Gustavo Cirelli : Patear el hormiguero

En pleno fervor de la primavera democrática, días de la ilusión alfonsinista, a mediados de los ’80, en un local del PC en una vieja casona de la calle Ventura Bosch, en Liniers, un cartel pegado sobre un viejo teléfono negro advertía con cierta ironía, palabras más, palabras menos: “No llame desde este teléfono ni a su suegra, está pinchado.” Por entonces se venía de la oscuridad mortuoria del terrorismo de Estado. Era una sensación de época. En un local de la JP en la zona de Mataderos no hacía falta que hubiese cartel con advertencia. Se sabía. Y no sólo en los ambientes de la militancia política.

Pasaron más de 25 años desde entonces a hoy, con tropiezos, desilusiones y nuevas ilusiones, pero siempre en democracia. Y siempre con la misma certidumbre que las cloacas de la Patria seguían operando, ahí, al acecho, espiando, montando operaciones. Sumando carpetas a sus anaqueles polvorientos.

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Entonces fue la SIDE, que pasó a ser la SI, y el orden de las siglas no alteró el producto: la autonomía operativa le permitió desarrollar su tarea por fuera del control de los mecanismos institucionales. Un pozo ciego de la democracia. Un deuda de todos los gobierno del ’83 a la fecha, como resaltó la presidenta en su cadena nacional de anoche.

En los años ’90 hubo dos atentados terroristas (Embajada de Israel y AMIA). Los agentes de Inteligencia debieron prevenirlos, esa era su función natural. Su accionar, como mínimo, fracasó y todo lo que devino luego de los ataques fue tan sinuoso y sucio con operaciones cruzadas, de contrainteligencia, que coronaron la impunidad que aún empañan ambas investigaciones y la memoria de las más de 100 víctimas. En los próximos meses comenzará el juicio por el encubrimiento al atentado del ’94 a la mutual judía de Buenos Aires. El ex presidente Carlos Menem estará en el banquillo de los acusados. Pero también, el “Señor 5”, el mandamás de la SIDE de aquellos años, Hugo Anzorreguy.

Todo quedó expuesto a la luz en estas horas: la millonaria caja de la ex SIDE, la falta de control parlamentaria sobre su funcionamiento, el descontrol de escuchas telefónicas desde “Ojota”, la promiscua relación de los “servicios” con la Justicia Federal denunciada por oficialistas y opositores, y la persecución y acoso a dirigentes y periodistas.

(Hace más de 10 años, colaboré con Roberto Caballero, director fundador de Tiempo, en la investigación para su libro AMIA, la verdad imposible. Una mañana al llegar a su casa, como era habitual para ponernos a trabajar sobre el tema, Roberto me esperó con un sobre papel madera en sus manos, una material que le habían hecho llegar horas antes: adentro había un croquis con un informe que demostraba cómo lo habían seguido, espiado, poco tiempo antes inmiscuyéndose incluso en la intimidad de su ámbito familiar. Una perversa maniobra de los servicios para hacerle llegar un mensaje elocuente, que el tema AMIA no era un territorio sencillo de expugnar. Una canallada cobarde –de las que provocan zozobra, dudas– que no impidió, obviamente, la publicación del libro).

A los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en 2002 también los alcanza el largo brazo de los agentes de Inteligencia. Uno de los ejecutores materiales de los crímenes de los jóvenes militantes fue el comisario de la Bonaerense Alfredo Fanchiotti, quien era en enlace entre esa fuerza y la SIDE, ya por entonces llamada SI, cuyo jefe era el fallecido Carlos Soria.

El alfonsinismo, el menemismo, el delarruismo, el duhaldismo y el kirchnerismo debieron convivir con un aparato de Inteligencia del Estado que ha tenido tal autonomía y poder que su omnipresencia se lee claramente en las crónicas trágicas que se escriben por estas horas.

Ayer la presidenta dio otra muestra de valentía. Enfrentó al monstruo mirándolo de frente. Aparecerán, sin dudas, detractores oportunistas, o medios de prensa críticos que cuentan en sus staff con periodistas procesados por armar notas con los oficios subterráneos de los espías; u opositores que olvidan su pasado y la responsabilidad que han tenido los partidos a los que pertenecen en relación y dependencia a los servicios de la usina del miedo de la calle 25 de Mayo 11.

Una vez más el kirchnerismo demostró que no es fácil de doblegar. El discurso de Cristina de ayer fue categórico.

Puso el eje en un punto de inflexión en su gestión: el Memorando de Entendimiento con Irán y cómo a partir de intentar darle impulso a la causa AMIA, las operaciones de inteligencia procuraron socavar una y otra vez su gobierno. Las enumeró. Están en los archivos.

Dijo algo más al concluir su anuncio sobre la disolución de la Secretaria de Inteligencia: “A mí no me van a extorsionar, no les tengo miedo.” Néstor Kirchner la llamaba “la presidenta coraje”. Sabría por qué lo decía.

Se gobierna para la Historia, que es, a la vez, gobernar para el futuro, para las nuevas generaciones. Las peleas de fondo que dio y sigue dando el kirchnerismo perdurarán más allá de diciembre de 2015, cuando la actual mandataria ya no ocupe la presidencia. La desarticulación, la disolución de la SI es un proyecto que redundará en beneficios para las estructuras e instituciones de la democracia.

“No puedo permitir que se tenga sitiada a la democracia”, afirmó la jefa de Estado cuando anunció el proyecto de ley que ingresa al Parlamento y que deberá entrar en vigencia dentro de los próximos 90 días.

Algunos editorialistas con olor a naftalina ideológica reclamaban la presencia de la presidenta, su voz, que dé la cara. Hizo algo más que eso. Volvió a marcar la agenda pública, por dónde debe ir una discusión que resulta central en el país.

Seguramente los que nunca hicieron nada, que jamás osaron acercarse al hormiguero de la ex SIDE impugnarán, obvios, que haya sido ahora. Es ahora.

Y ahora deberán sentarse en sus bancas para debatir de cara a la sociedad que los observa qué harán, por caso, ante los siguientes puntos destacados del proyecto de creación de una Agencia Federal de Inteligencia:

. Sus objetivos serán la investigación sobre hechos de seguridad nacional y sus habitantes para la prevención de amenazas internacionales como terrorismo, ciberdelitos, narcotráfico, tráfico de armas, de personas y delitos financieros.

. La AFI tendrá de un director general y de un subdirector, que serán designados por el Ejecutivo, pero con acuerdo del Senado. Ambos funcionarios serán la única vía de acceso a la Agencia.

. La ley enmarcará las actividades de la AFI, que deberán adecuarse a la Constitución Nacional y a toda ley de Derechos Humanos.

. Se crearán bancos de protección de datos y archivos. Y esa información será confidencial, secreta, reservada o pública, según las distintas categorías.

. Se contemplarán penalidades de tres a diez años –no serán penas excarcelables– al que intercepte conversaciones telefónicas o de cualquier otro tipo.

. También serán penados los funcionarios que tomen contacto con los servicios de Inteligencia por fuera de las dos autoridades de la Agencia.

. Se trasferirá el Sistema de Observaciones Judiciales la Procuración general de la Nación.

En 90 días se oirán crujir varias estructuras. Los cazadores ocultos están nerviosos. La justicia, en tanto, tiene un desafío enorme: determinar qué pasó con Alberto Nisman, un fiscal de la Nación que terminó su vida con un disparo en su cabeza en el baño de su departamento.

La dirigencia política en su conjunto también tiene por delante un desafío mayúsculo: saldar una deuda de la democracia. Serán 90 días intensos. Más de un legislador más habituado a sentarse en los set de tevé que en su banca deberá exponer sus ideas en el recinto y fijar su posición. Sin miedos.

PD: Carlos Marx escribió: “La historia se repite dos veces. La primera como tragedia, la segunda como farsa.” Trágica y heroica fue la determinación de los periodistas del Buenos Aires Herald, con Robert Cox a la cabeza, denunciando en tiempo real las desapariciones de personas y otras atrocidades del terrorismo de Estado. Una tradición que marcó la trayectoria de ese diario.

Ahora fuimos testigos de la excepción. De un periodista, Damián Pachter, que dijo que tuvo que escaparse de madrugada del país rumbo a su “autoexilio” en Israel (“A salvo en Tel Aviv”, tuiteó) porque en Buenos Aires “tenía la sensación” de que alguien lo seguía. Antes de partir posó para unas oportunas fotos en Aeroparque y fue recibido por la prensa al arribar al aeropuerto Ben-Gurión. El periodista despachó un decálogo de críticas al presente de la Argentina. No sabe cuándo regresará “porque el país donde nací no es el país feliz del que solían hablarme mis abuelos judíos”. Pachter tuvo un dato, que fue una primicia que redactó en 140 caracteres: un incidente en la casa de Nisman. La muerte del fiscal.

Si de sensaciones se trata, tiene toda la pinta de ser la repetición de la historia. Una farsa.

Fuente texto : infonews

Fuente imagen :sonypozo1.blogsapot.com

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Published in: on enero 27, 2015 at 9:27 pm  Dejar un comentario  

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