Eric Calcagno : The Economist y los argumentos de la oposición

 

La ofensiva mediática contra el gobierno nacional adquiere una dimensión cada vez más internacional. La exposición de varios importantes periodistas de medios opositores en la OEA, artículos en el diario Washington Post y la revista The Economist subrayan el supuesto autoritarismo del gobierno, la incompatibilidad de participar del G-20 para un gobierno que –afirman– presiona a la prensa, o el “merecido castigo” a la presidenta en las últimas elecciones.

Quien más parece regodearse es The Economist, la voz conservadora más autorizada. Entre los neoliberales, locales o extranjeros. En efecto, encontramos en un artículo del 31 de octubre el conjunto de argumentos usado por gran parte de la oposición, quizá por fin reflejado en idioma original. Nada falta: ni los habituales prejuicios hacia los gobiernos populares hasta los sombríos vaticinios que le esperan a la Argentina si no se aplican las conocidas recetas recomendadas por el establishment, sin olvidar la mención al estado médico de la Presidenta.

Comienza con una falacia de composición, al afirmar que “el poder en la Argentina es como el mercurio, que se escurre de las manos de los líderes en problemas hacia sus posibles sucesores”. Así, el poder sería un fenómeno físico, inasible para quien lo maneje como inesperado para quien lo reciba. Sostienen que Cristina “llevó a la economía al precipicio”, con total ignorancia de las tasas de crecimiento, la serie más elevada en nuestra historia, que por mucho superan la de anteriores gobiernos. Ignoran también cuál era el punto de partida, allá por 2003…

También confunde los resultados de las elecciones, puesto que compara las recientes legislativas con las presidenciales de 2011; tampoco las elecciones de medio término de 2009 habían sido positivas para el gobierno, y sin embargo… Subraya los conflictos desde 2003: con los tenedores de bonos, con el Fondo Monetario Internacional, con los medios e incluso con la justicia. Escapa al artículo mencionado que la línea de discusión ha sido siempre la de la democracia política frente a las corporaciones, de toda índole. La resolución de esos conflictos se da en los marcos institucionales vigentes, además con suerte diversa para el gobierno. Eso sí, olvidaron los Derechos Humanos: es una lástima, porque por allí empezó todo. Y de allí todo sigue.

Pero hay más calamidades. El auge de la economía es sólo el famoso viento de cola y el producto de las “generosas pampas”; “echaron a paladas” esos ingresos en “empleo público, empresas públicas que pierden plata y programas sociales”. Según The Economist, el gobierno ha “perdido el sentido común”, “miente sobre la inflación”, “impone control de precios y de cambios” y limita importaciones. “Expropió Repsol de España en YPF”… no habríamos olvidado nada ni aprendido nada, según una cita atribuida a Talleyrand sobre los Borbones que volvían de la emigración después de la Revolución Francesa y la caída de Napoleón.

El futuro no pinta bien: “la mayoría en el Congreso puede disolverse”; “hay peligro (…) de una espiral de inflación y devaluación” y si esto sucede… la presidenta “corre el riesgo de dejar su cargo prematuramente”. Benévolos, estos británicos señalan la necesidad de que Cristina “arroje de su gobierno a los matones, amigotes y marxistas con los que gobierna y que tienda puentes hacia sus rivales y oponentes”. Significa “desmantelar los controles más destructivos de la economía, sanear las estadísticas y arreglar con los holdouts y con Repsol”. Nos recuerdan que “los Borbones terminaron mal”, en lo que es una frase desafortunada o una amenaza directa (tal vez a Juan Carlos de España). Al menos, en una época los imperios tenían la cínica sinceridad de invadirnos para imponer sus políticas.

Este artículo de The Economist tiene varias ventajas. Primero están las apariencias: se muestra qué piensan sobre la Argentina algunos de “los titulares” y no los “suplentes”; vemos qué intereses se han afectado durante estos años; también, la poca inteligencia para pensar al gobierno –aún en cerrada oposición– al presentar como pruebas concluyentes lo que son apenas la expresión de prejuicios. Lo de “matones, amigotes y marxistas” denota desconocimiento y macartismo, quizá lo primero sea necesario para lo segundo. El coro estable compuesto por gran parte de la oposición repite esas falacias, como un nuevo mantra.

Luego vienen las realidades. La Argentina y su gobierno enfrentan actores que, como vimos, tienen un saber limitado y expeditivo. También, no podemos ignorar que son muy poderosos. Si como señaló con claridad Hilferding (que además de marxista era judío) a principios del siglo XX, la unión del capital industrial y el capital bancario da origen al capital financiero, la unión del capital financiero con el capital mediático es el rostro del nuevo establishment. Impone agendas, determina qué es un problema y qué no lo es, cómo debe ser solucionado. Y sobre todo que cualquiera que transgreda sus reglas debe ser castigado.

Como antes fueron Yrigoyen y Perón, desde 2003 Néstor y Cristina son un mal ejemplo para ese establishment internacional y sus socios locales, puesto que demostraron que en base al ejercicio pleno de las libertades públicas y de la soberanía popular, es posible construir sociedades más justas. Según la cita que estructura al artículo, habrá que decir que es cierto que no olvidamos; pero también es verdad que aprendimos mucho, sobre nuestra capacidad y sobre las posibilidades de la Argentina. También aprendimos que, de reinstalarse un modelo neoliberal acorde con los deseos de The Economist, será de la mano de dirigentes sin política nacional y de economistas con representación corporativa. Sería “el vicio de la mano del crimen”, al decir de Chateaubriand, contemporáneo del mentado Talleyrand, al momento de la restauración borbónica.

Fuente texto : diario Tiempo Argetino, 6 de noviembre de 2013

Fuente imagen: creatividadyyo.blogspot.com

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Published in: on noviembre 6, 2013 at 3:36 pm  Dejar un comentario  

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