Felipe Yapur : Los desafíos del “modelo colectivo”

 

Cuando Cristina Fernández reafirmó su condición de presidenta de todos los argentinos y no de las corporaciones, no lo hizo para cerrar un párrafo que desembocara en un inexorable aplauso. La definición la coloca en un punto sin retorno desde lo ideológico, porque fueron las corporaciones las que durante más de 100 años –con algunas interrupciones realmente democráticas– condujeron el país a un mundo individual, pragmático y liberal. El anarcocapitalismo financiero de las últimas décadas, tal como lo describiera Cristina ante el G-20.

Si con ello no alcanzaba para definir sobre la dirección de la nueva etapa, le otorgó más peso específico y poder a esa ratificación al ella reconocerse como parte integrante del modelo nacional y popular, al que además le agregó dos condiciones superlativas: colectivo y democrático. Estas son las categorías que sustentan este tiempo.

 Nada de lo conseguido hasta el momento fue obra del azar, lo dijo la presidenta cuando desarrolló su discurso. Lo bueno y lo malo surgió porque hubo una decisión política de cuál iba a ser el rumbo de la gestión, quiénes iban a ser los protagonistas y beneficiarios del programa y, sobre todo, cuáles eran los adversarios a vencer. En estos ocho años, hubo avances que transformaron la vida cotidiana del pueblo. Algunos ejemplos de ello son la recuperación de las AFJP, la Ley de Movilidad Obligatoria y la de Servicios Audiovisuales.

Es cierto, fueron todas construcciones colectivas a las que habría que sumar la Asignación Universal por Hijo. Seguramente para algunas clases sociales el programa puede ser insignificante y hasta otro indicador más del asistencialismo estatal. Sin embargo, este plan que merece ser ley, le dio un giro de 180 grados a las familias beneficiadas.

 Estos avances se concretaron gracias a que los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, entendidos como una unidad, lograron sortear los escollos y doblegar a los poderes establecidos, esto es los capitales concentrados, las corporaciones y los monopolios, incluso los mediáticos. Todo realizado bajo el concepto de que es la política, enmarcada en un proyecto, la herramienta de transformación. Eso genera más adversarios, rencores y hasta luchas sin cuartel. La pelea por la Resolución 125 y las cinco corridas cambiarias, reconocidas en el discurso presidencial, dan cuenta de cuál es la capacidad de daño del o los contrincantes. A eso apuntó la mandataria cuando recurrió a la figura de “no escupir al cielo”. Porque si bien se ganaron batallas, lejos está todavía el triunfo definitivo y por eso los destinatarios de esa frase pueden ser tanto los industriales o la patronal como los gremios o los trabajadores.

Es responsabilidad de todos reflexionar y actuar en consecuencia sin perder la perspectiva histórica y el marco internacional donde está inserto el país. Es en este tablero, para nada estático, donde el discurso de Cristina Fernández alcanza mayor robustez y advierte sobre las potencialidades y los desafíos del futuro del “modelo colectivo”.

Fuente texto: diario Tiempo Argentino,12 de diciembre de 2011

Fuente imagen: vanguardia.com.mx

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Published in: on diciembre 13, 2011 at 12:56 am  Dejar un comentario  

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