Carlos Barragán: El derrumbe del periodismo

Una mala denuncia

Wortman Jofré salió a dar la cara por todas las radios para discutir hasta con Chiche Gelblung y cualquiera que supiera leer. WJ aseguró durante todo el día de ayer lo que no es, o es mentira, o es incorrecto: que los tres periodistas estaban citados apenas como testigos y no como acusados. Una conjetura de poco peso: WJ a pesar de su renombre es un abogado que no sabe redactar una presentación judicial. Otra conjetura más potable: WJ sabía que la presentación era intragable pero lo obligaron a hacerla como parte de la estrategia de empiojar todo a como dé lugar. Sigue esta conjetura: WJ no es un demente y prefirió confeccionar una presentación mal hecha a propósito, para que los periodistas pudieran zafar más rápidamente que los funcionarios que siguen siendo acusados de incitación a la violencia. Sigo conjeturando: WJ no lo hizo porque es bueno sino porque de tan leal que es a su cliente le hizo trampa para que el gran error estuviera mal confeccionado. Y un gran error mal confeccionado se acerca más a un acierto. En esta conjetura WJ es un héroe de Clarín y prefirió inmolar su prestigioso nombre en pos de un objetivo superior: la empresa que contrata a su estudio de abogados. O sea: su prestigioso nombre. (Yo me equivoqué.) Nota: Atención Sr. WJ: fueron todas conjeturas y no información.

La alegría de repudiar

Ayer se pudo escuchar en la radio del grupo Clarín a sus periodistas criticando o repudiando la decisión de intentar meter presos a periodistas ultra-kirchneristas. Bien. Luego, inmediatamente, todos ellos se autocongratularon y felicitaron y alegraron por trabajar en un medio de tantísima libertad y calidad democrática. Un medio donde pudieron decir que están en contra de que ¡ese mismo medio! intente meter en cana a otros periodistas. Si serán hombres y mujeres con suerte que trabajan en una empresa periodística que persigue con la cárcel a periodistas, pero que les permite a los propios estar en desacuerdo con esa persecución.

Me pregunto si se hacen o son. ¿Qué es lo que los satisface tanto de trabajar ahí? ¿Que cada vez que su medio salga a meter preso a alguien ellos van a poder decir que no les parece bien? ¿Podré algún día fumarme un pucho en Devoto mientra leo sus firmas repudiando la fea actitud de sus empleadores?La verdad que no me alegraría nunca por trabajar en un medio que quiere encarcelar a otros periodistas. No los entiendo. Y tampoco entiendo que además –ayer mismo- nos volvieran a acusar de no poder actuar con la misma libertad que ellos: repudiando a nuestros jefes. A ver si nos entendemos: nuestros jefes nunca quisieron meter presos periodistas. Los que hacen eso son sus jefes, no lo nuestros. Es su medio independiente el que persigue a periodistas ultrakirchneristas.

Comparaciones odiosas

Lamentablemente ni siquiera los periodistas no-oficialistas (de los opositores ya sabemos) pudieron abstraerse de hablar de la agresión de Clarín comparándola con los carteles de las marchas por 678. Como si fuesen cosas homologables o análogas. Como si una frase que critica el desempeño de un periodista –dicha por otro periodista o por cualquiera en la calle- tuviese el mismo peso específico que una presentación para encarcelar a un periodista hecha por el estudio de abogados más potente del país en representación de la empresa de medios –y otras cosas- más potente del país. Es muy bueno que estando en contra de lo que se dice y hace en 678 también estén en contra de que vayamos presos. Pero sería mejor si entendieran que la crítica y la opinión no son lo mismo que mandarte a buscar por la policía y meterte seis años preso.

Rectificación de lo que nunca se dijo

Clarín publicó la rectificación de una noticia que nunca apareció en su diario: la acusación a periodistas que después no fue una acusación sino una invitación a dar testimonio (uf!). Dice sobre el documento de hoy: “La aclaración llegó porque el escrito fue interpretado por medios oficialistas como una denuncia contra un grupo de periodistas.” Bueno, que no se entere Magnetto que los periodistas de su radio lo interpretaron igualito que los ultrakirchneristas y el CELS.

Y aclarando, que se nos viene la noche: “No es el objetivo de esta denuncia imputar a periodistas sino a los responsables políticos de la incitación a la violencia”, dice el comunicado que informa que hoy, al ratificar la denuncia, se dejará en claro ese punto.

O sea, pari passu o alea jacta est o sarasa y sungutrule: la violencia sigue siendo incitada, pero los periodistas dejan de ser acusados. Por ahora. Parece. Dicen.

La violencia que viene

Todo esto valdría más que tres centavos si algún día, entre hoy y el 7 de diciembre ocurriera una acción violenta. Ahí sí, Wortman Jofré podría salir a decir “¿vieron que incitaban a la violencia? Por eso hubo violencia.” Hay tarotistas, hay numerólogos, están los de la borra del café y todos ellos pueden leer el futuro. Ignoro si WJ tiene algunas de estas facilidades o acceso a los archivos akáshicos del alma argentina, pero durante todo el día de ayer, mientras aseguraba que jamás había querido meter presos a los periodistas que botoneó para que un juez los metiera presos, se encargó de explicar el teorema de la violencia. Es así: el gobierno persigue a Clarín, el gobierno es violento, el gobierno tiene un mensaje violento y persecutorio que también es propalado por “sus” periodistas incitadores. Punto seguido. Dijo WJ: a un pariente de un ejecutivo de Clarín le escribieron en la pared de su casa la frase “Clarín, con la democracia no se jode” y de ahí a que ocurra un hecho de violencia, ya sea individual o en grupos tumultuosos (la imaginación del abogado no ha descansado ayer) hay un paso. Sí: un pequeño paso para un matón, pero un gran salto para una pobre corporación perseguida por las malditas leyes de una república.Recemos para que nadie esté pensando en el mecanismo de auto-demora con carpeta falsa en aeropuerto tropical. Aquel gran momento del periodismo.

Fuego amigo

Alguna vez dije y escribí que 678 no era un programa constructivo sino destructivo. La metáfora es la de una cuadrilla de tipos con zapa, pico y maza dándole a un edificio sagrado que se llamó “periodismo independiente”. Demolerlo para construir uno nuevo. Demolerlo para demostrar que no existe tal independencia. Para demostrar que los periodistas tienen sus propias interpretaciones de los hechos, que siempre hay subjetividad, y que muchas veces esa subjetividad está atravesada por intereses del momento. Demolerlo para demostrar que además de periodistas hay empresas periodísticas que a su vez cuentan las cosas que quieren, de la manera que quieren, y que muchas veces –si lo necesitan- inventan las cosas. Demolerlo para demostrar que esos medios son injustamente poderosos, tanto que inciden en la vida del país poniendo y sacando presidentes, exigiendo o comprando leyes, y modificando las variables económicas según su egoísmo corporativo. Aquel 678 se dedicó a la demolición. Cosa que implicó ser muy crítico, muy duro, belicoso, transgresor en un sentido literal porque hubo que transgredir aquella sagrada ley no escrita de “no hacer periodismo de periodistas”.

Entonces se mostró (porque decir cosas las dice cualquiera, pero 678 mostró) las fisuras del edificio del periodismo independiente, cuando se mostró la mentira, la contradicción, la adecuación del discurso, y sobre todo la inexistencia de aquello que el periodismo ofrecía como su máxima virtud: la objetividad. Y pasó algo. La gente, los consumidores de periodismo se enojaron. Es que cuando uno promete perfección y después entrega defectos, el señor que compra se enoja. Y lo que podría haber sido parte del oficio del periodista (el defecto) al esconderse se entendió entonces como hipocresía y como canallada. La gente se enojó, salió a la calle, hizo carteles, insultó y esas cosas que ya sabemos. Y los periodistas independientes nos odiaron, y aquel odio nunca se les fue.
Amigos jugando con fuego

Hoy con el edificio derrumbado es momento de construir un nuevo edificio de periodismo. Y es lo que está ocurriendo. Algunos quieren que sea nuevo, diferente, mejor, más honesto, más abierto, más plural y diverso. Y critican nuestra postura cerril de desmanteladores rústicos. Se olvidan o ignoran o necesitan negar que gracias al mazazo se tiraron las paredes podridas del edificio, y entonces nos señalan con dedo severo o sibarita. Y está bien que eso ocurra porque no podemos seguir con la maza rompiendo y rompiendo. Sin embargo me preocupa que algunos de estos dedos constructores quieran volver a levantar un edificio periodístico donde otra vez moren allí la verdad verdadera, la objetividad, el profesionalismo y sobre todo: lo sagrado. Muchos son nuestros amigos, personas honestas, que simpatizan con el gobierno pero se cuidan de ser manchados por la mugre “ultrakirchnerista”. Buscan de nuevo la equidistancia, la mesura, el lugar neutral, con un criterio propio –claro-, y matices, matices muy adecuados y prudentes para ejercer un periodismo con ecuanimidad, belleza y cierta elegancia. Un nuevo periodismo que sea puro. Ojalá no lo hagan. Ojalá puedan comprender que ese periodismo, este periodismo, el periodismo conocido, el que hay, es sólo una forma profesionalizada de la vanidad. Ojalá llegue antes la próxima oleada de periodistas, los que no busquen la honestidad intelectual, ni la verdad, ni la mesura, ni la pureza del oficio: sino sinceridad y humildad en una tarea tan grosera como esta de contarle a los demás lo que creemos que está ocurriendo.

Fuente texto: diarioregistrado.com

Fuente imagen:babeldigital.com.ar

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Published in: on noviembre 29, 2012 at 4:17 pm  Dejar un comentario  

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