Hernan Brienza : La bajeza de la mentira

I. Dejemos de lado lo importante de la semana: que Argentina ha obtenido un reconocimiento internacional nunca antes visto en su pelea contra los fondos buitre por la reestructuración de su deuda externa, que más de 120 países han votado por una nueva normativa en materia de negociaciones en el sistema financiero y que Argentina ha salido fortalecida de esa asamblea, tanto que el juez Thomas Griesa debió dar marcha atrás en la última semana con algunas decisiones que beneficiaban alegremente a los fondos de inversión que intentan expoliar a los países deudores. Claro está que las principales plazas financieras –Nueva York, Londres, Frankfurt, Tokio– votaron en contra, pero no menos cierto es que varios países europeos comprometidos y amenazados por los default de sus propias deudas han decidido refugiarse en la tímida abstención cuando lo esperado –por su posición de países dominantes en el mapa: España, Italia, Francia–era que lo hicieran con el bloque dominante de las principales potencias occidentales.

También dejemos de lado el hecho de que China, la segunda potencia mundial, haya apoyado con su voto la posición Argentina y eso prefigure de hecho una nueva disposición en el tablero del mundo próximo. Una vez más, la mano poderosa que China tiende a la Argentina demuestra que el gigante asiático está dispuesto a jugar a fondo en su relación estratégica con América Latina y especialmente con Argentina. La necesidad de productos que Argentina ofrece resultan vitales para el reposicionamiento de China en el mundo multipolar que se avecina. Obviamente, no se trata de beneficencia oriental, sino de intereses complementarios y al hecho de que para la segunda –por ahora– economía más importante del mundo sostener el mercado laboral argentino no le genera prácticamente ningún esfuerzo y redunda en grandes beneficios. Es decir, la oportunidad de llevar adelante una complementación –desigual, por supuesto, con una potencia– depende, una vez más, de la inteligencia estratégica de la clase dirigente argentina. Y no me refiero, simplemente, a la clase política sino fundamentalmente a los sectores empresariales e intelectuales de un país que, quizás por colonialismo cultural, prefieren seguir jugando dentro de la órbita de una potencia hegemónica regional competitiva –y por lo tanto castradora– que abrir una posibilidad de pivotear entre ambos bloques.

A veces los industriales argentinos pareciera que se merecen un 2001 permanente con millones de argentinos repudiándolos permanentemente y poniendo en riesgo mucho más que sus porcentajes de ganancias.

II. Tampoco esta nota se referirá a la promulgación de la ley de Pago Soberano que permite a la Argentina un espacio de mayor distancia con las decisiones de un juez de primera instancia de una ciudad estadounidense dispuesto a que hagan un negocio fenomenal a costa del bienestar de millones de argentinos. Ni hablará de las políticas contra cíclicas con las que el gobierno nacional intenta subvencionar el consumo de las mayorías para impedir que el círculo virtuoso de la economía pueda seguir girando a un ritmo similar al de los últimos once años, como por ejemplo el plan de financiamiento de 12 cuotas para las tarjetas de crédito. La situación no es sencilla porque el gobierno enfrenta no solamente un escenario económico internacional adverso con retraimiento y recesión, y al mismo tiempo debe sortear los ataques especulativos de los empresarios y las pujas distributivas que son también causantes de las subas de precios que esmerilan el salario de los trabajadores.

Ni siquiera tendrá un párrafo para referirse al áspero discurso que la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner pronunció en Tecnópolis para celebrar el día de la Industria y durante el cual se encargó de dejar muy en claro que una vez más ciertos sectores de la burguesía están faltando a la cita con la historia de millones de argentinos que se comprometen diariamente con su trabajo y se merecen un país mejor que el liderado por empresas automotrices que, por ejemplo, esconden las unidades para hacer fracasar el Plan Pro.Cre.Auto con tal de poder vender las mismas a precios más altos.

A veces los industriales argentinos pareciera que se merecen un 2001 permanente con millones de argentinos repudiándolos permanentemente y poniendo en riesgo mucho más que sus porcentajes de ganancias. Y vale la pena hacerse una pregunta cruel a esta altura: ¿Desde qué supuesta superioridad moral un empresario que especula, que tiene en negro a sus trabajadores, que evade impuestos, exige seguridad frente a un delincuente como él que sólo tiene formas menos sofisticadas de delinquir? ¿Por qué los sectores dominantes se creen con el derecho a ejercer el monopolio de la crueldad en la Argentina?

III. Y, obviamente, si de violencia se habla, esta nota tampoco va a versar sobre la escalada de agresiones que sufrieron los periodistas Mariano Beristain y Gustavo Silvestre en las últimas semanas y que no recibió la solidaridad de ninguno de los colegas que trabajan en los medios oficialistas del poder económico real. ¿Se imaginan la pantomima que realizarían los medios de Magnetto y sus satélites como La Nación y Perfil si alguna de las tilingas que presentan noticias en TN se quebrara una uña leyendo un libro escrito por Víctor Hugo Morales, por ejemplo? Sería el acabose. Sin embargo, ninguno de los dos colegas ha recibido ni el más mínimo gesto de solidaridad por parte de la prensa “independiente, objetiva, neutral” (de cualquier idea propia que no sean los dictados de Héctor Magnetto).

La cuestión de la violencia en la Argentina es un tema demasiado serio para andar zarandeándolo como si se tratara de un tamiz en busca de oro para provecho propio. Por eso las palabras de Luis Barrionuevo no son gratuitas en un país atravesado por enfrentamientos cíclicos. Azuzar la idea de un estallido en diciembre, sobre todo teniendo en cuenta que el titular de la CGT Azul y Blanca siempre ha sido la mano de obra de los proyectos antinacionales y antipopulares como el Menemismo, primero, y que ahora apoya a Sergio Massa. Amenazar con el fantasma del estallido, con lo dramático que fue el 2001 para la Argentina es de una irresponsabilidad que debería ser sancionada por todos las fuerzas políticas, si no fuera porque la mayoría de los sectores de la oposición están comprometidos con el plan del caos. Se entiende: sólo si se derrumbara el gobierno nacional, ellos tendrían la posibilidad de acceder al poder.

periodismo

IV. Esta nota tiene como único objetivo hacer una sola pregunta sobre lo menos importante que pasó en la semana pero que como periodista me da vergüenza ajena. Llevo más de 20 años en este contradictorio oficio. Entiendo la lógica del juego. Sé que un periodista está obligado a seguir la línea editorial del medio en el que trabaja, se que un periodista puede omitir algunas cosas, también entiendo que se “fuercen” algunos títulos. Pero lo que nunca voy a poder entender es cómo les da la cara para mentir abiertamente de la manera en que lo hacen. Lo que hicieron con las declaraciones de Víctor Hugo Morales o las del Jefe de Gabinete Jorge Capitanich es una verdadera bajeza. Uno puede estar más o menos de acuerdo con sus palabras, lo que no puede hacer es deformarlas, engañar al público, estafar a sus oyentes y televidentes. Después de semejante operación de prensa ¿con que cara les dicen a sus hijos, a sus hermanos, a sus novios y mujeres que siguen siendo algo parecido a periodistas?

Fuente texto : tiempo argentino

Fuente imagen : losprincipiosbasicos.blogspot.com

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Published in: on septiembre 17, 2014 at 1:08 am  Dejar un comentario  

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