Jorge Muracciole: El futuro del mundo

 

En plena crisis recesiva, con extensas zonas de su dominio inmersas en rigurosos planes de ajuste, el neoliberalismo y sus postulados siguen sin perder su hegemonía y su consenso de masas en el común de la ciudadanía a escala global, a pesar de sus graves ineficiencias y sus exacerbadas inequidades. Sin embargo, aunque siga impunemente vivo, la crisis ha desnudado como nunca sus mecanismos más perversos. Cabe preguntarse cómo, a pesar de sus aberrantes inequidades y sus recurrentes crisis, el relato del capitalismo contemporáneo ha sido capaz de mantenerse como proyecto de socialización a escala global. Si bien estos interrogantes aparecen muy de vez en cuando en los medios masivos de comunicación –su eventual tratamiento periodístico es una excepción a la regla–, lo cierto es que se hace más necesaria que nunca su instalación para poder dilucidar las raíces profundas de su sostenimiento y reproducción. Abrir el análisis a dimensiones que excedan el ámbito de lo meramente económico puede ayudar a su comprensión.

En etapas de bienestar, bajo la hegemonía del discurso socialdemócrata, las sociedades de la llamada Europa occidental y los EE UU enfrentaban al paradigma del socialismo real con la extensión del consumo de masas y  la generalización de dispositivos de inclusión social sin precedentes en la historia del capitalismo. Con la crisis del petróleo a mediados de la década del setenta, el paradigma del desarrollismo sin límite sufrió un duro golpe. En esa crisis la propuesta neokeynesiana fue derrotada por el relato neoliberal revitalizado, a través de los gobiernos conservadores de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, quienes fueron capaces de imponer sus proyectos sobre la confusión de los gobiernos reformistas que se debatían entre su histórico ideario de progreso social y la adaptación a los planes de ajuste y austeridad de raíz neoliberal con la consecuente precarización del  mercado de trabajo. La salida de la crisis de los años setenta fue comandada por la lógica financiera y una nueva alianza del capital más concentrado y los gobiernos de los países desarrollados permitió exportar la crisis a otras regiones del planeta a través de políticas crediticias que llevaron a la consolidación de abultadas deudas en los países emergentes.
 
Enmarcada en dichas estrategias financieras, la crisis de la deuda externa de los llamados países “en vía de desarrollo” fue la antesala de experimentos del neoliberalismo más rabioso, con la aplicación de las recetas de la Escuela de Chicago encabezada por su máximo referente, Milton Friedman. En ese escenario, los países periféricos fueron una suerte de cobayos a los que se les aplicó una lógica de destrucción de su aparato productivo y de apertura económica indiscriminada a la globalización capitalista. Pero más allá de las razones económicas, la pregunta nodal debe profundizar sobre los efectos operados en la subjetividad de las poblaciones afectadas en estas últimas décadas de hegemonía cultural de las formas de socialización del neoliberalismo. Diversos autores nos ayudan a reflexionar al respecto. En su último libro El individuo que viene después del neoliberalismo, el filósofo francés Dany-Robert Dufour,   afirma: “La política abdicó ante la economía y esta tomó el poder. Los circuitos económicos y financieros se apoderaron de la política. Las crisis por consiguiente es general.” Otros autores, como Buenaventura de Sousa Santos, destacan el rol de los mass media en la construcción del imaginario neoliberal de nuestra época, al destacar el ejemplo concreto del tratamiento que los medios de comunicación dieron en estas últimas semanas a dos acontecimientos contrapuestos: el Foro Económico Mundial de Davos y el Foro Social Temático de Porto Alegre. “El primero –apunta– mereció atención, pese a que nada nuevo se discutió allí, sólo análisis gastados sobre la crisis europea. El segundo fue completamente invisibilizado por los medios dominantes, pese a que se discutieron los problemas que condicionan en forma decisiva el futuro de la humanidad. El cambio climático, el acceso al agua, la cantidad y la calidad de los alimentos disponibles, ante las plagas del hambre y la desnutrición las políticas ligadas al qué hacer ante los bienes comunes de la humanidad.”
 
La realidad silenciada por las cadenas de informativas a escala internacional se condice con la lógica predominante en el capitalismo contemporáneo, la construcción de una agenda ligada a la resolución de la crisis en términos de la recomposición de la tasa de beneficio de las grandes corporaciones. Si para lograr dicho objetivo es necesaria la pauperización de significativos sectores de la población, se pondrán en funcionamiento los dispositivos discursivos para naturalizar las recetas de austeridad fiscal y recortes de conquistas históricas de las mayorías asalariadas. Si el salto cualitativo de la superación de la crisis se debe dar por medio de la apropiación de recursos naturales hoy escasos como el agua, el petróleo, el gas, o algún otro recurso novedoso como el litio, no se escatimarán medios para imponer la necesidad de dicha apropiación por la vía que sea más funcional, incluida la guerra.
 
Lo cierto es que en el mundo contemporáneo hay una profunda asimetría de fuerzas. El relato neoliberal del capitalismo financiero aún sigue siendo hegemónico, a pesar de las resistencias de los sectores afectados. En sus grietas se desarrollan novedosas alternativas que surgen desde las entrañas de los pueblos en su resistencia por resguardar sus conquistas y garantizar la sobrevivencia. 
 
El gran desafío aún pendiente será poder profundizar un cambio radical del paradigma neoliberal, anteponiendo las necesidades humanas a las lógicas del capital y las corporaciones. Para ello tenemos que “hacer existir al individuo fuera de los valores del mercado”, tarea de naturaleza compleja. Será imprescindible un cambio de naturaleza antropológica que active nuevas prácticas sociales alternativas a las lógicas del consumismo suicida. En esa dirección deberá iniciarse  la reconstrucción de lo político, el surgimiento de una nueva forma del Estado que no esté dedicado a conservar los intereses económicos predominantes, sino a preservar los intereses colectivos.
 
Es preciso romper –como afirma el filósofo Dany-Robert Dufour– con el paradigma neoliberal de la pleonexia (siempre tener más). Se impone trascender la lógica propia del actual sistema de cosas del mundo contemporáneo que “privilegia el objeto sobre el sujeto” y que nos lleva indefectiblemente a un escenario de competitividad sin límite, a la guerra de todos contra todos.
 
 
 
 Fuente texto: diario Tiempo Argentino,20 de febrero de 2012
 
Fuente imagen: escuelapedia.com
 
 
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Published in: on marzo 2, 2012 at 2:26 am  Dejar un comentario  

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