Reynaldo Sietecase : La vejación post mortem de Ángeles

 

En apenas dos semanas a Ángeles Rawson la violaron en la calle, fue una víctima más de la inseguridad, se sospechó primero de algunos vagabundos o habitantes de casas ocupadas, también del padrastro, luego detuvieron al portero, se habló de un ataque sexual, después de una pelea en el palier del edificio, de un ataque en el sótano con la participación de varias personas, y más, mucho más. La chica no fue vejada en vida, eso lo comprobaron las pericias, pero sí post mortem y bajo la impiadosa luz de las cámaras de televisión. Se trata del caso policial con mayor exposición mediática de la última década.

“¿Qué querés? Algo hay que decir”, se justificó un movilero después de una guardia de horas frente al edificio donde vivía la chica. Aunque no exista información, en especial en los canales de noticias de 24 horas, algo siempre hay que decir. No importa qué. Todo vale: conjeturas, opiniones de vecinos y especulaciones varias. A veces el que sugiere no es el cronista. Desde los estudios centrales, el productor acicatea: “¿Tenés algo?”. Y ante la respuesta negativa, aparece el reclamo: “En el canal XX dijeron que es inminente la detención de un familiar. Por lo menos decí eso. No nos quedemos atrás” (éste es un ejemplo inventado, pero muy cercano a la realidad). Y allí opera el milagro: un dato no corroborado se convierte, gracias al potencial, en información.

Algo hay que decir sobre el tema. Porque el tema mide. Algo hay que decir aunque no exista ninguna información nueva. En esta dinámica la medición del rating minuto a minuto –una verdadera lacra para los contenidos televisivos– es un condimento especial. Si algo mide se mantiene en el aire, no importa si los periodistas tienen algo novedoso para transmitir. Y si mide bien, se traslada desde los programas de noticias a los de información general y de allí se muda a las emisiones de chimentos o espectáculos. No importa cómo, hay que “entrarle” de alguna manera al tema caliente. Así, por ejemplo, CQC hizo un informe con peritos forenses en lugar de arrancar con sus habituales informes irónicos y zumbones. Nadie puede quedarse afuera. “Es de lo que habla la gente”, afirman.

Una cuestión es irrefutable: el asesinato de Ángeles tiene todos los componentes de un buen policial. Un crimen sin motivo aparente, una familia misteriosa, un detenido que confiesa y luego se arrepiente, denuncias de apremios ilegales que resultan falsos, un estudio de abogados caro y mediático que interviene a favor del principal sospechoso a instancias de un benefactor anónimo. El abogado del encargado pasa más tiempo en el aire que Marcelo Tinelli en sus mejores épocas. Con mucho menos de eso, el crimen de Candela ocupó grandes espacios de televisión.

De hecho, según un estudio del Grupo Identidad, realizado entre el 10 y el 28 de junio, el caso Ángeles acumuló 596 horas de aire. Lo que equivale a 25 días corridos de emisión televisiva. Si se toma la primera semana, el resultado es de 206 horas de programación destinada al hecho, contra las 85 que ocupó en los medios electrónicos el asesinato impune de Candela. El interés periodístico es innegable, y es obvio que merece cobertura, la discusión es cómo y cuánta. ¿Es posible establecer algún criterio general para este tipo de desarrollos periodísticos? ¿Se puede apelar a la autorregulación?

Los canales de noticias, desde Crónica hasta TN, transmitieron sin interrupción durante horas. Según el informe citado más arriba, C5N, América24 y América concitan la mitad de la cobertura mediática que tuvo el caso. En varias de sus ediciones, los noticieros de TV abierta ocuparon casi las dos terceras partes de sus emisiones con este crimen. La excepción fue la Televisión Pública, que no modificó demasiado sus envíos informativos.

El caso Ángeles ya es la noticia con mayor despliegue mediático de los últimos tiempos. Todo lo demás quedó bajo su sombra. El accidente de trenes de Castelar, el rechazo de la Corte Suprema a la reforma del Consejo de la Magistratura o el cierre de listas para las elecciones de agosto. “Es lo que pide la gente”, se justifican los programadores de los canales, todos ellos muy seguros del rumbo que hay que tomar y dispuestos a disputar la batalla del rating como sea. Hubo dramatizaciones con contenedor de basura incluido, informes musicalizados como películas de terror y transmisiones en vivo desde “el lugar del crimen”. La gráfica no se quedó atrás. El diario sensacionalista Muy publicó en tapa fotos de la chica tal como la encontraron entre la basura. El mismo sitio donde quedó la ética.

El morbo, la atracción por cosas desagradables, no es un fenómeno nuevo. “Si querés cultura andá al teatro -me dijo alguna vez un colega muy querido-, la tele es entretenimiento y un poco de información”. Parece que nadie puede poner en entredicho esta cuestión. A la gente hay que darle lo que pide. Siguiendo esta lógica se puede afirmar, con ánimo de provocar algún debate, que la tele es el lugar más alejado del periodismo.

Fuente texto: infonews, 17 de julio de 2013

Fuente imagen: encuentrojudicial.com.ar

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Published in: on julio 19, 2013 at 11:21 am  Dejar un comentario  

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