Hernàn Brienza : ¿Adónde va el Peronismo?

Este año, precisamente el 17 de octubre, el Peronismo cumplirá 70 años de vida. Ha gobernado este país atendiendo a sus principios históricos durante 22 años, 12 años desvirtuando esas banderas, ha sufrido 25 años de persecuciones políticas que intentaron hacerlo desaparecer, y ha estado apenas ocho años como oposición institucionalizada. Como movimiento político de ¿Liberación? ¿Autoafirmación? nacional ha atravesado distintas etapas históricas, económicas, internacionales y ante cada uno de los desafíos les ha dado respuestas, en algunos casos acertadas, en otros no tanto, como es esperable en cualquier orden de la vida y la política.

 

peron

Lejos de ser miope –parafraseando a John William Cooke-, el Peronismo como gigante invertebrado ha dialogado siempre con la sociedad y con la etapa histórica que lo atravesaba. Fundamentalmente, porque se trata, el Pensamiento Nacional, de una racionalidad estratégica y no de un ejercicio dogmático. En su discurso del 10 de junio en el museo Malvinas, la presidenta dijo respecto de los fondos buitre: “A ver… ¿alguien cree, algún argentino cree que si esta presidenta, que le ha tocado enfrentar los ataques más duros de los que se tenga memoria sobre cualquier presidente, incluyendo a quien fuera mi compañero, ustedes creen que si esta presidenta creyera que la solución hubiera sido pagar, no lo hubiera hecho?” La cita es medular para comprender al pensamiento nacional como un ideario más que un dogma y, sobre todo, como el despliegue de una pragmática con un alto nivel de táctica y estrategia. No se pagó a los fondos buitre no por una cuestión ideológica sino simplemente por una cuestión pragmática. Y es como corresponde: la conveniencia en política siempre debe estar a la par de las convicciones. Un líder puramente dogmático puede llevar a su pueblo al suicidio colectivo o a la pobreza más absoluta –los dogmáticos monetaristas saben mucho de esto último-. Un líder absolutamente pragmático se convierte en un oportunista y corre el riesgo de correr alrededor de la jaula del puro tacticismo en su propio beneficio y sumir a las mayorías en una febril contradanza acompasada por las contradicciones ideológicas. Convicción y pragmatismo son las dos columnas donde descansa el pensamiento estratégico.
La cuestión está en descubrir quién es el sujeto de esa pragmática: ¿La dirigencia de un partido? ¿El Estado? ¿Las mayorías? En gran parte el sujeto lo define la conducción de ese movimiento, en gran parte, un pueblo organizado. A esta altura, me parece necesario evitar las construcciones literarias como “pueblo”, que mantienen un fuerte contenido romántico, y tratar de desentrañar de qué maneras se manifiestan las mayorías. No hay una sola forma: la movilización espontánea, la organización política con militantes y cuadros, las encuestas, los votos, la intuición, la escucha en los barrios, la atención al sentido común, los medios de comunicación, entre tantas otras. Quién se arrogue para sí la representación de la “voz del pueblo” está practicando la magia, porque el término “pueblo” incluye la concientización y voluntad política de las mayorías. Hoy no hay “un pueblo”, hay diversidad de manifestaciones de las mayorías. No pensar al pueblo como una unidad también es modernizar el pensamiento nacional y popular. El gran sujeto, entonces, son las mayorías, en términos así de difusos, pero que incluyen a los sectores del trabajo, a los excluidos, a las clases medias con vocación colectiva (¿nacional?) (variación libre sobre el complejo Frente-Ser Nacional de Cooke-Hernández Arregui).
Unas mayorías invertebradas poseen desventaja en la acción política. Por eso es necesaria la organización o en su defecto el depósito de confianza en un liderazgo determinado. Y quien está más aventajado para medir la correlación de fuerzas para determinada acción táctica o estratégica es siempre quien conduce una organización (o una mayoría) porque cuenta con más y mejor información sobre lo que ocurre y porque ha sido legitimado por esa mayoría. A pesar de su larga trayectoria, el Peronismo no ha podido estructurarse nunca –y habrá que pensar si esta no ha sido una de las características que le ha permitido escaparle a una burocratización necrosante- y ese es el principal desafío de la época.
En 1973, mientras las juventudes políticas revolucionarias miraban a Cuba, Juan Domingo Perón miraba el golpe de Henry Kissinger en Chile. De la forma en que se mira el mapa político emergen las tácticas para los tiempos históricos. En 1973, desgraciadamente porque la realidad fue durísima, tenía razón Perón. Hoy hay que analizar detalladamente cuál fue el escenario que estudió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para tomar la decisión de construir una fórmula de unidad hacia el interior del Peronismo que contenga a Daniel Scioli, a los gobernadores, que traccione la unidad de los sindicatos afines al proyecto y al Kirchnerismo.
Entre las variables a analizar habría que tener en cuenta: A) en el frente externo, la crisis internacional, el nuevo avance hegemónico de Estados Unidos sobre la región, las debilidades de Venezuela, Ecuador y Brasil, la emergencia de Rusia y China como mercados alternativos. B) en el frente interno, la correlación de fuerzas con los poderes reales, las demandas de la sociedad, las dificultades para obtener divisas para sostener el desarrollo, los equilibrios internos en el Peronismo, el avance de la derecha liberal en la prédica desnuda de Mauricio Macri y las operaciones políticas y económicas de los grupos dominantes no pactistas en la Argentina.
Es a partir del análisis de estas variables, entre tantas otras, sumadas al conjunto de convicciones que la presidenta como conductora del movimiento –siempre me gustó más el término conductora que jefa- decidió sellar una fórmula de unidad. Y digo fórmula de unidad porque no se trata ni de una renuncia ni de una imposición. La presidenta más que nadie sabe que el Poder Ejecutivo es unipersonal. La “Chirolitización” de Scioli es una operación política de los medios de comunicación opositores, no es ni real ni posible. Pero tampoco el actual gobernador podrá hacer lo que le plazca sin consensuar o legitimar sus actos con los sectores liderados por Cristina. Los próximos tiempos no serán ni paradisíacos ni apocalípticos, ni de continuidad absoluta ni de ruptura. No primará ni la estética ni la moral. Primará lo política, como siempre, claro.

Fuente texto: infonews

Fuente imagen: planetajoy.com

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Published in: on junio 28, 2015 at 10:32 pm  Dejar un comentario  

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