Demetrio Iramain : Victoria de la patria sobre la antipatria

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Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política esta es la oportunidad de la transformación, del cambio cultural y moral que demanda la hora”, dijo Néstor Kirchner en un tramo de su discurso ante la Asamblea Legislativa, el 25 de mayo de 2003, cuando asumió el gobierno. Esa alocución presidencial, pronunciada hace 12 años, constituye una intervención fundacional, no ya de su gestión de gobierno, o sólo del kirchnerismo, sino de una cultura política que inauguró un nuevo ciclo histórico, que aún hoy continúa su derrotero.

Es notable que la carta de intención pronunciada en aquel discurso de Néstor Kirchner pueda ser leída hoy, a los ojos de la experiencia histórica, y salga victoriosa. El gobierno recién asumido tenía menos votos que trabajadores registrados; una Corte Suprema incluso peor que la de ahora; y a la corporación mediática agazapada, esperando su oportunidad. Y sin embargo, por mandato popular, comprensión histórica y decisión política, el kirchnerismo honró la posibilidad de la transformación. Lo hizo a su manera, pero lo hizo. Fracasó a veces, no acertó del todo en otras, pero en muchísimas ocasiones, todas ellas determinantes, resultó triunfador. Cualquier argentino de bien puede entrarle por la línea que quiera a aquel discurso fundacional y comprobar que los conceptos vertidos entonces tuvieron continuidad. Y no hablamos sólo de “los valores y las convicciones que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada”. El kirchnerismo excedió esa vocación épica. Su vara es tan alta, el piso que deja en la democracia argentina resulta tan elevado, que retan fuertemente a sus continuadores. “Yo no dejo un país cómodo para los dirigentes (sino) cómodo para la gente”, sentenció Cristina el pasado 1º de marzo.

Los argentinos ya no debemos luchar para que un presidente lleve consigo a su despacho sus convicciones de campaña. Esas convicciones ya están dentro de la casa de gobierno. El nuevo desafío histórico es impedir que esos ideales de sociedad igualitaria y libertad bien entendida, abandonen las políticas de los futuros gobernantes.

La derecha le critica al oficialismo haber “partidizado” desde la más alta investidura estatal el 25 de mayo, asimilando la celebración a una facción política. Es falsa la observación. El kirchnerismo resignificó ese feriado. Lo hizo plural. Se lo quitó al establishment y al Partido Militar, y lo entregó a su pueblo. Su mérito es haber recuperado para nuestra cultura política las implicancias de esa fecha y traído hasta las nuevas generaciones el concepto de nacimiento de un país, hasta entonces absolutamente extraviado entre las redes ahistóricas y desubjetivadas que promovió el liberalismo que supimos conseguir.

Dijo el diario Clarín en su edición del 26 de mayo de 2001, respecto de los actos oficiales por la fecha patria: “Un dispositivo a prueba de abucheos permitió al presidente Fernando de la Rúa recorrer tranquilo la distancia que separa la Casa Rosada de la Catedral, bastón en mano, banda al pecho y escarapela esmaltada fija”. Y luego agrega el cronista: “Un doble vallado verde, inusual para un festejo patrio, alejaron a De la Rúa de la gente unos 25 metros. Entre el presidente y los ciudadanos, además, fueron ubicadas formaciones y bandas militares, cuyas marchas anulaban el volumen de cualquier aplauso o griterío”.

Nunca jamás el kirchnerismo le hizo vivir así, entre sollozos y temores, privaciones y bandas militares a todo volumen, el 25 de mayo a la sociedad argentina. Todo lo contrario. Para el kirchnerismo cada 25 de mayo se trató de una “fiesta patria y popular”. No sólo asumió su primer gobierno un 25 de mayo, también en esa fecha convocó su primera manifestación de masas, al cumplir su primer año de gobierno. El punto máximo de esa operación cultural sobre la fecha más emblemática de los argentinos se vivió en 2010, cuando seis millones de personas salieron a las calles, en absoluta armonía, conciencia y felicidad, para forjar colectivamente un concepto propio de esta época sobre de argentinidad, y un nuevo acuerdo social sobre el carácter de “revolución” que tuvo aquella gesta ocurrida hace 205 años, enfatizando las rupturas con el poder colonial por sobre las continuidades. Esa conciencia llega hasta hoy y promete extender sus efectos hasta más allá del nombre del próximo presidente.

No en vano Cristina abrió su última Semana de Mayo como presidenta inaugurando en la ex ESMA un Sitio de Memoria, que no es un museo, porque “en el museo se guardan las piezas del pasado, en los sitios de la memoria se guardan la Memoria, la Justicia y la Verdad”. Para el kirchnerismo, 25 de mayo y 24 de marzo resultan fechas clave. Constitutivas de su identidad política. Una contiene a la otra. “La memoria no es pasado, para tener memoria hay que estar vivo en el presente, y para tener vida en el futuro hay que saber lo que nos pasó”, otra vez Cristina. “Memoria fértil”, le dicen las Madres de Plaza de Mayo. El Bicentenario fue la perfecta prolongación de la expropiación de aquel centro de exterminio. Sin la orden de descolgar de las paredes del Colegio Militar los retratos de Videla y Bignone, no habría Salón de los Patriotas Latinoamericanos en la Casa de Gobierno, entre cuyos rostros se encuentran los de Ernesto “Che” Guevara, Tupaj Katari y Salvador Allende.

Doce años después de haber asumido el gobierno, el kirchnerismo es mucho más que una manera de gestionar el Estado. Se trata de una identidad socio-histórica, con definiciones políticas y expresiones culturales, que sintetiza varias identidades previas, y que sin llegar a negarlas, respetándolas, las insta a integrarse en una nueva. Esa identidad se corresponde con la actual expresión de la formación social argentina a la altura de sus clases subalternas. Sus contradicciones, arrebatos y templanzas, representan el grado de conciencia “para sí” alcanzado por los trabajadores.

Sólo desde semejante hito en la subjetividad puede entenderse que una presidenta inste a su pueblo a que la Memoria, la Verdad y la Justicia no dependan de la voluntad de “un presidente, un parlamento o un Poder Judicial”, porque “es el pueblo el que se tiene que empoderar de su propia historia y hacerse cargo de las cosas que nos pasaron, de las tragedias y de las victorias, porque hoy aquí hay una victoria de la vida sobre la muerte, de la memoria sobre el olvido, de la patria sobre la antipatria”.

Fuente texto : infonews.com

Fuente imagen: akifrases.com

 

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Published in: on mayo 21, 2015 at 9:11 pm  Dejar un comentario  

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