Orlando Barone: La nariz de Pinocho y los mentirosos

 

Gracias a Fidel Castro ya se sabe en qué consiste el trabajo de Papa: en el deser y actuar exclusivamente como Papa. Un Papa es un Papa. A la inversa, gracias a Benedicto XVI se sabe en qué consiste ser Fidel Castro: en envejecer con preguntas jóvenes.  También gracias a Wikipedia y al diccionario inglés de argot, se sabe qué quiere decir la palabra kelpers: quiere decir “alguenses” o algo así, porque deriva de “kelp” nombre de las algas que rodean a las islas Malvinas. ¿Y cómo llamarles a los encendidos patriotas que embistieron el lunes contra la Embajada inglesa en Buenos Aires? No me alcanza la inspiración para nombrarlos: se merecerían el más contundente de los nombres. Si no fuera tan largo, “quinta columna” sería el apropiado. Así se califica, desde la Guerra Civil española, a cualquier conjunto de habitantes de un pueblo que actúa y conspira desde adentro, en contra de sus compatriotas. Pero Quinta Columna sonaría desproporcionado e infundado: porque a la estupidez cargada de estúpidos con piedras, le sobra con el agua de los chorros hidrantes. Además, se contentan con salir por televisión y, ya sentados, duchados y sin capucha, verse en sus casas por la pantalla chica. En un reciente chiste gráfico en el diario español El País el día martes, un simio peludo proclama: ¡El hombre retrocede del mono! Alude al escenario inhumano del colapso de España y la cuantiosa exclusión de sus jóvenes y sus trabajadores. El chiste de El Roto no descubre nada que no se supiera: que el hombre retrocede del mono. Y no que sea el exitoso resultado de su evolución genética. Como ejemplo cercano ahí está la reaparición del sojero De Ángeli amenazando que si se encuentra con el subsecretario Guillermo Moreno lo agarra a trompadas. Deseo no realizable de motu proprio, porque el instinto de salvación es propiedad hasta del más ínfimo ejemplar de la fauna. La histeria, que no exime a los varones, también se manifiesta como trastorno “de personalidad histriónica”. Otro que retrocede desde más atrás que King Kong es Fernando Iglesias, de la oposición más opositora. No deja de ser una bestial virtud ser el portador del mensaje más feroz e inocuo de la manada. Sus tweeters son tan bestiales que una estampida de gorilas gopeándose el pecho con las garras sonaría más delicada. También escribe libros; y lo que es más injustificado: los publica. Así guarda la ilusión de que perdure dos o tres días más su rutina de rugidos.

Semana de roscas y de huevos.En la balnearia Miramar se estuvo elaborando -construyendo- el huevo de chocolate más grande del mundo. Mide ocho metros de altura y pesa cuatro toneladas. Aspiran a que ingrese en el Libro Guinness de récords. Es que es mejor ingresar por el huevo que por la serpiente. Ignoro el precio del bacalao, el del salmón rosado, el de la merluza negra y el de la tararira. Ignoro muchas cosas. Casi todas. Ni siquiera me enteré del cese de servicio de Movistar. Durante las horas que permanecí incomunicado, me distraje con la vida y no me di cuenta. Tampoco me topé con ninguno de esos 16 millones de damnificados que, al parecer, estaban en plena crisis de abstinencia y de desconsuelo. En fin, se encadenan días de liturgias y de ritos religiosos, seguramente plenos de oraciones. Anoten la que sigue: “Oración de la vida financiera”. No es una fantasía literaria; la incluye en su programa la Iglesia Internacional de la Gracia de Dios. Y se anuncia en un cartel a la entrada de su templo de la calle Lavalle donde estaba el antiguo cine Atlas. En la sala de al lado anuncian una película de la actriz de “Floricienta” junto a Adrián Suar. La oración sugiere ser más adecuada para éste que para ella. Cualquiera conoce como habituales las dedicadas a los muertos y a los vivos que luchan por no morirse; aparte de otro sinfín de oraciones ordinarias, se trate del trabajo, de la cosecha, del amor y de la familia. Debe de haber oraciones al voleo que ni Dios se hubiera imaginado. Pero una oración “a la vida financiera” suena más a la necesidad de un banquero que a la de un devoto. No sería raro que en algunos sectores píos se sientan inspirados en crear una sentida oración por “volver a la soberanía privada del Banco Central”. O en una oración por lograr que La Cámpora se rebele, e igual que la CGT enfrente al Gobierno. Otra oración extraordinaria sería rogar que los millones de beneficiados con la Asignación Universal por Hijo salgan a protestar a las calles. Y a decir que con la Asignación están peor que antes. En el libro El hombre que amaba a los perros, sobre la historia de Trotski y de su asesino, del cubano Leonardo Padura, leo en la página 221 esta frase referida a un espía de Stalin: “… Es la primera vez que veo a alguien dedicado profesional y públicamente a contar mentiras, exceptuando a los periodistas y a los políticos”. Si al autor le faltara alguna otra señal para confirmar su talento, observen que en el orden de mentirosos pone primero a los periodistas y, después, a los políticos. Eso se llama tener un razonamiento acorde con las tendencias de la época. De haber alterado los factores hubiera demostrado su desactualización histórica. ¿Puedo aportar uno mío? Sí, un razonamiento. Es básico y tengo derecho, al igual que esos intelectuales “alternativos” de la patria, que tienen derecho a razonar que a los habitantes de las Malvinas hay que darles la prioridad de decidir el destino de las Islas. Desde esa razón, los blatodeos, de caparazón negro y hemolinfa y millones de años más antiguos que el hombre sobre la Tierra, deberían tener el privilegio de seguir reinando en los zócalos y alacenas de las casas. El mismo privilegio que esos intelectuales alternativos les proponen a los isleños. No se escandalicen por la comparación: en “La metamorfosis” Franz Kafka nos impone bellamente la transformación de Gregorio Samsa en una criatura blatodea. Aquí va lo prometido. Instigado por la frase del libro de Padura, aquí va mi razonamiento: ¿Por qué no abandonar el símbolo de mentiroso que desde hace más de un siglo se atribuye a Pinocho, el personaje  al que por las mentiras le crece la nariz? Es injusto. Collodi, su creador, aprobaría que se dejara a su Pinocho tranquilo y en manos de los niños. Porque a los actuales mentirosos mediáticos no les crece la nariz: lo que les crecen son las mentiras. Y todavía no sé, si el descrédito.

Fuente texto: revista debate

Fuente imagen: diario el pais.Ilustración: El roto

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Published in: on abril 12, 2012 at 2:20 am  Dejar un comentario  

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