Roberto Navarro : Es dificil frenar una locomotora

 

La economía nacional lleva más de nueve años creciendo a un promedio de casi el 9 por ciento anual. Con 100 millones de toneladas de producción de granos se convirtió en el tercer productor de alimentos del mundo. Con 850 mil vehículos fabricados en 2011, alcanzó el decimosegundo puesto en producción automotriz. Miles de bienes y piezas que no se fabricaban en el país ahora son locales: televisores LCD, computadoras portátiles, teléfonos celulares y motocicletas, entre otros. El país se acerca al pleno empleo y más del 90 por ciento de los que no trabajan tienen cobertura social. Una economía tan potente no se detiene porque algunos consumidores aumenten su gasto en concepto de electricidad, gas, agua y transporte.

Desde que se anunció la reducción de los subsidios a los servicios públicos, decenas de analistas vienen señalando que el Gobierno está instrumentando un ajuste de gastos que resultará en una fuerte desaceleración de la economía. Los primeros datos que se conocieron de la economía 2012, como el aumento del 36 por ciento en la recaudación del IVA -que revela un fuerte incremento del consumo-, la venta de 113 mil vehículos en enero último y el nuevo récord de turismo lo desmienten.

Quizá el problema esté en la definición de ajuste. Un ajuste fue lo que hizo Fernando de la Rúa en 2001, con una rebaja del 13 por ciento en salarios estatales, jubilaciones y pensiones, entre otros recortes. Un ajuste implementó Grecia, rebajando jubilaciones y salarios y despidiendo al 20 por ciento de la planta de empleados públicos.

Cuando se revisan en detalle los ajustes en el mundo se ve claramente que todos apuntan a jubilaciones y salarios estatales. La razón es que esos dos rubros significan, en todos los casos, más del 50 por ciento del gasto público. Si no se disminuye el grueso del gasto no hay ajuste.

En la Argentina, se acaba de anunciar un incremento de jubilaciones del 17,7 por ciento que, sumado al 16,7 por ciento otorgado en setiembre último, resulta en una suba del 37 por ciento anual. A la vez, la primera paritaria estatal del año, la docente, está negociando una suba que no bajará del 22 por ciento. Todo en un año en el que la mayoría de los analistas coinciden en que se moderará la inflación. 

El recorte de gastos del Estado sólo se ciñe a una disminución de los subsidios a los servicios públicos. El total de esos subsidios fue, en 2011, de 75 mil millones de pesos. Altas fuentes del Gobierno señalaron a Debate que la idea es que este año no superen los 55 mil millones. “Sólo con frenar la suba que se viene dando en los últimos años estamos bien; si lo podemos reducir un poco, mejor aún”, señaló a esta revista uno de los ejecutores del recorte.

Es decir que lo que llaman ajuste será, como máximo, una disminución del gasto en subsidios de 20 mil millones de pesos. Sólo en concepto del primer aumento de jubilaciones y pensiones del año, el Estado devolverá al mercado 22 mil millones de pesos. Esta comparación ridiculiza la idea de llamar ajuste a la reducción de subsidios.

Parecía más, ¿no? Es que la rebaja genera mucho ruido porque afecta a varios sectores sensibles para la sociedad, como colectivos, trenes, subtes, peajes, electricidad, gas y agua corriente. Pero el total de la quita sigue siendo, como máximo, de 20 mil millones de pesos. 

Por otra parte, es obvio que la economía seguirá creciendo a buen ritmo, porque el Gobierno tomó una decisión clave: mantener la política de ingresos en medio de la tormenta internacional.

Según una alta fuente del Ministerio de Economía, en 2012 habrá dos aumentos previsionales; se volverá a subir el mínimo vital y móvil un 20 por ciento; se apunta a que los incrementos de los salarios que surgirán de las paritarias sean, en promedio, del 23 por ciento; y serán aumentados un 20 por ciento el salario familiar y la Asignación Universal por Hijo.  Estas decisiones aseguran un piso de aumento del consumo, ítem que representa el 73 por ciento del Producto Bruto Interno.

Es cierto que se apunta a una rebaja de los aumentos nominales, pero si, como todo indica, también se desacelera la inflación, es muy factible que los incrementos en términos reales resulten similares a los de los últimos años. Así, no habría razón para que se desacelere el crecimiento del consumo.

Por otra parte, no necesariamente un menor aumento de ingresos resulta en menor incremento del consumo, porque siempre se puede recurrir al crédito. La Argentina tiene una de las relaciones más bajas del mundo entre el crédito y el tamaño de la economía: en 2011, el crédito representó el 13 por ciento del PBI; hay países de la región, como Chile y Brasil, en los cuales supera el 50 por ciento. Cayó por la reducción del tamaño del sistema financiero post caída de la convertibilidad y por el miedo de la sociedad a endeudarse luego de la debacle. Esos dos factores desaparecieron.

Luego de nueve años de crecimiento del empleo, la confianza de los consumidores se convirtió en un factor clave del modelo. Con la fuerte suba de los depósitos de los últimos años y el mercado crediticio tan poco desarrollado, el factor confianza pasa a ser más importante que el aumento nominal de ingresos. En estas circunstancias, es la decisión de consumir la que define el incremento final del consumo. La venta de 113 mil vehículos y el incremento del turismo en enero marcan claramente que la confianza está intacta.  

Muchos analistas señalan que puede pasar lo que ocurrió en 1999, cuando el primer ministro de Economía de la Alianza, José Luis Machinea, frenó un incipiente repunte de la economía al subir el impuesto a las ganancias de los trabajadores con su famosa “tablita”.  Pero, en ese momento, el país llevaba dos años de recesión; hoy suma nueve años de crecimiento a un ritmo inédito para la Argentina.

En algún momento de 2012, el Gobierno anunciará que la economía llegó al medio billón de dólares, un récord histórico para el país. El dato da cuenta del volumen de la economía: la masa de la locomotora. En marzo próximo se dará a conocer el crecimiento del PBI de 2011, que superó el 9 por ciento: la velocidad de la máquina. 

Aunque los recortes de subsidios generen mucho ruido, es seguro que no van a frenar la locomotora.

Fuente texto: Revista Debate

Fuente imagen: blog.pucp.edu.pe

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Published in: on febrero 25, 2012 at 6:12 pm  Dejar un comentario  

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