Carlos Barragán: Kichnerismo a sueldo

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La obsesión por la guita del ex modelo de Bolivia y sus compañeros de fórmula ahí en radio Mitre es botón de muestra de la lógica grosera de los desesperados en su búsqueda por desgastarnos.

Por nombrar los casos líderes de estos días diremos: Andrea del Boca y la inexistente millonada que le regala el Estado por hacer una novela inexistente con un contrato ídem, obviamente 678 y la supuesta millonada que el Estado tira ahí para que se reproduzca un relato que instiga a una inexistente violencia (tal y como lo denunciaron penalmente los abogados que paga Magnetto), la pauta publicitaria que llega a inexistentes miles de pesos hasta “el hijo de Aliverti” (otra joya brutal que los desesperados encontraron), y ahora también el porcentaje –este es existente-  que los militantes de Sabbatella donan a su partido.

Acusan, claro que escondiendo, escrupulosamente o inescrupulosamente, que la UCR, el GEN, el CC y hasta su protegido PRO dispongan de igual manera que sus militantes donen parte de su sueldo para mantener a sus respectivos partidos. Es tradición.

Su slogan de vanguardia es “es por guita”. Fácil: que todo lo hacemos por la guita. Y con ese simple argumento luchan por deslucir las convicciones de los militantes y de todo aquel que apoye más o menos al gobierno: “es por guita” grita inflamado el comediante linchador.

2

El ladrón cree que todos son de su condición, dice el refrán español.

Y él sabe que esa condición es inmoral, innoble, espuria, fea, de difícil presentación. Pero más que creer que los demás son de su condición, entiende que es una buena estrategia esa de “hacerlos” de su misma condición. Por eso ahora dice “si yo hubiese sido kirchnerista me hubiese llenado de guita”. Aunque sabe que es una mentira más, porque con justicia está ganando dinero como nunca en su vida por este trabajo de atacar al kirchnerismo a diario. Esa sí es una labor que debe cobrarse bien porque implica en primer lugar la protección de negocios multimillonarios, y recién después la defensa de un sentido común, y una acción cultural y política. Por eso ha dicho “dejen de robar con la dictadura”, y creó el “67-rocho”, el “dejen de currar con los 70”, y respondió a 20 preguntas con la sola respuesa “Gvirtz es un chorro”. Por supuesto que no soy un modelo de Bolivia como para usar literalmente lo de “ladrón”. Aunque esa obsesión suya es interesante si vemos cómo a cada opositor le pinta la crítica por un lado diferente: Carrió habla del engaño, Kirschbaum de oportunismo, Morales Solá de autoritarismo, Grondona de muerte, Nelson Castro de irrespeto, y éste de robos.

Ahora, si todo esto “es por guita”, como quiere creer esta gente desesperada, cuando se acabe la guita se nos habrán acabado las ganas de militar, de discutir con ellos, de apoyar las políticas que apoyamos, y habremos dejado de querer a Cristina. Porque hay que hablar aquí de algo tan real como el cariño que se le tiene a la presidenta. Y ese cariño –pueden soñarlo si los hace menos infelices- no tiene ningún contacto con cuestiones de dinero.
Es cierto que la repetición “es por guita”, la frase-fuerza (como la usan los métodos new age) tiene buena recepción en esas franjas iracundas y desmoralizadas por no poder comprar dólares para guardarlos en Uruguay, esos que siempre han creído que la fuerza vital que mueve al hombre es el dinero.

3

Los desesperados y el comediante del odio se saltean así la instancia de la argumentación. No discuten las ideas que nosotros sostenemos, sólo nos acusan de ser rentados para reproducir esas ideas. Los melancólicos del buen diálogo no dialogan ni discuten: te escupen en la cara que sos un chorro.

Y no olvidemos otra triste operación del comediante como aquella de “compraron a las Madres y las Abuelas”. Ellas tampoco se salvan de su incesante campaña de desprecio y asco.

Es raro. Porque no es verosímil que tantos digamos lo mismo, pensemos lo mismo, defendamos lo mismo, y nos banquemos los mismos insultos por el sencillo trámite de recibir dinero. Es inverosímil que los cientos de pibes y pibas que millitan en los barrios estén ahí por la guita, y que los organismos de DDHH se hayan puesto a la venta con más facilidad que un traje de Bolivia.

Es inverosímil que tantos mantengamos un discurso más o menos coherente por dinero, si fuera así sería divertido escuchar las decenas de críticas al gobierno al primer atraso en la llegada del sobre con el sueldo. Es ridículo pensar que un cambio político, social y cultural, donde tantas y diversas voces están de acuerdo, se puede lograr poniendo unos mangos, aunque esos mangos sean muchos. Es tan estúpido que salir a refutarlo parece también una tarea estúpida.

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A estos desesperados los vaivenes de la historia y las sociedades parecen tenerlos sin cuidado. Las cosas, en su demostración ridícula, ocurren “por la guita”. Los imagino refutando la revolución cubana diciendo que Fidel les puso guita a todos los que la apoyaron, los veo en el ´45 argumentando que Perón les puso guita a todos los que salieron a pedir por su liberación, los escucho en el `83 diciendo que Alfonsín les puso guita a intelectuales, periodistas, y pueblo que lo apoyaron, ahí están en los ´90 descubriendo que es por guita que tantos marchaban junto a Madres y Abuelas cuando se les regaló la impunidad a los genocidas, los leo en 1810 explicando que French y Beruti no tenían ni una cinta, y que para convocar al cambio de gobierno repartían guita.

Claro que me dirán que mis ejemplos son falsos, porque sólo el kirchnerismo responde al principio cinético “por la guita”. Porque únicamente el kirchnerismo carece de todo valor político, ético, social y cultural. El kirchnerismo –dirán- es infame, vil, indigno de compararse con nada, salvo con el nazismo.

Aguinis –otro gran desesperado- escribió apenas cinco meses atrás una columna titulada con sutileza macrista El Veneno de la Épica Kirchnerista donde leímos “Las fuerzas (¿paramilitares?) de Milagro Sala provocaron analogías con las Juventudes Hitlerianas. Estas últimas, sin embargo, por asesinas y despreciables que hayan sido, luchaban por un ideal absurdo pero ideal al fin, como la raza superior y otras locuras.”

Y punto seguido acusaba: “Los actuales paramilitares kirchneristas, y La Cámpora, y El Evita, y Tupac Amaru, y otras fórmulas igualmente confusas, en cambio, han estructurado una corporación que milita para ganar un sueldo o sentirse poderosos o meter la mano en los bienes de la nación. Muchos de los blogueros que se ocuparán de insultar este artículo lo harán por la rabia que les produce un desenmascaramiento y el temor de perder sus mal habidos ingresos.”

Ahí estaba Aguinis concentrando en pocas líneas la doctrina opositora que hasta hoy sigue vigente, porque no dejaron de insistir con el concepto de ilegalidad “para” (paramilitares, paramilitantes, parablogueros, y paraperiodistas), la acusación de robo generalizado, la compra de la ideología política, y la acusación de un armamentismo concreto que levanta la temperatura informativa mientras rebaja las calidades de algunos profesionales. Como es el caso de Jorge Fernández Díaz que hace una lamentable bocina con sus manos para vender este pescado cuyo olor a podrido es ineludible.

Con igual desesperación Grondona ha dicho que prefería Montoneros a los militantes de la Cámpora, porque estos últimos ni siquiera tienen la dignidad de aquellos -que siguen siendo los demonios de la ultraderecha grondoniana.

Somos un asco. Un asco creado a imagen y semejanza de quienes están desesperados. Gente que ante la falta de esperanza son capaces de elogiar al nazismo, gente que ante la falta de argumentos asegura que no existen argumentos y que todo es “por la guita”. Gente que no duda en acusarnos de andar armados –fanstasean con la violencia propia- y de robar y de vender por un sueldo aquello en lo que creemos. Gente que no duda en clasificarnos para darnos un último y categórico certificado de “basura humana descartable”.

Esa es la gente que quiere que esto se termine para volver a tomar las riendas y entregar lo poco y lo mucho que se ha recuperado.

Y están desesperados. Porque sabe que están muy lejos de alcanzar sus sueños de volver a la miseria.

5

Casualidad o qué, pero hoy el cajero automático me dio mi primer billete con el perfil de Evita. Y ahora lo tengo acá al lado y no dejo de mirarlo, y de pensar que capaz que sí, que algunas cosas las puedo hacer por la guita. Abrazos.

Fuente texto: diario registrado, 21 de marzo de 2013

Fuente imagen: blogdelmedio.com

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Published in: on abril 7, 2013 at 7:19 pm  Dejar un comentario  

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