Eduardo Anguita : Todo está cargado en la memoria

 

Ayer, como cada 24 de Marzo desde hace décadas, se produjo un hecho colectivo impresionante. Siempre me resultó curioso que un día oprobioso como el día donde se consumó el golpe de Estado que derivó en la peor crueldad de la Argentina, resulte una fecha de una vitalidad y una diversidad fuera de lo común. Pocas fechas resultan autoconvocantes en la historia nacional. Sin dudas, el 25 de Mayo lo es. Sin embargo, salvo en las jornadas del Bicentenario, no siempre resulta un día de multitudes en las calles. Algunas veces, el 10 de Diciembre es convocante. El 17 de Octubre lo fue por mucho tiempo pero, por motivos que resultaría bueno indagar, ese día donde, al decir de Raúl Scalabrini Ortiz, se sublevó el suelo de la Patria, fue dejando de ser una fecha de júbilo y gentes en las calles.

Los 24 de Marzo, a diferencia de las fechas mencionadas, es un día trágico. Es inevitable, para aquellos que llevan los registros de dolor en el alma, dejar de salir a las plazas de infinidad de ciudades de todo el país. La Plaza de Mayo como epicentro, sin dudas, pero se producen marchas y concentraciones por doquier. Cada cual con su foto colgada en el pecho, cada organización con sus pancartas y banderas. Incluso, con las diferencias que año a año marcan posturas divergentes.

Ayer, una vez más, las calles fueron escenario de una invasión de memoria. Allí donde hubo secuestros y torturas, se congregaron viejos militantes con sus hijos y sus nietos. A 38 años del golpe de Videla-Massera-Martínez de Hoz es bastante impresionante registrar los avances en la memoria colectiva.

Hubo hitos muy fuertes. El de 1996, porque eran 20 años, lo que sociológicamente se podía interpretar como el paso de una generación a otra. La de los jóvenes de los setentas a los de los noventas. Un contraste indisimulable: una reducción podría transcribirlo como la generación del compromiso colectivo a los años del individualismo y la pérdida del sentido histórico. Sin embargo, allí estaba la Plaza de Mayo, colmada de muchachos y chicas que habían nacido en los años donde la Nación estaba pisoteada y que se quedaban afónicos para corear contra los indultos y el punto final. Decenas de miles de voces que se alzaban convocando a la memoria y a un futuro con justicia social. Probablemente, esos noventas marcaban el desmoronamiento de un internacionalismo cobijado en el sistema burocrático, autoritario y resquebrajado como era la vieja Unión Soviética. Pero otras formas de búsqueda de igualdad se cuajaban entre los intersticios de un capitalismo decadente, hegemonizado por las empresas multinacionales y el gobierno de los Estados Unidos. Esos años noventas estuvieron marcados por la resistencia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo junto con los maestros que resistieron los mil días y sus noches de la Carpa Blanca, junto con la Central de Trabajadores de la Argentina y la figura de Germán Abdala, el sindicalista inteligente, dúctil, amplio y, sobre todo, honesto, austero, comprometido.

Como una muestra más de vértigo y de imprevisibilidad, el 24 de Marzo de 2004, hace una década, Néstor Kirchner decidió abrir la ESMA para convertirla en un sitio de memoria. Hasta hoy, la sola idea de traspasar los portones una fábrica de tortura y asesinato hiela la sangre de muchos viejos militantes. Pero ese paso era decisivo: si ese proceso abierto menos de un año atrás no podía conjurar el poder simbólico de un campo de concentración, no podía pretender disputar la hegemonía a los sectores del privilegio.
Mención especial para el gran Eduardo Luis Duhalde, arquitecto de muchas de las movidas de Kirchner. Hombre de una inteligencia destacada, de un conocimiento jurídico y político suficiente como para buscar la pata empresarial del golpe de 1976 y llevarlos al banquillo. Duhalde pasó muchísimas horas en una conspiración democrática: hurgó en los anales del Ministerio de Economía y de las asociaciones de empresarios para detectar cómo eran los vínculos entre los crímenes cometidos en los campos de concentración y los lineamientos de los directorios de empresas y bancos, algunos con casas matrices en el hemisferio norte y otros de capitales nativos.

Casi un año antes de la apertura de la ESMA, Claudio Escribano, gran intelectual de la dictadura, desde las páginas de La Nación, le había dicho a la sociedad argentina que había gobierno por un año. Un pronóstico errado que le costó caro a la derecha autoritaria. Kirchner salía indemne de las catástrofes auguradas por los sectores privilegiados. A la vez, encarnaba el liderazgo que la Argentina podía ofrecer para sumarse al desafío de la Patria Grande, sumando una pieza más al entramado que proponían Hugo Chávez y Lula.

De ningún modo puede convertirse el 24 de Marzo en una fecha partidaria. Es patrimonio de los que van a las plazas a repudiar el autoritarismo y a reverenciar a los miles de luchadores de los setentas, pero también es patrimonio de los que van a las plazas a bailar folklore o a un teatro de barrio o se juntan en una comisión vecinal. No es preciso replicar la conducta de los cientos de miles de personas que ayer salieron a las calles para ser parte de una sociedad democrática que repudia una dictadura. Sin embargo, hay debates inevitables: aquella dictadura tenía la clara conducción empresarial de Martínez de Hoz y el Consejo Empresario Argentino, aplicó un plan económico para destruir la industria y también para dañar los sentimientos de los trabajadores, esa dictadura se propuso un giro drástico del rumbo económico y social. Los empresarios que se beneficiaban no ocultaron su pretensión de desterrar cualquier idea de rebeldía y organización popular. Esos festejaron en los noventas y se atemorizaron al ver cómo aquellas ideas y organizaciones reverdecían a partir de 2003.

La perspectiva de la identidad popular histórica a través del peronismo y sus aliados provenientes de sectores de izquierda estaba ayer en las plazas con una presencia contundente. Las columnas de Peronismo Militante, de Kolina, del Evita, de la Cámpora y de cientos de organizaciones sindicales o barriales o de Derechos Humanos fueron una expresión de ello. Y también lo fueron los miles y miles que llegaron sin organización previa, autoconvocados, aplaudiendo el ingreso de las columnas organizadas. Por eso, el ingreso de la bandera con las fotos de miles de detenidos-desaparecidos por Avenida de Mayo, con las Madres Línea Fundadora a la cabeza, se constituyó en un momento conmovedor, en la cristalización de un deseo colectivo, no sólo en un puente con el pasado sino en el vínculo aferrado al futuro. Ya no es sólo la certeza de que, más allá de los errores, está vivo el compromiso de miles de militantes torturados y asesinados, muchos de ellos detenidos-desaparecidos. Es la convicción de que cada 24 de Marzo se abre un puente al porvenir.

Sería injusto desconocer a quienes marchan los 24 de Marzo con banderas distintas a las de pertenencia o simpatía kirchnerista. Hay infinidad de sectores identificados con una izquierda no peronista que tampoco tenían en los setentas afinidad con las organizaciones armadas de la izquierda no peronista. Esas organizaciones también tuvieron que pasar a la clandestinidad y algunos de sus militantes terminaron asesinados por las bandas parapoliciales de los tiempos de Isabel Perón o fueron después víctimas de secuestros y desaparición. No se trata, 38 años después del golpe, de hacer cuentas para ver qué sectores políticos fueron más castigados.

Quienes hayan vivido aquellos años y aun quienes por una cuestión de edad no lo vivieron pero sí lo estudiaron, bien saben que los años setentas estuvieron plagados de sectarismo y de disputas entre organizaciones. También aquellos años fueron los del fin del idilio de Juan Perón con la juventud maravillosa y de la feroz cacería de las organizaciones de la derecha peronista sobre la militancia popular. No pueden soslayarse el militarismo del PRT-ERP y de Montoneros. Todavía resuena en los oídos de la militancia aquel documento del gran Rodolfo Walsh cuestionando a la conducción nacional de Montoneros donde sentencia que “cuando la vanguardia se adelanta a las masas corre el riesgo de convertirse en una patrulla perdida”. También queda grabada en la memoria aquella convocatoria del PRT-ERP apenas consumado el golpe: “Argentinos a las armas.” La memoria arde. La memoria debe arder para poder parir el futuro. La memoria no es un ejercicio de autocomplacencia. Lejos de ello, la memoria suele ser una lucha incontrolable entre recuerdos de felicidad y esperanza mechados con frustraciones y pérdidas irreparables. Se cruzan las imágenes de un tiempo ya vivido con la convicción de que esos hechos del pasado se merecen un lugar de nuevo en el presente. Es el vértigo de querer parir el futuro y es, al mismo tiempo, la reverencia, la evocación a las personas convertidas en ejemplos.

Cada 24 de Marzo miles de historias singulares evocan una historia grande, tan atravesada por la tragedia como por la certeza de que vale la pena luchar incansablemente por aquello que se quiere. En este caso, por una sociedad con justicia social, una sociedad plena de felicidad y de derechos para los más humildes. Hagamos, cada día, un poquito de 24 de Marzo de nosotros mismos. Hundamos nuestros sentimientos actuales en esa memoria ardiente que nos lleve a vivir el conflicto con bravura: que nos permita aceptar la diferencia, que nos permita convencer con argumentos, que nos permita convencernos con los buenos argumentos ajenos, que nos permita contagiarnos de los ejemplos de entrega y austeridad, que nos permita saber que sin poder los pueblos quedan sometidos a los que siempre tuvieron el poder, que nos permita saber que el poder es un arma filosa que puede cortar nuestra ingenuidad, que nos permita hermanarnos con quienes tienen los mismos intereses aunque piensen distinto, que nos permita recuperar el futuro como el arma más poderosa para una sociedad justa.

Fuente texto: diario tiempo argentino

Fuente imagen : argentina.indymedia.org

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Published in: on marzo 27, 2014 at 6:42 pm  Dejar un comentario  

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