Entrevistas en la minga

Entrevista al sociólogo Gabriel Vommaro

“El espacio político de Macri es el no peronismo”

Gabriel Vommaro, la construcción política del Pro. Villa Crespo, 20 de Noviembre 2015. Foto: Laura Pasotti

El sociólogo Gabriel Vommaro es coautor –junto a Sergio Morresi y Alejandro Belloti– del libro Mundo Pro. Allí investigaron este partido creado en 2002, paradójicamente en plena crisis de los partidos políticos, y que se convirtió en la gran herramienta electoral que desde el frente Cambiemos catapultó a su fundador Mauricio Macri a la presidencia de la Nación. Luego de varios años de investigación, Vommaro llega a la conclusión de que si bien efectivamente el Pro es un partido de centroderecha, inaugura una cultura política que lo diferencia de las estructuras partidarias tradicionales y donde la lógica que se da en los managers de empresas juega un rol central. También encuentra una evolución política en Macri que le ha permitido llegar a ser presidente. De todos modos, entiende que “la apuesta cultural y civilizatoria” que busca instalar el Pro, de eludir el conflicto, presenta grandes interrogantes ante una coyuntura política compleja y diversa.

–En el libro cuentan que Mauricio Macri inició su carrera política a partir de la invitación que le hizo Francisco de Narváez en 2001 a integrarse a su fundación. Catorce años después y viendo el presente de cada uno, quedó claro que Macri entendió mejor el juego político que De Narváez.

–Creo que sí. En el momento en el que los dos tuvieron que tomar una decisión más estratégica respecto de su desarrollo político, eligieron caminos diferentes. Cuando se separaron en el 2002, más allá de que tuvieron un fugaz encuentro en 2009, el gran entredicho tuvo que ver acerca de qué posición tomar frente al peronismo. Para De Narváez era claro que tenían que jugar en la interna peronista y para Macri no era así. Su estrategia era la de construir una fuerza propia y desde ahí competir políticamente, primero a nivel local y después a nivel nacional. Esa estrategia de Macri se mantuvo y se reforzó cuando se define ese nuevo peronismo kirchnerista. Macri va entendiendo que su espacio político está en el no peronismo. En cambio De Narváez siempre jugó a disputarle hegemonía al kirchnerismo dentro del peronismo. La gran visión que tuvo Macri fue comprender la importancia de formar un partido, en tiempos en que todo el mundo decía que los partidos no existían más y que no servían para nada. Por supuesto que es un partido muy informal, con rasgos muy personalistas. Pero Macri lo estructuró. El Pro tiene su organicidad interna, su militancia.

–¿La gran cantidad de managers y gerentes que integran el actual Gobierno obedece a una falta de cuadros dentro del Pro o el macrismo cree que ese perfil de dirigentes es el más apto para llevar adelante las políticas públicas?
–Ningún partido político hoy en la Argentina tiene cuadros suficientes para cubrir todos los espacios que requiere para gobernar. El tema es con qué lo llena. La gran novedad del Pro es haber podido traducir recursos, formas de ver el mundo y de hacer las cosas al mundo político. En los noventa, era impensado que los managers de las empresas fueran gestores del Estado. Eran los tecnócratas los que prevalecían. El Pro inaugura otra forma del saber, que tiene que ver con lo managerial, con el poder de la gestión. Junto con esa gran hospitalidad al mundo de las ONG y las fundaciones, son las dos grandes novedades que trae el Pro a la política. El Pro representa una nueva centroderecha porque no es neoliberal, sino managerial. La gran ideología del Pro es la de la eficiencia managerial.

–¿Es compatible el mundo de la empresa con el del político, donde el conflicto puede llegar a ser mucho más complejo?
–Esa es la gran apuesta cultural y civilizatoria del Pro y la cual a mí me genera un gran interrogante acerca de qué puede pasar. La idea del emprendedurismo es muy fuerte en el Pro. Ellos creen en la idea del Estado facilitador, que sea socio de las energías privadas. Pero venimos de doce años de un gobierno con un fuerte sesgo estatista y plebeyista. Con un Estado garante de derechos. Por lo tanto, ¿los sectores sociales acostumbrados a un Estado protector y garante aceptarán que se convierta en uno facilitador? Hay una cantidad de intereses sectoriales muy compleja y cómo van a poder combinar esa lógica managerial –que elude el conflicto todo el tiempo– con la puja distributiva, es lo que no sabemos.

–Teniendo en cuenta que no venimos de una situación como a principio de los noventa donde todo lo que tuviera que ver con el Estado tenía mala prensa, ¿el Pro no se ve condicionado también por la coyuntura política?
–Totalmente. Hay una variable clave que el Pro percibe y que es el empleo. Si se empiezan a perder puestos de trabajo y cae el consumo, en el corto plazo eso es conflictividad social y en el mediano plazo es crisis política. El kirchnerismo demostró que la inflación es un problema, pero no te crea inmediatamente ingobernabilidad. Con la devaluación del año pasado, todos los cañones estuvieron puestos a que no se cayeran los puestos de trabajo y se terminó con un índice de desocupación más o menos igual al que había antes de la devaluación. Creo que eso el Pro lo tiene presente, si no, hubieran hecho una apertura mucho más ortodoxa. Eso le genera corsets a la posibilidad de reforma que puede querer aplicar.

–¿El nombramiento de los jueces de la Corte a través de un decreto fue un paso en falso o fue una muestra de autoridad, como quisieron mostrarlo desde el propio Gobierno?
–Creo que es un poco de las dos cosas. La agenda republicana que toma como bandera el Pro surgió al andar. En su primera campaña, en el 2003, no estaba en el primer plano. Cuando se reparten las cartas de las banderas disponibles, el kirchnerismo deja la del republicanismo, al final del gobierno de Néstor Kirchner, el Pro se la apropia. Es el momento en que se define como el gran partido opositor. Empieza ahí a hacer pie en la división de poderes, la transparencia y la corrupción. Esa agenda se termina volviendo en parte de la identidad del PRO y es lo que cohesiona con sus aliados, radicales y la coalición cívica. Llegan con el desafío de cómo hacer para ejercer el poder en un sistema presidencialista como el nuestro y donde cuentan con pocos diputados, pocos senadores y una fuerza opositora con una gran capacidad de movilización. Cómo hacer para gobernar republicanamente si además quiere llevar adelante reformas más o menos de peso, es otro gran interrogante que se verá cómo lo va a resolver el Pro. En ese contexto, el modo elegido para nombrar a los jueces de la Corte es una decisión equivocada pero que tiene que ver con echar mano a los resortes de poder con los que cuenta. Hay algo de lucha “contra el antiguo régimen” que por ahora le da legitimidad.

–¿Cuál es el verdadero rol de Jaime Durán Barba dentro del Pro?
–Tiene un rol muy importante pero no deja de ser un asesor. De todos modos, creo que es el primer caso de que un asesor en comunicación y estrategia política ocupa la mesa chica de un gobierno. Es una de las voces más escuchadas pero no la única. Su gran aliado interno es Marcos Peña, que tensiona con el ala de Federico Pinedo y Emilio Monzó, que representan la línea política más tradicional. Durán Barba tuvo un rol clave en dos cuestiones. La primera, ayudar a Macri en construir su imagen. Transformó a un gerente frío y un niño rico calculador en un líder político próximo que está cerca de la gente. Macri fue un alumno aplicado de todo eso y también hay méritos de él en esa transformación. La segunda cuestión fue encauzar la estrategia electoral del Pro, sacándolo totalmente de la confrontación ideológica. Durán Barba sostiene la teoría de que apenas una porción minoritaria de la población está interesada por la política. En tanto que hay una gran mayoría, alejada de la política, a la que se le llega con el corazón más que con la cabeza. Desarrolla la idea de que se llega a la mayor parte de los ciudadanos que están por afuera de la actividad política a través de la empatía, el sentimiento y con mensajes no tradicionalmente políticos. El formato Pro, referido a la fiesta y los globos, es una forma de buscar un contacto no tradicionalmente político y de las grandes ideas, sino desde los sentimientos. Eso surge de la factoría Durán Barba.

El desafío intelectual pro

Egresado de la Universidad de Buenos Aires, Gabriel Vommaro se doctoró en Sociología en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales. Actualmente es investigador y docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento e investigador del Conicet. Sus temas de investigación son la cultura y prácticas políticas en la Argentina y los medios de comunicación en su vinculación con la política. Desde hace cuatro años viene estudiando el fenómeno político del Pro. Junto a Sergio Morresi lidera un equipo de investigación en la Universidad de General Sarmiento sobre el partido que fundó Mauricio Macri y cuyos resultados quedaron plasmados en el libro Hagamos equipo. Para Vommaro, la irrupción del Pro en la vida política argentina constituye “un desafío intelectual que nos obliga a los cientistas sociales a repensar algunas categorías”. Entiende que en su conformación interna se da una situación novedosa, donde se combinan dirigentes de un origen claramente político provenientes de partidos tradicionales (UCR, PJ, UCeDé), otros de origen empresario pero que ya llevan un largo recorrido en la política, y los que provienen directamente de empresas y ahora vuelcan su saber en la conducción del Estado.

Fuente texto: revista veintitres

Fuente imagen: anccom.sociales.uba.ar

Publicada on diciembre 29, 2015 at 1:24 pm  Comentarios desactivados en Entrevistas en la minga  
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