Demetrio Iramain : Protesta a destiempo del sindicalismo opositor

 

Si no fuera cierto que los fondos buitre financian el paro general anunciado para hoy por los sindicalistas opositores, eso sería, incluso, aun más vergonzante para la dirigencia que dispuso la medida: ¿será que Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Pablo Micheli hacen horas extras gratis?

“Negociar y pagar” es la nueva consigna sindical de MoyanoPablo Moyano

Difícil endilgarle al gobierno que la “deuda es con el pueblo” para justificar la huelga, cuando son justamente los acreedores externos más influyentes en la justicia de EE UU quienes la festejan. Que el paro sea apoyado por el grupo American Task Force Argentina (ATFA), el mayor lobbista de los holdouts en el país, torna innecesarias las palabras para explicar el más íntimo objetivo de la medida: afectar al gobierno nacional mientras mantiene su batalla política y económica más determinante en todos sus años de ejercicio del poder.

Ese objetivo de máxima se ve compelido por las circunstancias. Ante la persistencia de la crisis global, y un escenario local de más bien poca conflictividad sindical, suspensiones en cuentagotas, despidos muy puntuales, y rondas paritarias que, en general, siguen libremente su curso, lo más grave de todo es lo que no pasa. Es entonces cuando la variable tiempo se vuelve apremiante.

Según encuestas muy recientes, el gobierno goza de creciente aprobación social en lo referido a su manejo del problema planteado tras el insólito fallo del juez Griesa. El índice de imagen positiva de la presidenta es igual, y hasta levemente superior, al 54 %, que es el porcentaje de votos obtenido por Cristina en octubre de 2011. El paro busca relativizar ese consenso. Para alcanzar ese objetivo la acción directa no puede demorarse mucho tiempo más. El conflicto con los fondos buitre se encuentra en un punto demasiado alto y de máxima importancia y exposición, tanto que el Congreso Nacional se apresta a sancionar la ley de Pago Soberano, una normativa tendiente a crear autónomamente instrumentos legales para el pago a los bonistas y reabrir el canje para que puedan ingresar los holdouts. Esa ley constituye una firme respuesta del oficialismo (política e institucional) a la encerrona planteada por la justicia estadounidense, y festejada aquí por políticos y periodistas afines a los buitres.

Lejos de marchitar definitivamente al kirchnerismo, como ansiaban, la disputa con Griesa le dio al oficialismo una nueva sobrevida: aumentó su cohesión interna, confirmó su identidad, que volvió a poner a prueba en la arena caliente del conflicto, y revalidó los méritos de Cristina, su líder indiscutida; eso que sus enemigos llaman, con desdén, “relato” e impugnan con el calificativo “épico”. El pase a la ofensiva del gobierno opera como aliciente para sus enemigos y su desesperada réplica.

La querella con los buitres adquiere, al mismo tiempo, una dimensión política regional y de importancia supranacional, que los promotores del paro soslayan en público y se saltean imperdonablemente. Los apoyos que la posición argentina cosechó en el último tiempo así lo demuestran. El daño que los buitre le hacen al sistema global es tenido en cuenta en muchos países del mundo, menos por el segmento opositor del sindicalismo local. Las condiciones están dadas para una acción de concientización nacional, no para un paro. Quizá para una grandísima protesta, pero no contra el gobierno, sino contra los especuladores externos, sus socios en el sistema judicial estadounidense, y ciertos políticos locales. Los analistas internacionales ven detrás del caso argentino un avance inadmisible de los grupos financieros más concentrados, recalcitrantes en su vicio especulativo, y menos propensos a un capitalismo basado en la producción y el consumo, por sobre los gobiernos. Cualquier gobierno, no sólo los progresistas de la región latinoamericana. No hace falta ser de bolivariano ni K para advertir la gravedad de la hora; con tener conciencia nacional y claridad sobre la centralidad del Estado y la democracia, alcanza. Basta con no festejar como un campeonato la cotización que alcanza el dólar ilegal. Moyano, evidentemente, no lo ve así.

EL PARO NO ES PIQUETE

“Lavar el pie en el agua para después ensuciarlo de arena; ensuciar el pie en la arena para después lavarlo en el agua”, canta Arnaldo Antunes, el extraordinario poeta y músico paulista.

Hugo Moyano, que de poeta tiene poco, y de extraordinario menos, dijo no estar de acuerdo con los piquetes y los clavos miguelito porque “son cosas del pasado”, pero al mismo tiempo negociaba con los delegados combativos de varias líneas de colectivos, y le prendía una vela a la izquierda boba que interrumpirá los accesos a Capital. La circulación de colectivos restringirá mucho el impacto del paro, y Moyano lo sabe, de ahí su ecuménico “respeto” hacia quienes tomen la decisión de cortar puentes e ingresos a la ciudad. Se sabe: los encargados de garantizar la huelga no suelen ser igualmente tolerantes con quienes van a trabajar a pesar de los condicionantes impuestos por los gremialistas.

La especulación del camionero es un golpe a dos bandas. Como quien no quiere la cosa, amenaza veladamente a los colectiveros que saldrán con sus unidades a trabajar normalmente, al tiempo que instala en el discurso la posibilidad (remota o cierta, eso importa menos) de hechos de violencia callejera. Le sube el precio al paro. Lo mismo pasó el día anterior a la protesta del 10 de abril, cuando Luis Barrionuevo aseguró tener “información” sobre la posibilidad de que se registren incidentes en algunos bares y confiterías “para culpar a los gastrónomicos”. Durante aquella jornada no fueron reportadas mayores peripecias en el centro, pero varios bares igual cerraron. Generalmente, los dueños de las confiterías, alertados por la premonición, suelen bajar preventivamente sus persianas. El temor no hace huelga, pero suele actuar como un convincente secretario general, especialmente en tiempos en que los secretarios generales convencen poco. El “azar objetivo”, diría André Breton.

Como en un juego de espejos obvio y viejo como el mundo, el guante derecho del lado del revés vuelve a calzar perfecto en la mano izquierda. Así como la presidenta Cristina Fernández señaló a los altos mandos del Ejército que no sólo se defiende la Patria con un fusil, también es cierto que no sólo se defienden el salario y la dignidad del trabajador con una huelga. A veces, como ahora, todo lo contrario.

Fuente texto: diario Tiempo argentino
Fuente imagen : enorsai.com
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Published in: on agosto 28, 2014 at 5:45 pm  Dejar un comentario  

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