario familiar a los trabajadores que ganan hasta 5200 pesos, servirán para que los beneficiarios descorchen champagne. Pero puede ser la diferencia entre comer y no comer.

Mucho más crueles son las críticas de quienes sostienen que el Estado ni siquiera debe aplicar planes sociales. El obispo de Añatuya, Rodolfo Uriona, consideró que la Asignación “puede convertirse en un arma de doble filo, ya que puede llevar a que se caiga en el conformismo o la pérdida de entusiasmo por buscar un trabajo digno”. 

El obispo de Goya, Ricardo Faifer, agregó que “muchos consideran que el acostumbramiento a los planes se está volviendo un gravísimo problema porque se puede perder la cultura del trabajo”.  Llama la atención que esas ideas provengan de una institución que secularmente ha hecho un culto de la caridad. Es obvio que la solución pasa por crear empleo genuino. Deberían recordar los obispos que por esa razón el kirchnerismo aplicó políticas que redujeron el desempleo del 20 a 7%.  ¿Pero qué hacer mientras la pobreza no desaparece? No son muchos los que pueden “acostumbrarse” a vivir con tan poco, pero nadie se acostumbra a no comer.

A dos semanas del rotundo pronunciamiento de las urnas, se ataca al gobierno como si nada hubiera pasado. Los tibios actos de contrición inicial se desvanecen ahora como chocolate al sol. Pero más allá de la discusión sobre las estadísticas de pobreza o nivel de vida y sin desconocer que millones de personas viven mal, las evidencias de la mejora están en las calles: multitudes consumiendo, restaurantes colmados, calles atestadas de autos y largas colas para viajar al trabajo en las horas pico.

Al que no le alcance con esta realidad puede acudir a los datos electorales. Y tratar de reflexionar acerca del porqué más de 10 millones de argentinos ratificaron al gobierno. Seguramente es porque valoran positivamente la mitad llena del vaso. Aunque sepan que todavía falta llenar la otra mitad.

Fuente texto:diario Tiempo Argentino, 10 de septiembre de 2011

Fuente imagen: albertocosta.com.ar

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Published in: on septiembre 21, 2011 at 3:19 pm  Dejar un comentario  

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