Eric Calcagno: El desconcierto del establishment

 

El establishment es un grupo social que ejerce autoridad o influencia y que generalmente se opone a los cambios. Otra definición lo caracteriza como un grupo exclusivo de gente poderosa que dirige un gobierno o sociedad por medio de acuerdos y decisiones privados; o que controla un determinado campo de actividad, usualmente de modo conservador. Se refiere a aquellos que están en el poder y el sistema bajo el cual ese poder es ejercido, mantenido y extendido. En síntesis, son los que mandan en un país; así lo hicieron en la Argentina en la mayor parte de nuestra historia.

¿Qué les ha ocurrido a los que tenían la suma de poder, que ahora están desconcertados? La verdad es que deben afrontar una situación insólita para ellos: primero, han perdido el gobierno, aunque conservan gran parte del poder, sobre todo en el ámbito económico; segundo, sus aliados políticos confirmaron su ineficiencia y están más desconcertadas que ellos; tercero, le va bien al Gobierno, cuya gestión es aceptada por vastos sectores de la sociedad; cuarto, no funcionan más las antiguas artimañas que le permitían gobernar por el fraude electoral, los golpes militares o la deslealtad de los elegidos con sus principios previos. Ahora tienen que someterse a los votos.

Pérdida del gobierno. El establishment ya no designa más a los presidentes de la República y de allí hacia abajo a todos los cargos importantes. Se acabaron las épocas en las que el Presidente, antes de ser elegido, era proclamado en la Cámara de Comercio británica; o su mayor aval era el gobierno de Estados Unidos. Tampoco es un representante de la Sociedad Rural, o de las grandes empresas nacionales y extranjeras; pero esto no significa que necesariamente el poder real haya cambiado totalmente de manos.

No hay que confundir gobierno del Estado con poder político y poder económico. Quienes administran el país llevados por el voto popular tienen legitimidad y apoyo popular; pero no siempre disponen de los instrumentos para cumplir con sus programas económicos, políticos y sociales. En primer lugar, quien desempeña el Poder Ejecutivo puede carecer del sostén de los poderes Legislativo y Judicial; peor aún, el Legislativo puede negar la aprobación de leyes fundamentales; y el Judicial puede ensayar el “gobierno de los jueces” (por ejemplo, mediante medidas cautelares que impiden la ejecución de leyes y decretos). Además, dentro del Poder Ejecutivo pueden implantarse enclaves, como la mentada “independencia” del Banco Central, que impida la ejecución de la política monetaria del Poder Ejecutivo (para evitarlo, la Presidenta debió remover a un presidente del BCRA).

Además de los impedimentos que pueden surgir del poder político, están los generados por el enorme poder económico del establishment. Durante el neoliberalismo se privatizaron las empresas públicas, con lo que el Gobierno perdió un importante instrumento para orientar el proceso de inversión y para que el lucro no fuera el único motor de la prestación de los servicios públicos.

Los aliados del establishment están más desconcertados. Los partidos y movimientos políticos y sociales que constituyen el arco opositor quizás estén más desconcertados aún. Ya fracasó la táctica de oponerse a todo; y para la mayoría de los problemas no pueden formular propuestas alternativas porque coincidirían con las del establishment, que a su vez son una versión de las del FMI, todo lo cual configura una propuesta electoral reaccionaria muy poco atractiva.

La declinación e ineficiencia de la oposición política y social suscita la ira del establishment, uno de cuyos componentes más exaltados son algunos medios de comunicación; basta constatar el desprecio con el que tratan a sus aliados políticos.

Los éxitos de la gestión. La política económica del Gobierno ha sido exitosa. Se ha implantado el modelo de desarrollo económico con inclusión social cuyos resultados están a la vista. La mejor prueba de ese éxito es la cantidad de votos que consagró candidata a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones primarias. La profundización del modelo pasa por afianzar las conquistas realizadas: será muy difícil que se retroceda. ¿Quién volvería a la jubilación por capitalización y a la ley de medios de comunicación de la dictadura, o suprimiría la Asignación Universal por Hijo, o rebajaría los salarios de científicos, profesores, maestros, o abandonaría los convenios colectivos de trabajo? Lo mismo sucederá con los avances futuros: ¿quién se animará a desmontar el Estado de Bienestar que se está construyendo? ¿Quién osará declinar la soberanía nacional? Estas realidades hacen ambiguo el discurso opositor, que parece abundar en desconciertos .

El establishment no sabe qué hacer. Frente a esta realidad, al establishment se le plantea la vieja pregunta: ¿qué hacer? Esta pregunta todavía no tiene respuesta para ellos. Las artimañas tradicionales ya no funcionan; las impiden el grado de conciencia social y la relación de fuerzas vigente.

Es impensable el fraude electoral, como lo hacía –con interrupciones– la vieja oligarquía terrateniente desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Tampoco se puede proscribir al partido mayoritario. Lo hicieron los gobiernos militares, que excluían a los “autoritarios y corruptos”; y también los civiles, para quienes la democracia era el gobierno de los democráticos, aunque fueran minoría.

En otras épocas, cuando no se practicaba el fraude electoral ni las proscripciones, se volteaba a los gobiernos con golpes militares. El procedimiento presentaba una ventaja adicional para los participantes civiles: el trabajo sucio lo hacían los militares y las ventajas económicas las gozaban los civiles. Pero ese procedimiento no es viable ahora.

Tampoco es posible que los gobernantes traicionen sus principios y los intereses de quienes lo votaron, para cumplir una política económica que favorezca al establishment. Néstor Kirchner dijo –y lo cumplió– que no iba a dejar sus principios en la puerta de la Casa de Gobierno.

Como es poco probable que puedan ganar elecciones, si a la Argentina le sigue yendo bien, entonces la solución es que le vaya mal. Para eso ensayan varios métodos. El primero es el de los “palos en la rueda” por el que intentan trabar todas las iniciativas del Gobierno. El segundo es el de “prenderse” a cuanta protesta haya por cualquier causa, magnificándola. El tercero, tratar de desestabilizar la situación económica, con informaciones falsas o rumores inventados (por ejemplo, con respecto a la cotización del dólar). No les importa que al país le vaya mal, porque –piensan– después vendrán ellos que arreglarán todo.

Para desarrollar esta campaña que es el eje de su acción política, el principal instrumento con el que cuenta el establishment son los más importantes medios de comunicación. Aquí se plantea un hecho novedoso: esas empresas periodísticas no adhieren al establishment desde afuera, sino que son su núcleo duro. Se produce el hecho insólito de que el principal empresario de medios de comunicación es uno de los líderes del establishment. Así, la mayoría de los medios de comunicación no informan sino que hacen propaganda.

Esta es una gran ventaja para el establishment. El inconveniente es que desaparecieron sus antiguos aliados. Ya las Fuerzas Armadas no se inmiscuyen en la política nacional. Los partidos políticos opositores han perdido identidad y capacidad de proponer soluciones. Los empresarios guiados por su natural afán de ganancias, no comparten el deseo de que al país le vaya mal (salvo los muy recalcitrantes en sus prejuicios políticos). Entonces el establishment no sabe qué hacer. Ojalá se les ocurra que la solución óptima para ellos sería que a la Argentina le vaya bien, y que se dediquen a ganar dinero con actividades que coincidan con el interés nacional y popular; si además quieren participar en política, que creen o participen en un partido político. Así será mejor para todos.

Fuente texto: Periódico Miradas al sur, 9 de octubre de 2011

Fuente imagen: fabiansanchez1993.blogspot.com

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Published in: on octubre 18, 2011 at 8:14 pm  Dejar un comentario  

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