Demetrio Iramain : En busca de las bóvedas de Lorenzetti

El fallo de la Corte Suprema acerca de la constitucionalidad definitiva de todos los artículos de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sumió en una profunda crisis al Grupo Clarín y también a sus empleados políticos. Es una verdadera pena por estos últimos: los dirigentes de la oposición tenían la inmejorable oportunidad de lograr autonomía de Héctor Magnetto, pero otra vez eligieron la cerrada defensa de sus intereses. Mientras los jueces sí lo hicieron, los dirigentes de la oposición política, no. Evidentemente, en la democracia argentina hay más afectados por el síndrome de Estocolmo que por el mal de Hubris.

Clarín convirtió al derecho humano a la libertad de expresión en un pintoresquismo. No es disparatado imaginar a Jorge Lanata “descubriendo” bóvedas llenas de dinero en los sótanos de la casa de Ricardo Lorenzetti. La desregulación en el sector comunicacional, la mordaz operación de prensa, la grosera manipulación, hicieron del “periodismo independiente” un subproducto muy peculiar de aquello que André Breton llamaba “el azar objetivo”.

Está visto: cuando le toca perder, la derecha apenas si se conforma con titular la realidad y ya no disputarla. La comenta. La protagoniza desde la mera opinión. Ahora, atará cabos, retrocederá el tiempo buscando en Google sugestivos encuentros entre la Corte y el gobierno, y concluirá que el fallo del Máximo Tribunal estaba cantado desde la entronización del Papa Francisco en Roma, cuya delegación oficial argentina compusieron los titulares del más alto Tribunal de Justicia y de la Nación. “Están hablando del faso”, diría Peter Capusotto.

A propósito, Sergio Massa calificó de show circense lo que Martín Sabbatella fue a hacer a las oficinas del Grupo Clarín. Paradójico que lo diga desde las oficinas de ADEPA, hasta donde el diputado electo se acercó para firmar ante las cámaras de televisión y los fotógrafos de los medios paraopositores la declaración de Chapultepec. No hacía falta tanta honestidad brutal.

Se entiende, sin embargo, la urgencia de la función. El fallo de la Corte corrió ligeramente el arco, y convirtió a los aliados estratégicos en insalvables enemigos. Como en un juego de espejos, la taba se dio vuelta y varios quedaron con los ojos ciegos bien abiertos, pero en la espalda. A Clarín se le cortó abruptamente su expectativa en la línea de sucesión presidencial, que se extendía hasta Lorenzetti. Cobos ya no está más. El eventual Grupo A tendrá apenas un rol testimonial porque el oficialismo mantendrá su predominio legislativo a partir del 10 de diciembre, incluso con mayor holgura. Y además, la salud de Cristina mejora.

No por previsible, el nuevo calificativo que el Grupo tiende sobre el presidente de la Corte deja de ser extraño. ¿Se sentirá cómodo el juez de Rafaela en la piel del nuevo enemigo público de la “libertad de expresión”? El que supo recibir el gran premio de la SIP en 2008, seguramente calza con suma incomodidad el traje nacional y popular, un ambo que definitivamente le sobra por los hombros.El dictamen de la Corte y la abierta confusión desatada al interior del Grupo demuestran la inconveniencia de “ir por todo”, como fue Magnetto. Clarín dejó solo a Lanata y presentó su plan de adecuación. El diputado Cardelli abandonó a Pino Solanas por su maridaje con Elisa Carrió y en rechazo a su posición ante el fallo. Hasta la pacata Asociación de Magistrados se pintó la cara y salió a cuestionar a la oposición por su destrato al Máximo Tribunal. Julio Piumato, tarde, quiere que le paguen su parte por una ley que él mismo votó en el Congreso, pero por cuya implementación militó en contra. Como Lorenzetti, ¿también Ricardo Recondo tendrá prohibido expresamente el acceso a las cámaras, micrófonos y hojas de diario del poderoso multimedios?

En el fondo, y en la superficie también, la derecha entiende que la Corte no es el problema, sino la nueva síntesis y el posterior salto hacia adelante que puede hacer el proyecto nacional y popular tras la resolución del conflicto judicial y político planteado alrededor de la Ley de Medios. La madre de todas las batallas tiene ya su vencedor. El riesgo para la derecha es que otras igualmente definitorias sientan la irresistible tentación de “adecuarse” en igual sentido. Las corporaciones económicas están advertidas; y la sociedad democrática, igual. Cuando el carro anda, los melones se acomodan.

No en vano La Nación ya salió a poner en sobreaviso que la resolución de la Corte provocó “inquietud y sorpresa entre los empresarios”. Quienes no sintieron temor alguno supieron por el centenario matutino que debían preocuparse. Ya suenan las trompetas de la inflación y el dólar, esa guerra de guerrillas que el empresariado y los especuladores emplean para frenar la distribución igualitaria de la riqueza.

Hace rato que el carácter y la identidad popular del proyecto nacional son definidos por las ambiciones de sus enemigos: los más poderosos grupos económicos, las espesas corporaciones mediáticas, el segmento más reaccionario de la Justicia. Como dijo Cristina, el kirchnerismo es una herramienta de la historia, cuyo devenir se encuentra  más allá de la pretensión de sus líderes. Ese inexorable antagonismo, en vez de frustrar el proyecto, es garantía de su rumbo. Lo dinamiza. Desde 2003, las formas que asume la perenne puja entre clases son producto de las circunstancias, y no necesariamente el modo en que sus protagonistas las previeron.

He ahí el profundo sentido de la Ley de Medios, su vital gestualidad. Si bien la normativa sólo afecta la concentración mediática, su lógica apunta a un nuevo ordenamiento social y cultural posible, incluso dentro del capitalismo. Lo general por sobre lo particular. El derecho humano y público a la libre expresión por sobre el de propiedad. La diversidad cultural, la pluralidad de voces, por sobre la tendencia a la homogeneidad del capital.

La LSCA tiene muchas más significancias que sólo decir de ella que se trata de la “ley de la democracia” sobre los medios, como si la democracia se redujera a una mera noción temporal. Por el contrario, es una ley que condensa un riquísimo proceso social y cultural, propia de un momento muy particular dentro de un período histórico de tres décadas en continuado, y que desde hace diez años ha decidido honrar el nombre que lo define. Por fin el pueblo accedió a las llaves de la casa donde vive desde hace 30 años: la democracia.

Fuente texto : diario tiempo Argentino, 7 de noviembre de 2013

Fuente imagen :taringa.net

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Published in: on noviembre 7, 2013 at 5:24 pm  Dejar un comentario  

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