Demetrio Iramain : El sueño de un golpe bajo el pretexto de la ilegitimidad

Los empresarios ya no le temen a Guillermo Moreno y aumentan los precios sin esperar su autorización”, lee el locutor de radio Continental. Inmediatamente después, Nelson Castro –esta vez no como neurólogo sino como mero comentarista político– sermonea: “Enhorabuena que le pierdan el miedo.” Punto final. Y ni una palabra sobre el aumento en las góndolas. Evidentemente, los formadores de precios jamás estarán siquiera sospechados de sufrir el mal de Hubris.

En esa sola línea queda expresado de modo sencillo y visceral el conflicto político que subyace en los últimos diez años e insiste en organizar la escena pública, a pesar de unos cuantos que quisieran disimularlo: a un lado el Estado queriendo marcarles los límites a las corporaciones económicas, procurando un desarrollo endógeno, inclusivo, armónico, pero bajo una condición: no desatender a las espesas franjas sociales históricamente violentadas por el sector del capital; y al otro el segmento empresarial más concentrado, que quiere seguir ganando en absoluta soledad y sin ninguna incumbencia externa. Por ejemplo: la del Estado. En el medio, la representación mediática de esa disputa.

Si el Estado dejara hacer libremente a los capitalistas, los medios que ya sabemos no hablarían siquiera de inflación. No tendrían necesidad. Quizás hasta se inquietarían de corazón por la salud de la presidenta. La preocupación de la derecha comunicacional por los precios y la inseguridad es otra: apenas un medio para alcanzar otros fines.

Por cierto, todo siempre vuelve al mismo punto donde se inició. Porque como dijo Cristina Kirchner en la entrevista concedida a Jorge Rial, “¿Quiénes son los que terminan beneficiados?” Así en el Mano Pulite como en las decisiones judiciales que dejaron a medio camino la democratización de la justicia, “la mano siempre venía de un empresario privado”.

La distorsión mediática no es la única deformación que presenta por estas horas entre tensas y difíciles, la puja política y material de fondo. Por momentos adquiere el debate sobre la institucionalidad y las formas republicanas de gobierno, y al siguiente movimiento todo lo contrario.

¿Quién se acuerda de la crisis institucional adonde quería llevar la derecha la maniobra de Martín Redrado y de los jueces en lo contencioso administrativo que le daban la razón, tendiente a impedir el soberano pago de los vencimientos de deuda con reservas del Banco Central? Entonces, pusieron las formas constitucionales por delante del sentido político. ¿Cómo explicar ahora la carga inversa sobre la que se monta la nueva cacería mediática que se tiende sobre el vicepresidente Amado Boudou?

Después de los diagnósticos a distancia sobre la psiquis de la presidenta, los argentinos parecemos condenados indefectiblemente a asistir a las prescripciones cuasi científicas de los doctores en constitucionalidad.

Textuales del diario del lunes: “Consultores y dirigentes políticos (que no aclara quiénes son, aunque se imagina) acordaron anoche que Boudou no cuenta con legitimidad política ni social para asumir el cargo” (Clarín). El vice “no tiene la autoridad moral frente a la ciudadanía, lo que genera un problema mayor” (Mauricio Macri). “Yo no creo que la sociedad permita que Boudou la reemplace (…) tenemos por delante un problema muy serio que es: ¿Qué pasa si la presidenta no se repone?” (Jorge Giacobbe). No contento con el mensaje protogolpista, este encuestador propone en el programa televisivo de Jorge Lanata una movilización a Plaza de Mayo para evitar que sea Amado Boudou quien ejerza la presidencia. Para Clarín la frase del consultor “recuerda el rol de José López Rega”.

El problema médico de la mandataria no podría ser más pertinente: el hematoma subdural enmarca el cuadro que pintó semanas atrás Elisa Carrió, para quien la presidenta “es Isabel Perón. Es una persona abandonada por el PJ, por el sindicalismo”.

Es entonces cuando aparece de entre las sombras de las mentes más oscuras y conspicuas de la derecha mediática el inefable Julio Cobos. Desde Mendoza, el ex vicepresidente plantea una no-certeza: ¿el estado de salud de Cristina derivará en un reposo o en una enfermedad? El cuyano le asigna al intríngulis una carga que excede largamente las facultades de la ciencia médica y la fría letra constitucional: según el ingeniero, de esa definición dependerá el rol que deberá cumplir el vicepresidente mientras dure la convalecencia. En criollo: ¿hacemos el golpe ahora, so pretexto de una presidenta enferma y un vicepresidente ilegítimo, o continuamos con la guerra de baja intensidad?

A su turno, y mientras la presidenta es operada en la Fundación Favaloro, Clarín.com publica una oportuna encuesta en la que concluye que “la situación por la que está atravesando la presidenta no parece haber generado hasta el momento mayor empatía en la sociedad”. Ergo: a nadie le importa demasiado si damos el golpe.

La derecha oscila entre elucubrar un estado terminal en la salud de la mandataria, y sugerir que la enfermedad de Cristina podría ser parte de un perverso experimento con fines electorales. Si dudaron de la presencia del cuerpo de Néstor Kirchner en el cajón que llevó sus restos a Río Gallegos, cómo no desconfiar de un problema médico en plena campaña.

Teléfono: la Corte Suprema de los Estados Unidos rechazó la primera apelación del Estado argentino. Magnetto pregunta quién está disponible en la línea sucesoria. A Cristina le operan la cabeza en el Favaloro, pero es TN quien enloquece. Córner para Clarín.

Fuente texto: diario tiempo argentino

Fuente imagen: placas rojas.com

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Published in: on octubre 11, 2013 at 2:09 pm  Dejar un comentario  

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