Hernán Brienza: ¿No percibe un instante de sosiego?

 

No siente que la política argentina ha entrado en una especie de “fin de la historia” vernáculo y criollo? ¿Se acuerda cuando hace exactamente 20 años, el intelectual Francis Fukuyama decretaba el “fin de la historia” utilizando el concepto hegeliano y decía que las ideologías ya no eran necesarias y que el capitalismo neoliberal se había instalado para quedarse en un mundo globalizado que sólo debía ajustarse al sistema democrático y ofrecer la posibilidad del consumo masivo para todos los ciudadanos? Dígame si en algún punto la Argentina kirchnerista no está atravesando un momento parecido, si no sobrevuela sobre el actual mapa político una sensación-ilusión de que se acabaron las grandes antinomias, los conflictos medulares, las dicotomías agónicas y que hasta el final de los siglos a nuestro país no le resta más que profundizar –incorporar más ciudadanía y bienestar social– e institucionalizar –estabilizarlo con un conjunto de normas y tradiciones concretas– el modelo nacional y popular. ¿No percibe un instante de sosiego poco común para la política argentina? ¿No siente que vamos hacia la consolidación de un contrato político y social que garantice democracia, inclusión social y trabajo productivo de aquí a la eternidad? Es una humorada, claro está, y quizás hasta un deseo imaginario, pero de un tiempo a esta parte existe una previsibilidad sobre el futuro pocas veces vista en nuestro país.

Contrato firmado: El resultado de las elecciones primarias, seguramente refrendado el 23 de octubre próximo, ha servido como la firma de un aval a favor del actual modelo de producción, acumulación, distribución y ahorro de la riqueza para los argentinos. Es decir, la ciudadanía hizo explícito su apoyo –aun cuando no sea exagerada conciencia– al rumbo que le imprimió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al gobierno, a la economía y al Estado. Es posible que haya sido un sello menos ideológico que resultadista, pero lo cierto es que la racionalidad y la eficiencia del gobierno nacional han convencido a los electores de que son necesarios y deseables al menos cuatro años más del actual rumbo económico y político.

Fin de la historia: Una vez firmado el pacto electoral, la política pierde su componente agónico e ideológico. Al gobierno kirchnerista “no le queda otra” que seguir gestionando, que seguir profundizando e institucionalizando el modelo, es decir, ya quedaron atrás los tiempos marcados por lo agónico, lo dialéctico, las horas de los duelistas y esgrimistas. Son tiempos quietos, con menos épica, donde manda la lógica del hacer y la fabricación, más que las estocadas y las defensas. Son los tiempos serenos de la técnica y la proyección, del trabajo y la industria, del ir de “casa al trabajo y del trabajo a casa”. Restará la silenciosa épica de seguir incorporando trabajadores al mercado, de que el pleno empleo haga de palanca para mejorar las condiciones laborales de los empleados, de resolver los problemas que generó la infraestructura material de la pobreza –vivienda, cloacas, caminos– y la espiritual –la educación, la salud, la cultura–. Quedarán como desafíos, ya no la voraz y mezquina pelea interna, sino la preocupación por la producción, la exportación, el crecimiento sostenido.

Invulnerabilidad: Tiene mucho de ironía la tesis del “fin de la historia vernácula y criolla”; obviamente, es sólo un momento pasajero y ya volverán los conflictos, las peleas, las contradicciones materiales, la pujas distributivas, las pequeñeces. Pero en este momento, hasta las operaciones políticas y periodísticas que hasta hace cuatro meses tensarían a la sociedad, hoy son miradas con cierta displicencia por parte de la sociedad. Sergio Schoklender pasea su actitud farsante por una desvaída comisión de diputados encabezada por la reina del cross Graciela Camaño y por las tapas de Clarín y La Nación y no conmueven ni emocionan ni siquiera a las muchachas consumidoras de telenovelas de la tarde. Tampoco funcionó la estrategia de responsabilizar al gobierno nacional por la voluntad de los vehículos sobre ruedas de protagonizar todos los accidentes de tránsito de esta semana, incluso el triste episodio del siniestro de Flores que costó la vida de once personas y dejó más de 200 heridos. Hasta Mauricio Macri volvió a quedar desdibujado con su letanía de “yo no fui, la culpa es del otro”.

Justamente, una señal clara del “final de la historia” es que el diario Clarín se ha convertido en marido golpeador con los nudillos fracturados. Tira y tira trompadas a ciegas y a lo loco y sólo consigue lastimar su propia legitimidad periodística. Y para peor, queda expuesto a las gastadas de cualquier twitero con un poco de chispa.

Lo mismo le ocurre a Eduardo Duhalde, que va con su carpetita de denuncia por fraude a todos lados. Más allá de su intento desestabilizador y deslegitimador, el censor de las “banderas subversivas” demuestra cada día que pasa cuán cerca quedó su prédica de los años noventa y cuán lejos está de ser el político moderno y de la concordia que en algún momento prometió convertirse. Hasta Alberto Rodríguez Saá, su competidor dentro del Peronismo Federal, se despegó de él esta semana convencido de que el otrora hombre fuerte de la década menemista funciona hoy más como lastre que como prenda de unidad para el globo de la oposición.

Colofón: Mientras la oposición se encarga de terminar de “matar a la historia vernácula y criolla”, la presidenta Cristina Fernández viajó a París a acompañar a Estela de Carlotto a recibir el premio Houphouët-Boigny que le entregó la Unesco. Y allí hizo una defensa irrestricta del Estado de Derecho como única construcción política posible para la Argentina. Por último, la semana entrante la presidenta tendrá una nueva oportunidad de diferenciarse de los líderes de la oposición: el discurso ante la asamblea de la Organización de las Naciones Unidas. Hágame caso, estimado lector, préstele atención al discurso de la presidenta. Atravesado por la crisis de los países centrales, Cristina Fernández tendrá la oportunidad, con los resultados del modelo en la mano, de presentarse como una estadista internacional.

Fuente texto: diario Tiempo Argentino, 18 de septiembre de 2011

Fuente imagen: sauroblogs.blogspot.com

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Published in: on septiembre 23, 2011 at 12:14 am  Dejar un comentario  

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