Demetrio Iramain : Almacén de jueces

La señora de Kirchner está perdiendo los primeros combates frente al Poder Judicial”, se ilusiona uno en La Nación. Se refiere, claro, a los muy promocionados fallos de jueces contra la ley más significativa de la reforma de la justicia, buscados especialmente por la parte patrocinante, y que se consiguen en algún que otro tribunal federal. Que la existencia de un forum shopping muy aceitado se active y suspenda a poco de andar la democratización, era una contingencia nada sorprendente, absolutamente esperable. Clarín mostró el camino hace tres años. Chocolate por la noticia, Pagni.

VIilla María y su ra...

Esa manía tan característica en la matriz del privilegio que todavía rige la vida de los moradores más encumbrados del Palacio de Tribunales es precisamente uno de los fundamentos de la reforma. Lejos de convertir a la democratización en un fracaso, potencia su necesidad. Justifica su sanción y su urgente puesta en vigencia. Que la justicia corporativa se arrogue para sí la exclusiva franquicia de ser juez y parte en el derrotero jurídico sobre las leyes que legislan sobre sí misma, para empezar no es nuevo. Y para finalizar, esa y no otra es la verdadera razón de ser de las leyes de transformación: clausurar las franquicias que la casta judicial, subsidiaria de otras castas económicas aun más poderosas, ostenta desde hace bastante más de un siglo, con brevísimas interrupciones.

La reforma no busca, como dicen, “politizar” el Poder Judicial, sino exteriorizar esa condición, que es previa, preexistente, al plan democratizador. Que los jueces tienen opinión política, defienden determinados intereses y, esencialmente, intervienen en la puja material e ideológica que atraviesa las sociedades del conflicto, es a esta altura una obviedad. De ahí que el corazón de la reforma persiga un único fin: que los jueces se hagan cargo de lo que piensan, rindan por lo que hacen, y sea el pueblo quien, en última instancia, juzgue y decida. Los segmentos sociales acostumbrados a la dispensa y la exención, ancestralmente hegemónicos, pasan por alto una condición intrínseca a la más primaria noción de democracia: es en la soberanía popular, expresada a través del voto libre, obligatorio y secreto, donde reside la última fuente de legitimidad del sistema de representación. Así como ningún ser humano es ilegal (en todo caso podrá serlo su situación migratoria), ¿puede ser declarada “inconstitucional” la voluntad popular?

Cuando el juez Ricardo Recondo obtuvo la representación de sus pares ante el Consejo de la Magistratura Nacional, basó su campaña electoral en su oposición política al gobierno. ¿Ser opositor es ser independiente, acaso? ¿Imparcial es eso? ¿Dónde está escrito que para ser ecuánime hay que burlar la decisión de las mayorías? ¿No es eso la continuidad del teorema de Carlos Menem, para quien “si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie”? ¿Por qué la sociedad debe permitirse a sí misma que el Poder Judicial, que nunca jamás fue ajeno a los poderes corporativos que siempre gobernaron al país, trabe sistemáticamente un curso histórico con claro anclaje en los intereses de los sectores más postergados de la estructura económica, social y cultural?

Bien por el ejercicio de memoria que hizo la presidenta al recordar la filiación política del camarista en lo Civil y Comercial Federal. Explica muchas conductas públicas. Efectivamente, Recondo fue subsecretario de Justicia de Raúl Alfonsín. Su jefe directo era el secretario Ideler Tonelli, luego ascendido a ministro de Trabajo por la gran tarea prestada en la redacción del texto de la ley de Obediencia Debida.

Si la síntesis fue el radicalismo, la dictadura fue su más elocuente tesis. La antítesis fue la “República”, como ellos se llenan la boca, esa señora entre célebre y desconocida. Tonelli y Recondo fueron camarista y funcionario judicial, respectivamente, durante el Terrorismo de Estado. Recondo ocupó un destacado lugar en la Procuración General de la Nación. Como secretario letrado, secundó al Procurador General de la dictadura, Mario Justo López. Eran los tiempos en que la Procuración era custodiada por la Fuerza Aérea en la sede de la calle Guido al 1500, en La Recoleta. Es que en la división general del trabajo que hizo la dictadura, a la Aeronáutica le tocó justicia. Quizás Lanata, tan ocupado en hallar revelaciones en los listados desclasificados gracias a la voluntad política del gobierno nacional, lo informe el próximo domingo.

Antes de ser consejero de la magistratura, como lo es ahora, el radical Recondo atendía del otro lado del mostrador. Cuando no viajaba a Miami invitado por Clarín, regenteaba el gremio de los Señorías, la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional. Por entonces, así titulaba el editorial de su publicación bimensual: “¡Qué te pasa, Argentina!”, en clara respuesta al célebre “¿qué te pasa, Clarín, estás nervioso?”

Aquel editorial de la revista Y considerando… correspondía a la edición inmediatamente posterior a las elecciones de medio término de junio de 2009, que el oficialismo perdió, aunque por muy poco margen, en el distrito bonaerense. A Recondo no le importó. Para él la exigua diferencia de votos era suficiente. Para el entonces sindicalista de los jueces, el Poder Legislativo ya había dejado de ser una “escribanía”, como alertaban insistentemente los dirigentes de la oposición, y vuelven a advertir hoy, cuando la correlación de fuerzas les dibuja un paisaje desapacible en ambas Cámaras. En la arenga, Recondo sacaba cuentas del resultado del comicio y recomendaba acudir al Parlamento, porque ese “es el lugar donde deben confluir las ideas y los intereses”. Paradojas de la profundización: para el mismo propósito, en la próxima elección quizás vote a Julio Piumato, que por entonces lo denunciaba por mal desempeño. Un sindicato para los trabajadores ahí, por favor.

Dijo Carlos Bianchi, después de empatar con Vélez el pasado domingo: “El hincha de Boca no se puede olvidar en cinco meses todo lo que gané acá, el hincha no es un desagradecido. Los que hablan y escriben en la prensa no son hinchas de Boca.” La naturaleza, que imita al arte, jamás pensó que la realidad haría lo propio con el fútbol.

Fuente texto: diario Página 12,06 de junio de 2013

Fuente imagen: argentina.indymedia.org

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Published in: on junio 6, 2013 at 4:47 pm  Dejar un comentario  

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