Hernan Brienza : Política pública mata operación

Cristina Fernández de Kirchner es verdaderamente inefable. Luego de una tormenta política como la que desató el caso Nisman –no utilizo la palabra crisis porque no es correcta, ya que nunca puso en jaque los principios, los valores y la legitimidad del propio kirchnerismo– la presidenta saltó, una vez más, del laberinto por arriba.

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Utilizó el sentido común, en términos comunicacionales, claro, pero también propuso políticas públicas. Y no sólo comenzó a cambiar la agenda semanal sino que dejó en off side a la oposición política, mediática y social.

La semana política concluye con el anuncio del aumento del 25% a los jubilados, lo que ya de por sí vuelve a poner el eje de la política en el terreno que más le gusta al Kirchnerismo, el de la redistribución del ingreso.

Tan clara fue la intención del gobierno nacional de retomar la agenda de trabajo previa a la locura propuesta por la operación política, mediática, de inteligencia, de la risible denuncia del fiscal Alberto Nisman y su posterior muerte, que el Grupo Clarín, como un nene caprichoso y haciendo pucherito, “zocaleó” en TN: “La presidenta habló por cadena nacional y no se refirió al caso Nisman” y le dedicó su tapa del domingo a intentar repudiar algo que había pasado hace más de diez días.

Es que era evidente que la operación no tenía sustento, que nadie en su sano juicio podía creer con honestidad intelectual que el gobierno pudiera estar involucrado en la muerte de Nisman.

Sólo podían sostenerlo con vehemencia los periodistas interesados de la oposición –que todavía hacen flamear la vergonzosa denuncia firmada por Nisman y escrita vaya a saber por qué improvisado en leyes– y cierta oposición social desquiciada, capaz de pedir penas de muertes, golpes de Estado, deportación y exterminio de kirchneristas con la misma soltura que piden un desayuno en El Mejillón, bien cerquita del puerto, en el Este.

Por esa razón ni siquiera los políticos de la oposición se sintieron cómodos achacándole la muerte de Nisman al gobierno: Elisa Carrió aprovechó la volada para aliarse con su socio estratégico Mauricio Macri, después de haber dado un breve servicio comunicacional (¿se acuerdan cuando ella era la esperanza blanca del progresismo?), los principales ¿popes? del radicalismo se hundieron en denuncias inconsistentes con cara de circunspección fingida, Humberto Tumini pasó de discutir marxismo con Enrique Gorriarán Merlo en los ochenta a cacarear sin sentido en programas de televisión nocturnos.

El único que pareció verdaderamente compungido fue el embajador de Estados Unidos, Noah Mamet, quien aparentemente tenía razones para extrañar a Nisman, ya que el fiscal era un asiduo concurrente a la embajada de la calle Colombia.

¿A mí sólo me parece un escándalo que el fiscal del caso AMIA se dejara pasar revista en la Embajada de Estados Unidos periódicamente? ¿Nadie va a investigar –en términos políticos, me refiero– los vínculos de Nisman con los servicios de inteligencia locales –el tan mentado Jaime Stiuso–, con la CIA y la Mossad? ¿Por qué razón un “Fiscal de la Nación Argentina” firma un documento insubstancial contra la presidenta alineándose con los intereses geopolíticos de Estados Unidos e Israel en un mapa lejanísimo para nuestro país como es Medio Oriente? ¿No es utilizar a los muertos de la AMIA intentar culpar a Irán sin pruebas contundentes sólo para seguir la agenda bélica de dos países que apuntan a Irán como el Eje del Mal?

Si el kirchnerismo fuera un poder omnímodo, un fiscal, por más importante que fuera ¿se atrevería a arremeter contra la presidenta sin pruebas? ¿Usted lo haría, estimado lector?

Porque si la denuncia tuviera algo más que vaguedades podría afirmarse que Nisman era un investigador valiente, pero leyendo el documento atentamente se llega a la conclusión de que sólo un kamikaze podría firmarlo, y sólo Patricia Bullrich y Laura Alonso –financiadas por ONG`s estadounidenses ligadas a los fondos buitres y posiblemente por la CIA– podrían darle entidad.

La pregunta obvia es la siguiente: ¿qué poder por encima de la presidenta de la Nación le dio cobertura a Nisman para que se animara a presentar ese papelón jurídico en el que ni siquiera existe delito perpetrado por Cristina, por Andrés Larroque o por Luis D’Elía?

Y es justamente por estas cuestiones que el caso Nisman no generó una crisis política para el gobierno. Porque no movió a nadie de sus convicciones, fanatismos u opciones ideológicas. Los antikirchneristas pasearon su furioso antikirchnerismo. Los kirchneristas salieron a blandir su espada kirchnerista. Y los que nunca tomaron partido miran, dudan, se confunden, se quedan callados y optan por meter las patitas en el río o leer a la orilla del mar comprando cosas bonitas.

El caso Nisman no puso en duda a ningún kirchnerista, sólo le dio a los antikirchneristas un motivo más para hacer sonar sus cacerolas, pero me animaría a decir que no va a incidir en el mapa de preferencias electorales de las mayorías.

La presidenta lo sabe. Por eso cambió la agenda el viernes. Por eso se quejó Héctor Magnetto desde sus medios.

Pero ¿por qué es inefable Cristina? Sencillo, porque el lunes, con el proyecto de ley de poner a la Agencia de Inteligencia del Estado en la órbita del Parlamento, dejó fuera de juego a la oposición.

La figura más emblemática de este off side fue Margarita Stolbizer, quien en conferencia de prensa tuvo que salir a decir que ya no opinaba lo mismo que había dicho la semana pasada. Y cuando los periodistas le preguntaron por qué, la respuesta le salió como “chancho ‘e los maizales”, como dice la canción del inmenso José Larralde, y dudó: “Porque tengo razón, que no tengo razón, que me falta un ojal, que me sobra un botón. Porque sí, porque estoy, porque no, que me voy, porque soy, porque doy, porque fui…”

Vuelvo a insistir: la Operación Yabranización del kirchnerismo ha fracasado. Seguramente, los periodistas y políticos que armaron la acusación contra la presidenta nunca pagarán por tantos males generados a la democracia y seguirán siendo bien remunerados por sus empresas cuando todo esto termine. Ni siquiera la memoria popular los va a andar sacudiendo por allí.

Pero ellos saben que han mentido. Como lo supieron quiénes acusaron a Arturo Illía de “tortuga”, los que tapaban las desapariciones en la dictadura, los que informaban especulando contra Raúl Alfonsín.

La semana pasada escribí que “sentido común mata teoría conspirativa. Criterio mata sobreabundancia de datos embarradores”. Ahora cabe agregar: política pública mata operación política.

Fuente texto : infonews.com

Fuente imafen : elruidodelasnueces.blogspot.com

 

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Published in: on febrero 6, 2015 at 9:43 pm  Dejar un comentario  

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