Daniel Cecchini : Política, participación y medios

El acto del viernes fue una potente demostración de fuerza política por parte de Cristina Fernández de Kirchner. La respuesta a la convocatoria dejó chico al estadio de Vélez y obligó a un considerable número de militantes –de los que fueron organizados y de los que no– a seguirlo desde afuera, aunque envueltos en el fervor que irradiaba el estadio. La fecha elegida, el noveno aniversario de la primera vuelta electoral de 2003, cuando Néstor Kirchner quedó segundo con un 22% de los votos, sirvió para potenciar la escena y el mensaje presidencial. El recuerdo de aquella debilidad inicial de un candidato casi desconocido y huérfano de apoyos, que llegaría a la presidencia sin siquiera obtener la legitimación de una segunda vuelta ante la fuga como rata por tirante de Carlos Menem, marcó un contraste insoslayable. Fue desde aquella debilidad inicial que, en su primer mensaje como presidente, Néstor Kirchner convocaría a “inventar el futuro”. Nueve años después, su mujer, la Presidenta, pudo repasar parte de ese futuro ya transformado en presente y mostró que tiene la convicción y la fuerza para seguir construyéndolo.

Mostró, también, otra cosa: que el kirchnerismo es un espacio pujante, con un enorme consenso social y una impresionante fuerza propia que le permiten, finalmente, no depender del viejo aparato justicialista –esa máquina de poder proclive a ser utilizada para cualquier política y desde cualquier ideología– ni para gobernar ni para plantarse como actor principal en el escenario político argentino.

La consigna elegida, “Unidos y organizados”, encerró una doble convocatoria.
La primera de ellas, a la unidad del pueblo argentino para continuar la construcción de un país que defiende sus propios intereses –que son los de la gran mayoría de sus habitantes– en cuestiones de Estado que trascienden a los gobiernos de turno. En ese sentido, la Presidenta agradeció el apoyo que casi la totalidad de la oposición brindó en el Senado al proyecto de ley para la expropiación del 51% de las acciones de YPF que estaban en manos de la española Repsol. Y también mostró a esa medida como el último eslabón (por el momento) de una cadena de acciones estratégicas para la recuperación económica, política y social del país ya concretadas por el kirchnerismo en el gobierno. Puesto a repasarlas, el cronista se queda corto al enumerar sólo algunas: el pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional y la nueva Carta Orgánica del Banco Central, en lo que hace a la soberanía económica; también la reestatización de las jubilaciones, la Asignación Universal por Hijo y el Plan Conectar Igualdad, todas de gran impacto en el mejoramiento de las condiciones de vida de los argentinos; o la derogación de las leyes de impunidad y la renovación de la Corte Suprema, imprescindibles para reconstruir la confianza en la Justicia.

La segunda convocatoria, dirigida a la militancia y en especial a los jóvenes, apuntó a fortalecer la organización. Fue un llamado cuya audacia política todavía no es posible mensurar: se trata nada menos que de transformar a ese espacio político pujante pero organizativamente difuso que hoy es el kirchnerismo en una fuerza con identidad propia capaz de sostener un proyecto político que trasciende los estrechos límites del viejo aparato justicialista. Una fuerza capaz de integrar orgánicamente a importantes sectores del peronismo, pero también a otros actores políticos comprometidos con un nuevo modelo de país. Y también con la capacidad de desprenderse de las rémoras del pasado que todavía cuelgan de sus límites. A los ojos del cronista se trata de un desafío que, de concretarse, resultará en un salto cualitativo para la política argentina. El viernes la Presidenta dejó en claro que ese desafío requiere de la participación protagónica de la juventud. En otras palabras, que la renovación política tiene que ir, necesariamente, de la mano de una renovación generacional.

Por último –y esto no es ninguna novedad–, el acto de Vélez volvió a dejar en claro que el bombardeo cuasi destituyente del multimedios de Magnetto y de sus compañeros de ruta comunicacional se parece cada día más a una práctica masturbatoria cuyas construcciones fantasiosas de información ya no calientan a nadie. Quedó claro en diciembre, con el resultado de las elecciones presidenciales; también, con el enorme consenso político y social que generó la expropiación del 51% del paquete accionario de YPF. La masiva participación en el acto del viernes fue otra prueba contundente.

El autodenominado “periodismo independiente” hoy es más independiente que nunca. Tanto que se ha independizado de la realidad para inventarse una propia, en la que sólo creen sus calenturientos inventores. Afortunadamente, no es el único periodismo que se practica en la Argentina. En pocos días, Miradas al Sur cumplirá cuatro años de existencia. A diferencia del “periodismo independiente”, su línea editorial –sin esquivar jamás el debate de ideas– nunca ha ocultado su compromiso político. Se trata, simplemente, de tener honestidad política, profesional e intelectual.

Fuente texto: periódico Miradas al Sur

Fuente imagen: puntal.com.ar

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Published in: on mayo 3, 2012 at 12:47 pm  Dejar un comentario  

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