Raúl Kollmann: Interrogantes

 

A priori, que haya más efectivos, de la Federal o de la Metropolitana, patrullando las calles de la ciudad, es una buena noticia. Se supone que sirve a la prevención porque esos efectivos, patrullando, son un obstáculo más para alguien que se dispone, por ejemplo, a robar.

A nivel mundial, los especialistas coinciden en que el delito no tiene estrecha relación con la pobreza sino con la desigualdad social, algo que internacionalmente se refleja en el llamado coeficiente de Gini: a mayor desigualdad, proporcionalmente mayores índices de delito. Casi cualquier ladrón veterano cuenta en la Argentina que empezó robando zapatillas: quería competir con otros que tenían zapatillas mejores durante el fin de semana. La condena a la marginalidad, la falta de trabajo, los barrios sin calles, sin luz, sin salud y sin educación le ponen el sello a la desigualdad y, paralelamente, a los índices de delito.

En ese marco, se plantea el papel de las fuerzas de seguridad locales. Especialistas como Alberto Binder han manifestado muchas veces que su propuesta para la Bonaerense, por ejemplo, es que las policías –comisarías, patrulleros, efectivos– se les entreguen en gran parte a los intendentes. Ellos, que son los funcionarios más cercanos a los ciudadanos, deberían conocer mejor cuáles son las zonas críticas, los problemas de seguridad y cómo prevenirlos. En todo caso, la gente les reclamará allí mismo, en la sede municipal o las jefaturas de Gobierno, por las fallas que existan. Por supuesto que entregar las policías a los intendentes hará que en cada lugar la fuerza tenga el sello de quienes gobiernen.

Cuando Mauricio Macri puso a Jorge “El Fino” Palacios al frente de la Metropolitana exhibió, asombrosamente, lo que quería. Palacios estaba al borde del procesamiento en la causa AMIA. Además, traía el antecedente de que estuvo a cargo de los policías que actuaron en la represión de Plaza de Mayo el día de la renuncia de Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001. La Justicia no lo condenó pero esos hechos están en su currículum.

Con semejante historia, lo que ocurrió más tarde era previsible: un hombre de Palacios, Ciro James, fue sorprendido en una operación de espionaje ilegal. Y no estaba escuchando a un delincuente común, sino a una víctima del atentado, Jorge Burstein, un dirigente de los familiares que perdieron a sus seres queridos en el ataque contra la AMIA. Cuando Página/12 reveló esa trama, tampoco Macri echó a Palacios. Lo que siguió fue grotesco: el juez Norberto Oyarbide descubrió que el hombre de Palacios había espiado también a empresarios como Carlos Avila y Alfredo Coto, a esposas en conflicto matrimonial, a abogados que intervenían en causas de importancia y, lo peor de todo, al cuñado de Macri, Daniel Leonardo, peleado con parte de la familia. Ni siquiera cuando todo eso quedó en evidencia, Macri condenó públicamente a Palacios. Hasta hoy no lo ha hecho. Y la Metropolitana terminó debutando con un record mundial: sus dos jefes, Palacios y Osvaldo Chamorro, tuvieron que irse antes de que la fuerza saliera a la calle. Semejante desaguisado obligó a sucesivos recambios que terminaron con un civil, Eugenio Burzaco, al frente de la Metropolitana. Un paréntesis a la manía de que la seguridad quede en manos de uniformados en lugar de en las de funcionarios políticos.

Los interrogantes respecto de la Metropolitana pasan ahora por varios aspectos:

- Los integrantes de la fuerza provienen de otras fuerzas. Vienen con todos los vicios anteriores, incluyendo la vinculación con el delito y los delincuentes. No será nada fácil controlar una fuerza de ese estilo.

- La convivencia entre la Metropolitana y la Federal plantea también un enorme signo de pregunta. Desde ayer confluyen en la calle, en principio, en unos pocos barrios. Pero las calles cobijan inmensos negocios ilegales. Es conocido que los policías cobran peaje por las cuevas financieras, los dealers de drogas, curanderos, pasadores de juego clandestino, aborteros, adivinadores, reducidores de cosas robadas, boliches, trapitos, departamentos de prostitución y una multitud de otras actividades. Ni hablar de los tratos con los que roban. Las preguntas son: ¿quién cobrará el peaje?, ¿se pondrán de acuerdo o confrontarán por el botín?, ¿existe alguna chance de que se termine con estas prácticas?

- La derecha hizo un culto de la idea de darle más poder a la policía y condena el concepto de realizar un estricto control interno, expulsando de la fuerza a los que pactan con el delito y a los que violan los derechos humanos. “Eso hace bajar los brazos a los policías, los desmoraliza, les ata las manos”, argumentan. Con semejante modelo, el destino inevitable es que ese mayor poder termina en que lo usan para pactar con el delito.

En este terreno, el antecedente de Macri con Palacios es malo. Ayer, el propio Macri y el ministro Guillermo Montenegro dijeron que cometieron errores. La inevitable sospecha, sin embargo, es que aquello a lo que ahora llaman errores expresa más bien su forma de pensar.

Fuente texto: diario Página 12, 6 de febrero de 2010

Fuente imagen: el fotomentaje con imagenes de  Ciro James, Jorge “El Fino” Palacios y Mauricio Macri fue extraido de blogdelgarra.blogspot.com

Publicado en  on Febrero 9, 2010 at 8:31 pm Dejar un comentario

Mirar la comunicación: Jorge Giles: El golpe de calor es una fiesta

 

Nos derretimos en la ciudad y sus alrededores. Así no hay cuerpo que aguante. Me duele tanto la cabeza. Y hay que cruzar la calle a pleno sol y sin sombrero. No veo la hora de llegar a casa y darme una ducha. Y tomarme algo fresco. Y encender el aire, si tengo. Y si no tengo, el viejo ventilador.

Y así transcurre el día, con la tele aumentando el calor geométricamente.

“¿Cómo se aguanta el calor?” “¿Qué le parece la ciudad con esta temperatura?” “¿Se sufre mucho con esa ropa, señora?”

Son algunas de las originales preguntas de los noteros televisivos, transmitiendo en vivo y en directo “la ola de calor”.

Hay que llenar los espacios como sea, parecen decir. No hay que mostrar “lo otro”. Nada que favorezca al gobierno. Es decir, a la gente.

O si prefiere, al gran pueblo argentino, salud.

“Además, no pasa nada”. “No hay noticias para celebrar”. Mienten y mienten.

Y allá vamos con nuestros argumentos.

Que están ahí. A flor de piel. Usted los puede tocar si quiere.

No son un puñado de palabras gastadas ni de ocasión. Pasen y vean.

Hay vida antes y después del calor, de Cobos y de Redrado.

Esos personajes menores de la historia que en un acto de traición se ganaron la fama y el podio de los monopolios. Y que hoy volverán a ser noticia. Como no.

Aunque el “consejo” que emitirán en el Congreso, los termina poniendo en apuros a ellos mismos.

Hoy deduciremos si Cobos aconseja a la Presidenta echar a Redrado por mal desempeño y deslealtad.

Si así fuera, él también debería irse de inmediato. Por pudor, si algo le queda.

Si así no fuera, estaría  reafirmando que es la cabeza de playa del desembarco conservador y que ni él ni la oposición que lo respalda, guardan un gramo de vergüenza.

Y allí están las noticias que ayer no fueron televisadas:

1-El salario argentino se consolidó como el salario básico más alto de toda América latina. Durante el año 2009 creció un promedio que superó el 16 %. Desgranados de esta manera: el 17,29 % en el sector privado; el 21,5 % en el trabajo no registrado; el 16,7 % en la administración pública.

2-  El turismo argentino alcanzó cifras que ya constituyen un récord histórico en divisas y en porcentajes. Están colmadas todas las plazas turísticas, especialmente las de la costa atlántica. No hay hoteles disponibles y los restaurantes repletos de gente haciendo cola de hasta una cuadra para esperar un lugar. Se cuentan por millones los turistas que se desplazan a lo largo y ancho del país. Muchos de ellos por primera vez y otros tantos, después de no hacerlo durante años.

3- Casi el 60 % de los comerciantes son optimistas respecto al futuro económico del país y creen que las ventas seguirán aumentando en los próximos meses. Son datos registrados en una encuesta de la propia Cámara de Comercio.

4- El consumo de energía eléctrica alcanzó un nuevo record histórico, poniendo a prueba como nunca antes la capacidad logística del país de los argentinos. Y si hay mayor consumo eléctrico, es porque hay mayor producción industrial. Así de simple y certera es la ecuación.

5- La General Motors invertirá en Rosario 90 millones de pesos y generará 300 nuevos puestos de trabajo.

6- La recaudación fiscal, es decir el dinero que ingresa a las arcas del Estado, aumentó el 20 % respecto a enero del año pasado, superando los 29.000 millones de pesos. Bien dijo la Presidenta cuando realizó el anuncio, que esta cifra es la resultante del crecimiento económico y del mayor consumo interno, de la Asignación Universal por Hijo y de las mayores exportaciones de productos nacionales.

La clave es el modelo de país puesto en marcha por Néstor Kirchner en el 2003 y sostenido y profundizado en nuestros días por Cristina, contra viento y marea.

Nada sucede al azar en esta vida.

Ni siquiera el calor, que ya no puede ocultar que los más humildes, los que trabajan, los que producen de veras, están un poquito mejor que ayer.

Todos los días.

Fuente texto: diario Buenos Aires Económico, 2 de febrero de 2010

Fuente imagen: elhendrix.blogspot.com

Publicado en  on Febrero 7, 2010 at 11:50 pm Dejar un comentario

Eduardo Galeano: Haití: La maldición blanca

 

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud. Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití.

 

Desde hace dos siglos sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo, y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo. Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló. La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:

–¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

–El anterior.

–Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21.700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final.

Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos. A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.  La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo. Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional. En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro.

Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

Fuente texto: Diario Miradas al Sur, 31 de enero de 2010

Fuente imagen: página web kindsein.com

Publicado en  on Febrero 5, 2010 at 10:03 pm Dejar un comentario

Tomás Lukin: Hija de Mingo y José Alfredo

 

El debate global sobre la arquitectura financiera internacional que despertó el estallido de la crisis de las hipotecas subprime intenta tener su correlato en Argentina. Los hechos –antes que la voluntad política– ponen en evidencia la necesidad de reformar el entramado financiero-legal heredado de la última dictadura y perfeccionado durante la convertibilidad. Las elevadas tasas de interés, la fuga de capitales, el concentrado y extranjerizado sistema bancario, la escasez de crédito para la producción y el culebrón que protagoniza el desplazado, pero todavía en funciones, presidente del Banco Central, Martín Redrado, son sólo algunas de las consecuencias salientes del esquema neoliberal vigente. Los bastiones del sistema, que ha sido convalidado por los sucesivos gobiernos durante los últimos siete años, son la Ley de Entidades Financieras elaborada por José Alfredo Martínez de Hoz en 1977 y la Carta Orgánica del Central diseñada por Domingo Cavallo en 1992.

 El ministro de Economía, Amado Boudou, y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se expresaron en repetidas oportunidades contra la posibilidad de modificar esas legislaciones. Sin embargo, existen sectores dentro, fuera y afines al oficialismo que pretenden impulsar un debate en la materia. La evolución del sistema financiero es un reflejo de la puja que existe entre los distintos modelos de país. La configuración del sistema bancario, los organismos reguladores y el rol de la autoridad monetaria están estrechamente vinculados con las reformas estructurales que significaron la retirada del Estado de la economía e impulsaron la desregulación financiera y la apertura irrestricta a los flujos de capitales, en nombre del libre mercado.

Ante la falta de sustento político, las iniciativas más recientes dirigidas a modificar algunos aspectos del sistema fueron desactivadas por el poderoso establishment financiero. Fuera de la ortodoxia neoliberal argumentan que, pese a los cambios registrados en la política económica durante la post convertibilidad, es necesario reformar el sistema financiero para sostener un proceso de desarrollo que no se base en el ajuste permanente. Las distintas propuestas existentes plantean: modificar las estrictas limitaciones al financiamiento del Estado que tiene el Banco Central, discutir el régimen cambiario, asegurar la presencia de las entidades privadas en las distintas regiones del país, así como impulsar el resurgimiento de los bancos estatales especializados. También postulan la modificación de los objetivos de la autoridad monetaria y remarcan que el rol de la banca pública como motor del cambio será determinante.

Entidades financieras

El concentrado, extranjerizado y desregulado sistema actual privilegia la especulación por sobre la producción. La banca privada se enfoca en las actividades y zonas más rentables. El 85 por ciento de las sucursales de las diez entidades más grandes está concentrado en las cinco provincias más ricas, postergando las economías regionales y las pymes.

Mientras tanto, el 99 por ciento de los créditos otorgados no supera los 200 mil pesos. La mayoría de los préstamos están destinados a consumo y financiamiento de tarjetas de crédito. Desde la reforma neoliberal de Martínez de Hoz, el Estado perdió las herramientas para direccionar el crédito. El acceso al financiamiento quedó fuertemente condicionado por las altas tasas de interés.

En la actualidad, el principal impulsor de una reforma a la Ley de Entidades Financieras es el diputado y titular del Credicoop, Carlos Heller. “El funcionamiento del sistema financiero no puede quedar en manos del mercado, debe estar fuertemente regulado por el Estado. Pensamos en una ley que conciba a la banca como servicio esencial y público”, apuntó Heller a Página/12. La iniciativa, que cuenta con el visto bueno del diputado y ex presidente Néstor Kirchner, busca garantizar el financiamiento productivo a pymes y la extensión de los niveles de bancarización. Algunos especialistas advierten que para garantizar el financiamiento de mediano y largo plazo será determinante la creación de un Banco Nacional de Desarrollo. Esa entidad, sostienen, podría financiarse con fondos de Anses.

Carta Orgánica

En 1973, el objetivo del Banco Central era “regular el crédito y los medios de pago a fin de crear condiciones que permitan mantener un desarrollo económico ordenado y creciente, con sentido social, un alto grado de ocupación y el poder adquisitivo de la moneda”. Desde 1992 con la convertibilidad, la misión de la autoridad monetaria se reduce al último punto: “Preservar el valor de la moneda”. Esa medida limitó la posibilidad de hacer política monetaria. Para asegurarse el cumplimiento de la meta se consagró la antidemocrática “independencia” de la entidad, la misma perrogativa en la que se refugia el despedido Redrado.

Ante el fracaso de la receta conservadora, la heterodoxia económica postula la necesidad de bancos centrales dependientes del gobierno y comprometidos con el desarrollo económico. Advierten que una herramienta tan importante como la política monetaria no puede concentrarse solamente en el control de la inflación dejando de lado el empleo o la distribución del ingreso.

En ese sentido Heller propuso, retornar a los objetivos fijados en 1973 y a una estructura de gobierno de la entidad similar a la del Banco Central de Brasil. Allí, la política monetaria la decide un Consejo Monetario Nacional en sintonía con las directrices del presidente de la Nación. En ese comité el titular del Central comparte las decisiones con el ministro de Hacienda y otros ocho miembros.

Fuente texto: diario Página 12, 22 de enero de 2010

Fuente imagen: página web elargentino.com

Publicado en  on Febrero 4, 2010 at 2:59 pm Dejar un comentario

Mirar América del Sur: Ignacio Ramonet: Cercando a Venezuela

 

Poco a poco y silenciosamente, como una tela de araña tejida en la noche, un impresionante cerco militar amenaza a Venezuela y, a mediano plazo, al conjunto de los gobiernos progresistas de América Latina. Hugo Chávez rearma su ejército con aviones rusos Sukhoi.

La llegada al poder en Venezuela del presidente Hugo Chávez, el 2 de febrero de 1999, coincidió con un acontecimiento militar traumático para Estados Unidos: la clausura de su principal instalación militar en la región, la base Howard, situada en Panamá, cerrada en noviembre de 1999 en virtud de los Tratados Torrijos-Carter (1977).

Las tropas acantonadas en Howard fueron reconcentradas en Puerto Rico. Pero un masivo movimiento local de protesta obligó al Pentágono a retirarse y a cerrar la gigantesca base de Roosevelt Roads, trasladando a sus efectivos a Texas y Florida y el Cuartel General del Comando Sur –SouthCom (1)– a Miami (2).

Nueva doctrina

Para sustituirlas, el Pentágono eligió cuatro localidades estratégicamente situadas para controlar la region: Manta en Ecuador, Comalapa en El Salvador y las islas de Aruba y Curazao (de soberanía holandesa). En estas bases, añadió a sus –por decirlo así– “tradicionales” misiones de espionaje nuevos cometidos oficiales (vigilar el narcotráfico y combatir la inmigración clandestina hacia Estados Unidos), y otras tareas encubiertas: luchar contra los insurgentes colombianos, controlar los flujos de petróleo y minerales, los recursos en agua dulce y la biodiversidad. Pero desde el principio, sus principales objetivos fueron vigilar a Venezuela y desestabilizar a la Revolución Bolivariana.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld definió una nueva doctrina militar para enfrentar al “terrorismo internacional”. Modificó la estrategia de despliegue exterior, fundada en la existencia de enormes bases dotadas de personal muy abundante. Y decidió reemplazar esas megabases por un número mucho más elevado de Foreign Operating Location (FOL, Sitio Operacional Exterior) y de Cooperative Security Locations (CSL, Sitio Compartido de Seguridad), con poco personal militar pero equipados con tecnologías ultramodernas de detección, radares de última generación, gigantescas antenas satelitales, aviones espías (Orion C-130 y Awacs), drones de vigilancia (3), etc.

Resultado: en poco tiempo, la cantidad de instalaciones militares estadounidenses en el extranjero se multiplicó, alcanzando la insólita suma de 865 bases de tipo FOL o CSL desplegadas en 46 países (4).

Jamás en la historia, una potencia multiplicó de tal modo sus puestos militares de control para implantarse a través del planeta.

En América Latina, el redespliegue de bases permitió que la de Manta (Ecuador) colaborara en el fallido golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el Presidente de Venezuela. A partir de entonces, una campaña mediática dirigida por Washington empieza a difundir falsas informaciones sobre la pretendida presencia en ese país de células de organizaciones como Hamas, Hezbollah y hasta Al Qaeda, las que dispondrían de “campos de entrenamiento en la isla de Margarita” (5).

Con el pretexto de vigilar tales movimientos, y en represalia contra el gobierno de Caracas que ha puesto fin, en mayo de 2004, a medio siglo de presencia militar estadounidense en Venezuela, el Pentágono renueva, en 2005, un contrato con el gobierno de los Países Bajos para ampliar el uso de sus bases militares en las islas de Aruba y Curazao, situadas muy cerca de las costas venezolanas, y donde últimamente se han incrementado las visitas de buques de guerra estadounidenses (6).

Advertencia de Chávez

Estos movimientos han sido recientemente denunciados por el Presidente Chávez: “Es bueno que Europa sepa que el imperio norteamericano está armando hasta los dientes, llenando de aviones de guerra y de barcos de guerra las islas de Aruba y Curazao. El Reino de los Países Bajos tiene responsabilidad en esto. (…) Estoy acusando al Reino de los Países Bajos –que es miembro de la Unión Europea, y quisiera ver qué dice la Unión Europea sobre esto– de estar preparando, junto al imperio yanqui, una agresión contra Venezuela” (7).

En 2006, se empieza a hablar en Caracas de “socialismo del siglo XXI”, nace la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) y Hugo Chávez es reelegido presidente. Washington reacciona imponiendo un embargo sobre la venta de armas a Venezuela, bajo el pretexto de que Caracas “no colabora suficientemente en la guerra contra el terrorismo”. Los aviones F-16 de las fuerzas aéreas venezolanas se quedan sin piezas de recambio. Ante esa situación, las autoridades venezolanas establecen un acuerdo con Rusia para dotar a su fuerza aérea de aviones Sukhoi. Washington denuncia un presunto “rearmamento masivo” de Venezuela, omitiendo recordar que los principales presupuestos militares de América Latina son los de Brasil, Colombia y Chile. Y que, cada año, Colombia recibe, en el marco del Plan Colombia, una ayuda militar estadounidense de 630 millones de dólares.

Desde ese momento, las tensiones se agudizaron. El 1° de marzo de 2008, ayudadas por la base de Manta, las fuerzas colombianas atacan un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) situado en el territorio de Ecuador. En represalia, Quito decide no renovar el acuerdo sobre la base de Manta, que vence en noviembre de 2009. Washington responde, el mes siguiente, con la reactivación de la IV Flota (desactivada en 1948, hace sesenta años…) cuya misión es vigilar la costa atlántica de América del Sur. Un mes más tarde, los Estados sudamericanos, reunidos en Brasilia, replican creando la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y, en marzo de 2009, el Consejo de Defensa Suramericano.

Unas semanas después, el embajador de Estados Unidos en Bogotá anuncia que la base de Manta será relocalizada en Palanquero, Colombia. En junio, con el apoyo de la base estadounidense de Soto Cano, se produce el golpe de Estado en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya, quien había conseguido integrar a su país en el ALBA. En agosto, el Pentágono anuncia que dispondrá de siete nuevas bases militares en Colombia. Y en octubre, el presidente conservador de Panamá, Ricardo Martinelli, admite que ha cedido a Estados Unidos el uso de cuatro nuevas bases militares.

De ese modo, Venezuela y la Revolución Bolivariana se ven rodeadas por nada menos que trece bases estadounidenses, situadas en Colombia, Panamá, Aruba y Curazao, así como por los portaaviones y navíos de guerra de la IV Flota. El presidente Barack Obama parece haber dejado manos libres al Pentágono. Todo anuncia una agresión inminente. ¿Consentirán los pueblos que un nuevo crimen contra la democracia se cometa en América Latina?

REFERENCIAS

(1) El United States Southern Command (SouthCom) dirige todas las acciones militares estadounidenses en América Central, América del Sur y el Caribe.

(2) John Lindsay-Poland, “US Military Bases in Latin America and the Caribbean”, Foreign Policy in Focus, Nueva York, agosto de 2004.

(3) Laurent Checola y Edouard Pflimlin, “Guerras a control remoto”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, diciembre de 2009.

(4) Chalmers Johnson, “Ten measures to liquidate the U.S. military bases”, Asia Times, 4-8-09, www.atimes.com/atimes/Middle_East/KH04Ak01.html

(5) Martin Arostegui, “From Venezuela, a counterplot”, Insight Magazine, Washington, 3-4-03.

(6) Eva Golinger, “Más de 100 buques de guerra de EE.UU. han ‘visitado’ Curazao en un año”, Rebelión, 19-12-09, www.rebelion.org

(7) Discurso en el Encuentro del ALBA con los Movimientos Sociales de Dinamarca, Copenhague, 17-12-09.

Fuente texto:  periódico Le Monde diplomatique, edición peruana, 18 de enero de 2010

Fuente imagen: blog saberlibre.wordpress.com

Publicado en  on Febrero 2, 2010 at 11:56 pm Dejar un comentario

Juan Gelman: El Dr.Gripe

 

Es el apodo del profesor Albert Osterhaus, celebradísimo y respetadísimo especialista en virología que cuenta entre sus logros científicos la detección –entre otros– del virus de la gripe aviar y últimamente el de la gripe H1N1 o gripe A. Ha alertado infatigablemente acerca de los peligros de la última y su equipo hasta preparó a esos efectos un videojuego en el que se recuerda la pavorosa “gripe española” que segó la vida de 40 millones de personas en 1918. Consejero eminente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), habría contribuido a que el organismo de las Naciones Unidas estableciera que el virus H1N1 había desatado una pandemia con la consiguiente ola de temor que recorrió el planeta. El prestigio del Dr. Gripe padece hoy una declinación abrupta: se lo investigó por corrupción.

La cámara baja neerlandesa, sospechando un grueso conflicto de intereses y/o una posible malversación, creó un comité parlamentario para indagar un hecho inquietante: alimentadas por empresas farmacéuticas, las cuentas bancarias del profesor Osterhaus habrían engordado a la vez que la OMS incrementaba la cota de peligro del virus H1N1 hasta instalarlo en el nivel 6 de “urgencia pandémica” (www.theflucase.com, 3-12-2009). El semanario científico británico Science señaló sobre el tema: “En los últimos seis meses, rara vez se encendía un televisor en los Países Bajos sin ver al afamado cazador de virus Albert Osterhaus hablando de la pandemia de gripe A. O así lo parecía. Osterhaus dirige un laboratorio de virología renombrado internacionalmente en el Centro Médico Erasmus (sito en Rotterdam). Pero la semana pasada su reputación cayó en picada cuando se adujo que estaba azuzando el temor a una pandemia para promover sus propios intereses comerciales en el desarrollo de vacunas” (www.sciencemag.org, 16-10-09). Según The Market Oracle, informativo diario online sobre cuestiones financieras, el Dr. Gripe “es el nexo de una red internacional que se conoce como ‘la Mafia farmacéutica’” (www.marketora cle.co.uk, 8-12-09).

El cuerpo parlamentario de los Países Bajos rechazó finalmente la moción de romper todo vínculo con el virólogo, aunque anunció una ley que obligará a los científicos neerlandeses a revelar sus vínculos financieros con empresas privadas. Pero una investigación del reconocido periodista, historiador y analista de cuestiones económicas F. William Engdahl llega a la conclusión de que el Dr. Gripe “pudiera ser el eje de una estafa de varios miles de millones de dólares montada alrededor del peligro de una pandemia. Se trataría de un fraudulento sistema por el que vacunas no sometidas a los necesarios procesos de ensayo estarían siendo utilizadas en seres humanos, lo cual conlleva el riesgo –que ya se ha observado– de provocar serias secuelas, como parálisis graves e incluso la muerte” (www.voltaire net.org). Casi nada.

Engdahl señala que el Dr. Gripe preside el Grupo Europeo de Trabajo Científico sobre la Gripe (ESWI, por sus siglas en inglés) que asesora a la OMS y que “está enteramente financiado por los mismos laboratorios farmacéuticos que ganan miles de millones gracias a la urgencia pandémica, mientras que los anuncios que hizo la OMS obligan a los gobiernos del mundo entero a comprar y almacenar vacunas. El ESWI recibe financiamientos procedentes de los fabricantes y distribuidores de vacunas contra el H1N1, como Baxter Vaccins, Mediummune, GlaxoSmithKline, Sanofi Pasteur y otros, entre los que se encuentran Novartis, que produce la vacuna, y el distribuidor de Tamiflu, Hoffman-La Roche”. Los grandes, pues. El ESWI insistía en que la gripe A podía convertirse en una pandemia tan feroz como la causada por la gripe española y Engdahl recoge una estimación del banco JP Morgan: gracias a la alerta de pandemia declarada por la OMS, los grandes industriales farmacéuticos podían acumular entre 7500 millones y 10.000 millones de dólares de ganancias.

¿Y el papel de la OMS en todo esto? El número de muertos que el virus H1N1 produjo no alcanza el nivel de una pandemia y Engdahl cita las declaraciones que el epistemólogo Tom Jefferson formuló en una entrevista concedida a Der Spiegel (21-7-09). La OMS dio a conocer en abril del 2009 una nueva definición de “pandemia” de la que habían desaparecido conceptos anteriores: “La vieja definición –indicó Jefferson– remitía a un virus nuevo, de rápida propagación para el que no existe inmunidad y que provoca una alta tasa de enfermos y de muertes. Hoy estos dos últimos parámetros sobre las tasas de infección han sido suprimidos y fue así cómo la gripe A entró en la categoría de las pandemias”.

Engdahl propone una explicación del oportuno corte: en virtud de las alianzas entre sectores públicos y privados que la OMS ha alentado en la última década, el organismo recibe de las empresas privadas, además de los fondos proporcionados por los gobiernos de los países miembros de la ONU, “cerca del doble del presupuesto que habitualmente le destina la ONU, en forma de becas y de ayudas financieras. Esos fondos proceden de los mismos fabricantes de vacunas que se benefician con decisiones oficiales como la adoptada en junio de 2009 sobre la urgencia endémica del virus H1N1”. Si así fuere, la OMS habría ayudado al Dr. Gripe a mantener en vilo al mundo entero para las ganancias multimillonarias de unos pocos.

Fuente texto: diario Página 12, 17 de enero de 2009

Fuente imagen: página web rebelion.org

Publicado en  on Febrero 1, 2010 at 3:03 am Dejar un comentario

Alfredo Grieco y Bavio: Bolivia cambió hasta su nombre

 

Cuando en la próxima semana se completen en el altiplano junto al Lago Titicaca las ceremonias de asunción de Juan Evo Morales Ayma como presidente constitucional, el bicentenario de lo que durante dos siglos se llamó Bolivia habrá concluido y empezará un valiente tiempo nuevo para el corazón rico pero hasta ahora empobrecido de Sudamérica. El 21 de enero será en Tiwanaku la así llamada “ceremonia ancestral originaria”: en la Escalinata del Templo de Kalasasaya, el nuevo presidente del nuevo Estado dirigirá un mensaje a todos los pueblos originarios. De los 36 grupos étnico-culturales organizados y reconocidos, el presidente pertenece al más castigado de los dos que vivieron en el altiplano, los aymaras, y entiende y se expresa en esa lengua y en quechua (o runasimi, como prefieren decirle sus hablantes). Si pone fin a doscientos años de República, al mismo tiempo también Morales busca un explícito vínculo con lo suprimido o coartado por los quinientos años de la llegada de los europeos.

Un país enorme. Aun amputado por Chile el pulmón marítimo en la Guerra del Pacífico en el siglo XIX, Bolivia es un país enorme: cuatro veces la superficie de España, dos veces la de Francia. Son un millón cien mil kilómetros cuadrados en la región tórrida de Sudamérica. Del fuego al hielo, los climas escalan su territorio, que llega a esas mesetas de 4.000 y aun 5.000 metros de altura que apunan a todos los equipos de fútbol extranjeros. Son ya más de nueve millones de habitantes los que viven en las fronteras, y la mitad de ese número afuera, desde donde envían remesas que alimentan o hacen progresar a sus familiares. Las diferencias regionales son decisivas, y la oposición de Evo en el Oriente es de larga data.

En el principio era la coca. La familia de Evo era originaria de las tierras altas aymara, de Oruro, pero en 1979 emigraron al Chapare, entre Cochabamba y Oruro. Allí empezaron a cultivar coca, y de los sindicatos cocaleros surgió Evo como figura política. Algunos se preguntan por qué no es un sindicalista minero o campesino el presidente de Bolivia. Una respuesta se impone: los cocaleros eran los militantes más aguerridos, porque su subsistencia misma estaba amenazada. Nadie bombardeaba las vacas o las minas o los campos de soja, pero sí fumigaban los de coca. Tropas especiales, entrenadas por los Estados Unidos, con helicópteros que recorrieron los cielos, quemaron las cosechas y las casas de los cocaleros en una ofensiva de 1986, los despojaron de sus ahorros y confiscaron sus pertenencias.

Collas y cambas. El mayor automatismo de los muchos que se cometen sobre lo que fue Bolivia es el de llamarlo “país del altiplano”. Porque sólo el 30 por ciento es meseta, y el resto es llanura, valle, selva. Histórica y demográficamente, el altiplano contó más. Los “cambas” de las ricas regiones del Oriente se oponen, y se oponen con fuerza, a los “kollas” de las alturas. Serán la mayor oposición que enfrentará Morales en los cinco años de gobierno. Y las elecciones regionales de este año ocupan ya al presidente que se levanta al alba, tiene reuniones de gabinete a las cinco de la mañana, y sólo se acuesta pasada la medianoche. Todavía no puede beber Coca-Colla, la bebida que, con la misma materia prima de la hoja sagrada que la de la multinacional norteamericana, piensa fabricar para una población que necesita agua embotellada y segura. Como lo sintetiza con precisión el más agudo biógrafo de Evo Morales, Martín Sivak, en el posfacio todavía inédito (publicará Palgrave en inglés) de su libro Jefazo, el presidente “también ha conseguido instalar la idea de una nueva soberanía frente a Washington. Así fortalece la vena nacionalista de su programa de gobierno. En el más antinorteamericano de los países de Sudamérica, la nueva relación con los Estados Unidos es muy popular”.

Las palabras y las cosas. Entre mayo de 2008 y diciembre de 2009, Bolivia modificó hasta su nombre. Eligió llamarse Estado Plurinacional de Bolivia. La nueva denominación nació de una Asamblea Constituyente que buscó refundar, en la medida en que efectivamente lo pudiera, al Estado. En esos años, la vida política de Evo Morales llegó a extremos que años y aun meses antes eran impensados. De no poder pisar varias ciudades del Oriente, y de perder el control efectivo del territorio de esas regiones en agosto de 2008, llegó a ganar su reelección como presidente en diciembre de 2009 con un récord de votos positivos. Obtuvo el 64,4 por ciento –con una diferencia de casi 40 por ciento sobre su primer rival, el ex prefecto de Cochabamba Manfred Reyes Villa, hoy un criminal prófugo–, y los dos tercios del Congreso, que le aseguraron una mayoría propia. Esta elección lo convirtió en el presidente más popular y con mayor aval que haya gobernado el territorio boliviano en un período democrático.

El proceso de cambio permanente. El buen rendimiento de la economía ha sido acumulativo y notable. Durante los años de la administración de Morales, las reservas del Banco Central aumentaron, hubo superávit fiscal, bajo déficit, el peso se valorizó frente al dólar y la inflación estuvo controlada. En un país con una experiencia traumática de hiperinflación, la certidumbre y confianza es clave para entender el apoyo entre los sectores bajos y medios. Los programas sociales destinados a los niños, ancianos y jóvenes embarazadas (bonos Juancito Pinto, Renta Dignidad y Juana Azurduy) marcan un antes y un después en millones de vidas. Otro tanto ocurrirá con el recién lanzado plan nacional de viviendas, “El casado casa quiere”. Un nombre irónico en un gobierno donde presidente y vice y la mayoría del gabinete son hombres solteros.

Fuente texto: Revista Veintitres, 14 de enero de 2010

Fuente imagen: blog pinceladasdecuba.blogsome.com

Publicado en  on Enero 21, 2010 at 12:43 pm Dejar un comentario

Mirar América: Walter Goobar: Los condenados de la Tierra

 

Pobre Haití, conocido por el resto del mundo como la cuna del vudú –una religión que fue  bastardeada por Hollywood–, epicentro luego  de la mal llamada peste rosa –el sida–, y campeón invicto de la miseria en América Latina, ahora ha sido escogido por la naturaleza para producir uno de sus más mortíferos escalofríos. El terremoto de 7.3 puntos en la escala de Richter es sólo una pálida muestra de lo que puede ocurrir en el planeta con el cambio climático.

Tras el devastador terremoto del martes, Puerto Príncipe se ha convertido en un cementerio gigantesco en el que los vivos que duermen a la intemperie, se confunden con los muertos.

Con sus contradicciones y desigualdades, con su sobredosis de violencia y de caos, sus tiranos sanguinarios, su elite extraordinariamente insensible, sus políticos corruptos que se intercambian acusaciones de canibalismo, Haití es la parte más oscura y más anarquista del Caribe, más negra incluso que la propia África. Pero también es el país más fascinante y contradictorio del continente.

Haití es un país profundamente dividido, y no precisamente por las grietas que ha dejado el seísmo. Sobre las colinas de Petionville se alzaban hasta esta semana espléndidas casas de tres pisos construidas con materiales de primera calidad y antenas parabólicas apuntando hacia Miami. En esa ciudadela afrancesada, vivían las 630 poderosas familias con las que la tiranía de los Duvalier se repartieron la riqueza del país desde los años ’50. Al pie de esas colinas en la que se alza la ciudadela de los ricos, se encuentra Cité Soleil, una villa miseria construida con chapas y cajas de cartón, que es la contracara de Petionville.

Cuando uno camina por los tortuosos pasajes de este laberinto de chapa, cartón y seres humanos que conforman Cité Soleil, el aire se pone espeso. Lo que allí se respira no son sólo los hedores de la fruta y la comida al sol, ni tampoco el perfume de los escasos árboles de mango y almendro que han sobrevivido a la tala, sino el olor de la miseria.

“Haití es un Estado anárquico y prefeudal, donde pocos consiguen todo y muchos no consiguen nada”, escribe el norteamericano Herbert Gold en su libro titulado La mejor pesadilla sobre la Tierra.

Haití es hoy un país donde, según el mejor estudio disponible, cerca de 75% de la población “vive con menos de 2 dólares al día, y el 56% –cuatro millones y medio de personas– vive con menos de 1 dólar diario”.

En Haití la vejez no es un pecado ni un delito pero la expectativa de vida es de 52 años para los hombres y 55 para las mujeres. Es como si no supieran qué es la vejez porque ningún haitiano llega a la edad necesaria para poder contar de qué se trata.

Incluso antes del terremoto, las dos únicas maneras  de sobrevivir que tenían los miles de chicos huérfanos: era convertirse en esclavo de alguna familia pudiente, o prostituirse en las calles de Petionville.

No se sabe, y probablemente nunca se sepa con certeza cuántos seres humanos fueron tragados y sepultados por la furia del terremoto, pero allí rige una máxima que dice que la suerte es la muerte y la muerte es una suerte. Haití fue la primera república negra del mundo, en la que esclavos analfabetos derrotaron en 1803, a las tropas de Napoleón Bonaparte  y en 1904 declararon la independencia. Si bien Estados Unidos había conquistado antes su independencia, mantenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco.

Haití suele describirse mecánicamente como “el país más pobre del hemisferio occidental”. Pero esa pobreza es el legado directo del sistema de explotación colonial más brutal de la historia, agravado por decenios de sistemática opresión poscolonial. En septiembre de 1991 el gobierno encabezado por el sacerdote salesiano Jean-Bertrand Aristide,  el primer presidente electo por voto popular en toda la historia de Haití, fue derrocado por un golpe militar encabezado por el general Raoul Cédras.

Una de las primeras entrevistas exclusivas con el golpista, la consiguió el autor de esta nota. Aún no había cesado el baño de sangre en las calles y el reportaje se desarrolló en el ahora destruido Palacio Presidencial. Cuando concluyó el cuestionario –formulado en un balbuceante francés de secundario–, el imperturbable y sonriente Cédras estrenó su perfecto español para preguntarme: “¿Qué esperaba encontrar?¿Uno de esos dictadores como los de García Márquez?”.

Al cabo de tres años se comprobó  lo que siempre se había intuido: que Cédras y el resto de los golpistas habían estado a sueldo de la CIA y la oligarquía haitiana. En 1994, los Estados Unidos decidieron restituir al derrocado presidente Aristide por medio de una invasión pactada con los golpistas. El país estaba bloqueado por mandato de la ONU y los golpistas cada vez más desesperados.

Durante los días previos a esa invasión light, las bandas parapoliciales sometieron al autor de esta nota y a otros colegas a un simulacro de fusilamiento acusándonos de ser espías norteamericanos porque habíamos entrado por tierra desde República Dominicana ya que todas las comunicaciones estaban cortadas.

Por las noches cenábamos a la luz de las velas y de las balas, porque los parapoliciales aprovechaban los cortes de luz para matar a los dirigentes opositores y amedrentar a los representantes de la ONU, los argentinos Dante Caputo y Leandro Despuy.

Pero el Aristide que retornó custodiado por los norteamericanos ya no era el salesiano rebelde que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto, sino una especie de caricatura de sí mismo. Los Estados Unidos le habían dado permiso para recuperar el gobierno, pero no el poder.

Para borrar las huellas de la participación norteamericana en la dictadura carnicera del general Cédras, los infantes de marina estadounidenses se llevaron 160.000 páginas de los archivos de los servicios secretos haitianos. Por cierto, el jefe de estación de la CIA en Puerto Príncipe también era un argentino.

El segundo gobierno de Aristide fue la última víctima de la perpetua  injerencia estadounidense: fue derrocado en 2004 por un golpe cuyo guión se repitió en 2009 en Honduras.  Los bailes del vudú siempre son en redondo para indicar el carácter circular y eterno de la vida y de la muerte. Como la trágica y recurrente historia de Haití.

Fuente texto: diario Miradas al sur, 16 de enero de 2009

Fuente imagen: blog 20minutos.es/eneko

Publicado en  on Enero 19, 2010 at 2:46 pm Dejar un comentario

Ernesto Martinchuk: Periodismo basura

 

Las personas creemos estar informadas por la sobredosis de noticias que recibimos diariamente –hoy se lee en un día lo que en el siglo XVIII se tardaba casi una vida–, pero, en realidad, se reciben las coberturas que los grandes medios desean difundir. ¿Existe una diabólica agenda que pauta cada día “Noticias Basura”, que se difunden significativamente en los grandes medios de todos los países?

La palabra “infotretenimiento” (infotainment) comenzó a ser utilizada en los ’80 por el académico Carl Jensen, quien agregó que las “Noticias basura son bocadillos azucarados pero nada nutritivos para el consumidor”.

Los ciudadanos “engordan” alimentándose con “comida chatarra”, porque es más barata, y la gente es forzada a consumir “noticias basura”, que aumentan su obesidad cultural y mental en vez de informarlas en forma veraz.

Hoy no nos asombran los periodistas que incursionan en el mundo de la publicidad o del espectáculo. Suelen “vendernos” desde un seguro hasta un yogurt. El segmento policial está auspiciado por la publicidad de puertas blindadas. Pareciera que la calle de la “empresa periodística” y el “periodismo” se ha convertido en una avenida de doble mano.

El “Periodismo Basura” presenta historias que abordan asuntos importantes manipulando historias, trivializándolas o personalizándolas, para, a menudo, derivar en un relato divorciado de los criterios de interés general original.

Por otra parte, asistimos a un nuevo fenómeno: todos los noticieros apelan a las imágenes existentes en YouTube sin chequear, muchas veces, si son reales o armadas. Es significativo el tiempo que en los noticiarios de televisión destinan a banalidades sensacionalistas, en vez de ofrecer noticias que hacen al desarrollo tecnológico, la nanotecnología, la cultura, la educación, la salud, el desarraigo, la migración interna, la planificación urbana o rural, el agua, las fuentes de energía, la minería o problemas que hacen a la calidad de vida vigentes en el país todo. Nos han enseñado a vivir el presente sin proyectarnos hacia el futuro como personas y país. La clase dirigente también, los empresarios y muchos destacados periodistas sólo se ocupan de salvaguardar sus intereses.

Nuestros adolescentes saben más de héroes y “patriotas” extranjeros, se promocionan artistas, festividades y costumbres de otros países mucho más que las de carácter nacional. Como dice mi amigo Jorge Alessandrini: “… en nuestro país a los próceres se los homenajea pero no se los honra…”.

Si una democracia depende en buena medida de la calidad de las formas de comunicación que la hacen posible, es necesario rehabilitar la vida pública, llenando el presente de palabras y actos que permitan imaginar horizontes nuevos dado que faltan propuestas y sobran escándalos en el estéril panorama intelectual de los medios.

Fuente texto: diario Página 12, 28 de octubre de 2009

Fuente imagen: blogspot templo.kairi.blogspot.com

Publicado en  on Enero 18, 2010 at 3:52 am Dejar un comentario

Alfredo Zaiat: Institucionalidad

 

“Oye, hijo, las cosas están de este modo,

la radio en mi cuarto me lo dice todo.

No preguntes más.”

Instituciones, Charly García, Sui Generis

En 1974, en un marco de tensión por la censura previa y presiones para cambiar letras y títulos de canciones, Sui Generis presentó el tercero de sus discos: Pequeñas anécdotas sobre las instituciones. Eran años donde se cuestionaba a las organizaciones tradicionales y represivas de la sociedad, desde la propia familia hasta las estructuras conservadoras del poder. Esas banderas de rebeldía habían sido apropiadas por jóvenes y fuerzas políticas que aspiraban a cambiar la sociedad. Para ellos, hablar de instituciones significaba el proyecto de cambiarlas con el objetivo de transformarlas en instrumentos de liberación individual y, fundamentalmente, de alteración del orden político-económico. Más de treinta años han pasado desde ese tiempo de convulsiones sociales y de desafío a las instituciones, en un derrotero político que ha implicado una reformulación de los estudios de ese tema complejo. También en ese período se ha producido un retroceso en la batalla cultural donde las ideas conservadoras se han naturalizado registrando una notable penetración hasta en sectores insospechados. En particular en el abordaje de la cuestión económica, aunque también en ámbitos de la ciencia política. En los últimos años, cierta intelectualidad, grupos políticos y especialistas enrolados en el pensamiento heterodoxo o crítico han concentrado su atención en aspectos vinculados con lo que hoy ha instalado la corriente dominante como “la institucionalidad”. Se detienen con dedicación en ese aspecto, que no es una cuestión a ignorar para mejorar el espacio democrático, pero a nivel discursivo le han dedicado más relevancia que el contenido y la tendencia de un proceso económico y social. La actual etapa requiere un análisis más agudo para profundizar los cambios y de ese modo no caer en la trampa de las formalidades que imponen los límites de la institucionalidad conservadora. Formalidad que es adaptada a conveniencia por el establishment, como lo refleja la convalidación y el respaldo de una de las situaciones que debería generar incomodidad para aquellos preocupados por la calidad institucional: la anomia de un vicepresidente en ejercicio de la oposición.

El poder económico ha logrado instalar la idea de “institucionalidad” y su carencia en el presente período político. Esta característica merece traducirse porque incluso el actual gobierno comenzó su gestión hablando de que iba a satisfacer esa demanda. A esta altura resulta evidente que para el establishment no la ha cumplido, insatisfacción que lo resume en ese reclamo insistente respecto de la necesidad de definir “reglas de juego muy claras para el sector privado” o en la exigencia de mejorar “la calidad de la institucionalidad”. En esa concepción, por ejemplo, el fin del negocio especulativo con el aporte previsional de los trabajadores por parte de las AFJP ha sido una violación a la institucionalidad. No evaluaban de la misma manera cuando el nacimiento de las Administradoras arrasó con la sustentabilidad de la anterior institucionalidad del régimen previsional público. La visión parcial de esos acontecimientos deriva entonces en no considerar que el fin de las AFJP fue la creación de una “nueva” institucionalidad para defender el futuro previsional de los trabajadores, como así también el presente de los haberes de los jubilados. Y no lo pueden interpretar de ese modo porque esos cambios han afectado uno de sus nichos de privilegios. Lo mismo sucede cuando el Estado ejerce su derecho de nombrar directores en compañías donde tiene una porción importante de acciones, paquete en manos de la Anses al administrar los activos recibidos cuando desaparecieron las AFJP. La preocupación sobre cómo se “cuidan” los recursos previsionales cuando la Anses financia proyectos de inversión o la universalización de la asignación familiar no se reitera, en cambio, cuando se evalúa la decisión política de designar directores que busca “custodiar” esas colocaciones financieras en esas empresas.

Las situaciones que enumera el poder económico acerca de la debilidad de las instituciones son varias. Además de la muerte de las AFJP, señala los procesos que derivaron en la estatización de empresas de servicios públicos privatizados; la actuación de la Secretaría de Comercio Interior en el control de precios (a pesar de su ineficiencia); la intervención del Estado en el sector agropecuario a través de retenciones a las exportaciones; las operaciones de financiamiento intrasector público; la defensa de trabajadores que buscan encuadrarse en gremios que protegen mejor sus derechos; iniciativas que pretenden generar competencia en el área de la comunicación en mercados monopólicos; la más reciente decisión de utilizar las reservas del Banco Central para integrar un fondo de garantía de pago de deudas, entre otras medidas. Esa resistencia, que rechaza una “nueva” institucionalidad, se reconoce en las ideas neoliberales. Para éstas, todo el orden institucional debe adecuarse o subordinarse a la lógica del libre mercado, lo que significa, de hecho, la instauración del mercado como “sociedad perfecta”.

Jorge Iván Vergara explica en Teorías conservadoras y teorías críticas de las instituciones sociales, publicado en Revista Ciencias Sociales Nº 11 (2001), que esa corriente “elabora una noción de institución cuasi-natural, que enfatiza su carácter de tradición histórica, pero la concibe como fijada y no sujeta a su transformación radical o reemplazo”. El chileno Iván Vergara señala que “se trata de una retórica que apoya la afirmación del orden establecido como el único viable o el mejor de todos los mundos posibles”. Antropólogo y doctor en Sociología, este especialista afirma que esa noción conservadora de instituciones acentúa el carácter de tradición, de permanencia y su “trascendencia” respecto de los individuos, basando su argumentación en términos de lo concreto y lo práctico.

Sin embargo, esas ideas no dan cuenta de la complejidad de la sociedad contemporánea, sus transformaciones y sus problemas. Y las corrientes reunidas en el arco de la centroizquierda deberían eludir ese sentido común conservador denominado “institucionalidad”. Su desafío no es menor porque al tiempo de cuestionarla debe buscar su transformación en el marco democrático, aspecto esencial que en décadas pasadas fue minimizado. Al respecto, Iván Vergara apunta que “las alternativas no se reducen a la aceptación del statu quo ni a su rechazo global. Tampoco pueden ser comprendidas como una opción entre el antiinstitucionalismo y la defensa de las instituciones vigentes”. “Se trata, entonces, de elaborar una concepción capaz de contribuir decisivamente a la comprensión de las instituciones en vías a su transformación democrática, no a su eliminación”, concluye. En un proceso complejo, donde en algunas áreas se ha avanzado en transformaciones y en otras se han mantenido estructuras inalteradas, el debate sobre una “nueva” institucionalidad tiene que apuntar a crearla en función de la defensa del interés de las mayorías sin caer en las trampas discursivas del establishment.

Fuente texto: diario Página 12, 19 de diciembre de 2009

Fuente imagen: humor Paz-Rudy, diario Página 12

Publicado en  on Enero 15, 2010 at 1:12 pm Dejar un comentario

Ricardo Forster: Pinceladas de un año memorable

 

Los últimos días del año nos permiten intentar un balance, nos ofrecen la oportunidad de volver a repasar el cúmulo de acontecimientos que, mirados desde cierta distancia, no dejan de ofrecernos la certeza de haber vivido meses de una intensidad inusitada. Así como el 2008 había sido un año signado por el conflicto con la Mesa de Enlace y sus complejas derivaciones que definieron un giro espectacular en la política argentina determinando fuertemente el derrotero del gobierno de Cristina Fernández antes casi de haber estrenado el cargo, el 2009 no se ha quedado rezagado en cuanto a significación. Si algo debiéramos celebrar es que, a diferencia de la década del ’90 colonizada por el discurso del fin de la historia y de la muerte de las ideologías, la década que ahora se cierra ha implicado, al menos entre nosotros (incluyendo en este nosotros a Latinoamérica) una reapropiación de los lenguajes de la política brutalmente bastardeados por el neoliberalismo. Es desde esa reapropiación, que supone volver a darle contenido a palabras gastadas y rapiñadas por un economicismo pueril, que debemos leer lo acontecido a lo largo de un año complejo y laberíntico en el que prácticamente no se dejó nada por discutir.

El 2009 fue, de eso no hay dudas, un tiempo atravesado por la lógica del conflicto allí donde núcleos fundamentales de la vida social, económica, política y cultural fueron sacudidos por los diversos actores que habitan la escena nacional. Desde el inicial anuncio de Cristina Fernández, allá por marzo, de llevar al Congreso de la Nación el proyecto de una nueva ley de medios audiovisuales que viniera a reemplazar a la promulgada por la dictadura y vigente a lo largo de todos los gobiernos democráticos desde Alfonsín en adelante, hasta un año que se cierra con el que tal vez sea el juicio contra los represores más emblemático por lo que simbólicamente ha representado la ESMA como nudo infernal de la política genocida desplegada entre 1976 y 1983.

Dos acontecimientos que se juegan en diversos planos pero que se afincan, centralmente, en la dimensión simbólico-cultural han marcado con hondura el derrotero de un año extraordinariamente complejo. Por un lado, la disputa por el lenguaje y sus lógicas comunicacionales que, en una época signada por la influencia determinante de los medios de comunicación de masas, cobra una dimensión decisiva para la continuidad y el enriquecimiento de la vida democrática; por el otro, el doloroso ejercicio de la memoria histórica atravesado por las demandas de justicia y de castigo a los responsables de la noche del horror. Dos símbolos de lo que se debate en la Argentina de hoy, de eso que hace “ruido” y que nos permite comprender algo de lo que se esconde detrás de la dura ofensiva del establishment y de la derecha. Por eso el 2009, pese a ser un año atravesado por las consecuencias directas de la brutal crisis del capitalismo internacional (crisis que llegó algo amortiguada a estas playas gracias a las políticas económicas implementadas desde el 2003 en adelante y que nos permitieron salir de la matriz puramente neoliberal), ha sido un año fundamentalmente político, en el que también nos hemos despedido de quien fuera, tal vez, el último gran político de raza, me refiero a Raúl Alfonsín. Su muerte señala el crepúsculo de una manera de vivir y de hacer política y expresa la honda crisis de los partidos y de los políticos.

Un rápido repaso de los principales acontecimientos de los últimos 12 meses nos puede servir para ilustrar al amigo lector respecto de la complejidad y la importancia de lo que se puso en juego y de lo que seguirá debatiéndose en el año que se inicia y que estará marcado por el Bicentenario: debate y aprobación de la ley de medios audiovisuales; inicio del mandato de Barack Obama y su paulatino desangelamiento que, en relación a nuestro continente, ha sido casi inmediato; implementación de políticas anticíclicas centradas en la protección del trabajo y del mercado interno como principal recurso para paliar los efectos de una crisis estructural del capitalismo financiero-especulativo; derrota de Néstor Kirchner en las elecciones de junio y puesta en evidencia de los límites de la pejotización y de las candidaturas testimoniales y necesidad de recuperar el núcleo popular y progresista que marcó la emergencia del kirchnerismo en la escena nacional; surgimiento de un candidato, De Narváez, diseñado desde las oficinas de publicistas y encuestólogos e impulsada por el show-business televisivo que no ha dejado de señalar la continuidad, entre nosotros, de lo peor de la reducción de la política a espectáculo propia de los años menemistas; golpe “institucional” en Honduras finalmente avalado por la complicidad del gobierno de Obama y la repulsa generalizada de los países sudamericanos; vergüenza del macrismo al fracasar doblemente en sus políticas de seguridad y educación: la primera a través del nombramiento del “Fino” Palacios que hoy cumple prisión por encubrimiento en la causa AMIA, mientras que su sucesor tuvo que renunciar casi inmediatamente por estar involucrado en escuchas ilegales de todo color y pelaje (no deben existir antecedentes en el mundo de una situación de este tipo que hace que los dos jefes de una nueva policía estén en prisión o siendo investigados y en vías de ir a la cárcel); la segunda caída en picada de Macri ha sido el fugaz paso por el Ministerio de Educación de Abel Posse, figura que emergió de la noche antediluviana de la derecha procesista en el mismo momento en que se aceleran los juicios contra los genocidas (Posse fue repudiado por lo que representa, por el núcleo reaccionario, discriminador y violento de su discurso, pero también como emergente de una derecha que intenta ocupar un lugar visible en la política de la Ciudad de la mano del “desideologizado” Mauricio Macri); la arrolladora e indisimulada ofensiva de la corporación mediática contra el Gobierno arrasando, con total impudicia, cualquier resto de seriedad, rigurosidad y objetividad periodística (impunidad, exageración, arbitrariedad, han sido los modos utilizados por la corporación para defender sus intereses seriamente dañados por una ley de medios que viene a garantizar una distribución más igualitaria de la palabra y de las imágenes terminando con la impunidad dejada por la dictadura y por el menemismo que favoreció la concentración monopólica); decisión presidencial de implementar la asignación universal para los hijos de los trabajadores en negro y de desocupados llevando a casi 5 millones de niños pobres una política de hondo contenido reparador, que se complementa con la puesta en marcha del plan de generación de empleo a través de cooperativas que beneficiará a uno de los sectores más golpeados y empobrecidos; los extraordinarios triunfos de Evo Morales en Bolivia y del Pepe Mujica en Uruguay que siguen destacando la tendencia  transformadora y progresista que viene desplegándose en nuestro continente (oscurecida por lo que amenaza con ser un triunfo en segunda vuelta del candidato de la derecha pinochetista en Chile); complicidad y degradación creciente de las fuerzas policiales mostrando la gravedad de un problema que la democracia no ha sabido resolver pero que el gobierno de Scioli ha agravado al designar a Stornelli como ministro de Seguridad y al desactivar lo mejor de lo realizado en esta materia por Arlasnian; intento fallido, por parte de Gerardo Morales y de Elisa Carrió, de criminalizar a Milagro Sala y a la organización Tupac Amaru, junto con el recurso continuo a la utilización de un lenguaje entre apocalíptico y catastrofal de hondo contenido destituyente.

Apenas algunas rápidas pinceladas para dibujar sobre el papel lo que ha sido un año de inusuales intensidades en el que, por otro lado, hemos comprobado que hay vida más allá de la soja, de la Mesa de Enlace y de las retenciones. Que la democracia no es antagónica al conflicto allí donde el litigio por la igualdad sigue siendo su premisa y su núcleo más íntimo. El 2010 será, probablemente, un tiempo en el que podamos, si las urgencias no nos roban el tiempo y las reflexiones imprescindibles, repasar con espíritu crítico los 200 años de travesía argentina, recorriendo sueños y frustraciones. Esperamos con glotonería lo que tenga para ofrecernos el 2010, imaginando que deberá ser un año en el que se profundicen los cambios que nos lleven hacia una sociedad más justa, democrática e igualitaria. La historia, como siempre, está allí para recibir las pasiones y las acciones de todos aquellos que la transitan. Ojalá que estemos a la altura de sus exigencias y de sus desafíos abriendo, con generosidad, las puertas que posibiliten la unión de todos los que comparten los ideales emancipatorios, esos que vienen desde la lejanía de un mayo de 1810.

Fuente texto: diario Buenos Aires Económico, 29 de diciembre de 2009

Fuente imagen nro 1: blog juventudca.blogspot.com

Fuente imagen nro 2: blog ioia.wordpress.com

Publicado en  on Enero 13, 2010 at 2:50 am Dejar un comentario

Mirar América del Sur. Aldo Ferrer: Argentina y Brasil: contrastes y convergencias

 

En los últimos tiempos se han multiplicado los elogios sobre la política económica y el posicionamiento internacional del gran país sudamericano y principal aliado estratégico de la Argentina. En un artículo reciente en un medio brasileño, el ex ministro de Hacienda y eminente economista Luis Carlos Bresser Pereira aconsejaba no confiar en tales elogios más fundados en el entusiasmo de los mercados financieros, por las extraordinarias tasas de ganancias en la plaza brasileña, que en la realidad de los hechos. 

En efecto: las tasas de interés y la apreciación del tipo de cambio determinan que las colocaciones financieras en la plaza brasileña sean probablemente las más rentables del mundo, con un rendimiento en dólares que es un múltiplo del registrado en las plazas internacionales. El consecuente ingreso de capitales especulativos, sumado a la abundancia de divisas derivada del aumento de los precios internacionales de los commodities brasileños, refuerzan la tendencia a la apreciación del tipo de cambio, configurando un ejemplo clásico de la “enfermedad holandesa”. Ésta, como se sabe, al apreciar la moneda nacional, reduce los espacios de rentabilidad en la producción de bienes sujetos a la competencia internacional, salvo para las actividades fundadas en los recursos naturales. Se trata de un obstáculo severo para un país en desarrollo y para la diversificación de su estructura productiva.

La economía brasileña crece, desde hace mucho tiempo, a tasas muy por debajo del potencial de recursos. El país del “milagro” económico de la posguerra tiene ahora una economía de lento crecimiento con una muy baja tasa de acumulación de capital. En el largo plazo, el PBI aumenta, con oscilaciones, en torno del 3% anual, lo cual es consistente con una muy baja tasa de inversión, del orden del 16% del PBI. Esta última refleja el desvío de una parte importante del excedente económico en el consumo de los grupos de altos ingresos y la gravitación de las inversiones privadas directas y de las corrientes de capitales especulativos en las finanzas brasileñas. Esta experiencia contrasta con la de las naciones emergentes de Asia, en las cuales las elevadas tasas de inversión se sustentan esencialmente en altos niveles de ahorro canalizados a la ampliación de la capacidad productiva.

En el marco de una política ortodoxa, el gobierno mantiene, al mismo tiempo, una política social destinada a paliar la situación de precariedad de los sectores vulnerables. Programas tales como los llamados “Bolsa escola” y “Bolsa familia”, parecen haber contribuido a un considerable alivio de las condiciones sociales y a elevar el consumo de los grupos de menores ingresos. Se configura así un escenario político poco frecuente, según el cual el gobierno cuenta con la simpatía de los sectores de menores recursos y  el de los de mayores ingresos, estos últimos,  principales beneficiarios del predominio de la actividad financiera, cuyos rendimientos son estimados en alrededor del 7 u 8% del PBI, equivalentes a alrededor del 50% de la tasa de acumulación de capital realmente productivo.

Los argentinos tenemos que observar con realismo la experiencia de Brasil porque la alianza estratégica entre ambos es uno de los pilares de la proyección internacional de nuestro país. En tal sentido, tenemos que entender dos cuestiones fundamentales. Primero, porque a pesar de los hechos apuntados Brasil acumuló un considerable poder nacional en sectores fundamentales de la economía. Segundo, cuál es la naturaleza de la relación entre dos países vecinos con una gran asimetría de dimensión y de nivel de desarrollo en algunos sectores.  

Sobre la primera cuestión, cabe observar que, a pesar del sesgo ortodoxo de la política financiera en diversos períodos, Brasil mantuvo a largo plazo, incluso bajo gobiernos de facto, la decisión de fortalecer núcleos estratégicos del poder nacional (Petrobras en hidrocarburos, Embraer en la industria aeronáutica, las grandes empresas de construcción e ingeniería, la expansión de la producción pecuaria, etcétera). Esto se refleja, ahora, en la proyección internacional de las firmas de nuestro vecino. En materia de financiamiento del desarrollo, el Banco Nacional de Desenvolvimento (BNDES) es otro envidiable ejemplo de movilización de recursos internos, en este caso, con fondeos provenientes del sistema de seguridad social y la masa salarial. Aun en el marco de una política ortodoxa y de la “enfermedad holandesa”, los recursos del país, instrumentos financieros como el BNDES y el dinamismo de los principales grupos económicos, permite el despliegue de ambiciosos planes de desarrollo de la infraestructura y programas de apoyo a la competitividad y el desarrollo de actividades consideradas prioritarias. En contraste con la experiencia de Brasil, en la Argentina en el largo período de la hegemonía neoliberal (1976-2001) se demolieron sistemáticamente las fuentes  del desarrollo y poder soberano de decisión.

De este modo, en el largo plazo, se fueron generando rasgos estructurales en ambas economías que continúan influyendo en el intercambio y otros aspectos de las relaciones económicas bilaterales. En cualquier caso, la vecindad, la historia y los desafíos que plantea el escenario internacional han llevado a los dos países a establecer un  grado de comunicación y empatía sin precedentes y a la instalación del concepto de “alianza estratégica”, favorable para ampliar las fronteras del desarrollo nacional de cada uno de ellos.

Sobre la segunda cuestión, cabe observar que el tamaño influye, pero no determina, la naturaleza de la relación bilateral entre dos países. El factor fundamental que caracteriza la división del trabajo y el conjunto de las relaciones entre economías con tales asimetrías es la estructura productiva comparada, no la dimensión. En Europa, por ejemplo, Suecia y Alemania son países cercanos y el primero, a pesar de su menor tamaño, es un país plenamente desarrollado que mantiene una relación simétrica no periférica con Alemania. En el caso de los países emergentes de Asia,  como la República de Corea, Taiwán y Malasia, la vecindad con dos gigantes, como la India y China no es obstáculo alguno al pleno desarrollo industrial y tecnológico de ellos.

En consecuencia, las diferencias actuales de dimensión de las economías de nuestros dos países no debe inducir  a la suposición de que el destino de la relación bilateral es reproducir, en el espacio regional, una relación centro-periferia, entre un Brasil industrial y una Argentina principalmente proveedora de alimentos y materias primas. Si así fuera, perdería sentido el significado de la integración como instrumento del desarrollo argentino pero, en tal caso, la responsabilidad no sería, como no lo fue en el pasado, de Brasil sino consecuencia de nuestra propia incapacidad de consolidar la densidad nacional y trazar un rumbo eficaz del desarrollo argentino. En realidad, contar con un gran vecino en paz (como es para nosotros el caso de Brasil, con el cual compartimos además la misma matriz histórica y cultural), es un activo importante.

Tenemos así por delante el desafío de construir una relación viable, mutuamente conveniente, para lo cual la Argentina tiene que ampliar y profundizar su desarrollo industrial y tecnológico, integrar las cadenas de valor de la producción primaria con la participación creciente de componentes provenientes de nuestro propio acervo, impulsar el protagonismo de las empresas argentinas y, en este escenario, generar una dinámica de relación con las filiales de empresas brasileñas radicadas en el país (y, por cierto, con las filiales de otras precedencias) de integración con nuestras empresas y cadenas de valor y el acceso conjunto a los mercados internacionales. En otros términos, la alianza con Brasil nos debe servir a nosotros, como a los brasileños, para ampliar las fronteras de los respectivos desarrollos nacionales, fundados en la incorporación creciente de tecnología y valor agregado y la elevación del empleo y el bienestar.

Fuente texto: diario Buenos Aires Económico, 30 de diciembre de 2009

Fuente imagen: página web mercosurnoticias.com

Publicado en  on Enero 11, 2010 at 12:37 am Dejar un comentario

Jorge Giles: ¿ Una rebelión “carapintada” en el Banco Central ?

 

El mismo día que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, anunció la desclasificación de los archivos de las Fuerzas Armadas durante la larga noche dictatorial de 1976 a 1983 y el ministro de economía, Amado Boudou, resolvió medidas antimonopólicas y elevadas multas a compañías extranjeras, se producía nuevamente un mini golpe mediático de derecha.

¿Una casualidad?

La cadena de medios que responden al monopolio Clarín y sus aliados, hicieron foco en la negativa de Martín Redrado a cumplir con el mandato presidencial de conformar el Fondo del Bicentenario.

Se aferró a su sillón del Banco y desde allí resistió al Gobierno que lo nombró, en compañía de los dirigentes de la oposición que lo visitaron en su despacho.

Fue un nuevo cachetazo a la democracia.

A falta de cuarteles, la derecha golpea las puertas de la Corte Suprema y del Banco Central. Operan en líneas interiores desde el día que usurparon la vicepresidencia del Ejecutivo.

Vamos por parte para entender lo que viene pasando.

1.- Cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia en el 2003, preguntó por el monto de las reservas que disponía el Banco Central y le respondieron “8 mil millones de dólares” “¿Nada más?” inquirió Kirchner y recibió un lacónico, pero tajante “Nada más, señor presidente”.

2.- Seis años después, las reservas ascienden a 48 mil millones de dólares. “Esto lo hizo este gobierno con el esfuerzo de gran parte de la sociedad argentina” sintetizó acertadamente el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

3.- Las reservas de las que dispone el país son el producto de su política económica, su política comercial, su capacidad de pago y ahorro interno, su política social y de empleo, es decir, del rumbo estratégico que comanda la Presidenta de la Nación.

4.- Este proyecto político que gobierna desde el 2003 ha saneado las cuentas del país que estaban destrozadas cuando asumió Kirchner y lo hizo sin echar a nadie de su empleo, sin ajustar tarifas ni salarios y sin empobrecer a los jubilados como lo hizo el menemismo y la Alianza.

5.- Este Gobierno trata de liquidar la deuda externa con los acreedores internacionales y no tan sólo de patear para adelante, con el pago eterno de intereses de la deuda.

Se sabe que al FMI y al poder económico financiero más concentrado no les conviene esta actitud autónoma de la Argentina. El endeudamiento es una política central de la dependencia.

6.- El Fondo del Bicentenario es el instrumento que creó el gobierno para garantizar el frente externo, cumpliendo con todos los compromisos del país. Para eso instruyó a distintas áreas del Estado para que, con los excedentes de los intereses generados por la extraordinaria reserva monetaria nacional, se cubra la suma necesaria para afrontar esos compromisos. A cambio, depositaba un bono que se saldaría convenientemente con el Banco Central.

O sea, ni toma de las reservas alegremente ni lo hace gratuitamente.

7.- El presidente del Banco Central es nombrado a propuesta de la presidencia de la nación. No llegó allí porque ganó un concurso público ni porque lo votaron en elecciones democráticas. Por lo tanto, si quien lo confirmó en ese cargo dice que le acepta la renuncia presentada anteriormente, va de suyo, que se tiene que ir.

8.- Alentado por los opositores de derecha que fueron funcionarios de los gobiernos anteriores, Redrado se atrincheró en el Banco cual moderno “carapintada” que sigue la “doctrina Cobos”

9.- Redrado tiene todo el derecho de manifestarse confeso opositor del modelo gobernante. Pero si es así ¿por qué no lo dijo antes y por qué no se fue a su casa?

10.- La oposición es tan irresponsable como cuando gobernaba. No aprendieron nada. En su politiquería, como dijo Boudou, son capaces de generar una crisis institucional, de pretender asestar un golpe al desarrollo económico creciente y mantener en vilo a la sociedad argentina.

Fracasarán nuevamente, pero pobre Argentina si estos personajes vuelven a gobernar.

Fuente texto: diario Buenos Aires Económico, 7 de enero de 2009

Fuente imagen: blog maguilayyo.blogspot.com

Publicado en  on Enero 8, 2010 at 1:47 pm Dejar un comentario

Eduardo Colominas: ¿Gobernar para el desarrollo o administrar la decadencia?

 

Si bien arrastra todavía numerosos problemas históricos que durante dos siglos le han hecho perder casi todos los trenes, la Argentina se encuentra ante una nueva encrucijada. Los proyectos partidarios y las apuestas de las distintas fracciones del poder económico (campo, banca, medios, industria, multinacionales) sólo tienen dos objetivos posibles: apuntar al desarrollo de las fuerzas productivas o pactar la administración de la decadencia. Todas las otras disputas (institucionalidad, legalidad, cesarismo) son astucias de tero: gritar lo más lejos posible de donde están los huevos.

Desarrollo o decadencia. Esta parece ser la línea divisoria en la Argentina que está por entrar en su tercer siglo de vida independiente, y no una nueva confrontación entre un proyecto progresista de izquierda y otro conservador de derecha. En un país del medio del pelotón, como el nuestro, no hay nada más progresista que promover las fuerzas productivas ni nada más reaccionario que ponerle palos en la rueda.

La ideología juega en esto un papel secundario, si la consideramos como el jugo concentrado de ideas de una clase social. Porque un proyecto de nación no sólo requiere planes, ideas y un equipo de gobierno; exige, sobre todo, un sujeto histórico, en este caso una alianza entre una burguesía moderna y una clase obrera dispuesta. Modelo: Brasil. En los dos intentos más serios que se hicieron en ese sentido, al peronismo le faltó burguesía y al frondicismo le faltaron trabajadores.

Pero esto viene de lejos. En la guerra civil estadounidense del siglo XIX se enfrentaron dos modelos de país. Ganó el norte industrialista, democrático, ambicioso, que en ciento cincuenta años construiría un imperio. En el enfrentamiento civil argentino de la misma época, por el contrario, ganó el sur, que a diferencia de sus pares norteamericanos no era esclavista pues optó por traer mano de obra europea, pobre pero blanca, para trabajar sus campos, ya que, como todos saben, los negros son vagos y los gauchos, pendencieros.

Nuestros prohombres del XIX eran latifundistas y como tales les declararon la guerra al indio, al gaucho y al negro al mismo tiempo. Objetivo: la tierra. El alambre de púa y los Remington fueron sus mejores argumentos. Amén de matar indios a voluntad, sobre todo en la campaña de Roca, hicieron que indios y gauchos se mataran entre sí en la línea de fortines. Con lucidez, Martín Fierro, que era gaucho de leva, y Cruz, que era soldado, se exiliaron en la indiada después de batir a la partida, algo que nunca le perdonaría Borges, que por eso prefería el Facundo, de Sarmiento, como libro fundador de la literatura nacional. Para cerrar el círculo, a los negros sobrevivientes de la fiebre amarilla los mandaron al muere en la guerra infame contra el Paraguay. Mitre lo hizo.

La clase social vencedora inventó un sistema electoral amañado, el fraude “patriótico”, para mantenerse en el poder. Así encumbró a la Generación del 80. El puerto sometió al interior. El campo asfixió a la débil industria. La Argentina devino en una gran estancia con pobres muy pobres y ricos muy ricos, que a diferencia de sus pares del norte no producían algodón sino cereales y carne. En la Europa de entonces los argentinos del granero del mundo y de la vaca atada revoleaban agropesos como después los árabes derrocharían petrodólares.

A la salida de la Segunda Guerra Mundial el peronismo hizo el primer intento de articular esa alianza entre burgueses emprendedores y trabajadores conscientes, pero no lo acompañaron suficientes burgueses y el Estado debió ocuparse de casi todo. Si uno no quiere, dos no se casan. Ése fue y sigue siendo el límite  histórico del PJ.  Doce años después Frondizi cometió el grave error de desconocer el acuerdo político firmado con Perón –que le permitiera ganar las elecciones–, con lo cual se enajenó el apoyo del grueso de la población, con el que contaba inicialmente. Dos no se casan si uno no quiere.

La Argentina del Centenario todavía era gobernada por la Generación del 80. Entonces el festejo fue optimista. Sin poder asimilar el voto universal que propuso la Ley Sáenz Peña, desde 1930 en adelante los vencedores de Caseros reemplazarían el fraude patriótico por el golpe de Estado y las urnas por las fuerzas armadas. En cambio, la Argentina del Bicentenario es conducida por una administración que –aun en minoría tras la derrota electoral– puja por el desarrollo en medio de una crisis generalizada del capitalismo. Mientras, la sociedad, perpleja, trata de intuir qué modelo de país se impondrá en el 2011. Por esas dos razones ahora el festejo será moderado.

Como a Perón, al kirchnerismo le faltan burgueses. Como a Frondizi, a Cobos le faltan trabajadores. Sería triste perder otro siglo por no comprender que solamente un programa de unidad nacional para el desarrollo puede llevar a la Argentina hacia un destino exitoso, al que, por cierto, no está condenada, como cree Duhalde.

Fuente texto: diario Buenos Aires Económico, 4 de diciembre de 2009

Fuente imagen: página web humano.ya.com

Publicado en  on Enero 6, 2010 at 5:31 pm Dejar un comentario

Alfredo Zaiat : El GPS de la niñez

 

Varias voces se estuvieron escuchando en los últimos meses alertando sobre lo que consideraban el escándalo de la pobreza. La mayoría de ellas reunía la particularidad de que provenía de grupos que anhelan políticas cuyo resultado es el aumento de la exclusión social. Algunos analistas inquietos por el rating buscaron imágenes de impacto de hogares en situación desesperante. La demagogia de la pobreza quedó en manos de representantes del conservadurismo político y económico. Ese comportamiento, que en la interpretación más benevolente se puede definir como hipócrita, se revela oportunista cuando después de mostrar rostros acongojados por los pobres ignora y, por lo tanto, desmerece una de las políticas sociales más importantes de la joven democracia: la asignación familiar por hijo para trabajadores desocupados e informales. Se trata de una medida que mientras avance en su implementación requerirá de ajustes vinculados al alcance de la población beneficiaria, a su financiamiento sustentable en el tiempo y su institucionalización mediante una ley. Pero estas cuestiones hoy no tienen envergadura frente al impacto inmediato del plan en reconocimiento de derecho económico y social de sectores postergados en el sujeto de niños y adolescentes. Con una reacción que merece reconocimiento a la vapuleada burocracia estatal, en apenas dos meses la Anses sumó al programa y desembolsó los fondos correspondientes a 3,8 millones de beneficiarios de la asignación de 180 pesos. La previsión oficial es superar los 5 millones a medida que la entrega de DNI regularice la situación de niños y jóvenes indocumentados. Se estima que en esa instancia el monto involucrado totalizaría unos 10 mil millones de pesos anuales. Ese considerable gasto público social (GPS) se suma al ya presupuestado destinado a la niñez, que es mucho más elevado que el considerado en evaluaciones superficiales, de acuerdo al reciente informe publicado por Unicef.

 

En “Gasto Público Social dirigido a la Niñez en la Argentina. 1995-2007”, coordinado por Damián Bonari, de la Dirección de Análisis de Gasto Público y Programas Sociales del Ministerio de Economía, y por Sebastián Waisgrais, responsable técnico de Unicef, junto a un numeroso grupo de técnicos, consultores y especialistas, elaboraron un documento con cifras que exigen un análisis más prudente cuando se aborda la cuestión de las políticas públicas en materia de pobreza y distribución del gasto público. Del análisis de los datos surge que durante 2007 el Gasto Público Social consolidado (nación-provincias) dirigido a la niñez alcanzó los 54.839,7 millones de pesos, que representan el 19,1 por ciento del gasto público total ejecutado por los niveles nacional y provincial, y el 31,2 por ciento del gasto público que se enmarca en servicios sociales. Esto significa un gasto por niño equivalente a 4481,3 pesos anuales. En relación con el Producto Interno Bruto, durante 2007 esos recursos representaron el 6,7 por ciento, alcanzando el máximo de la serie elaborada por Unicef. Ello implicó un incremento de 0,5 de punto porcentual entre 2001 y 2007. En ese período, la evolución de ese gasto consolidado refleja un aumento acumulado, en términos nominales, de 225,9 por ciento. El monto ejecutado durante 2007 implica un crecimiento de 29,7 por ciento en relación con el nivel correspondiente al año anterior. De acuerdo con las proyecciones realizadas por los técnicos para los dos períodos siguientes, la tendencia se mantuvo en alza, y en 2010 describirá otro brusco salto por la universalización de la asignación familiar por hijo.

Semejante masa de recursos destinada a cumplir con la Convención de los Derechos del Niño, incorporada a la Constitución nacional en 1994, que dispone la obligación de los Estados de asegurar la progresiva realización de los derechos de la niñez “hasta el máximo de los recursos que dispongan”, plantea la siguiente duda: los persistentes y elevados niveles de pobreza con el consiguiente deterioro de sus condiciones materiales del universo poblacional de la niñez se debe a la ineficiente asignación de ese enorme presupuesto del gasto social, o la herencia por la devastación social del neoliberalismo es tan impresionante que esos fabulosos recursos resultan insuficientes. 

El documento Unicef-Economía no avanza en dar respuestas en uno u otro sentido, aunque se puede especular con que un probable dictamen puede tener componentes de los dos. De todos modos, esa investigación constituye una base esencial para evaluar con más información el estado de situación de ese sector vulnerable. El trabajo consistió en realizar una revisión general de los programas incorporados en cada año, lo que implicó trabajar con 178 planes que contienen más de 462 actividades diferentes. “La cuantificación y homogeneización del universo de gasto requirió de un arduo trabajo de compatibilización de la información”, explican los especialistas, para agregar que “se realizaron misiones técnicas a gran parte de las provincias para recabar información más detallada y ajustada a las necesidades del informe”. También se concretaron encuentros con técnicos de los institutos de estadísticas provinciales. Esta resumida descripción de la labor encarada para el relevamiento de datos permite retirar del debate el cuestionamiento a esa información, situación que se presentaría si tuviera como usina el Indec. Y las cifras expuestas en ese documento son impactantes en cuanto a los montos, el alcance y los rubros de los programas para la niñez.

El gasto público social para ese destino se distribuye en once áreas: ayuda directa; condiciones de vida; deporte, recreación y cultura; desarrollo e integración; educación; nutrición y alimentación; protección del niño; salud; obras sociales; ciencia y técnica; y otros servicios urbanos. Por ejemplo, la categoría “Nutrición y alimentación” (comedores escolares, copa de leche, entrega de tickets y bolsones de alimentos) aumenta su participación en 1,1 punto porcentual entre 2001 y 2002, principalmente por la incorporación durante 2002 del Programa de Emergencia Alimentaria y de las distintas estrategias que en esta línea llevaron a cabo los gobiernos provinciales. En 2003 esta categoría registra un nuevo incremento, pero en 2004 comienza a reducir su relevancia, hasta llegar al 3,5 por ciento del total en 2007.

Este documento sobre el GPS (Gasto Público Social) es un valioso aporte para orientar el análisis sobre la evolución de la pobreza y la situación de la niñez vulnerable, que tiene un poco más de complejidad que la manifestación compungida por los excluidos, que en ciertos sectores y expositores se expresa como simple demagogia, sin ninguna intención de cambiar las raíces estructurales que los originan.

Fuente texto: diario Página 12, 20 de diciembre de 2009

Fuente imagen: página web zarateinforma.com.ar 

Publicado en  on Enero 4, 2010 at 12:45 pm Dejar un comentario

Sandra Russo: La mejor parte del amor

 

Seguramente los apropiadores de niños sienten amor por ellos, o al menos eso deben creer. Quién sabe qué siente alguien que oculta una verdad atroz; que obliga al ser presuntamente amado a una reciprocidad que él mismo viola. Nadie está, sin embargo, preparado para fingir toda su vida. Ese amor que los apropiadores sienten por esos bebés que hoy son hombres y mujeres de treinta y pico debe haber tenido fallas, grietas, lapsus, desbordes inevitables de la verdad. Un hijo apropiado debe saber, en alguna parte sí, alguna forma de la verdad. Seguramente huele el tufo de ese amor, su hedor, el rastro de un crimen. Hay cuatrocientas personas todavía viviendo esas tensiones soterradas.

Hay mecanismos psíquicos y sociales que permanentemente bloquean el amor y lo reemplazan por sus simulacros. Estamos todos tan confundidos con el amor, que aceptamos sus sustitutos, sus malas copias. Los apropiadores de niños les han dicho a lo sumo a esas personas que son hijos adoptivos, bebés que ellos sí aman, en reemplazo de madres que los abandonaron. Desde el punto de vista de ese tipo de víctima, el hijo abandonado, ser hijo de un desaparecido es una enorme descarga de angustia. Es constatar que no hubo abandono. No son hijos biológicos de una madre que eligió seguir su vida sin ellos, sino que fueron bebés arrebatados de las manos de sus madres. Sus madres no siguieron sus vidas, no formaron otras familias, no tuvieron otros hijos. Fueron asesinadas.

Lo innombrable del abandono es el desamor. Cualquiera que haya sido abandonado en una circunstancia amorosa sabe que lo anímicamente intragable del abandono es el desamor. Una de las razones que siempre esgrimieron las Abuelas como motores de su búsqueda es hacerles saber a sus nietos que fueron bebés muy deseados y amados por sus padres y sus familias. Quieren hacerles saber algo que puede curarles un trauma y sanarles la vida.

Cuando esos bebés llegaron a la adolescencia, cuando pudieron hacer lo que un niño pequeño no puede, muchos hijos adoptivos fueron por sí mismos a la sede de Abuelas. Querían saber si eran hijos de desaparecidos. Buscaban su identidad, pero también buscaban, probablemente, ese consuelo terrible: no haber sido bebés abandonados, sino víctimas de crímenes políticos. Esto no tiene nada de ideológico, en principio. Se trata más bien de distintas dimensiones del amor y el desamor. Nuestras vidas penden de esas nociones. Nuestros dolores y pasiones nacen allí, a la sombra de cómo fuimos o no fuimos amados.

La idea que tenemos del amor, eso que reconocemos en los otros y en nosotros mismos como amor, no puede germinar en la mentira, sólo en la libertad. Nadie puede obligarnos a amar. No podemos tampoco obligarnos a nosotros mismos a hacerlo. Es un sentimiento que está fuera de nuestro control, que aparece y también desaparece, pero que suponemos sólo posible entre criaturas libres. Cuando la mentira atraviesa la circunstancia amorosa, no hay amor. Hay manipulación.

La manipulación en el amor, sin embargo, no es cosa extraña. El mercado Vero Peso, en la desembocadura del Amazonas, es enorme y extraordinario. Hay interminables filas de puestos que venden los mangos más grandes del mundo, pescados de diseños exóticos, instrumentos musicales de madera maciza. Allí hay un sector de hechiceras que vende frasquitos de esencias y aceites para curar la salud y para recuperar o afirmar el amor. Esas mujeres de etnias amazónicas la agarran a una de la pollera cuando pasa, le ofrecen felicidad. Un embrujo no es otra cosa que manipulación. O simulación.

Traje de allí un pequeño volante que no es indígena, es afro. “Mae Triana Cartomante Exotérica” se llama la mujer vidente. Promete traer a la persona amada rápido, “amarrada a tus pies”. El amarre es un tópico de la hechicería. Hay brujas urbanas en todo el mundo especializadas en amarres. Los amarres pretenden reemplazar al amor por fascinación. Ese es un truco posmoderno. Una prestidigitación tecnológica que hace llamar amistad a lo que pasa en Facebook. Es un atajo virtual para el atajo que siempre en todas las culturas se buscó: tomar por amor un sentimiento sintético que no se regocija en el bienestar del ser amado, sino en la propia necesidad de conexión.

A fin de año la palabra “amor” se multiplica. Son palabras. Las palabras tienen la particularidad de ser nada menos y nada más que palabras. Pueden ser decisivas o intrascendentes, pueden estar llenas o vacías.

Venimos terminando un año en el que las palabras fueron aligeradas, violentadas, subvertidas por el establishment. Se llegó a tal extremo que tuvimos que escuchar, como una reivindicación política de la mentira, que los hijos de Ernestina Herrera de Noble son nuestros hijos. Llama muy poco la atención que la lucha de las Abuelas sea cuestionada desde sectores golpistas que participan del juego democrático justo cuando esa lucha roza a una mujer muy poderosa. Cuando roza al poder. Eso pasa no inadvertido, sino no dicho.

Este año se puso en jaque a los derechos humanos. La primera en hacerlo fue Susana Giménez, entretenedora exquisita para la videopolítica. “Esa estupidez de los derechos humanos”, dijo aunque quedó sonando la otra parte de la frase, “el que mata tiene que morir”. Después se cuestionó a las Madres y a las Abuelas por la ley de ADN y se alzó nuevamente la frase hecha de que “los derechos humanos son sólo para los delincuentes”, y no para las víctimas de “la inseguridad”. Las coberturas políticas y policiales se entremezclaron. Abel Posse tuvo que renunciar, pero pasamos por el trance de tener unos días un ministro de Educación porteño que volvió a reivindicar el terrorismo de Estado. El huevo de la serpiente se instala en muchos nidos.

Nuestra veta fascista tiene sus dirigentes, pero tiene también muchos voceros en las calles, hombres o mujeres comunes y corrientes que de pronto se entreveran en conversaciones en las que piden matar a unos cuantos. La muerte es una de nuestras tradiciones. Una pulsión argentina que se regodea en soluciones finales. Matarlos a todos es una ilusión degenerada.

Hubo una época bastante reciente en la que los mataron. A todos los que pudieron. Hubo uno o dos años, durante y después del Juicio a las Juntas, en los que el horror sacudía las almas. Habían hecho cosas como tirar a la gente viva de los aviones o como asesinarla y robarse a sus hijos. Eso no es de izquierda ni de derecha. A veces uno se pregunta, en este país jodido, si acaso es de izquierda o peronista haberse quedado atravesado por la decisión de “nunca más”. Este año, uno ha tenido la sensación de que si apareciera un liderazgo bestial, tendría sus bases en esa gente que tiene mucho y no quiere perderlo, o en los que tienen muy poco, quizá un freezer y un auto, o una casa propia y un plazo fijo en el banco, y sin embargo arengan la muerte de los que tienen menos que ellos.

Si se me permite, quisiera dedicar esta columna de fin de año a las Madres y a las Abuelas, por muchas razones. Pero entre ellas, la más firme y convencida es el agradecimiento por haber tramitado su dolor con lucha, y no con venganza. Por haber pedido siempre justicia, y haberse avenido a la mala, la poca, la lenta justicia que obtuvieron. Por haber estado dispuestas siempre a ofrecer a sus victimarios las garantías que sus hijos y sus nietos no tuvieron. Porque a pesar de sus diferencias y de sus líneas internas, siempre todas se pararon allí, en ese escalón que separa la civilización de la barbarie. Y porque en este país que aún conserva su horrible pulsión hacia la muerte, ellas la saltaron, se sobrepusieron, la reciclaron, la gestionaron hacia la vida. Porque son parte de lo mejor que somos, y somos peores si lo olvidamos.

Fuente texto: diario página 12, 26 de diciembre de 2009

Fuente imagen número 1 : blog miriamluchetto.blogspot.com

Fuente imagen número 2: blog miriamluchetto.blogspot.com 

Publicado en  on Enero 2, 2010 at 2:04 pm Dejar un comentario

Orlando Barone: Gracias año; nos dejaste con la boca abierta

 

Quedan pocos días para el festejo de año nuevo. Un festejo que 2009 se merece. Demos gracias a los malos augures que desde aquel año nuevo de hace doce meses anunciaron catástrofes que no se cumplieron. Gracias por el vasto desacierto. Por dejar que fracasaran los heraldos del fracaso. Fuera con las malas pitonisas y los malos deseos. Gracias a esos feroces y divulgados economistas, políticos, periodistas, medios, fundaciones, consultoras, oenegés y charlatanes sueltos, por equivocarse en augurar colapsos; gracias por no acertar, gracias por dejar expuestos al ridículo a las profecías y a sus profetas. Gracias buen año por dejarnos entender qué significa y qué no significan los significantes que vienen envueltos con las noticias. Un aire de cambio de época atraviesa el calendario. Un aire que se lleva a antiguos y yertos anacronismos. Gracias a este despabilamiento que nos permite ver desnudos y sin máscaras a tantos intereses largamente disfrazados de desinterés y ética pomposa. Gracias por revelarnos qué diferencias hay entre el credo y el poder cardenalicio; entre el judaísmo y un rabino rabioso; entre la justicia y el linchamiento; entre la promesa política y romperse el trasero; entre rechazar leyes y crearlas; entre la negación y las ilusiones. Entre la burbuja especulativa y el Estado sólido. Entre el rezongo de la inseguridad jurídica y la convicción soberana. Gracias 2009 porque lograste que las realidades felices desplazaran a las fabulaciones amargas; y porque empujaste a la derecha a salirse de la hipocresía. Gracias por sincerar a los opositores. Por enseñarnos la diferencia entre un gaucho de departamento y un gaucho, entre un campesino y un rentista, entre un aspirante al ALCA y uno al Alba ; entre un colonizado que soba al emisario y un descolonizado que lo pulsea; entre un alcahuete y un militante. Y gracias por dejar que la Argentina pudiera transparentarse a pesar de las veladuras que se propusieron enturbiarla. Y que pudiera dejar a la vista a los alborotados alborotando y a los hacedores, haciendo. No es para tirar manteca al techo pero por suerte hay manteca; no es para tirar la casa por la ventana pero hay casa; no es para hacer aspavientos de consumo, pero hay consumo. No es para exagerar que los jubilados son prósperos pero ya no son excluidos. No es para decir que la Argentina es una fiesta, pero se alejó del plano inclinado. No es para decir que esta es la llegada, pero este puede ser el camino. Sí, año 2009, gracias. Nos dejaste con la boca abierta y a los agoreros con la boca cerrada.

Fuente texto: blog orlandobarone.blogspot.com, 18 de diciembre de 2009

Fuente imagen: página web theorangemarket.com

Publicado en  on Diciembre 30, 2009 at 4:34 pm Dejar un comentario

Alejandro Horowicz: La lección que la clase media no aprendió

 

Los comerciantes conocen el secreto: la adolescencia contiene casi todo el target “aspiracional hacia arriba y hacia abajo”: los chicos y chicas de 9 a12 años quieren ser adolescentes, lo mismo sucede con los de 30, más allá de su sexo, y los que tienen más edad de ningún modo aceptan que se note.

En materia de distribución del ingreso y pertenencia a clases sociales ocurre otro tanto: todos quieren ser de clase media. Al menos así piensan los economistas del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad Nacional de La Plata. La tesis, más sociológica que económica, permite ver que la  “clase media” funciona como proyecto tanto para  pobres como para ricos. A ese club todos creen/quieren pertenecer.

“Un 50 por ciento de la población piensa que se ubica en los dos deciles –20 por ciento– del segmento medio, y eso es matemáticamente imposible”, explica Guillermo Cruces, economista de la UNLP. El efecto observado resulta asimétrico, ya que son más los ricos que creen pertenecer al club, que los pobres que pueden acceder a él.

Pero: ¿cuál es la magia de la clase media?

Victoria Ocampo sostuvo alguna vez: “Tengo casi todo lo que se puede tener”. Si alguien le hubiera preguntado a qué clase social pertenecía, seguramente no hubiera dicho the middle class. Para Marx ésta era la clase que no es burguesa ni proletaria, la que oscila entre el yunque y el martillo. Ocampo fue absolutamente consciente de su lugar, y por tanto de las obligaciones que “naturalmente” le correspondían, ya que la historia argentina era un asunto de su familia. José Alfredo Martínez de Hoz, otro integrante nato del mismo club, me explicó –en su despacho del quinto piso del Ministerio de Economía–: ser ministro para mí es “una obligación”; obligación que surgía de los privilegios sociales que había usufructuado. “A grandes ventajas, grandes obligaciones”, sostuvo. Hablaba en serio.

Pues bien, las virtudes de la dictadura burguesa terrorista y de sus beneficiarios sociales y políticos han quedado atrás; hoy nadie quiere hacerse cargo de responsabilidad alguna, sólo se trata de vivir en un país barato, tranquilo y eficiente. Cuando se observa el temario del debate que atraviesa a la sociedad argentina, todo queda claro: no se trata de una discusión sobre el nuevo perfil industrial ni de las dificultades para integrar política y económicamente Sudamérica, ni siquiera la cuestión ambiental; por eso el rabino Bergman y Abel Posse dan el tono; un tono que remite a los argumentos explícitos de Luciano Benjamín Menéndez. Y todo lo demás es historia.

Una conocida que dispone de varios millones de dólares y vive en una preciosa casa en Nordelta proclamó suelta de cuerpo: “La clase media tiene que defenderse”, dando por sentado que ella pertenecía a tan primoroso club. Debemos admitir que dice la verdad de sus aspiraciones. En todo caso, el temario del country –seguridad, policía, delincuentes y libre circulación por las rutas argentinas– la incluye, y contiene todas las aspiraciones de la hegemónica “clase media”. ¿Y las otras? No existen, en todo caso hay que reconstruirlas.

Mientras la sociedad argentina tuvo una clase dominante que actuaba como dirigente las demás discurseaban proyectos más o menos “propios”. No bien el único programa se redujo a vivir en paz, a que nadie te joda, a poder disfrutar de lo obtenido y sacarle el mejor provecho posible, un horizonte genocida se abrió para la sociedad argentina. En ese horizonte todos los que constituyen alguna clase de obstáculo –los pobres, los inmigrantes, los sometidos a condiciones de marginalidad, los que dependen de la acción del Estado, los minusválidos, etcétera– son sospechosos de integrar la vasta conjura que impide a la gente respetable dedicarse a nada. Esto es, que nada tenga que importarte salvo hacerse las lolas, o cambiar una esposa de 45 por una más tilinga de 22,  mientras todos tratan de seguir siendo indefinidamente adolescentes.

El 2001 mitigó durante una fracción de segundo histórico esta paupérrima perspectiva que el menemismo terminó de instalar con tanto éxito; pero no bien el 3 a 1 se estabilizó, cuando el viento de cola del mercado mundial volvió a mostrar que Dios era argentino con buenos precios agrarios internacionales, cada cual volvió a sus asuntos, esperando que  el gobierno se hiciera cargo de todo lo demás. Con la reaparición del conflicto social –la 125 trajo a la superficie los sedimentos más miserables y constitutivos de una sociedad que no repensó nada– los temores revivieron, movilizados por el nuevo horizonte de crisis; todas las pústulas de la sociedad argentina se recobraron; y una vez más quedó claro que los responsables de la dictadura terrorista no eran sólo tres comandantes militares sino la compacta mayoría  que –implícita o explícitamente– militó bajo las banderas del “por algo será”.

Ahora se entiende: la sociedad argentina se observa a sí misma desde la perspectiva de la clase media adolescente, porque de ese modo no es responsable de nada; y si no es responsable otro tendrá que hacer lo que haya que hacer, para que comprar Chanel Nº 5 en el duty free shop deje de ser un engorro. Y ese otro se parece peligrosamente al Fino Palacios.

Fuente texto: diario  Buenos Aires Económico, 14 de diciembre de 2009

Fuente imagen: página web casamerica.es

Publicado en  on Diciembre 28, 2009 at 4:34 pm Dejar un comentario

Luz Laici: País catástrofe

 

Nos íbamos a morir todos por la gripe A. Con suerte, el que quedara vivo podría sobrevivir a la inseguridad o mantendría su puesto de trabajo. Aún peor si era agropecuario: la sequía no dejaría lugar a disfrutar de los excedentes de la soja o las cabezas de ganado vendidas en el mercado internacional. Otro resto, en cambio, debería sortear las inclemencias del descalabro climático: inundaciones que ahogan y el mosquito del dengue amenazando a los argentinos. Un país dividido en oficialista u opositor, sin posibilidades de expresarse libremente. Porque usted vio, doña Rosa, que buscaron cercenar la palabra y quedarse con todos los diarios y canales de televisión. Y, entonces, ya no tendremos a TN para mandarle el saludo de fin de año ni habrá tribuna pública donde decir que nos molestan los piqueteros que condicionan la normal circulación. Mejor será prender una vela y rezar: que encima, padre, ahora cualquiera puede fumarse un porrito y quebrar la moral con un matrimonio homosexual.

Cuando los argentinos choquen sus copas, pensarán que el 2009 fue un año difícil. Se anunciaron catástrofes y todavía se vaticinan malos augurios de cara al año del Bicentenario. Pero, perdón por la pregunta incómoda, ¿tan mal la pasamos? Diciembre es época de balances. Compruébelo usted mismo.

Catástrofe 1: Gripe A.

Pronóstico: Cuando esta enfermedad empezó a ser noticia internacional, todavía no había invadido suelo argentino de modo implacable. Cuatro días después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia –el 11 de junio–, se conoció la primera víctima fatal en el país. Pero los agoreros del naufragio se hicieron presentes con rapidez: “Sin emergencia sanitaria, habrá más muertes”, anunciaron.

Balance: En la primera semana de diciembre, el Ministerio de Salud informó 11.234 casos positivos, con un saldo de 613 personas fallecidas. Nunca es buena noticia dimensionar los números de la muerte; cada una representa un dolor inconmensurable. Pero, analizadas en perspectiva, la mortandad masiva por gripe A anunciada a mediados de 2009 aparece cuanto menos diluida para fin de año: el número de víctimas fatales a nivel mundial ascendió a 7.826 “con picos en América del Norte, el Caribe y Europa”. En América latina –incluida la Argentina–, murieron más personas por gripe común –cerca de 3500– y la A ya tiene vacuna a la vista.

Catástrofe 2: Crisis económica internacional.

Pronóstico: En el ámbito local, se tradujo en reservas alicaídas, dólar por las nubes, producción en descenso, sequía fatal y desempleo de dos dígitos. La crisis que explotó en 2008 iba a impactar desde La Quiaca hasta la Patagonia. Una réplica posmoderna del crack del ’29 que la Argentina no podría soportar. Los expertos locales recetaron ajuste, reducción del gasto público, devaluación. Y denunciaron que “los K se están robando la plata de los jubilados”, ante medidas como la asignación universal por hijo.

Balance: La realidad funciona como la mejor de las respuestas. Al uso de Merlo, basta un paso a paso. 

- Campo. Según el último informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la cosecha de soja local se ubicará en  52,5 millones de toneladas en la campaña 2009/2010, una cifra récord. A lo largo de 2009, los productores se quejaron –y alertaron– por los efectos de la sequía, que se tradujo en menores plantaciones de trigo y maíz y disminución de cabezas de ganado. En ese marco, el gobierno nacional firmó la Ley de Emergencia Agropecuaria con un fondo previsto de 500 millones de pesos anuales.

- Desempleo. Los últimos días de noviembre, el Indec reveló que el porcentaje de desocupados ascendía al 9,1 por ciento. La cifra no alcanzó los dos dígitos y comenzó a revertir su tendencia creciente desde octubre. El ministro de Economía, Amado Boudou, se animó a más: “El 2010 marcará un desempleo menor al 8 por ciento”.

- Dólar. Tras el fin de la convertibilidad, los pronósticos desalentadores avanzaron hasta el límite de lo sorprendente. Pero la moneda norteamericana casi nunca superó los cuatro pesos y hoy oscila alrededor de los 3,8 pesos. El incremento en el tipo de cambio –10 por ciento, en el primer trimestre– junto con una suba en los títulos públicos, provocaron una proyección de ganancia récord en el Banco Central: 10 mil millones de pesos.

Catástrofe 3: Dengue.

Pronóstico: El mosquito transmisor del dengue apareció con las altas temperaturas veraniegas. Los afectados por el mal se convirtieron en la imagen del abismo: cada lluvia recurrente alimentó las denuncias contra un sistema de salud que, sin demasiada prevención, comenzó a correr detrás de los diagnósticos consumados. En la Argentina, la cifra de casos superó la barrera de los 20 mil.

Balance: En medio de la pelea contra el dengue, la entonces ministra Graciela Ocaña cuestionó a Elisa Carrió, por “politizar la problemática”. La fumigación en el país logró controlar la epidemia y evitó la aparición de nuevos casos. En las últimas semanas se habló de un caso que fue desmentido. Sin embargo, el titular de la cartera de Salud, Juan Manzur, adelantó una campaña para evitar un rebrote. Siempre se puede mejorar, por supuesto. Pero murió más gente por accidentes de tránsito que por el famoso mosquito Aedes aegypti.

Catástrofe 4: “Los K o el caos”.

Pronóstico: Con la transversalidad diluida, el ex presidente Néstor Kirchner tensó la cuerda  y también apostó por el apocalipsis: aconsejó adelantar las elecciones y arrastrar a los propios con candidaturas testimoniales. Hubo contraataque: la oposición acusó al oficialismo de fraude.

Balance: El 28-J cambió el panorama político. La oposición se impuso en la mayoría de los distritos y el kirchnerismo reconoció la derrota. No hubo caos el día después. Dispersos, los opositores no unificaron propuestas y el Gobierno avanzó con iniciativas como la Ley de Medios o la implementación de la asignación universal por hijo. En resumen, ganó la sociedad.

Catástrofe 5: Ley de Medios.

Pronóstico: “Recortan la libertad de expresión”, “TN va a desaparecer”, “Es la ley de medios K”. La reforma a la ley de radiodifusión dejó un tendal de titulares apocalípticos. El entonces presidente de la UCR, Gerardo Morales, fue autor de unos cuantos. Calificó al proyecto como “un mamarracho” y aseguró que “recorta la prensa independiente”.

Balance: El proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue debatido a nivel nacional e incluyó modificaciones. Asimismo, contó con el apoyo de los sectores de centroizquierda que posibilitaron una holgada aprobación en el Congreso. Su reglamentación no arrasó con los medios existentes. La reestructuración del mapa de medios local será paulatina, incentivará la creación de puestos de trabajo y abrirá el espectro a más voces. Lo único que resta saber es si Jorge Capitanich puede –o no– integrar la autoridad de aplicación en su doble rol de gobernador y autoridad de control.

Catástrofe 6: La Argentina es Colombia.

Pronóstico: Más robos, asesinatos y niveles de inseguridad que nos equiparan con la violencia con la que conviven diariamente los colombianos. Un ritmo que nos encamina hacia una muerte segura y debe combatirse con mano dura, represión y menores tras las rejas.

Balance: Si bien la inseguridad es una de las cuestiones que más preocupa a los argentinos, las voces más reaccionarias despertaron la respuesta de sectores académicos, culturales, políticos, sociales: se rechazó un discurso tendencioso y se le contrapuso el compromiso y la lucha de organizaciones como H.I.J.O.S. o las Madres del Paco, que apuestan a la apertura de centros de atención especializados en adicciones.

Catástrofe 7: Piquetes y furia.

Pronóstico: Las protestas sociales de grupos piqueteros, oficialistas y opositores, desataron la furia: diversos sectores criticaron estas prácticas y reclamaron “represión y acción policial” frente a la protesta social. Los más osados profesaron que el caos había llegado para quedarse: “Comienza un largo período de angustia social”, anunciaron.

Balance: El corte de calle como forma de reclamo no es una estrategia nueva: a finales de los ’90 se impusieron como forma legítima para oponerse a una situación social injusta. Y se le sumaron las marchas multitudinarias por las principales arterias urbanas. A lo largo de este año, esta forma de expresión sirvió tanto para disputarse el reparto de planes sociales como para visibilizar despidos injustos, como sucedió con la fábrica Kraft. Causa molestia, pero la mayoría de nuestros males no proviene de este tipo de protestas, sino de los problemas que las originan.

Catástrofe 8: Marihuana legal y el matrimonio gay.

Pronóstico: La despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal abrió la puerta de la paranoia. “Provocará un aumento desmesurado de adictos”, advirtieron algunos. Algo similar ocurrió cuando ganó fuerza la posibilidad de legalizar la unión civil para personas del mismo sexo. “Van a reproducirse los gays”, anunciaron los más retrógrados, instaurando un clima similar al de 1985, cuando se debatía la Ley de Divorcio y se temía la multiplicación de separaciones.

Balance: El 25 de agosto pasado la Corte Suprema consideró inconstitucional penalizar a un adulto por tenencia de marihuana. Lejos de predicciones oscuras, no aumentó el nivel de consumo. La legalización del matrimonio gay no corrió con la misma suerte. Hasta el momento no se legalizó una cuestión que, se sabe, existe de hecho.

Catástrofe 9: Guerra oficialismo-oposición.

Pronóstico: La renovación de autoridades en el Parlamento desató una lucha por el poder. “Se acabó la hora de comprar voluntades”, advirtió Eduardo Duhalde. “La unión de la oposición no es circunstancial”, lanzó Felipe Solá. Y Elisa Carrió afirmó: “Ahora van a tener que dialogar”. Desde el Gobierno, subieron la apuesta: “Usaremos el poder de veto”. El ocaso del kirchnerismo y una oposición vedettizada por la falta de acuerdos asistieron al convite de un escenario poco alentador.

Balance: A pesar de los distanciamientos, comenzó a primar cierta cordura. El jefe del bloque K, Agustín Rossi, apeló a la necesidad de encontrar consensos y el radical Ernesto Sanz destacó el equilibrio del Parlamento. La democracia puede resistir y tramitar estas diferencias. A 26 años de reestablecida, es una buena noticia.

Informe: Deborah Maniowicz

Fuente texto: revista Veintitrés, 10 de diciembre de 2009

Fuente imagen: blog asoci.blogspot.com

Publicado en  on Diciembre 26, 2009 at 12:57 pm Dejar un comentario

Orlando Barone: El síndrome de las fiestas y la condición humana

 

Es un síndrome complejo. Y si se piensa, innecesario. Del síndrome participan voluntaria o involuntariamente las familias. Sean la de uno u otro lado; la de ella o la de él; o la propia, a solas y privada. Hay protagonistas y efectos recurrentes ya clásicos: suegras y suegros, cuñadas y cuñados, y nueras y yernos antiguos o nuevos que suelen ser los que más influyen en disparar este fenómeno. Los abuelos, aparte de la histórica carga de nostalgia, aportan sus estados de ánimo que en la vejez no son preferentemente idílicos. Y están los bebés y los niños. Juegan un papel trascendente, ya que su propensión al lloriqueo, al caprichismo, y a la eventualidad de que se encastren en el ojo la chispa de una bengala que pasaba por inocua, mantienen a los comensales en un estado irritativo que, contenido por diplomacia hacia los padres, causa estragos orgánicos posteriores. El síndrome de las fiestas se revela por estos días de diciembre, y al contrario del síndrome de abstinencia este es de abundancia. Abundancia de objetos olvidables en su mayor parte y abundancia de saludos y besos a la marchanta. No cuento las tarjetas, los e mails y los mensajes de texto porque para esos hay un gran pozo de la nada donde se introducen al instante de ser remitidos. El síndrome también abunda en ansiedad, en melancolía, en falta de tiempo, en amontonamiento familiar y en un conjunto de fenómenos físicos y psíquicos que responden a los estímulos de época. A los del arbolito de Navidad de plástico no bio degradable que Greenpace considera antiplaneta y a los de los brindis en cadena con prevalencia de bebidas no recomendadas por el manual de enología. El contexto que rodea las vísperas de las fiestas es de alta intensidad de preparativos. Y de consumo. El nivel adquisitivo diferente entre unos y otros, aparte de la categoría según las góndolas sean de primera o de outlet, no cambia las sensaciones de la masa de involucrados. Compitan en el menú el vittel thoné , más obvio que la ensalada rusa y que el peceto mechado con ciruelas ; compitan el chancho asado a la parrilla, donde un voluntario suda por todos; o compitan con la centolla y el sushi, igual el debate interno entre los que van a reunirse adquiere una tensión de beligerancia. Si ir a lo de aquél o a lo de los otros; si evitar a la cuñada inaguantable o al tío chistoso que nunca renueva el repertorio. Si viajar a la loma del kinoto para tener que volver a la madrugada por meandros sombríos; si hacer la fiesta en casa y resignarse a que los invitados lleguen con hambre y ni siquiera traigan un postrecito de morondanga; o si ir a un restaurante y los que pidan vinos caros que lo paguen aparte. Uno de los efectos más riesgosos del síndrome es el stress al cohete que produce. Además de la conspiración doméstica que condena a la maledicencia a la nuera que solo come lechuguita con alita de pollo pigmeo y que no mueve el culo de la silla ni para levantar un plato. El tira y afloje entre la familia de ella y la de él lo gana la de ella. A lo que se agrega el invitado colado que nunca falta y se lanza en la mesa a pontificar sobre la ética y se sabe que a su mujer no le paga la cuota de los hijos desde hace un año. Si algo hay como resumen descriptivo de la condición humana son las fiestas. Ni aunque la tía del inexorable pío nono, por una vez prepare un plato nuevo sugerido por Maru Botana, ni aunque el primo más zarpado tenga lista una batería de fuegos artificiales que aterroricen al caniche toy y amenacen con incendiar la casa, el ritual levanta vuelo. El síndrome contagia en directo. Por osmosis o a la segunda potencia. Para evitarlo habría que esconderse. O no querer a nadie.

Fuente texto: blog orlandobarone.blogspot

Fuente imagen: blog tallerderadio.blogia

Publicado en  on Diciembre 23, 2009 at 12:06 pm Dejar un comentario

Luis Bruschtein: El odio sigue vivo

 

Por lo general han expresado más odio los que defienden a los represores, que los familiares de las víctimas. Eso ha sido una constante desde que se fueron los militares. En un sentido tendría que ser al revés: los familiares tendrían más motivos para odiar. Pero lo que se hizo durante la dictadura tenía que cabalgar sobre un odio tan profundo que fuera capaz de galvanizar cualquier objeción, cualquier atisbo de conciencia. Esa clase de odio no tiene competencia.

Este zumbido de arco voltaico, de cable de alta tensión, se sintió los primeros años de democracia cuando Alfonsín hizo los juicios a los comandantes. En esos años se manifestaba en forma abierta en levantamientos carapintada, bombas, solicitadas y editoriales. Pero cuando la sociedad aceptó como reales los crímenes que trataban de defender, el odio persistió como un movimiento subterráneo que buscaba alimentarse de otros descontentos.

Cuando Kirchner reivindicó a los militantes de los ’70, cuando condenó las violaciones a los derechos humanos, anuló la Obediencia Debida y el Punto Final, entregó la ESMA a las organizaciones de derechos humanos, cuando desarrolló una política para cerrar heridas a partir de la justicia, el zumbido de furia aumentó y se convirtió en telón de fondo, en condimento de desborde de protestas como la de las entidades patronales del campo o las de la inseguridad. Ese odio de grito desaforado, de insulto explosivo, no fue sólo por las retenciones ni por la ola delictiva. Esas protestas quedaban engarzadas en una modalidad para odiar que se relaciona con la política de derechos humanos. En algunos de los actos de estas protestas siempre se escuchó atacar a los organismos de derechos humanos, a veces con la excusa del garantismo, a veces con la excusa del orden reclamado. Y en todos estos movimientos siempre aparecieron personajes relacionados con este odio, ahora reconvertidos en ruralistas o antigarantistas. Es una forma de odiar que tiene un sector de la sociedad argentina que respaldó a la dictadura y se siente humillada por la política de derechos humanos.

Cuando se anuló la Obediencia Debida y el Punto Final, hubo voces que dijeron que eso era fácil porque era una vía de acción que ya no tenía costo político. El secuestro y la desaparición de Julio López demostró que el odio estaba vivo.

Para los que vivieron la dictadura y se formaron en una sociedad hipócrita que llamaba democracia a un sistema de tutela de las fuerzas armadas, las ideas que publicó el ministro de Educación porteño, Abel Posse, tienen muchas reminiscencias con el sentido común de época de los años ’60 y ’70 que preparó el clima para justificar los crímenes de la dictadura. Podía ser una tía, una maestra en la escuela, el almacenero, no eran personas particularmente malas o violentas, pero repetían la idea de que había que hacer cualquier cosa para sobrevivir. El odio se induce por el miedo, por la idea de que estamos en peligro por el caos. A ese peligro se responde con odio o mano dura. Cualquiera sabe que el odio es la peor forma de reaccionar porque tiene consecuencias peores que su causa. El odio no soluciona nada pero se usa políticamente, ya no para la inseguridad ni para las retenciones, sino para debilitar a un gobierno o provocar su caída. Ha sido así en la historia reciente de nuestro país. Esa tía, la maestra o el almacenero odiaron y después se arrepintieron. Reflexionaron que no había motivo para tanto odio y hasta se olvidaron que lo sintieron. Qué estupidez, el daño ya estaba hecho.

Una voz en el helicóptero pidió que asesinen a Cristina Fernández el día que comenzó el juicio de la ESMA. Es la señal del odio que eligió ese momento para aparecer. Demasiada, sospechosa, imposible casualidad. Esa voz demuestra que a pesar de lo que diga Posse, los juicios y las condenas son más necesarios que nunca. Porque, justamente por lo que dice Posse, ese odio sigue vivo y se alimenta de malos pero también de inocentes que dejan de serlo aunque después se arrepientan.

Fuente diario: Página 12, 15 de diciembre de 2009

Fuente imagen: las fotos de Cecilia Pando fueron extraidas de  página web diariobuenosaires.com.ar

Publicado en  on Diciembre 21, 2009 at 2:11 am Dejar un comentario

Washington Uranga: Una manera de entender el mundo

 

En Oslo, con un discurso que incluyó pasajes que podrían ser reivindicados por su predecesor George Bush y lejos de lo que muchos esperaban de él mismo, Barack Obama desairó a quienes lo premiaron (a cuenta y por supuestos futuros méritos) con el Nobel de la Paz, haciendo una reivindicación de la guerra “justificada” (¿?). En la misma ocasión, el presidente norteamericano, que cada día se parece más a sus antecesores salvo por el color de su tez, dejó en claro que por encima de todo es el mandatario de la primera potencia del mundo y –mientras ordenaba enviar más fuerzas a Afganistán– pretendió sacarse de encima el adjetivo de cínico con el que sabía que le apuntarían porque “hacer uso de la fuerza es apenas reconocer la historia y las imperfecciones del hombre”. Le faltó decir que para corregir el rumbo de la historia y poner a raya las imperfecciones está, precisamente, el poder económico y bélico de los Estados Unidos. A su lado, Michelle, siempre tan bien vestida, lo miraba con orgullo.

Con lógica similar, pero en el ámbito local, Abel Posse asumió la cartera de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, reivindicando a los militares golpistas y violadores de los derechos humanos, la “mano dura” y acusando al gobierno nacional de “troskoleninista”. Tampoco es nuevo lo de Posse. Con la diferencia de que el ahora ministro de Educación de la Ciudad se parece a sí mismo y a quienes, como él, siguen haciendo apología de los desmanes de la dictadura militar. Así como Obama dice representar el sentir de los norteamericanos, Posse asegura ser vocero de mayorías al sostener que lo que él expresa “lo siente todo el mundo”. Si bien se puede discrepar con esta afirmación (basta preguntarse cuántos votos obtendría Posse como candidato a cualquier cargo electivo), es evidente que el ahora ministro es un vocero del sector más fascista e intolerante de la sociedad argentina. Su militancia en este campo le valió la reivindicación del múltiple asesino y torturador Luciano Benjamín Menéndez en el mismo momento en que éste recibía su tercera condena a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad. Posse orgulloso y Mauricio Macri, elegante como siempre, no dudó en sonreír para la foto al tomarle juramento como titular de Educación porteño.

Mientras tanto, llenándose la boca con supuestos valores democráticos y reivindicando la institucionalidad, el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, repitió el mismo recorrido que ya transitó otras veces. Primero pidió “descabezar la gobernación” de la provincia de Buenos Aires, una afirmación más cercana al golpismo y al autoritarismo propio de un patrón de estancia que a una persona que pretende ser referente de la oposición y que suele señalar al oficialismo por actitudes que considera antidemocráticas. Por supuesto también Biolcati dice hablar “en nombre de la gente”. Luego él mismo se desdijo a medias con una frase patentada por quienes, convencidos del tenor de lo dicho, siguen el consejo de los asesores de imagen para mitigar los efectos colaterales de la brutalidad de las afirmaciones. “Mis palabras fueron poco felices”, aseguró. Al lado de Biolcati está Eduardo Buzzi, el titular de la Federación Agraria que en otro tiempo fue trinchera de las reivindicaciones de los pequeños y medianos productores. Convenientemente ataviado para no desentonar con el “look” de sus colegas de la Mesa de Enlace, Buzzi sonríe para la foto “del campo” mientras simula no darse cuenta de las verdaderas intenciones de sus socios.

Daniel Paz & Rudy

En distintos registros y situaciones, Obama, Posse y Biolcati forman parte de la misma manera de entender el mundo, según la cual la única verdad es la propia y, “por el bien de todos” y por encima de cualquier argumento, hay que imponerla así sea por la fuerza y la violencia, también por sobre las instituciones, cuando éstas no son funcionales a lo que ellos pretenden.

Fuente texto: diario Página 12, 13 de diciembre de 2009

Fuente imagen número 1: blogs.20minutos.es

Fuente imagen número 2:  diario página 12

Publicado en  on Diciembre 19, 2009 at 12:30 am Dejar un comentario

Ricardo Forster: Israel, lo judío y los dilemas de la historia

 

En un ensayo medular, George Steiner despliega una honda y perturbadora reflexión alrededor del equívoco inevitable que atraviesa de lado a lado a esa extraña Nación que llamamos Israel (digo extraña porque suele medírsela con una vara muy distinta a la que se utiliza con el resto de las naciones del mundo; una vara signada por lo absoluto, por la pureza total de la que debería dar cuenta por su origen o la del más brutal de los envilecimientos que acaba por transformarla en la patria diabólica, en la nueva encarnación del mal; nada, cuando se habla de Israel, es directo ni ingenuo). Cito, entonces, a Steiner: “En el manifiesto fundacional y secular del sionismo, el Judenstaat de Herzl, el lenguaje y la visión imitan orgullosamente al nacionalismo de Bismarck.  

Israel es una nación en grado máximo: vive armada hasta los dientes. Para sobrevivir día a día, ha obligado a otros hombres a vivir sin hogar, los ha convertido en seres serviles, desheredados (durante dos milenios, la dignidad del judío consistía en ser demasiado débil para hacer que otro ser humano viviese de forma tan inhóspita y difícil como él mismo). Las virtudes de Israel son las de la sitiada Esparta. Su propaganda, su retórica del autoengaño, son tan desesperadas como las de cualquier nacionalismo de la historia. Bajo una presión externa e interna, la lealtad se ha atrofiado dando paso al patriotismo, y el patriotismo ha dado paso al chovinismo. ¿Qué lugar, qué excusa cabe en esa plaza fuerte para la ‘traición’ del profeta, para el rechazo de Spinoza a la tribu? El humanismo, dijo Rousseau, es ‘un hurto cometido contra la patrie’. Bien cierto.” (“El texto, tierra de nuestro hogar”).Desde la lejanía de su historia, el pueblo de Israel ha sabido atravesar diversas vicisitudes tanto espirituales y materiales como políticas, culturales y sociales; ha conocido al dios de la guerra y de la venganza del mismo modo que supo escuchar la voz clara y potente de los profetas que clamaban contra las injusticias cometidas en su nombre; conoció el reino davídico-salomónico, ese que sería convertido en leyenda y en promesa restitutivo-mesiánica olvidando las penurias de los “constructores de los palacios”, esas masas anónimas que siempre fueron explotadas a lo largo de la historia, para enaltecer la majestuosidad de los poderosos amparados por el “brazo fuerte” de Yahvé; pero también conoció el exilio, la dispersión de las tribus, el sometimiento a los distintos imperios de la antigüedad; supo de la resignación y de la rebeldía; conoció la palabra única y desafiante de Amós y de Isaías que supieron desgarrar los velos de las mentiras y de las injusticias fundando una tradición que se continúa hasta nuestros días; desplegó los lenguajes de una nueva ética que supo hacer del huérfano, de la viuda, del pobre y del extranjero el eje central de la hospitalidad y del acogimiento del otro; supo construir la patria en el Libro cuando perdió la tierra natal.

En su seno convivieron el deseo tribal, ese que recogía los mitos y los símbolos de un pueblo único, fuerte, capaz de someter a otros pueblos y de erigirse en una Nación poderosa, junto con la universalización de la promesa mesiánica, esa que se transformaría en el humus de las siembras más significativas que se hicieron en nombre de la libertad y la igualdad de todos los seres humanos. Pueblo girado sobre sí mismo, enclaustrado en su autorreferencialidad; pueblo de la escritura y de lo abierto, hijo de un nuevo cosmopolitismo asociado a la interpretación interminable del libro; pueblo del desarraigo convertido, por los poderosos de ayer a lo largo de dos milenos, en extranjero eterno, en paria, en labrador de palabras en el viento porque carecía de tierras para cultivar.

2. Un pueblo, como escribía Franz Rosenzweig en La estrella de la redención, que al renunciar a dar la sangre en defensa de la tierra se convirtió en el pueblo de la eternidad del tiempo (por esas paradojas de la historia y de las pasiones, Rosenzweig pensaba en que el destino del judaísmo se había sellado con esa renuncia que le había permitido sustraerse al olvido que la historia les tenía reservados a la mayoría de los pueblos de la antigüedad que decidieron dar sus vidas, derramar sus sangres, para defender un pedazo de tierra o un Estado, lo mismo da, transformándose apenas en una nota a pie de página en los libros de historia; renunciando a ese acto guerrero los judíos se transformaron radical y absolutamente haciendo de la diáspora y de la lectura el laberinto inconcluso de una patria sin dominios ni violencias que se fue construyendo alrededor y en el interior de ese libro quemado por los poderes cristianos a lo largo de siglos y siglos y que lleva el nombre de Talmud –libro sin potestades definitivas ni principios de autoridad demarcatorios y censores; libro de márgenes y glosas, de interpretaciones inacabables, de discusiones que subvierten la continuidad del tiempo–).

A la sombra de ese libro inabarcable y de las escrituras bíblicas se levantaría, en los años dominados por la cristiandad medieval, la sabiduría de los cabalistas, maestros no sólo del lenguaje y de sus misterios sino portadores de una interrogación inagotable capaz de hurgar en los secretos del mundo mientras la hostilidad y la violencia se cegaban con los cuerpos y los libros del pueblo errante. De esa saga de lectores infatigables, de buceadores de perlas en los fondos oceánicos de la vida y de las escrituras, saldrían los heterodoxos y los herejes, los fieles cultores del ritual y los forjadores de nuevas sendas. Allí se inscribirían los nombres de Maimónides y de Spinoza, de Mendelsohn y de Marx, de Rosa Luxemburgo y de Walter Benjamin, de Sigmund Freud y de Franz Kafka. Nombres para recordar la rama dorada de un humanismo en vías de extinción, amenazado desde adentro y desde afuera por una sociedad de la depredación económica, cultural, militar y social. Hace tiempo que Israel ya no responde a esas tradiciones sino a la reinante razón de Estado, como la mayoría de las naciones del planeta. La vía nacional-militar que viene emprendiendo con mayor intensidad desde la Guerra de los Seis Días ha herido muy duramente a lo mejor que esa sociedad guardaba dentro suyo. Lo que le queda ahora es la mitificación y la sordera ante el dolor del otro, del despojado, del expropiado, del nuevo paria. ¿Era esa la razón de ser de los sueños de Buber y de Scholem, de Ahad Haam y de Leibowitz?

Para Rosenzweig, que escribió y vivió antes de la Shoá, la alternativa planteada por el sionismo se desviaba de lo que él consideraba las fuentes y las riquezas del judaísmo diaspórico, esa extraordinaria cualidad de habitar la eternidad del tiempo sin plegarse a las idolatrías nacionales. Discutió amargamente con Gershom Scholem quien, en esos años previos al nazismo, eligió dirigir sus pasos hacia Jerusalén para defender allí, junto a algunos otros entre los que se encontrarían el fundador de la Universidad Hebrea y Martin Buber, la idea de una nación para dos pueblos, la búsqueda de la convivencia judeo-palestina. Los sueños de Scholem y de Buber, también en parte los de Einstein, de aquello que se llamó el sionismo cultural y que aspiraba a un hogar compartido, quedarían seriamente dañados por el triunfo de la opción de un sionismo nacionalista y signatario de la Realpolitik que se apresuró a aniquilar cualquier posibilidad de diálogo y de entrelazamiento con las poblaciones árabes nativas, que también guardaban en su seno sectores que se oponían a cualquier acuerdo (vale la pena recordar las negociaciones con la Alemania hitleriana del Muftí de Jerusalén –máximo representante palestino– para no pecar de ingenuidad histórica volcando la balanza y la responsabilidad de un solo lado). Un corte trágico se iniciaba, un corte que volvía a confrontar, en el interior de la experiencia judía, su núcleo tribal-nacional con su otro núcleo cosmopolita-universalista.

3. Hace un par de años, sacudido por la guerra del Líbano escribí las siguientes líneas que quisiera volver a citar: “Toda guerra es miserable y dolorosa; nada justifica la muerte de civiles, la destrucción de ciudades, el horror del bombardeo permanente. Matar en nombre de cualquier fe, religiosa o secular, es, siempre, un crimen. El ejército israelí mata, Hezbollah mata, Hamas mata, Siria mata, Irán mata, Estados Unidos mata… y la lista es mucho más larga, casi inacabable y atraviesa la geografía entera del planeta. La guerra, en sus múltiples versiones y justificaciones, nos deja desamparados en tanto que seres humanos, nos comunica con la crueldad que llevamos muy dentro de nosotros. Por supuesto que no todas las guerras son iguales, ni todas las muertes representan lo mismo. Ha habido guerras inevitables, guerras brutales, guerras en nombre de la libertad que acabaron por expandir la opresión, guerras contra el totalitarismo, guerras de liberación nacional que expulsaron al opresor para imponer otro régimen de dominación tanto o más cruel y represivo. Israel no es la excepción, ni es la cenicienta de las naciones ni es el diablo, ese monstruo en el que lo quieren convertir algunos de nuestros progresistas.

Israel ha librado distintas guerras, ha matado y ha sufrido, ha intentado tejer la paz y también la ha boicoteado, ha tenido en su interior voces ejemplares que llamaron y lo siguen haciendo insistentemente a la concordia entre los pueblos, que reclaman el derecho a un estado palestino, y voces reaccionarias que sueñan con el Gran Israel proyectado desde las escrituras bíblicas y transformados, esos sueños, en delirios de dominación y destrucción. Israel es un país complejo, abigarrado, pleno de contradicciones, sus calles han sido y siguen siendo escenarios de debates políticos, de manifestaciones de distinto tipo, de exigencias en nombre de la paz y de la guerra”.

Hoy, cuando escribo estas otras líneas mi pesimismo ha crecido indignado y hondamente dolido ante lo que el ejercito israelí, como fuerza de opresión, está haciendo con el pueblo palestino y esto más allá de la excusa que se llama “Hamas” (que no representa los valores democrático-humanistas que ha sabido cultivar ese pueblo sufrido, que, antes bien, ha sido y sigue siendo un factor de violencia en nombre de otras formas del fanatismo). Se trata, ahora, en este preciso momento, de la supervivencia moral del pueblo y de la sociedad israelí que ha optado en su mayoría por cerrar los ojos ante el sufrimiento del otro para cebarse en su propia ira profundamente atravesada por el prejuicio, la intolerancia y el olvido de su propia historia. Sin paz, sin derecho palestino a su Estado, sin abrir Jerusalén como ciudad de la hospitalidad, todos, tarde o temprano, y en especial los judíos, volveremos a ser extranjeros.

Fuente texto: revista Veintitres, 3 de diciembre de 2009

Fuente imagen número 1: página web abrelatas.lacoctelera.net

Fuente imagen número 2: blog radiocristiandad.wordpress.com

Publicado en  on Diciembre 16, 2009 at 9:49 pm Dejar un comentario

José Pablo Feinmann: Hoy, Mauricio es Posse

 

Y de pronto: el tsunami Posse. Pocos hombres elegidos para un puesto han dicho tantas inconveniencias antes de asumir. Esas cosas se dicen después o no se dicen. Los sagaces, los políticos habilidosos, tienen la cautela de no anunciar sus canalladas si están dispuestos a cometerlas. O a no ser excesivamente sinceros si saben que eso que piensan les habrá de caer mal a muchas personas, aunque él las odie. Pero se supone que tendrá que negociar con ellas. Eso es la política. Aunque hay algo ya largamente probado: “los K” –como les dice la “oposición” para simular que se trata de un gobierno familiar, de apenas dos personas autoritarias, una especie de orden feudal en pleno siglo XXI– logran, sin proponérselo, que sus enemigos (no adversarios, éstos son abiertamente enemigos) exhiban abiertamente lo peor de sí. Que les brote la basura por todos sus poros. El odio. Que pierdan la paciencia. Que no sepan moderarse. Posse es la más reciente de estas víctimas. Figura entre las más espectaculares. Otras, al expresarse por medio de “libros”, meten menos ruido, aunque nunca poco. Pensemos brevemente en la cantidad de libros que han salido últimamente para arrojar material defecatorio, excremental, estiercolero, sobre la figura de “los K”. Uno de Aguinis, otro de Majul, enseguida uno de un periodista de Perfil, Edi Zunino, antes uno del infaltable Joaquín Morales Solá, un hombre genuinamente atormentado por la también llamada “pareja presidencial”, y ahora, en el colmo del disparate, uno del prestigioso ensayista a quien se suele llamar “el Negro Oro”. No han incurrido en esta modalidad ni Natalio Botana, ni Santiago Kovadloff, ni Beatriz Sarlo ni Tulio Halperin Donghi ni Carlos Altamirano. Por citar algunos que uno habría leído con cierta atención, abierto a sus argumentos. No, son periodistas con un tufillo aventurero. Gente que no ha demostrado talento ensayístico ni ha atesorado prestigio intelectual a lo largo de los años. ¿Qué son, qué buscan? Ventas rápidas, trepar en las listas de best-sellers. Son libros-cacerola. Hay, todavía, una clase media que se los devora. La cuestión es: ¿hay tanta basura para arrojar sobre “los K”? ¿Consigue esa basura abastecer a cinco libros? No, creo que el libro anti-K se ha transformado en un libro de autoayuda. Permite a la Mesa de Enlace (“¿Qué pasó con la Mesa de Enlace?”, se pregunta Barcelona en su reciente número), a los garcas de todo tipo, a la “oposición” (Cobos, Carrió, Michetti) y a toda la inmensa clase media teflonera tener enhiestas sus esperanzas destituyentes. El Plan de Gobierno de la “oposición” es claro y, sobre todo, nada institucional: “Que no lleguen al 2011”. Eso es todo. Pese a ser, entonces, libros de autoayuda, no venden tanto como los verdaderos: los que “curan” el alma. Vuelvo a recurrir a mis admirados barceloneses: “Después de Ari Paluch y Guillermo Andino, los editores salen a cazar a ‘cualquier boludo famoso que firme un libro de autoayuda’”. De esta forma, muchos periodistas “ya han sido tentados para publicar sus propios libros con historias personales, ejemplos de vida, anécdotas estúpidas con moralejas infantiles ‘y todo eso que a la gente boluda le encanta leer para sentirse menos boluda’” (Barcelona, 4/12/2009). No se requiere ni saber escribir. Las editoriales tienen sus escribientes. Sería atinado pensar que el Negro Oro y Aguinis son a la política eso que Ari Paluch y Guillermo Andino son a la autoayuda: escriben, arman, traman, inventan, dicen algunas verdades (al fin y al cabo, es cierto que hay corrupción en este gobierno, sólo que lo que nos espera con el horrible fascismo que está armándose es mucho, pero mucho peor), mienten con descaro, destilan un odio enfermizo, escupen, gritan, sudan y entregan “todo eso que a la gente boluda le gusta leer para sentirse menos boluda”. En este caso, menos sola, más esperanzada, creyendo que llegará el día en que los “terroristas que nos gobiernan” serán destituidos.

Pero Posse ha traspuesto los límites. Yo lo conocía al personaje. Sabía que era un escritor mediocre. Que había escrito una mediocre biografía de Eva Perón. Que había tenido un cargo diplomático en Praga y aprovechó la volada para escribir sobre la estadía del Che Guevara en ese lugar. Estuvo un año ahí y nadie sabe qué le pasó. Posse se puso a investigar y no consiguió mucho. Pero igual publicó un libro apologético sobre Guevara. Antes me lo había cruzado en el sepelio de Fernando Ayala, a quien yo tenía estima por ser el socio de Olivera en Aries y haber financiado los films de Aristarain, entre ellos Ultimos días de la víctima. Yo acababa de estrenar Eva Perón. Con dirección de Desanzo y la gran actuación de Esther Goris. Me divertía preguntarle a todo personaje que hubiera escrito algo sobre Evita si no creía que yo lo había plagiado, pues a muchos se les daba por decir esto. Le dije a Posse: “Habrá advertido que tomé algunas cosas de su libro”. Sonrió feliz. Y me respondió: “Sí, pero no importa”. Por dentro, yo me divertía como loco. Nunca fallaba. Hasta a alguien que tenía una tía que había escrito algo llamado Evita íntima le tendí la misma trampa. Y también me perdonó. Gente generosa. Al único que plagié fue al Sartre del Saint Genet, comediante y mártir. Antes lo había hecho Sebreli, por lo cual algunos despistados me acusaron de haberlo plagiado a Sebreli. Luego supe de Posse por una polémica que tuvo con Tomás Eloy Martínez. Tomás lo acusó de haber sido “colaborador de la dictadura militar”. Me llegó un sobre de Posse. Se lo habrá enviado a algunos para que se enteraran de su respuesta en La Nación, en caso de no haberla leído. Era mi caso. Leí su carta, era de enero de 1998, y decía: “(Martínez) me acusó de haber sido ‘colaborador de la dictadura militar’, simplemente porque no renuncié a mi carrera diplomática (…). Entre 1973 y 1979 era secretario y cónsul en la deliciosa Venecia. Me causaría horror haber renunciado y tener que pensar hoy que lo hice por Galimberti y Firmenich” (La Nación, Cartas de Lectores, 23/12/97). No, cavernícola ignorante, usted no tenía que abandonar su maldita “deliciosa Venecia” por Galimberti y Firmenich, sino porque era funcionario de un gobierno de asesinos, porque, al serlo, era cómplice de ellos, tenía tanta sangre en sus manos como los mercenarios que arrasaban familias, robaban niños, violaban mujeres, torturaban a los hijos delante de sus padres, empalaban seres humanos. (Ver: Feinmann, La sangre derramada, 1998, Buenos Aires, Ariel, p. 136.)

Años después (sin saber nada durante largo tiempo del personaje), me encuentro con otro artículo suyo en La Nación. Describe tan precisamente la modalidad de la tortura bajo los militares que lo he citado en el fascículo N° 106 de mi dilatada obra sobre el peronismo: “Adoptaron la doctrina de la ‘tortura técnica’, rigurosamente limitada e informativa, para desarticular la organización de las células de acción. (Se sabe que la pretensión ‘técnica’ termina invariablemente en abuso, sadismo y la degradación, tanto del torturado como del torturador. Basta considerar lo que está pasando en Irak.)”

“Se estableció una represión legítima frente al alzamiento, pero ejecutada por usurpadores y por medios ilegales e inconfesables” (La Nación, 24 de marzo de 2006). El artículo era a propósito de los 30 años del golpe militar del 24 de marzo. Concluía con democráticos llamamientos a la concordia nacional: “Ojalá esta conmemoración sirva para sellar la puerta del infierno, para no volver la cabeza y paralizarnos en el odio renovado”. Posse ha enloquecido. Cree que los “troskoleninistas” del gobierno Cristina Fernández han abierto de par en par las puertas del infierno. Pero aunque así lo crea, debió haberlo dicho de otro modo. No pudo. No pueden. El odio los denuncia. Se desbocan. Les brotan colmillos. A Macri también. ¿O no sabe a quién pone? ¿Tan ingenuo es? No, si Macri pone al Fino Palacios y a Abel Posse es porque los elige. Y si los elige es porque son fascistas. Y si alguien elige fascistas para que lo acompañen es porque con ellos está cómodo. Y si lo está es porque con la democracia se siente mal, se siente atado. Y los que todavía no se dieron cuenta es porque son tan fascistas como él. La cuestión no es Posse: es Macri. Pareciera que se está transformando aceleradamente en alguien más tenebroso que el muchacho alegre de los ’90, que el hijo de papá con futuro, que el dirigente de Boca, que el entusiasta cantante de temas de Freddy Mercury. Cuidado: ése ya no es Macri. Supongo que no se habrá olvidado el eslogan de la campaña electoral de Filmus contra Mauricio: Mauricio es Macri. No, mucho peor. Hoy, Mauricio es Posse.

Fuente texto: diario Página 12, 13 de diciembre de 2009.

Fuente imagen número 1: Rudy-Paz, extraido del diario Página 12.

Fuente imagen número 2: Rudy-Paz, extraido del diario Página 12

Publicado en  on Diciembre 15, 2009 at 3:14 pm Dejar un comentario

Horacio González: El gobierno de Pinky

 

Por fin llegamos al ápice. Pinky ya les ha tomado juramento. Estamos en la antepuerta de un hecho que podrá tener innúmeras consecuencias para el país. Se abrió una brecha en la historia. Una “illusion comique”, como diría Corneille, por la cual la locutora de nuestra adolescencia ha llamado a jurar por las entidades inmateriales que rigen la terrenal política: patria, evangelios, constitución. No desdeñamos los juramentos, que para los antiguos se hacían sobre la empuñadura de una espada. No estaremos ante la jura de Bolívar en el Monte Sacro, pero por fin en nuestro país se fusionaba una biografía televisiva y un ensueño parlamentario. Basado éste en una mayoría efectiva y una promesa de acción a largo plazo. No podemos ver esto como una entelequia, pues las elecciones se hicieron, los resultados fueron esos, el cómputo de votos se corresponde efectivamente con una nueva mayoría en las cámaras. “La realidad –en fin– es la única verdad.” No es el fugaz noticiario de aquel jueves, que se desvanecerá luego. No, es un fenómeno complejo, urdimbre no convencional, que exige nombre propio. A falta del que vaya a tener, ahora lo llamaremos “el gobierno de Pinky”. El triunfo en una fisura de la historia –¿efímero?, ¿irrevocable?– de una coalición turbadora, que busca por derecha el gran resarcimiento. En otros tiempos lo hubiéramos denominado un triunfo de la reacción, pero ahora inclinado sobre banderas de movilización social e invocaciones a los desposeídos. Complicado momento.

Los dioses que nos sobrevuelan, plenos de furia, parecen haberse saciado. Napoleón dijo a los soldados ocupantes de Egipto “cuatro mil años de historia os contemplan”. Con modestia, Pinky podría decir que a través de ella varias décadas de televisión contemplaban a los diputados de derecha, izquierda y centroizquierda del denominado “bloque A”. Tomando no la Bastilla por asalto sino una letra del alfabeto, prefirieron considerarse activistas de una gesta fundacional. ¿Qué inauguraban? En primer lugar, un tipo de concertación que había sido proclamada hasta el hartazgo por quienes prepararon este momento, “el fin de la crispación”, el “quiéranse los unos a los otros”. De Narváez entremezclado con los que tantas veces proclamaron su pasión por un país socialmente justo, Carrió entremezclada con los que en muchos momentos se expresaron en tonos muy duros contra la política entendida como abstractas categorías morales, los de Macri entremezclados con los que habían pronunciado voces de emancipación. Puede sorprender esta amalgama, se la dirá momentánea, exigida por la impericia de los oficialistas, los desaciertos gubernamentales, la terquedad de los funcionarios del Gobierno –no el de Pinky, el otro–, o lo que sea. Pero su oscuro cántico de demolición no resuena desconocido en la historia argentina, ni sería la primera vez que se da en nuestros laboriosos juegos políticos.

Se ha dicho –el Gobierno también ha dicho– que este bloque A –catalogación deliberadamente incierta– se deshilvana ante el mero soplo de la realidad, cuando aparezcan las más variadas situaciones que se presentan ante las cámaras legislativas. Habrá distintos tipos de leyes, si progresistas una cosa, si ordenancistas otra cosa, distintos énfasis en tal o cual cuestión, una formación de mayorías para asuntos de una índole y mayorías de otra composición si la calidad del asunto cambia. Podrá ser así, es la dinámica parlamentaria por excelencia, el caleidoscopio de los duchos negociadores. Pero lo ocurrido va más allá de la lógica de los bloques parlamentarios, pues a la Coalición del Jueves la excede su profundo pacto de estilos, y su urgencia sustitutoria le otorga una textura casi homogénea. Podemos llamarlo el “bloque Pinky”.

No será el bloque histórico gramsciano, pero es el Bloque A. Se trata de una perspectiva de trabajo a más largo plazo, fundada en una trama cultural que se fue forjando, por ejemplo, desde la Mesa de Enlace, o por el impulso de demolición perseverante que logró avances decisivos en la tarea de deslegitimar el Gobierno con varios fármacos discursivos muy probados: el discurso de la impostura de los gobernantes –se mencionaba su pasado borroso–, el discurso de la indumentaria –se mencionaba su visualidad excesiva–, el discurso de la corrupción –no que no sea un problema, pero se predica como una forma fija de imputaciones premoldeadas, un órgano discursivo preparado menos para reconstituir la institución pública que para inspeccionarla o inhibirla–, el discurso de la seguridad –también, no que no haya trágicos y oscuros delitos cotidianos a resolver, sino que también se trata de encuadres discursivos previos, que no inventan los hechos, pero van a su encuentro con el ánimo de construir una tesis inmediatista sobre la calamidad política, enraizada en el miedo privado y una axiomática culpabilidad pública–. Todo esto y mucho más hicieron girar en la rueda del molino que originó al “gobierno Pinky”.

A ese gobierno pinkista, sublevado subsuelo de la gente que ya encontró fabricado su propio sentido común, ahora le ha sido recomendado que no pierda el hilo de los temas que congregan antes que los “ideológicos”, que separan. Que impidan su desmembramiento no tratando cuestiones urticantes. No, no. Abocarse a lo ya instituido por los editorialistas de los grandes matutinos. No es tiempo para que los notorios caballeros de la intriga neoderechista se separen de los abanderados de la dignidad de los pueblos o que los luchadores por el igualitarismo social tomen su propio rumbo al margen de los representantes de las grandes corporaciones. Todos parecen haber acatado. Por el momento no se “crisparán” con rarezas de sus respectivos credos subyacentes, todos se tornarán apacibles repúblicos moralizantes y de vez en cuando podrán socorrerse con sus temas blasfemos, antiguos discursos herejes o apaciguadas convicciones de izquierda.

No dudamos de la buena fe con la que éstas se expresen, pero algo ha pasado en el país por medio de lo cual una dualidad de bloques parlamentarios pareciera ser el molde en que se anunciaría el futuro colectivo. ¿A y B nos permitirán avizorar las correspondientes divisiones sociales y, una vez más, componer otra encrucijada de la vida nacional? No, ni siquiera los bloques jacobinos y girondinos de la Asamblea francesa se derramaron aquella vez sobre toda la sociedad. Con más razón, no vemos que vaya a prosperar esta suma de heterogeneidades, una de ellas conformada alrededor del foco constitutivo de un denuncialismo de derecha, y la otra a través del apoyo a un gobierno con diversas y complejas ondulaciones, pero regido por un afán de cambio social del que no tiene posibilidades de retirarse.

Todo concurre a que sea necesaria una señal de alerta para las izquierdas, las tradicionales y las que no necesariamente provienen del anaquel formal del que surge esta gran estirpe política. Son convocadas, enaltecidas y contempladas con una desconocida fruición por los medios de difusión conservadores. ¿Qué es esto? O bien son tránsitos heterogéneos que deben aceptarse, meras recreaciones de la coreografía parlamentaria con alianzas de momento, penosas tácticas que todo político progresista empleó alguna vez en su camino al triunfo. O bien significan un grave síntoma del pensamiento político argentino, depuesto en su vigor y autenticidad. Síntoma que traduce un éxito real de las culturas que promueven un orden social clausurado y un cierre histórico, por más que sea una unión circunstancial o que, como puede ocurrir, las izquierdas enclaustradas en ese esquema de reclusión puedan luego emanciparse. ¿Sería esa la vía para que las reivindicaciones adeudadas se cumplan? ¿O meramente concurrirán a nutrir compungidos lamentos, años después? También la historia argentina ha visto muchas veces esto.

¿Y el Gobierno qué debe hacer? Se ha escuchado el desfile de pesimismos y optimismos varios. En ese plano, todos tienen siempre un poco de razón. Pero en verdad, es necesaria otra cosa, una consistencia anímica que brote de otros enunciados. O si cabe, poner conceptos que lleven a un nuevo entusiasmo colectivo, a un vuelco en la opinión. ¿Cómo? Difícil saberlo, no somos ni como Durán ni como Barba. Sólo que no queremos el futuro gobierno de Pinky y sus espadachines. Pero un recomienzo del vuelco, del giro conceptual, de la virada –como otras veces ya las hubo– podría entenderse como una idea que saque las acciones público-gubernativas de cierta atadura al estanque del absoluto presente.

Es preciso ahora darle un nombre al futuro, a lo que se quiere, a aquello por lo que será adecuado y digno luchar. No podría ser, como a veces se dice, un “capitalismo serio”, pues es fórmula inadecuada, peca por explicitación indolente, genera indiferencia, los pueblos sospechan que no son banderas que valgan la pena de ser vividas. Es carente de apelaciones al compromiso, sólo pone un tilde de abstracta moralidad y modernidad institucional a lo ya vasta o ingratamente conocido. ¿Y entonces qué? ¿Poner las palabras concisas de otro orden? Ninguna precisión de las que quedan flotando en el rumbo de la historia sería algo más que una reiteración o un cierre de caminos. Entonces, mejor dejar en un velo imaginativo el nombre que define aquello por lo que se lucha. Que se ensaye decirlo con multiplicidad de palabras. Una idea con rango utópico que se propague a la carne del presente, que pueda sonar a algo así como una sociedad de los justos, una patria de los socialmente iguales, una emancipación con nuevas militancias, una sociedad autónoma del trabajo y la cultura, una Argentina de esfuerzos colectivos reconocidos y equitativa distribución de bienes. Podrá parecer candoroso lo que digo, pero en el imperio de los signos que a diario se nos brinda, ¿quién hubiera imaginado el rudo utopismo del gobierno de Pinky? Fueron apenas algunas horas. Que no sean muchos años más.

Fuente texto: diario Página 12, 8 de diciembre de 2009

Fuente imagen: página web culturaitalia.uibk.ac.at

Publicado en  on Diciembre 14, 2009 at 12:32 am Dejar un comentario

Jorge Muracciole: La sociedad de consumo y el negocio del delito

 

Hace décadas, cuando el capitalismo era eminentemente de producción, millones de asalariados podían estar de acuerdo o no con su ideario, pero sus disidencias o acuerdos lo hacían desde la certeza de su ubicación en el aparato productivo, con un trabajo bajo relación de dependencia con seguridad social y con la certidumbre de una trayectoria laboral enmarcada en los paradigmas del progreso social.

Con posterioridad a la crisis de los setenta, el llamado círculo virtuoso de producción y consumo se agotó, y los principales perjudicados terminaron siendo los de siempre en la larga historia de las crisis cíclicas. Esta debacle de las salida keynesiana dejó el campo propicio para las viejas ideas del neoliberalismo, que se presentaron a mediados de los setenta como la medicina recomendada para la recomposición de la tasa de beneficios de las empresas en quebranto.

Fueron épocas de desregulaciones, privatizaciones y flexibilización del mercado de trabajo. Del ideal del pleno empleo en los países centrales se pasó a la desocupación estructural. Los efectos de la crisis fueron aún más profundos en las economías periféricas. En países como el nuestro, la crisis vino de la mano de la dictadura más cruenta de nuestra historia moderna, siendo la teoría de los Chicago Boys la propuesta implementada por los gobiernos dictatoriales y constituyéndose el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz en el ejecutor del integrismo neoliberal, convirtiendo a nuestra economía en banco de prueba de los sectores financieros, la apertura económica y la desindustrialización.

De 1976 a nuestros días se sucedieron tres décadas y media de experimentación neoliberal. El rasgo más significativo y que hoy perdura es la expulsión del mercado laboral de millones de trabajadores. Ellos y su descendencia quedaron excluidos del sistema de consumo y debieron refugiarse en estrategias de subsistencia para poder malvivir durante décadas. La instauración del estado de derecho no pudo, en más de veinticinco años, resolver en favor de los excluidos y los trabajadores precarizados, los pisos significativos de desocupación estructural, ni las carencias vivenciales en materia de hábitat, educación, salud, que siguen definiéndose como las asignaturas pendientes de las democracias.

Minimizar esta realidad que tuvo picos extremos en las crisis recurrentes del 87/89 y que se agudizó con la destrucción del aparato productivo, la desindustrializacion y la exclusión de millones de argentinos en el plan de convertibilidad, y su posterior implosión en las jornadas de diciembre de 2001, agravó aún más la situación de los más vulnerables. Con la devaluación mediante, los principales perjudicados fueron los amplios sectores que viven de su salario y más aún aquellos que subsisten con changas o inventando día tras día su sobrevivencia. Cada punto de inflación habido en estas décadas incluye a más de cien mil habitantes bajo la línea de pobreza.

Esta mala vida se ha convertido en crónica, y en cientos de miles de familias ya ha atravesado la trayectoria vivencial de tres generaciones. Ponerse en la piel de estos condenados de la sociedad contemporánea, aunque sea por un instante, nos permitirá entender la magnitud de la hipoteca social que pesa sobre nuestro sistema de vida, y la violencia cotidiana que sufren. Paralelamente, este fenómeno desgarrador que aborta centenares de vidas inocentes por el solo hecho de haber nacido en un lugar azarosamente incorrecto, marca a fuego la existencia, la trayectoria vivencial y el futuro de los pobres.

Paralelamente a este fracaso como sociedad, el mundo del consumo para los que pertenecemos sigue desarrollándose en una magnitud sin precedentes en comparación con décadas anteriores. La invasión publicitaria y el establecimiento de pautas que ligan “el ser al tener” ya no sólo incursionan en los hábitos de los mayores sino que están prioritariamente direccionados al sector juvenil, adolescente y últimamente a la franja infantil. La pantalla chica que llega a los hogares indiscriminadamente, más allá de su poder adquisitivo, marca a fuego que únicamente consumiendo tal coche, o poseyendo tal celular, o calzando tales zapatillas se puede pertenecer al mundo de los elegidos.

Ese combo esquizoide de necesidades insatisfechas y realizaciones imposibles poco ayuda a la postergación de los deseos fallidos de consumo. Y el malestar vivencial, sumado a la falta de perspectivas en el mundo laboral, los instala a una multitud de jóvenes y no tan jóvenes al borde del abismo. Entre el sinsentido y el realismo mágico publicitario, tomar atajos no es tan irracional ni exótico, es una de las pocas posibilidades de los que se constituirán en carne de cañón delincuencial. Y la violencia salpica a todos, como la cara siniestra de un sistema de cosas, se instala en la sociedad que clama por una solución ya y la mano dura se presenta como el atajo ideal, dándole la espalda a cualquier esfuerzo analítico al porqué de la violencia delictiva.

La mayoría de las veces, cuando los robos se transforman en industria, o se sistematizan, es que se han organizado mercados y redes para los bienes robados. Tendríamos que preguntarnos si la mano invisible del mercado por sí sola no puede llevarnos a un incremento exponencial de los delitos más diversos. El negocio capitalista del narcotráfico, la prostitución y la trata de blanca son negocios con altas tasas de beneficios, cuyos ideólogos raramente caen tras las rejas; la mano ejecutora se hunde en las barriadas y se esconde detrás de los desconocidos de siempre, los que exponen sus cuerpos en el negocio de los otros, como material descartable del delito.

En las últimas semanas dos casos, uno en Wilde y otro en Derqui, saturaron la demanda de seguridad. Los dos casos fueron ejecuciones que tuvieron como móvil el robo del vehículo, de jóvenes mujeres. Se calcula, según los expertos, que se superan los dos centenares de sustracciones de vehículos por día en el país.

Los desarmaderos legales y clandestinos son el destino más seguro del desguace del rodado; con esta aseveración no decimos nada nuevo. Pero sería bueno preguntarse si además de preocuparse por la baja en la edad de imputabilidad, la hemorragia delictiva –por lo menos en el robo de automotores– no puede reducirse drásticamente con un control sistemático y permanente realizado por las fuerzas de seguridad sobre dichos establecimientos.

El fenómeno delincuencial como todo hecho social es extremadamente complejo. No tiene como los fenómenos físicos una causa y un efecto, poder discernir las múltiples causas del mismo en una coyuntura particular y desentrañar el encadenamiento de actores e intereses que originan y constituyen el fenómeno es un desafío transdisciplinario.

Seguir obstinadamente queriendo solucionarlo con el remedio jurídico represivo es una falacia con un alto costo social. No se trata de subir la dosis del fallido remedio, en una suerte de carrera punitivo-represiva, se trata de extirpar las verdaderas y múltiples causas del grave problema, que desvela a la sociedad toda

Fuente texto: diario Buenos Aires Económico, 30 de noviembre de 2009.

Fuente imagen: página web soberania.org

Publicado en  on Diciembre 12, 2009 at 12:56 am Dejar un comentario

José Natanson: El drama de las terceras vías

 

En la ultrapolarizada Venezuela de los primeros años de Chávez, antes de que el referéndum revocatorio del 2003 desempatara la partida y creara una nueva aunque temblorosa hegemonía, los llamaban los ni-ni. Ni chavistas ni antichavistas, que se situaban entre los dos polos, debían soportar los cascotazos de unos y de otros. En Bolivia, otro contexto político difícil, les dicen café con leche: ni blanco ni negro. La coyuntura política argentina, pese a los altos niveles de crispación-ambiente, nunca, ni en los tiempos agitados de la 125, alcanzó las cumbres de polarización bolivariana, lo que no implica que quienes buscan un tercer camino no sufran las consecuencias. Veamos.

Con la oposición

Las negociaciones de las últimas semanas en torno de la conformación de las comisiones legislativas y la votación del jueves pasado revelaron una vez más las dificultades del centroizquierda para encontrar una posición común. Un sector, liderado por Pino Solanas, se alineó con la oposición dura, repitiendo una curiosidad que ya señalamos: el director de El exilio de Gardel, de indiscutible prosapia peronista, se ubicó en un lugar de intransigencia frente al PJ al que no han llegado ni siquiera sectores opositores provenientes de tradiciones política liberales, como los socialistas.

Pero lo central es el discurso justificatorio desplegado en los últimos días, cuyo argumento central es que tanto en el campo oficialista como en el opositor hay corrientes de derecha y de izquierda. Así formulado, el razonamiento es correcto; pero es tramposo. Es cierto, desde luego, que el kirchnerismo está o estuvo integrado por gobernadores conservadores de dudoso espíritu democrático, sindicalistas con camisas Hermès, barones del conurbano, ex carapintadas… El problema de esta afirmación es que oscurece las condiciones estructurales de la disputa política: fue un bloque, el kirchnerista, el que impulsó algunas transformaciones, desde la nacionalización de las AFJP hasta la ley de medios, de indudable espíritu progresista, a las que otro bloque, la oposición, se opuso. Y si es cierto que la agenda de pendientes, del Indec a los superpoderes, es larga, y aunque es verdad que los cambios a menudo se sustentaron en alianzas indeseables, este aspecto básico de la ecuación política no debería pasarse por alto.

Tiene razón Ernesto Laclau cuando sostiene que una transformación profunda implica necesariamente la división del campo en dos bloques enfrentados. Esto no implica que todos los sectores deban alinearse con uno u otro espacio, pero sí que deben reconocer esta cualidad dicotómica –y por lo tanto conflictiva– de la política. Lo que en el fondo está diciendo el sector de centroizquierda alineado con la oposición dura no es que derechistas e izquierdistas hay en todos lados, afirmación indiscutible por lo obvia, sino que ambos bloques son igualmente derechistas. La pregunta es si el razonamiento se ajusta a la realidad.

Para entenderlo, tal vez convenga detenerse en las consecuencias políticas derivadas de este argumento, detrás del cual se encuentra la idea de simulación, del kirchnerismo como un conservadurismo mal disfrazado de progresismo. El lógico resultado de esta idea es que la casi totalidad de las acciones de este sector del centroizquierda apunten a desnudar al Gobierno, revelar a la sociedad el fondo reaccionario oculto tras el cotillón de falsa izquierda. Esto, a su vez, empuja a sus dirigentes a un denuncismo que, aunque tiene la virtud de poner el dedo en la llaga de algunos negocios oscuros de la Era K (el juego, la minería), al mismo tiempo recrea un moralismo de ecos frepasistas muy de los ’90, eficaz como gancho para invitación a los sets televisivos pero ciertamente pobre como eje de un verdadero discurso político.

Tercera vía

 El otro sector del centroizquierda es el de Martín Sabbatella. Entre el 2003 y el 2005, en tiempos de juicio a la Corte Suprema, recuperación de la ESMA y renegociación de la deuda –es decir, cuando ser kirchnerista era pura ganancia–, el entonces intendente de Morón resistió la tentación de plegarse acríticamente al dispositivo K, con el muy razonable argumento de que implicaba asociarse con los barones del conurbano y los restos del aparato duhaldista. Después, en pleno conflicto por la 125, Sabbatella evitó situarse en una posición abiertamente opositora, luego acompañó algunas decisiones del Gobierno y, aunque fue el único que enfrentó de manera directa a Kirchner en las últimas elecciones legislativas, se cuidó siempre de caer en un discurso de oposición dura. Una parábola inversa a la de otros progresistas no peronistas –Aníbal Ibarra el más notable– que se acercaron a Kirchner en sus tiempos dorados para irse alejando más tarde.

En los días previos a la decisiva sesión del jueves, Sabbatella buscó unificar a todos los legisladores del centroizquierda en torno de una posición común para, desde ahí, negociar con los dos bandos, tal como expresó en una entrevista publicada en este diario y repitió en su primera, breve y ajustada intervención en la Cámara. “El escenario político en el Congreso no tiene dos patas, tiene tres grandes actores: el Gobierno, la derecha y uno más que es el centroizquierda. Hoy el centroizquierda tiene una oportunidad para expresar con fuerza su rol: frenar a la derecha y condicionar por izquierda el rumbo del Gobierno”, afirmó. Sin embargo, Sabbatella no logró preservar la unidad del espacio y, con cinco diputados, quedó en un lugar minoritario en relación con el sector más duro.

Sesión y después

La sesión del jueves significó un claro triunfo de la oposición, que consiguió quórum propio por primera vez en la era K, forzó al oficialismo a bajar al recinto con el debate ya iniciado, se quedó con la vicepresidencia primera y obtuvo mayoría en todas las comisiones. Pero la contundencia del triunfo no debería leerse como el signo de una articulación permanente. Las diferencias entre las bancadas opositoras son demasiado grandes como para que pueda hablarse de un destino común, menos aún de un solo bloque. No hay una mayoría opositora, sino varias minorías, entre las cuales la más numerosa es el Frente para la Victoria. Afirmar que 7 de cada 10 argentinos votaron contra Kirchner es tan correcto como decir que 8 de cada 10 votaron contra el Acuerdo Cívico, 9 de cada 10 contra el peronismo disidente y 99 de cada 100 contra Proyecto Sur.

La situación es nueva. En sus años finales, el alfonsinismo y el menemismo también tuvieron que convivir con cámaras adversas, con la diferencia de que la oposición estaba unificada, contaba con un liderazgo y un proyecto claro de poder. Por eso, la cuestión no pasa hoy por quién tiene la mayoría, que no la tiene nadie, sino por la posibilidad de que la oposición vuelva a unificarse de manera circunstancial en torno de algunos temas, como la reforma del Consejo de la Magistratura, el Indec o las retenciones. El oficialismo, con el bloque más numeroso y disciplinado, probablemente logre mantener la iniciativa. La gran novedad, lo que realmente altera el escenario, es que, por primera vez en seis años, la oposición tiene la posibilidad de imponer su agenda, aunque, al tratarse de cuestiones complejas, que inciden en intereses sectoriales, generan ruido mediático y aluden a posiciones políticas, se negociación será más ardua que el simple reparto de las comisiones en el Congreso. Y no sólo el carácter complejo e ideológico de cualquier proyecto importante dificultará la coordinación; también las ambiciones: la baja popularidad del Gobierno puede contribuir a la dispersión opositora en la medida en que cada opositor vea en el otro, más que en el oficialismo, a su verdadero adversario, tendencia que seguramente se acentuará en tanto se acerque la campaña del 2011.

En este marco de conflicto político inevitable, ¿podrá articularse un espacio autónomo tanto del Gobierno como de la oposición, o la tercera vía se convertirá, como los aeropuertos y los shoppings, en un no lugar? Las condiciones no ayudan. El kirchnerismo ha visto morir la transversalidad y la Concertación Plural y el jueves comenzó a pagar los costos de su estrategia parlamentaria de “geometría variable”, de acuerdos tácticos con diferentes fuerzas, tema por tema, junto a la falta de una organización política que lo sustente más allá del PJ. Cerrado sobre un núcleo minoritario pero consolidado, su ecuación de gobernabilidad se limita al PJ y la CGT. La oposición, en tanto, se ha endurecido tras la victoria de junio. Finalmente, el conflicto por la ley de servicios audiovisuales arrastró a buena parte de los medios, en especial la televisión, a una serie de exageraciones y distorsiones asombrosas incluso para la simplificación y el cliché inherentes a la pantalla chica. Con el oficialismo debilitado, la oposición endurecida y los medios crispados, las posturas que pretenden dar cuenta de la complejidad, los matices y las tensiones del ciclo kirchnerista, introduciendo de manera más sutil la diferenciación política, se hacen cada vez más complicadas. El sector del centroizquierda capitaneado por Sabbatella insistirá con su estrategia, aunque todo indica que deberá pedalear en subida.

Fuente texto: diario página 12, 6 de diciembre de 2009

Fuente imagen: diario página 12

Publicado en  on Diciembre 10, 2009 at 2:44 pm Dejar un comentario

Mirar Bolivia: Atilio A.Boron : ¿ Por qué ganó Evo ?

 

Una semana atrás celebrábamos el triunfo de Pepe Mujica en Uruguay. Hoy tenemos renovadas –y también más profundas– razones para festejar la notable victoria de Evo Morales. Tal como lo señalara el analista político boliviano Hugo Moldiz Mercado, el rotundo veredicto de las urnas marca al menos tres hitos importantísimos en la historia de Bolivia: (a) es el primer presidente democráticamente reelecto en dos términos sucesivos; (b) es el primero, además, en mejorar el porcentaje de votos con que fue electo la primera vez (53,7 por ciento), y (c) es el primero en obtener una abrumadora representación en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Además, cuando salgan los escrutinios definitivos –no disponibles al momento de escribir estas líneas– tal vez haya concretado la obtención de los dos tercios en el Senado, lo que le permitiría nombrar autoridades judiciales y aplicar la nueva Constitución sin oposición. Todo esto convierte a Evo Morales, desde el punto de vista institucional, en el presidente más poderoso en la convulsionada historia de Bolivia. Obviamente, esto no le va a impedir al Departamento de Estado reiterar sus conocidas críticas acerca de la “defectuosa calidad institucional” de la democracia boliviana, el “populismo” de Evo y la necesidad de mejorar el funcionamiento político del país para garantizar la voluntad popular, como por ejemplo se hace en Colombia, donde unos 70 parlamentarios del uribismo han sido investigados por la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía por sus supuestos vínculos con los paramilitares, y 30 de ellos enviados a la cárcel con sentencia firme por ese motivo.

El desempeño electoral del líder boliviano es impresionante: triunfo arrollador en la convocatoria de la Asamblea Constituyente, julio del 2006, que sentaría las bases institucionales del futuro Estado Plurinacional; otra aplastante victoria en agosto del 2008 (67 por ciento) en el Referendo Revocatorio forzado por el Senado, controlado por la oposición, con el abierto propósito de derrocarlo; en enero de 2009 el 62 por ciento de los votantes aprobó la nueva Constitución Política del Estado. ¿Qué hay detrás de esta impresionante máquina de ganar elecciones, indestructible pese al desgaste de cuatro años de gestión, los obstáculos interpuestos por la Corte Nacional Electoral, la hostilidad de Estados Unidos, campañas de desabastecimiento, intentonas de golpes de Estado, amenazas separatistas y planes de magnicidio?

Lo que hay es un gobierno que ha cumplido con sus promesas electorales y que, por eso mismo, desarrolló una activa política social: Bono Juancito Pinto, que llega a más de un millón de niños; Renta Dignidad, un programa universal para todos los bolivianos mayores de 60 años que carezcan de otra fuente de ingresos; Bono Juana Azurduy, para las mujeres embarazadas; que erradicó el analfabetismo aplicando la metodología cubana del programa Yo Sí Puedo, que permitió alfabetizar a más de un millón y medio de personas, por lo que el 20 de diciembre de 2008 la Unesco (no los partidarios de Evo) declaró a ese país territorio libre de analfabetismo. El solidario internacionalismo de Cuba y Venezuela también permitió la construcción de numerosos hospitales y centros médicos, a la vez que miles de personas recuperaron la vista gracias a la Operación Milagro. Importantes avances se registraron también en materia de reforma agraria, la recuperación de las riquezas básicas (hidrocarburos) y el manejo de la macroeconomía, lo que le ha permitido a Bolivia, por primera vez en la historia, contar con importantes reservas estimadas en 10.000 millones de dólares y una situación de bonanza fiscal que, unida a la colaboración de Venezuela en el marco del ALBA, le permitió a Morales realizar numerosas obras de infraestructura en los municipios y financiar su ambiciosa agenda social. Por supuesto, quedan muchas asignaturas pendientes. Pero todo lo anterior sumado a la permanente preocupación de Evo por concientizar, movilizar, organizar a su base social –haciendo a un lado los desprestigiados aparatos burocráticos que, al igual que en la Argentina, no movilizan a nadie– hizo posible su rotundo triunfo. Convendría tomar nota de esta lección. 

Fuente texto: diario Página 12, 7 de diciembre de 2009

Fuente imagen: página web evo2009.com.ar

Publicado en  on Diciembre 8, 2009 at 10:10 pm Dejar un comentario

Norberto Galasso: Cómo entender a esa rara gente de “pigmento oscuro”

 

El Socialismo nace en Europa como consecuencia de las protestas obreras ante la explotación capitalista desarrollada en forma implacable e intensiva desde fines del siglo XVIII. Décadas después, el progreso alcanzado por las ideas en el plano económico, filosófico e histórico permite superar la primera reacción ingenua –el socialismo utópico– y  posibilita el surgimiento del socialismo científico. Así, en 1848, se lanza el Manifiesto proclamando que  “el fantasma de la Revolución recorre Europa”. Sin embargo, un cuarto de siglo más tarde, el capitalismo ingresa a su etapa superior –el imperialismo– que al explotar colonias y semicolonias, modera el antagonismo de clases en los grandes países desarrollados, en donde el socialismo se vuelve entonces  reformista (del rojo al rosado, de Marx a Bernstein).

Este socialismo llega al Plata con los inmigrantes. No nace aquí como consecuencia de la concentración y la revuelta proletaria local –se trata de una semicolonia agropecuaria sin industrias– sino de la difusión realizada en idiomas extranjeros, por los recién llegados que desean continuar en estas tierras la lucha que venían realizando en sus países de origen.  Desde el principio, pues, ese socialismo no se encuentra con la clase obrera… porque ella no existe (existen, sí, artesanos y empleados de servicios). No extraña que su dirección política se integre con abogados y médicos y que, aunque hable en nombre de los “obreros”, estos no nutran sus filas. Con el correr de los años, su base social será gran parte de la clase media porteña fuertemente influida por el liberalismo oligárquico de la clase dominante: mitrista en historia, liberal en economía (especialmente libre importadora para consumir artículos baratos), blanca y hasta racista respecto a sus compatriotas mestizos –“oscuramente pigmentados”, según un dirigente conservador– adoradora de la civilización europea o yanqui y enemiga de la barbarie popular y la política criolla.

Su lucha se centrará en algunas reformas sociales, en el laicismo, el divorcio, el antimilitarismo abstracto y el internacionalismo… en un país dominado por el imperialismo.

Así, no distingue entre la causa radical y el régimen conservador, “falaz y descreído” según lo calificaba don Hipólito. Y así legitima el fraude concurriendo a elecciones.  De sus viejas banderas sólo le quedará la influencia sobre algunos gremios no industriales: empleados de comercio (Borlenghi), empleados municipales (Pérez Leirós).

Por esta razón, cuando la crisis económica mundial en los años treinta y luego, la segunda guerra mundial impulsan la industrialización, el Partido Socialista no puede ser cauce político para los nuevos trabajadores industriales, ahora sí obreros, migrantes internos desde lo más profundo de la desocupación del interior del país.

Codovilla y el Coronel. Asimismo, la escisión que  constituyó el Partido Socialista Internacional, convertida luego en  Partido Comunista, también se sustenta en sectores medios porteños. Para su desgracia, asume la teoría del “socialismo en un sólo país” predicada por Stalin y se constituye en un partido amigo de la Urss cuya función no es hacer la revolución en el país sino acompañar la política exterior de la burocracia soviética. En 1942, su secretario general Victorio Codovilla sostendrá que hay que “convencer a los obreros que no se debe hacer huelga a las empresas británicas y norteamericanas en Argentina pues ingleses y yanquis son aliados de la Urss”. Sólo podría hacerse a las empresas alemanas pues tienen vínculos con el nazismo, enemigo de la Urss. Así, los nuevos obreros que se acercan al partido se ven defraudados y los camaradas gremiales pierden sus cargos. Sólo Rubens  Iscaro logra mantenerse como secretario general porque tiene la suerte de que en el gremio de la  construcción (Uocra) los empresarios son alemanes y entonces se puede ser un buen defensor de los trabajadores y al mismo tiempo, servir a la Urss. Los demás, como Muzio Girardi en metalúrgicos,  pierden la conducción gremial ya en 1942, cuando se crea un sindicato nuevo: la UOM. También esta izquierda, en nombre del socialismo, va por caminos desacertados y frustrantes.

Los obreros, por su parte,  irrumpen en la historia un 17 de octubre de 1945, integrando un movimiento nacional liderado por un militar. ¿Y la izquierda? Integra la Unión Democrática cuyo principal impulsor es el embajador norteamericano Spruille Braden. Surge entonces el peronismo, un movimiento nacional policlasista nutrido de obreros, clase media de bajos recursos, sectores del ejército y de un empresariado nuevo (hijos de inmigrantes, de capitales nacionales, sin conciencia de burguesía nacional) y sectores de la  Iglesia. Los trabajadores industriales participan así en un proceso de liberación nacional: ruptura de los mecanismos imperialistas ingleses y rechazo del avance del imperialismo norteamericano, no ingreso al FMI, deuda externa cero, amplia franja de la economía estatizada, depósitos bancarios y comercio exterior nacionalizados, sindicatos fuertes y avance en conquistas sociales y laborales, política latinoamericanista, pacto social entre CGT y empresarios nacionales. Su líder –Perón– denomina a ese frente como  “comunidad organizada” y enarbola tres banderas: Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica, todo en el marco de relaciones capitalistas, aunque con fuertes perfiles no burgueses.

Diez años de gobierno, bombardeo a Buenos Aires, dieciocho años de proscripción y luego, en el ’73, otra vez peronismo. Y aún hoy. Muchos supusieron que cuando muriese el líder se terminaba, pero no fue así. Y todavía son muchos los que en nombre del socialismo continúan confundidos, sin comprender la naturaleza histórica del peronismo.

Tres preguntas. Sólo un pequeño grupo socialista logró entender desde 1945: Frente Obrero que calificó al peronismo como históricamente progresivo y se planteó la necesidad, no de incorporarse a él, sino de cabalgar a su lado, como izquierda nacional –según lo habían sostenido los maestros del socialismo para los países dominados– desde una perspectiva independiente en lo político, ideológico y organizativo, para “golpear juntos” al enemigo reaccionario, aunque “marchando separados”. Aunque –y aquí se equivocaron– creyeron que ese frente policlasista no duraría mucho tiempo. Pero estuvieron donde deberían estar porque sabían responder políticamente a estas tres  preguntas: ¿quién es el enemigo principal? ¿cuál es la correlación de fuerzas entre el campo popular y el campo oligárquico? y ¿cuál es el nivel de conciencia política de las grandes masas de trabajadores? Son sólo tres cuestiones y todavía sirven para no equivocarse.

Desde el peronismo, Hernández Arregui decía: “Soy marxista y porque soy marxista, soy peronista”. Y  Cooke sostenía que en el ’45 “el peronismo fue el movimiento que surgió y triunfó contra todos los partidos, que hizo saltar el esquema de los partidos… No es que la izquierda hiciera crisis: es que era una parte de la superestructura del imperialismo y saltó junto con los demás pedazos… Fue una situación revolucionaria donde los esquemas teóricos no servían. Faltaba una izquierda nacional y ese papel pasó a ocuparlo el peronismo, aunque sin definirse como tal”. Desde el Socialismo, Manuel Ugarte planteó en 1912: “En América Latina el socialismo tiene que ser nacional”. Y el Che también lo entendió y por eso escribió: “La caída de Perón me amargó profundamente” (24/9/1955, carta a la madre). Es una constante que los sectores más combativos del peronismo y la izquierda nacional han tendido siempre a confluir: la más importante construcción política del campo popular y la estrategia hacia el Hombre Nuevo. Por eso,  hoy, a América Latina también la recorre un fantasma: El Socialismo del siglo XXI.

Fuente texto: revista Miradas al Sur, 29 de noviembre de 2009.

Fuente imagen número 1:  la foto de la Asamblea del Partido Socialista Argentino desarrollada en el año 1904, fue extraida de la página web psamdp.com.ar

Fuente imagen número 2:  página web latinoamericanstudies.org

Publicado en  on Diciembre 7, 2009 at 12:13 am Dejar un comentario

Alejandro Horowicz: El papel de los sindicatos: Una polémica central en la vida política argentina

 

Un viejo/nuevo debate atraviesa la sociedad argentina: el papel de los sindicatos. El tema revela prejuicios históricos consolidados. Dos bloques, de distinto peso específico, quedan materializados. Para uno, los sindicalistas peronistas son la encarnación corrupta de una aspiración demagógica: vivir bien trabajando muy poco. Para el otro, la mera crítica a esa dirección supone un ataque al movimiento obrero organizado. ¿Los argumentos? Para el primer bloque el peronismo supuso la ruptura de la disciplina laboral, la patronal perdió el control sobre el proceso productivo y se trataba de restablecerlo. Para el otro, las virtudes del sindicalismo quedan patentizadas por la naturaleza de sus enemigos.

Entre estas dos simplificaciones navega el movimiento real, que a lo largo de cuatro décadas cambio de opinión sobre el valor de los sindicatos.  Antes de 1976 su prestigio era inequívoco. A comienzos de los ’70 el surgimiento de una nueva profesión, las modelos publicitarias, supuso la construcción de otro sindicato: la Asociación de Modelos Argentinas, y un cambio no pequeño: las docentes que habían rechazado su condición de trabajadoras aceptaron finalmente ingresar a la CGT. No era poco.

El derrumbe del prestigio de la militancia a manos de la dictadura burguesa terrorista, acompañado por el comportamiento cómplice de parte significativa de la dirigencia sindical, alimentó otro viraje. Al odio gorila tradicional, anterior al ’76, se sumó el rechazo contestatario.

El ’76 supuso una derrota histórica para los trabajadores; derrota que pagó con miles de militantes muertos y un giro copernicano: del plan económico de Pinedo, y sus variantes, al de José Alfredo Martínez de Hoz, y las suyas. Una sistemática regresión impulsada por el bloque de clases dominantes.

La democracia parlamentaria, con Raúl Alfonsín, impulsó los sueldos un 35%. A partir de 1984 comenzaron a reducirse inflacionariamente, y 13 paros generales no evitaron su derrumbe histórico. Del ’83 al ’89 la participación asalariada se mantuvo en el peor escenario posible: reducción del salario, acompañada de la caída de la productividad del trabajo. En 1989, el salario real representaba apenas el 62% del de 1970, o sea la mitad del cobrado en el ’74. Juan M. Graña y Damián Kennedy, investigadores del Conicet, sostienen que la “estabilización nominal lograda por la Convertibilidad produce una leve recuperación del poder adquisitivo del salario, revertida por el crecimiento de la desocupación, la precarización laboral, y el estancamiento económico”.

El movimiento obrero organizado se fragmentó, incapaz de resistir la avalancha neoconservadora del menemismo que había apoyado. Había lugar, en consecuencia, para recortar el poder adquisitivo, y con la explosión de la Convertibilidad la devaluación devoró “las remuneraciones reales más de un 30%, entre 2001 y 2003, marcando un nuevo mínimo histórico”, sostienen Graña y Kennedy. Así, en 2003 el salario real superaba apenas la mitad del de 1970, y equivalía al 40% del de 1974. Todo el proceso de crecimiento actual –25%, como promedio estadístico, para esta investigación– apenas llegó en 2006 (último dato confiable) a retrotraer la caída de diciembre del 2001.

Mirando el proceso de punta a punta (1970-2006) surge que detrás del deterioro de la participación asalariada, se encuentra el esperable incremento de productividad no transferido a salario, pero también la reducción lisa y llana del costo laboral: la productividad creció 17%, el costo laboral cayó un 10%.

Este es el balance numérico que integra el pasivo sindical. En estas condiciones, los viejos sobrevivientes de las 62 organizaciones –núcleo histórico del peronismo posterior al ’55– llegaron a un punto sin retorno. Cuando se produce el conflicto con la Mesa de Enlace –con motivo de las retenciones móviles impulsadas por la Resolución 125–, Gerónimo Venegas, secretario general del Uatre –gremio que nuclea a los trabajadores rurales– no sólo no se pronunció en defensa de los intereses de los trabajadores, sino que se plegó a las posturas de la Sociedad Rural. Con un añadido: Venegas es, además, secretario general de las 62 Organizaciones.

De modo que ante el primer conflicto de envergadura entre el gobierno K y los dueños de la tierra, el referente político de los trabajadores peronistas saltó el cerco. Una mirada atenta a los nombres de los 30 dirigentes que integran la directiva de las 62 permite extraer 7  altamente significativos: Juan José Zanola, Jorge Viviani, Luis Barrionuevo, Armando Cavalleri, Hugo Moyano, José Rodríguez y Amadeo Genta. A nadie se le escapa que en el único lugar donde estos dirigentes pueden estar juntos es donde no hay que decidir nada. Barrionuevo milita con los enemigos del Gobierno, Moyano es el principal respaldo sindical de Cristina Fernández. Algo queda claro: las 62 organizaciones dejaron de ser un instrumento político, sin que otro lo haya reemplazado. Los trabajadores no hacen política, sino como ciudadanos, en el cuarto oscuro.

En esas condiciones las luchas reivindicativas buscan y encuentran distintos cauces de expresión. Cauces que no necesariamente remiten a la “ideología” de sus dirigentes, sino a su aptitud para defender intereses circunscriptos. El peronismo perdió el monopolio del movimiento obrero, los trabajadores, cuando eligen dirigentes, esperan resultados, y si responsabilizan a los dirigentes por no obtenerlos, no tienen más remedio que volver a elegir.

Fuente texto:  revista Miradas al sur, 22 de noviembre de 2009

Fuente imagen: página web oit.org.pe

Publicado en  on Diciembre 4, 2009 at 11:31 pm Dejar un comentario

Mirar el mundo: Eduardo Febbro: La forma de blanquear el regreso del golpismo

 

Desde París

Nadie puede dudar de que Estados Unidos sea un irreductible promotor de la democracia en el mundo. En los últimos ocho años la impuso con bombas y una ocupación en Irak, la forzó con más bombas y otra invasión en Afganistán y acaba de recomponerla con camisa de fuerza y a su medida en Honduras mediante el inédito y payasesco blanqueo de un golpe de Estado que dejó al país con tres presidentes simultáneos: el depuesto Manuel Zelaya, el de facto Roberto Micheletti y el electo Porfirio Lobo. El imperio ha cambiado de dirigentes, pero sigue guardando en su corazón la iconografía de los santos redentores de la democracia y el bien, cuyos principios devastaron las democracias latinoamericanas a lo largo del siglo XX: no importa quién venga después, ni cuántas personas mueran, ni cuánto se degrade la institucionalidad o la dignidad, el derecho y la constitución.

Barack Obama le ha ofrecido a América latina el peor perfil de las administraciones norteamericanas: el apoyo al golpismo, el respaldo a la violación de todos los derechos. “No vine a discutir del pasado, vine a pensar en el futuro”, dijo Obama en la Cumbre de las Américas de abril en Trinidad y Tobago. Hoy podemos constatar que esa alianza es un pacto con el futuro apoyado en la reiteración obsesiva del pasado. Washington no ha cambiado. Durante los juicios a los represores latinoamericanos, en las entrevistas concedidas por los ex generales, a la pregunta “¿por qué tanto horror?” la respuesta fue invariable: “Porque eran comunistas, porque eran terroristas”. En los argumentos de los halcones de Bush la misma frase se repitió a lo largo de años. ¿Cómo una democracia como la norteamericana podía secuestrar, trasladar en secreto, encarcelar y torturar a miles de individuos en el mundo? “Porque eran terroristas islámicos.” La guerra contra el terror siguió los mismos pasos que la guerra contra el socialismo, el comunismo y los movimientos insurgentes en América latina.

El reconocimiento del proceso electoral hondureño responde a la misma abyección. La amenaza de un brazo de contornos chavistas en América Central justificó la invención de un golpe de Estado de nuevo tipo y su posterior legitimización: el golpe horizontal. Violencia presente pero gradual, asfixia paulatina de los actores políticos, desgaste de las discusiones, tenaza en cámara lenta sobre los pulmones de la sociedad. La debilidad del sistema multilateral latinoamericano contrasta con las valientes posiciones tomadas en los años ‘80 por los países que, en plena confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética, osaron levantarse para frenar un conflicto armado generalizado en América Central. En enero de 1983, cuando los países de América Central estaban estrangulados por sus conflictos armados internos y se encaminaban al abismo de la guerra externa, los cancilleres de Colombia, México, Panamá y Venezuela se reunieron en la isla de Contadora con la meta de proponer una iniciativa de paz al conflicto centroamericano. Así nació el grupo de Contadora. Dos años más tarde, con la legitimidad de las urnas, Argentina, Uruguay, Brasil y Perú se unieron a Contadora para conformar el Grupo de Apoyo. Esos ocho países no sólo consiguieron evitar una guerra sino que pusieron en marcha uno de los procesos de pacificación regional más ambiciosos y complejos que hay en la historia, mientras Washington y Moscú dirimían sus diferendos y sus conquistas con la sangre derramada por inocentes de la periferia, entre ellas América Central. El actual presidente de Costa Rica, Oscar Arias, es un heredero del grupo de Contadora. Los acuerdos de Esquipulas I y Esquipulas II –por los cuales Arias recibió el Nobel de la Paz en 1987– no habrían nunca existido sin la fuerza concentrada de Contadora. Veinticinco años después no se puede sino constatar la ausencia de un multilateralismo eficaz y, más triste aún, la paradoja hiriente de ver a quienes fueron actores destacados de Contadora, a imagen y semejanza de Perú, Colombia, Panamá, Costa Rica y El Salvador, convertidos en obedientes reconocedores de las elecciones hondureñas.

Alan García era presidente de Perú cuando, con acentos de una combatividad juvenil, su país se sumó al grupo de Contadora. Oscar Arias fue el portador del montaje que salió del corazón de Contadora para pacificar América Central. El actual presidente de El Salvador, Mauricio Funes, pertenece al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, el FMLN, el partido que, en los años de Contadora, era una guerrilla proscrita. Washington, estos tres actores y Colombia fueron ahora los primeros en darles un sello de legitimidad a las urnas hondureñas. ¡Qué oprobio para los demócratas y los descendientes de las decenas y decenas de miles de víctimas que dejaron los conflictos armados en Centroamérica! Un pozo negro nos acecha, y no sólo porque Washington no ha cambiado. Los adversarios de Wa-shington también son prisioneros de lógicas del pasado. Cuando Hugo Chávez trata de “gladiador del antiimperialismo” al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, o cuando elogia en público a un dictador con las manos y la sombra llenas de sangre como el presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, incurre en la misma tentación. Ahmadinejad fue reelecto con un fraude tan masivo como la improbable tasa de participación de las elecciones hondureñas. Robert Mugabe, el héroe de la independencia de Zimbabwe, transformó su mandato liberador en una vertiginosa autocracia que dejó decenas de miles de muertos. Las mismas conductas prevalecen en uno y otro lado de la frontera. No todos los enemigos del imperio son amigos nuestros, ni todos los adversarios de mis enemigos son aliados en el juego tramposo de una democracia renovada al compás de botas y fusiles.

Fuente texto: diario Página 12, 1 de diciembre de 2009

Fuente imagen: página web soaw.org

Publicado en  on Diciembre 3, 2009 at 1:41 pm Dejar un comentario

Sandra Russo: Dinosaurios, peques y piletas

 

El barrio Alto Comedero, hacia donde fue creciendo San Salvador de Jujuy, se deja ver con la perspectiva del cerro. Entra uno en él como en cualquier barrio suburbano, acostumbrando los ojos a la pobreza, que aumenta en relación inversa al centro. Esto último es aplicable al mundo.

De pronto se ven las casas del barrio Túpac Amaru. Son hileras de cuadrados pintados con los colores de la tierra norteña. Celestes, amarillos, ocres, verdes. En muchos tanques de agua, que coronan las casitas como las chimeneas de los cuentos clásicos, sobre el negro brilla la imagen de Túpac Amaru. Es una imagen fuerte, desprendida de lo expresionista del retrato histórico. Es elemental: recrea el elemento indígena y el gesto resistente.

Esas viviendas sociales que a cualquier contratista del Estado le cuestan 130.000 pesos, a la organización le cuestan 86.700. Para abaratar los costos producen ellos mismos los bloques de cemento y las carpinterías metálicas. El taller metalúrgico tiene tres turnos: trabajan las 24 horas. Y apenas hubo un excedente, se montó la fábrica textil. En ella, la encargada explica las tareas de los hombres y las mujeres que costuran absortos en su trabajo y rodeados de una pulcritud luminosa. Son 146. Hacen delantales blancos. Pero también acolchados y remeras bordadas por encargo. Sobre la inmensa pared del fondo, la pared indica: “Compañero, tu patrón no comerá más de tu pobreza”.

Los orgullos actuales de la Túpac Amaru son tres: el Cemir (Centro Integral de Rehabilitación para personas discapacitadas), el Parque acuático y el Parque temático. Los tres son sorprendentes, por distintos motivos. Pero probablemente en el Cemir se concentren los ataques de emoción o de llanto de los visitantes que llegan para conocer el barrio. Sobre todo si se trata de hombres o de mujeres que alguna vez entrevieron un orden de las cosas diferente. Incluso allí se ha registrado la emoción de algún cronista con firma conocida de un gran diario. La cobertura después no reflejó ese momento.

El Centro de Rehabilitación fue construido en cuatro meses. A la entrada hay una plaza con juegos adaptados. El edificio tiene todo lo que podría tener un centro prestador de servicios de las prepagas más caras, aunque es gratuito y abierto a la comunidad. Pasará como con el tomógrafo del Centro de Integración Comunitaria. Les derivarán pacientes de los hospitales provinciales.

El de la Túpac fue el segundo tomógrafo de la provincia. En el nuevo edificio hay salas preparadas para diferentes discapacidades, un enorme gimnasio acondicionado con antideslizantes, pileta climatizada, una sala con cámara Gesell para que la usen psicólogos y psicopedagogos. Hay baños en distintas versiones y con variantes de protección, y salas con la acústica preparada para discapacidades auditivas. Es probable que la emoción surja en la visita al Cemir porque allí lo que se ve es la obra de gente que fue débil y ahora es fuerte, y piensa y trabaja para otros débiles. En eso, después de todo, reside gran parte de un gran sueño colectivo que atraviesa el tiempo y las generaciones. Cuando uno se emociona en el barrio de la Túpac es porque eso ya no se sueña. Se ve.

Fue en las copas de leche, según cuenta más tarde el Reptil (que se llama Sergio, tiene 23 años y es hijo de Milagro Sala), que detectaron que en las casas había niños y adultos discapacitados. Muchos estaban en la cama. Las familias no sabían qué hacer con ellos. Tomaron cuatro casas y provisoriamente armaron un centro de rehabilitación para que esas primeras cincuenta personas tuvieran asistencia. Ahora están listos para recibir a muchos más.

Pero son los Parques los que delatan un aspecto un poco surrealista de la Túpac. Los parques, que están hechos y pensados para la comunidad pero en especial para los niños, tienen una identidad por el momento indescifrable, porque es una identidad en construcción. La Túpac Amaru ya no es la organización social conocida por hacer miles de casas. Fue la acción, la obra, la que les dio derecho al discurso político. Y aunque haya internas irresueltas entre los movimientos sociales, está claro que más allá de las resistencias tanto del sistema como de parte de la clase política, esos movimientos tienen derecho a elevar, poner en escena y pelear no sólo por sus intereses, sino también por sus convicciones. La redistribución de la riqueza siempre evita hablar de la redistribución del poder.

El parque acuático refleja la obsesión de Milagro Sala por las piletas. La Túpac ha salpicado la tierra hirviente de Jujuy con piletas de natación. Están por todas partes. Son la reivindicación del alivio y la recreación. Son piletas en las que a ningún chico le revisan la cabeza para ver si tiene piojos. El parque acuático es el clímax de ese impulso. Tiene cascadas, toboganes y consta de varias piletas encadenadas. Pero a su lado, el Parque Temático lo deja a uno boquiabierto. Los dinosaurios gigantes se alternan con esculturas de peques, los duendes patagónicos de un dibujo animado nacional. Dentro de poco, esa inmensidad de agua, animales prehistóricos y peques será coronada con un enorme arco que replicará al del Tiahuanacu. A la ligera, uno diría que todo ese conjunto da Dalí. Aunque podría dar también Lewis Carroll, con una Alicia quechua en un pequeño país de las maravillas.

 

Mi visita a Jujuy coincidió con un contingente mayoritariamente femenino de Carta Abierta y el Partido Humanista. Cada vez va más gente. Uno allí va a ver, a escuchar y a conocer. La manera injuriosa en la que el senador Morales elevó al conocimiento nacional la existencia de la Túpac Amaru, se resuelve en forma paradojal. El desarrollo aceitado que ha tenido esa organización, su mística y su originalidad pueden plantear debates, pero si no se es un canalla perdido, despierta inequívoco respeto. Vivimos pidiendo que “se haga algo”. Hay que ir a ver cómo en el norte, una organización que se inspira en Evita, el Che y Túpac Amaru ha tomado de este último su rasgo principal. Nos es completamente desconocido, a los argentinos que venimos de los barcos, ese rasgo. Nunca nos hemos permitido el interés. No es solamente político el fenómeno de la Túpac Amaru. Es un brillante destello cultural.

Fuente texto: diario Página 12, 28 de noviembre de 2009

Fuente imagen número 1: página web criticadigital.com.ar

Fuente imagen número 2: página web criticadigital.com.ar

Publicado en  on Diciembre 1, 2009 at 9:03 pm Dejar un comentario

Juan Sasturain: Circulación o muerte

 

En estos días, a varios no se les pasó por alto un hecho transparente y significativo: en el Día de la Soberanía se celebra –aunque no demasiado– un corte. Un corte histórico. Porque pasar, los gringos pasaron. Pero el corte les costó. Nadie lo ha dicho mejor que el joven e insospechable Miguel Brascó en el paradójico “triunfo” La Vuelta de Obligado, que cantaban tan bien el Turco Cafrune, Zitarrosa o Alberto Merlo: “Qué los tiró a los gringo’ hij’una gran siete… / Navegar tantos mares, / venirse al cuete, / venirse al cuete…”

Que el 20 de noviembre de 1845 el general Lucio Mansilla –más Thorne, más Santa Coloma, más el “gaucho” Rivero, más Facundo Quiroga (h)– le hayan hecho el aguante durante horas a la poderosa flota anglo-francesa acá nomás, a la altura de San Pedro, en la Vuelta de Obligado, es una hazaña, un gesto heroico que se llevó un montón de muertos y heridos de ambas partes. Es sabido, y se ha recordado en estos días, que la estrategia acordada con Rosas por el padre de Lucio V. –el de la excursión a los ranqueles– fue elegir ese tramo estrecho del Paraná para cruzar gruesas cadenas de orilla a orilla, sostenidas en chalupas y botes. Cortar el río, bah: no dejarlos pasar hacia el norte y ahí, una vez inmovilizados, amontonados y sin mucha libertad de movimiento, castigarlos a cañonazos con las baterías emplazadas en la costa.

Fue un combate desigual entre fragatas modernamente artilladas contra unos cañoncitos así. Sin embargo, para cuando finalmente los invasores pudieron “silenciar” las baterías, romper las cadenas y forzar el paso, el costo de vidas y daños materiales en las naves averiadas era muy alto. Pagaron caro el peaje ese día y en las escaramuzas que siguieron. Un año después renunciaban a su pretensión: el Paraná no era mar abierto sino espacio soberano de una nación soberana. El corte funcionó. Ingleses, franceses y sus impresentables aliados nativos, exiliados o no, se la tuvieron que bancar. Al menos durante un tiempo.

“Cómo rompe las pelotas este Rosas, que no deja circular por el Paraná arriba y vender tranquilos nuestras manufacturas… Así esta gente nunca va a crecer, así no se puede hacer negocios. Hay que pasar por la aduana, perder tiempo…”

No quiero exagerar ni realizar saltos de razonamiento excesivos, paralelos disparatados. Pero es curiosa la actualidad de estas cuestiones. No sólo en términos de alta geopolítica –los eternos avances del imperio de turno sobre las más o menos precarias barreras proteccionistas de las naciones periféricas– y en el reiterado argumento de las “trabas para hacer negocios” que se esgrimen para criticar toda opción alternativa al saqueo del capitalismo salvaje, sino a algo mucho más sutil pero emparentado y enquistado “naturalmente” en la vida cotidiana: la vigencia increíble, en cierto sentido común urbano de clase media (comunicada y comunicante que tiene auto / consume taxi), de lo que no sé definir sino como ideología de la circulación.

Paralela o complemento perfecto para la insoportable y omnipresente ideología de la seguridad, la ideología de la circulación se manifiesta y circula –sin ironías– por los mismos medios. Quiero decir: las “dificultades de circulación” y los “problemas de inseguridad” aparecen convertidos en principales cuestiones que deben ser el/los motivos cuasi excluyentes de atención, ocupación/preocupación cotidiana para un cierto sector de la población argentina constituida –por influjo de ciertos medios de comunicación masiva– en el receptor y destinatario privilegiado del mensaje de los medios. Voy a ser grosero, acaso injusto, pero la sensación es que cierta radio y cierta tele hablan de, para y desde el que está arriba del auto. Y ésos –digo yo– ¿cuántos son/somos? ¿Qué y cuánto significan en el contexto general del país y de la sociedad esos sus/nuestros “problemas”?

La cuestión ejemplar es así: casi “naturalmente” –tal como funciona la ideología, dicen los que saben– ciertos informes mañaneros de noticieros y radios le hablan no a la gente en general (el total de la múltiple y descalificada, sufrida población) sino preferentemente a los que tienen auto y deben manejar para ir y volver de su trabajo, o de lo que fuere que necesiten hacer, moviéndose en la ciudad.

Se les avisa, al hablar del “estado del tránsito”, que puede haber “problemas”, en general de tres orígenes: con el clima –si llueve y se inunda, si hay granizada y te caga el auto–, de obras (a ver qué rompieron ahora) y de manifestaciones (otra vez cortaron, quién sabe por qué, estos hijos de puta).

Tres hechos diferentes, de naturaleza radicalmente distinta, asimilados / contados como “problemas” en la experiencia aparentemente pasiva de un damnificado. Esa es, la del damnificado, la figura que se recorta: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¡Qué país de mierda!, etc.

En realidad, cuando hay “dificultades de circulación”, las noticias que importan y de la que ese “problema” es una consecuencia por lo general menor, son otras: lo importante en este país es (la necesidad de) que llueva, no sólo que haga “buen tiempo” para irse un fin de semana a la costa; lo importante es qué obras se hacen o se dejan de hacer y si hay una manifestación que corta una calle –más allá de la pertinencia de la forma– la noticia principal es el reclamo, no la molestia ocasional del que no puede pasar

Lo increíble es que después de reiterar hasta el infinito este mecanismo de comunicación, se detectan “estadísticamente” –a falta de otras variantes menos impresionistas y más genuinas– síntomas de “malhumor” social. Para medirlo, es curioso, se computan los bocinazos privados o el pensamiento vivo del taxista atascado y no las protestas realmente malhumoradas de los que no tienen laburo, de los que piden por menos represión, de los echados por una empresa negrera o de los trabajadores que pelean por una democracia sindical largamente demorada.

En realidad –yendo un poco más lejos– lo que jode es la imposibilidad de trasladar las reglas de la propiedad privada y la lógica del negocio, al espacio común o público, con su lógica necesariamente solidaria. Eso se nota, a nivel macro, cuando en otros órdenes y otro ámbitos el “problema de la circulación” involucra a personas físicas reales, no a autos o capitales, y la tortilla del discurso ideológico liberal central se transforma: fuera los inmigrantes, fuera los indocumentados, de ese color no, por acá no se puede pasar ni circular, no jodan, miren por la ventana.

Y a veces les / nos toca, a los malhumorados de burguesa ocasión, saber en realidad de qué se trata la acomodaticia ideología de la circulación.

Fuente texto: diario Página 12, 23 de noviembre de 2009

Fuente video: página web youtube

Fuente imagen: página web thumbs.dreamstime.com

Publicado en  on Noviembre 30, 2009 at 12:04 pm Dejar un comentario

Mirar la Argentina: Alfredo Eric Calcagno: ¿Inclusión o exclusión para los argentinos?

 

El primer objetivo fijado en todas las constituciones nacionales argentinas, desde la de 1853 hasta la de 1994, es la unión nacional. Su práctica supone defender la soberanía e integrar e intercomunicar a todos sus habitantes y regiones en un pie de igualdad. Implica un sentido de pertenencia, con una fuerte dosis de solidaridad social, que privilegia la homogeneidad social y la integración física nacional.

No se trata de un bien que nos haya sido otorgado de modo irrevocable, sino de un valor cuya preservación implica una lucha permanente. En el plano social y regional, se quiebra la unidad nacional cuando impera la heterogeneidad estructural (desempleo, distribución muy desigual del ingreso, diferentes accesos a los servicios de salud y sanitarios entre grupos sociales y regiones). En lo físico se atenta contra ella cuando no existen medios de comunicación y transporte que vinculen todo el país. En los ámbitos económico y  político, se la vulnera cuando se hace prevalecer el interés de un sector por sobre el del conjunto nacional. En el plano informativo se deteriora la unión nacional cuando existen sectores monopólicos y hay grupos cuya opinión no se difunde.

Distintas fuerzas y modelos. La característica central de los modelos de desarrollo que se han alternado en la Argentina consiste en su naturaleza integradora o excluyente. El modelo industrializador que se consolida en los años 1940 tuvo como eje la integración de las clases trabajadoras en un aparato productivo en plena mutación, incorporándolas al consumo moderno y a la seguridad social; no menos importante que esa inclusión económica y social e inseparable de ellas fue su incorporación masiva a la vida política y sindical. La integración nacional entonces se tradujo por una redistribución progresiva del ingreso, un sector financiero y un ordenamiento del comercio exterior (Iapi) que favoreció el desarrollo industrial y unos servicios públicos nacionalizados que buscaban mejorar la integración física de los argentinos.

Los sucesivos golpes militares procuraron todos revertir esa participación y devolver el monopolio de la política al establishment económico y a sus aliados nativos y extranjeros. La restauración oligárquica adoptó su faz más nítida y brutal con el modelo neoliberal instalado en 1976. No se trató entonces sólo de una exclusión política de las mayorías populares, sino también de instaurar un modelo excluyente en lo económico, social y regional.

En este contexto, están en juego varios problemas de fondo. El primero es la índole de la futura Argentina: si, continuando el ciclo comenzado en 2003, seremos un país con hegemonía industrial y con servicios y agricultura de punta; o si prevalecerán el sector rentístico y los monopolios. En cada caso, predominará un grupo social y económico, lo que tendrá importantes repercusiones sobre la inclusión o exclusión social y económica.

¿Inclusión o exclusión? Con este telón de fondo, el eje de la controversia que enfrenta hoy al Gobierno y a la oposición consiste en consolidar –o no– la unión nacional mediante la incorporación de los excluidos. Este es el meollo del problema político actual. La Argentina tiene excluida o semiexcluida a una parte importante de su población. Frente a esta realidad hay dos posiciones. El establishment considera inaceptable tener que pagar impuestos proporcionados a sus ganancias, que se les ponga límites a sus ingresos rentísticos y a su poder de mercado o que la parte de los asalariados en la distribución del ingreso haya subido del 34 al 43%; y sostiene que el Estado no está para incluir a los excluidos, sino para contenerlos y reprimirlos; y que con el tiempo, la riqueza de los de arriba se derramará sobre los más pobres. El problema para la democracia es que cuando corren riesgo su poder y su dinero, los grupos hegemónicos no tienen límites en la defensa de sus intereses.

Por su parte, el Gobierno aplica una política coherente de inclusión social, educativa, informativa, de infraestructura y política.

La inclusión social significó desde 2003, la incorporación al trabajo de 5 millones de personas, a la jubilación de 2 millones, y a las asignaciones familiares a los 3 millones de hijos de desocupados y trabajadores en negro. El desempleo y el subempleo son todavía elevados (8,4% y 9,1% de la población activa al primer trimestre de 2009) pero son mucho menores que seis años atrás (20,4% y 17,8% respectivamente), y no aumentaron significativamente pese a la crisis internacional. Además, la tasa de trabajadores no registrados disminuyó del 49% al 36%.

El retorno al sistema de jubilaciones de reparto y el establecimiento de la movilidad de los haberes jubilatorios mejoran radicalmente las perspectivas de ingresos reales de los jubilados presentes y futuros, después de décadas de permanente deterioro.

La inclusión educativa se refuerza con la Ley de Financiamiento de la educación, que destina a esos fines el 6% del producto interno bruto; y con el renacimiento de las escuelas técnicas.

La inclusión informativa se implanta con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que rompe el monopolio informativo de la televisión y la radio, y permite la expresión de todas las opiniones. Es una inclusión de doble vía: por una parte se amplía de modo sustancial la posibilidad de que grupos culturales, políticos y sociales instalen radios y televisoras; y por la otra se permite al usuario conocer  todos los pareceres frente a cada hecho.

La inclusión por medio de la infraestructura implica la ejecución de obras públicas, en particular en materia vial, de energía, ferroviarias, de vivienda, agua potable y alcantarillado.

Para mejorar la inclusión política, el Gobierno propone un sistema electoral, que hará participar a todos los ciudadanos en las decisiones y candidatos de cada uno de los partidos políticos.

Se trata, como se ve, de medidas estructurales que hacen a la equidad en el acceso a ingresos dignos y a servicios y derechos básicos. No hay una apuesta por un crecimiento económico inequitativo que por sí mismo sacaría a todos de la pobreza por obra y gracia de un chorreo indigno. Los resultados de ese modelo ya lo conocemos: ni equidad ni crecimiento, sino más pobreza y exclusión. Por el contrario, las políticas de integración son esenciales, tanto para hacer viable el crecimiento en el largo plazo como para construir la sociedad que queremos.

En síntesis: el Gobierno lucha para jerarquizar el sistema productivo (con la industrialización y el apoyo a la actividad productiva antes que rentística) y para incorporar a los millones de personas hoy excluidas o integradas a medias. Si se lograra, cambiarán la sociedad y la realidad argentinas, desde su configuración jurídica y política hasta la estructura técnico-económica. Entonces, sí se habrá logrado la unión nacional.

Fuente texto: revista Miradas al sur, 14 de noviembre de 2009

Fuente imagen : blog salvadorhumor.blogspot.com 

Publicado en  on Noviembre 28, 2009 at 3:05 am Dejar un comentario

Alfredo Zaiat: El clientelismo

 

Algunas palabras se instalan en el espacio público y su sola enunciación actúa como descalificación. No importa el origen ni la rigurosidad en el análisis del concepto, sino que éste es entendido como algo malo. El término “clientelismo” encaja en esa concepción que facilita los discursos políticamente correctos. El consenso acerca de esa noción que desacredita ciertas iniciativas sociales encamina a fáciles posiciones demagógicas, puesto que reciben la aprobación de muchos. Diversos estudios de sociología política han abordado esa relación social en la cual se intercambian, de manera personalizada, favores, bienes y servicios por apoyo político entre actores que controlan diferentes recursos de poder. Esa definición adquiere más dimensión con el aporte desde la economía cuando se evalúa que esa relación involucra distribución de recursos públicos. En esa instancia aparecen los diferentes estándares de valoración de ese vínculo según los agentes participantes. Se considera “clientelismo” sólo cuando dineros públicos se destinan a los grupos más vulnerables de la sociedad, a través de planes de empleo o de asignaciones monetarias. En cambio, se trata de políticas que responden a criterios de “justicia” cuando esos fondos se dirigen a satisfacer reclamos de sectores medios, como se verificó con el salvataje de ahorristas del corralito o la eliminación de la denominada “tablita de Machinea”, que implicó un costo fiscal de unos 2500 millones de pesos anuales. De la misma manera se afirma que constituye una política económica “sensata” cuando empresas son beneficiarias de millonarias transferencias de recursos del Estado. En los dos últimos casos, ampliando el concepto que viene de la sociología política, se ha estructurado también una relación clientelar, que a veces se traduce en apoyo político y en otras, en rechazo. Esto último no significa que no haya vocación “clientelar” en esas iniciativas, aunque con éxito esquivo. Incluso en las capas empobrecidas la respuesta no siempre es positiva a los objetivos del poder político, como se ha verificado en más de una ocasión electoral, pese a las vagas denuncias de “clientelismo”. Estas se exponen como una manifestación prejuiciosa que considera que los pobres carecen de todo tipo de autonomía.

En textos de especialistas en la materia aparece un consenso básico respecto de las características del clientelismo:

1 Es una relación social que se entabla entre sujetos que intercambian bienes, servicios o favores por apoyo o lealtad política.

2 Estas relaciones se caracterizan por ser particularistas (no universales), asimétricas y personalizadas.

3 En ella siempre está contenida una búsqueda de acumulación política.

4 El intercambio no es sólo material, sino que además se intercambian valores, ideas y formas de interpretar el mundo.

Como se observa, esa definición no excluye vínculos que se establecen con capas medias y con grupos económicos, aunque el discurso dominante lo hace exclusivamente en referencia a los pobres. En el documento “Clientelismo, mercado y liderazgo partidista en América latina”, publicado en la Revista Nueva Sociedad, el investigador venezolano Humberto Njaim explica que “la crítica a estos fenómenos constituye tanto una formulación presente y reiterada en las campañas mediáticas contra los partidos como un latiguillo que emplean los mismos dirigentes partidistas en las luchas internas y en sus declaraciones públicas”. El reparo a la universalización de la asignación familiar por hijo ha sido uno de los máximos exponentes de esa utilización vulgar del concepto de clientelismo. Ahora bien, el uso propagandístico y acrítico de ese término no implica que se considere fructífero el concepto que encierra. Su vigencia queda en evidencia en numerosos análisis en los medios, también en su presencia recurrente en el debate académico y en el uso cotidiano que realiza la población. Pero si se precisan algunas características que se adjudican al clientelismo, se puede encontrar cierta similitud con otro concepto que también escandaliza al análisis político conservador: el populismo.

El italiano naturalizado argentino Emilio Tenti Fanfani, especialista en Sociología de la Educación, brindó una sintética y esclarecedora descripción: “El discurso acerca del clientelismo está permeado de moralina. Por lo general se habla del tema para denigrar, acusar y denunciar, y no para comprender, entender, explicar”. El investigador del Conicet agrega que “se trata de un pseudo concepto que habría que seguir utilizando en la medida en que se lo defina en forma rigurosa”. Al respecto, José María Fenoglio, de la Universidad Nacional de Rosario, en su trabajo Clientelismo político en instituciones del Estado, señala que “lo que resulta sugerente es que generalmente se habla de clientelismo y populismo cuando se califica –o mejor dicho se descalifica– la participación política de los sectores populares, o a la inversa, la acción del Estado hacia los mismos. Estas imprecisiones conceptuales son el producto de una comparación con modelos ideales de democracia y participación pensados desde las viejas democracias europeas. La consecuencia es similar para ambas nociones, su uso se encuentra cargado de representaciones preconstruidas. Esto les otorga una connotación peyorativa, descalificadora tanto de los procesos que intentan describir como de los sujetos envueltos en los mismos”. Este experto destaca el prejuicio de clase contenido en gran parte de los discursos que se refieren a la cultura política de los sectores populares. Criterios que no tienen la misma caracterización cuando se analizan los significados del apoyo que grupos empresarios realizan a determinadas gestiones políticas después de haber conseguido subsidios, créditos o cualquier tipo de beneficio estatal. Ese intercambio material por apoyo político, por ejemplo las privatizaciones de los ’90, no es incluido en la categoría “clientelismo” en los análisis tradicionales.

Entre los especialistas que se alejan de esos análisis superficiales se encuentra un grupo que es más comprensivo respecto del clientelismo. Lo considera un paso adelante en términos de desarrollo político, en la medida en que permite canalizar recursos desde las elites hacia los líderes y mediadores locales, y fortalecer los intereses de éstos y los de sus localidades. La posición más crítica sostiene, en cambio, que el clientelismo no conduce a la democracia ni a la modernización, ya que obstaculiza la puesta en práctica de políticas universalistas, lo cual desalienta la participación social y política, la atomiza, le quita autonomía y por lo tanto tiende a mantener el statu quo.

Pero cada etapa histórica debe ser evaluada con sus particularidades porque, en caso contrario, se corre el riesgo de pretender ajustar esquemas teóricos a realidades complejas. Por caso, en coyunturas donde políticas neoliberales extienden el universo de excluidos, éstos “aprovechan” el clientelismo como forma de cubrir las necesidades básicas de sobrevivencia en un entorno de privación material y aislamiento social. A la vez, cuando se extiende la cobertura del estado de bienestar, ampliando derechos sociales y económicos, universalizando su alcance, se fortalece el poder de los sectores populares, haciendo retroceder las prácticas clientelares. Por ese motivo, la asignación familiar por hijo para desocupados y empleados no registrados adquiere mucha relevancia, porque empieza a romper una relación asimétrica, superando a las políticas asistencialistas que reproducen vínculos de dominación.

Fuente texto: diario página 12, 21 de noviembre de 2009

Fuente imagen: página web eleconomista.es

Publicado en  on Noviembre 25, 2009 at 3:31 pm Dejar un comentario

Ricardo Forster: Las retóricas de la inseguridad y la angustia de los famosos

 

Cuando los temas gruesos de la política o de la economía dejan de ocupar las primeras planas de los diarios, cuando aquello que fue tema de debate y de conflicto (como por ejemplo la cuasi batalla campal suscitada por la ley de medios) sigue un curso más mesurado y las partes toman una cierta distancia de la lógica de la beligerancia, lo que vuelve recurrentemente sobre la escena nacional es la cuestión de la inseguridad. Cada tanto los fantasmas de la violencia y del caos regresan sobre nuestras atribuladas vidas como si siempre hubieran estado allí acechándonos. Voces famosas, de esas que ocupan las principales horas de las pantallas televisivas y que van forjando el sentido común de importantes sectores de la sociedad, suelen despertarse de su letargo para exigir medidas fuertes y contundentes contra los revoltosos de todo pelaje (y ahí se mezclan piqueteros que cortan el tránsito, delincuentes que ponen en peligro nuestras vidas y nuestras propiedades, vagos y otras lacras sociales que pululan entre nosotros, según la particular taxonomía de esos ciudadanos ejemplares). La retórica es siempre la misma: llegó la hora de actuar, de tomar decisiones que les sirvan a los ciudadanos decentes y que impidan que las hordas de marginales, esas que provienen de los suburbios oscuros, de esos barrios en los que jamás han puesto sus pies los triunfadores de la época, invadan las zonas pulcras y acomodadas. La palabra que se repite cada vez con menos pudor es una que tiene una larga y triste prosapia entre nosotros: represión. Eso es lo que desean las luminarias televisivas, los cultores de un sentido común que sólo toman la palabra para criminalizar a los pobres o para demandarle al gobierno “mano dura”. Desplazados otros problemas lo que repiquetea insistente y obsesivamente desde los medios masivos de comunicación es la voz de alarma, la constante exposición de una vida cotidiana transformada en una réplica del infierno. 

La inseguridad no es un tema menor, nunca lo fue y toda forma de organización social necesita resolver aquello que puede desestructurarla. El miedo ante lo imprevisto que asume la forma de la violencia urbana, del asalto y del caos no constituye una cuestión ni lineal ni evidente de suyo. No se trata de resolver el problema apelando al recurso de echarle toda la culpa a la manipulación mediática aunque su papel no es menor y marca el ritmo de la presencia o la ausencia de la inseguridad en la agenda pública; tampoco resulta convincente hacer como el avestruz y ocultar la cabeza ante problemas reales que angustian a los habitantes de las grandes ciudades en una época en que las formas de la convivencialidad hace mucho tiempo han caído en desuso. Pero no resulta para nada ingenuo que las voces que suelen levantarse para pedir orden y disciplinamiento sean las de aquellos que lo que defienden son sus privilegios y su seguridad sin importarles los padecimientos, las injusticias y las penurias por que atraviesan los sectores más débiles, esos mismos sobre los que se exige que caiga todo el peso de la represión.

Lo que no dicen esos cultores del autoritarismo capilar que rápidamente suele devenir en fascismo del sentido común (basta viajar en algunos taxis de Buenos Aires o escuchar a ciertas estrellas de la televisión para dar ese salto de vértigo hacia lo peor de nuestros prejuicios) es que la multiplicación de la desigualdad y la pobreza están en la base de nuestras vicisitudes. Lo que no alcanzan a pensar es que sus privilegios son proporcionales a la proliferación de la pobreza allí donde el escándalo de la injusticia no hace más que lanzar a millones de compatriotas a situaciones de extrema miseria que al no resolverse tienden a erosionar la seguridad y la vida cotidiana. ¿Cómo imaginar ciudades más seguras cuando nos alejamos cada vez más de un pasado, que hoy nos parece muy lejano, en el que imperaba una mayor equidad?

Debatir la seguridad es poner en evidencia lo que hemos perdido como sociedad, pero es también transparentar el potencial destructivo de un orden económico-social que en las últimas décadas fundamentalmente se ha cebado con los más débiles. Lo que inauguró el plan de Martínez de Hoz allá por marzo del 76, lo que retomó y profundizó el modelo menemista de la convertibilidad no fue otra cosa que el desmantelamiento sistemático de un modelo de sociedad y de Estado que entre los años 40 y los primeros 70 tendió hacia una mejor y más equitativa distribución de la riqueza (claro que con sus idas y vueltas, sus contradicciones y sus carencias magnificadas por los sectores del establishment económico y militar a lo largo de casi toda nuestra historia). Sin ser aquello una maravilla sí fue, al menos, lo más significativo en términos de derechos y de igualdad que supo desplegarse en el interior de nuestra sociedad. El daño causado por el neoliberalismo no se circunscribió apenas al aparato industrial ni al debilitamiento y el desguace del Estado, su acción depredadora desgarró el tejido social lanzando a la intemperie a millones de argentinos que, en muy poco tiempo, dejaron de ser portadores de derechos para convertirse en habitantes de la más absoluta de las marginalidades. Allí, en esa lógica de la violencia impiadosa del poder económico, hay que ir a buscar el punto de partida de eso que tanto atribula a los buenos ciudadanos de un país que suele invisibilizar a las verdaderas víctimas del sistema para convertirse, ellos, que suelen ser los privilegiados, en las víctimas de la inseguridad. Mientras viajan en sus autos de lujo con vidrios polarizados y se refugian en sus casas hiper vigiladas se muestran como los sujetos de un padecimiento que vuelve todavía más impúdica su prédica a favor de desatar nuevamente en nuestra sociedad las furias de la represión, esa que sólo sirve para proteger sus propiedades y sus riquezas. Ellos quieren vivir como en Montecarlo sin resolver uno solo de los núcleos determinantes de la pobreza; quieren poder circular sin que nada ni nadie se lo impida. Lo insufrible es escuchar a nuestras clases medias y a sectores populares identificarse con el “sufrimiento” de los ricos y famosos.

Poner en una misma bolsa la conflictividad social, la violencia y la inseguridad es una vieja estrategia de los sectores conservadores allí donde supone homologar el justo reclamo de actores o colectivos que luchan por sus derechos con la supuesta proliferación de una violencia anómica que amenaza al conjunto de la sociedad. Es la ideología de quienes son responsables directos de la injusticia y la desigualdad. De lo que se trata es de multiplicar exponencialmente la percepción del caos al mismo tiempo que se borran las huellas que nos conducen a los verdaderos responsables de la pauperización de millones de argentinos. El sistema se borra a sí mismo, oculta que él, y no la pobreza en abstracto, es el verdadero escándalo, ese que por lo general no suele ser denunciado por nuestros obispos ni recibe la atención de los grandes medios de comunicación.

Por eso, el Gobierno se enfrenta a un dilema decisivo allí donde ha resuelto, con criterio democrático indispensable, no reprimir la protesta social al mismo tiempo que no logra mejorar sustancialmente la situación de los más débiles, sabiendo, como lo sabe, que lo segundo sólo se logrará tocando intereses muy poderosos (cuando lo hizo recibió la descarga brutal de las diferentes corporaciones que están siempre dispuestas a defender sus privilegios). Ni más policías, ni “tolerancia cero” a lo Giuliani como desearía Macri en Buenos Aires, ni la construcción de muros como lo intentó fugaz y fallidamente un intendente de San Isidro el año pasado, ni colectas de Cáritas como paliativo ante la impudicia de los poderes económicos que producen cada vez más pobres, serán las alternativas que logren darle mayor seguridad y armonía a la vida de todos los días. Apenas si seguirán transformado el cuerpo del pobre en el receptáculo último de la violencia del sistema sin solucionar, por ello, el temor de las clases medias que, casi siempre, creen que los que están más abajo que ellas, son los responsables de sus angustias, los causantes de sus males y de sus pesadillas.

Fuente texto: diario Buenos Aires Económico, 17 de noviembre de 2009

Fuente imagen: blog julianferreyra.blogspot.com

Publicado en  on Noviembre 23, 2009 at 3:10 am Dejar un comentario

Carlos Girotti: De cuerpo presente

 

Desde que el 23 de agosto de 1962 fuera secuestrado Felipe Vallese, la literalidad de los cuerpos desaparecidos ha ido dejando abismos insondables en el lenguaje de los argentinos. Lugares comunes de la lengua, como “ponerle el cuerpo” a una situación equis, pasarían a tener significados nunca pensados antes del terrorismo de Estado. Recién en diciembre de 2001 el lenguaje se reconciliaría con los cuerpos en un territorio que, por décadas, se le había negado a uno y a otros: la calle. Sin embargo, este encuentro de los cuerpos con el lenguaje continúa siendo un problema complejo.

Es turbadora la presencia de los cuerpos cuando éstos, tras décadas de ausencias, se presentan a sí mismos y en este acto de presentación constituyen, además, otro lenguaje. No sólo son los cuerpos sino lo que ellos dicen, porque en ése, su decir propio, hay una contestación incontrovertible al lenguaje aceptado, a lo dicho para no decir ni nombrar, a esa lengua que, a fuerza de frases hechas y de macaneos sistemáticos, es una coraza que blinda al sentido común. Los cuerpos presentes son turbadores porque ya no solicitan mediación ni alegoría que los evoque. Demiurgos, son su más genuina representación. Entonces, además de turbar, perturban. Su imprevista entrada en escena altera lo ordenado. Hay, en esa alteración, la presencia irrefutable de la alteridad manifiesta de los cuerpos autoconcebidos, no ya como máquinas de trabajo sino como un otro cuestionador que emerge de entre las sombras. Por momentos, esa imagen es aterradora e inquietante. Es el retorno de los muertos vivos. Es el Thriller de Michael Jackson, improbable lector de Michel Foucault, Giorgio Agamben, Roberto Esposito, Toni Negri o Paolo Virno porque, mucho más acá de las reflexiones sobre la biopolítica y el biopoder, las derechas argentinas se espantan con esos espantajos en las calles. Si pudieran, los desaparecerían. Volverían a hacerlo, regresarlos a la nada de la que nunca deberían haber vuelto.

Turban y perturban los piqueteros, las Milagro Sala, los nietos recuperados, los obreros de Kraft, los trabajadores del subte, y cualquier Don Nadie que se plante y comience a balbucear el lenguaje inconcluso de su cuerpo presente. ¿No eran de temer, acaso, aquellos pequeños e inofensivos ahorristas que no cesaban de abollar las cortinas metálicas de los bancos herméticos? En este país, que instituyó el eufemismo de la desaparición forzosa, el primer gesto de las derechas destituyentes es el del sobrecogimiento; les asusta que quienes recuperan la potestad plena de sus cuerpos no les tengan miedo. Superado ese umbral primario y fisiológico, las derechas atinan a cubrir los baches del lenguaje que esa lengua incompleta y novedosa de los cuerpos deja tras su sorpresivo andar. Lo hacen con su propio lenguaje que no es otro que el del poder real que detentan. Entonces, por ejemplo, la empresa Metrovías se dirige a sus empleados por medio de una solicitada y “los exhorta a que utilicen las vías institucionales”, como si no lo hubieran hecho, y justo ahora que utilizan las vías del subte para expresar la protesta. Pero la concesionaria no se dirige a sus trabajadores sino a los millares de trabajadores que transporta en sus trenes y que en tiempos de paro putean a los otros. O la detención violenta de cuarenta personas en la Plaza de Mayo porque cuatro de ellas, sin ropa alguna, hacían “exhibiciones obscenas”. Interesante el calificativo condenatorio. En abril de 2002, en la esquina de Avenida de Mayo y Lima, cientos de nudistas voluntarios habían acudido al llamado del fotógrafo Spencer Tunick para ser retratados artísticamente, en tanto “la Policía había dispuesto un operativo de seguridad”, como lo testimonia el participante Alberto Auné, en su blog disponible en la Internet, en donde agrega: “Habíamos respondido a una convocatoria por email, impulsada por el diario La Nación entre otros medios”. Tan sólo cuatro meses antes, la misma policía dejaba tendido, sobre la misma avenida, el cadáver del motoquero Almirón, entre otros muchos asesinados en diciembre de 2001.

Todo este diario se podría escribir citando ejemplos concretos de cómo el lenguaje del poder tapa los agujeros que deja ese otro lenguaje que a tientas busca sus propias palabras. Pero ¿son éstas encontrables sin una estrategia del lenguaje? ¿Es tan sólo un azar la confluencia de la acción directa de los movimientos sociales con las palabras que los autonominan? ¿Cuánto de la autonomía de los movimientos no se juega en ese discurso trunco que nace de la reivindicación sectorial pero que no llega al resto de la sociedad? Y a su turno, ¿habría acaso un nuevo lenguaje integral, que marcara una época distinta, que no abrevase de esa experiencia espasmódica e imperfecta de la lengua acuñada por los movimientos sociales? ¿Sería la exterioridad de ese leguaje integral no contaminado lo que enriquecería y completaría a los movimientos?

Impresiona que estas preguntas no tengan aún una respuesta sólida o que ésta, de existir concretamente, todavía no se revele como una tendencia histórica en la actualidad argentina. Es decir, impresiona que subsistan con fuerzas parecidas esa cultura política antiintelectual, que consagra a la acción por la acción misma, como aquella otra que busca alejarse de la práctica para no intoxicarse con sus emanaciones. Pero lo más impresionante es que, mientras esto ocurre, el lenguaje destituyente se enseñorea porque aquello que al principio lo espanta, luego lo agita para espantar a la sociedad. Lo lastima que se esboce un rudimento de pensamiento crítico, pero de inmediato lo califica de usina ideológica del kirchnerismo; lo inquieta que la calle sea la escenografía del interés público, pero de súbito degrada a éste a la condición de agente del caos y la anarquía.

El léxico vigente de la política –ese glosario puro y duro– que todo lo simplifica y reduce en aras de lo políticamente correcto, que hoy puede ser usado para justificar una alianza y mañana para denostarla (y repare el lector que esto le cabe a tirios y troyanos) no es un buen antídoto contra la lengua militante de la destitución. Habrá que hacerse cargo de ello, al menos para que la democracia real siga estando de cuerpo presente.

Fuente texto: diario Buenos Aires Económico, 12 de noviembre de 2009

Fuente imagen: página web dubon.es

Publicado en  on Noviembre 21, 2009 at 3:17 am Dejar un comentario

Mirar Estados Unidos: Juan Gelman: Del heroísmo a la heroína

 

Es notorio que las tropas estadounidenses que combatieron en Vietnam no les hacían asco a las drogas. Menos ahora en Afganistán. Es la primera vez que ocupan un país productor de opio, padre de la heroína, y de ella se sirven para uso personal y no solamente: el paquetito que se puede comprar por 30 dólares a pocos pasos de la base aérea norteamericana de Bagram, al norte del país, rinde centenares de dólares en las calles de Nueva York. Lo comprobó el periodista independiente Shaun McCanna cuando filmaba un documental in situ (www.salon.com, 7-8-09). Después de todo, Afganistán es el origen del 93 por ciento de la heroína que se produce en el mundo. Era: tanta producción abarató el artículo y los campesinos afganos han reducido algo su cultivo.

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No siempre fue así. A mediados de los ’70 no había adormideras opiáceas en Afganistán ni en Pakistán. Todo cambió con la invasión soviética en 1979: el entonces presidente Jimmy Carter dio luz verde a la operación encubierta de la CIA destinada a financiar y armar a la resistencia afgana. En las zonas que iban liberando, los mujaidines ordenaban a los campesinos que cultivaran opio para pagar el “impuesto revolucionario” y se instalaron laboratorios de elaboración de heroína en la frontera afgano-paquistaní protegidos por la CIA y el servicio de espionaje de Pakistán. Resultado: el fiscal general estadounidense William French Smith declaraba en 1981, apenas dos años después, que de allí provenía el 60 por ciento de la heroína que se consumía en EE.UU. (sonic.net, agosto-septiembre de 1997). Qué rapidez. No comparable, sin embargo, a la que se observa desde la ocupación de Afganistán.

El gobierno talibán, curiosamente, había reducido en un 90 por ciento el área cultivada con la adormidera. Desde el 2001, año de la invasión, las tierras sembradas se multiplicaron por 15: pasaron de 8000 hectáreas a 123.000 en el 2009 (Afganistán Opium Survey 2009, Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, septiembre 2009). Los ingresos generados por el tráfico de la droga afgana son considerables. “El comercio de los opiáceos afganos proporciona una gran parte de los ingresos a escala mundial de los narcóticos, cuyo monto estimado por las Naciones Unidas es de 400 a 500 mil millones de dólares anuales”, señaló el especialista Miguel Chossudovsky (www.globalresearch.ca, 12-7-04). Hoy, tal vez más. Son de imaginar los intereses comerciales y financieros, legales e ilegales, que manejan este botín.

Chossudovsky señala que, si se toma en cuenta que el narcotráfico ocupa el tercer lugar, después del petróleo y de la venta de armas, en cuanto a las ganancias que arroja la comercialización de productos a nivel mundial, los poderosos grupos de negocios aliados al crimen organizado compiten por el control estratégico de las rutas de la heroína, no menos importantes que las petroleras y las armamentistas. ¿Habrá sido éste otro incentivo que alimentó la invasión y ocupación de Afganistán? Los talibán se están tomando la revancha: venden heroína barata a las tropas estadounidenses, desgastadas por las misiones de combate y, sin embargo, con bastantes horas libres por día en las que hay que entretenerse. ¿Con heroína? Por qué no.

McCanna compró heroína una docena de veces con absoluta libertad mientras realizaba su documental sobre la muerte en circunstancias sospechosas del soldado John Torres, que había escrito a su familia acerca de los problemas de drogadicción en la base aérea de Bagram. Aunque un portavoz de la base, el mayor de ejército Chris Belcher, había emitido un comunicado en el que indicaba que “son escasos los informes sobre el uso de drogas o de alcohol (entre los efectivos norteamericanos) que recibe la policía militar”, McCanna no pudo hablar con tres veteranos que recibían tratamiento por drogadicción, como se le había prometido. Los únicos datos oficiales del Departamento de asuntos relativos a los veteranos mostraban que no existían –o eran pocos– los casos de consumo de heroína por las tropas estadounidenses en Afganistán. Quién sabe.

El general de cuatro estrellas (R) Barry McCaffrey, zar de las drogas bajo la férula de Bill Clinton, confesó no hace mucho que el uso de drogas entre las filas de ocupantes norteamericanos se había duplicado en los últimos cuatro años. Si se aumentara el número de efectivos trasladados de Irak a Afganistán, agregó, muchos más “meterían la nariz (en la heroína) y les va a gustar” (www.thedailybeast.com, 4-11-09). Si Obama decide finalmente destinar 40.000 militares más a una guerra que ya dura ocho años, los estará exponiendo a la muerte por droga o plomo. Pero se sabe que a la Casa Blanca poco le importa ese detalle, empeñada, como está, en “la lucha por la libertad y la democracia” en todo el mundo.

Fuente texto: diario Página 12, 8 de noviembre de 2009

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Publicado en  on Noviembre 19, 2009 at 12:56 pm Dejar un comentario

Carlos Polimeni: De farándula, represión y enanos fascistas

 

Primero fue La Señora de los Almuerzos, con su habitual tono apocalíptico, desde la mesa del canal que ha hecho de la inseguridad su tema central, a tono con la campaña permanente montada por uno de sus propietarios, Francisco de Narváez. Muy segura de sí, con ese tono de indignación de vecina de Avenida del Libertador que la caracteriza, Mirtha Legrand de Tinayre (Chiquita Martínez, para las amigas) anunció al finalizar la semana pasada que se disponía a hablar con sus amigos del ambiente artístico para convencerlos de que hay que “hacer algo” para “instituir el orden” en la Argentina. Un poco más adelante anunciaría una marcha silenciosa de protesta contra el Gobierno, que luego viró hacia un acto en un teatro y más tarde quedó en el aire hasta nuevo aviso, tal vez hasta que aparezca alguien con poder para organizar.

Ante la invitación inicial de la viuda de Tinayre, algunos de sus amigos más famosos no tardaron en salir a la palestra. Mortificada por un episodio familiar, Susana Giménez sostuvo el lunes que los problemas de la inseguridad se resuelven con represión. “O reprimen o esto es un caos”, afirmó, aunque esa vez no usó la idea que afirma que “el que mata debe morir”, patentada cuando unos taxi boys mataron a un peluquero de su confianza. La blonda diva adicta al fotoshop no se pronunció desde un espacio en el canal para el que trabaja, Telefé, sino en una entrevista que concedió a Radio 10, durante el programa que conduce su amigo Oscar González Oro. “Lo que dijo Susana es cierto…o ponemos orden o esto es un caos”, subrayó luego el  anfitrión. “Ella no tiene por qué hablar, y sin embargo se la banca y habla”, elogió. Desde el hospital en que está internado, Cacho Castaña declaró que ya había hablado con su médico para que le diese un alta parcial el día que los famosos se unieran en público para hostigar juntos al Gobierno.

Marcelo Tinelli no quiso quedarse atrás. El lunes cruzó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que había expresado que daba vergüenza el modo en que la televisión suele mostrar historias de la pobreza argentina para ganar puntos de rating. El martes sostuvo que el país está lleno de desocupados que no quieren ser parte de “grupos violentos que son funcionales al poder”. Ese día estaba indignado por el paro de los trabajadores de subterráneos que, hasta aquí, muy amigos del poder no son. El jueves, después de haberse ofendido por declaraciones del senador Miguel Angel Pichetto (“Estos personajes no han ganado una elección ni en una sociedad de fomento”) y por el piquetero Luis D’Elía (“Son los hijos putativos de los medios concentrados del poder económico, hablan a sueldo, viven en sus mansiones con sus Mercedes Benz, sus casas en Miami”, “apoyan a la derecha cavernícola” y “quieren que vuelvan Videla, Massera y Agosti”), su munición fue más pesada. “Que yo hable de paz te cuesta entender, porque sos un violento”, le espetó a D’Elía, en el medio del monólogo de introducción a su programa en Canal 13.  “Pichetto –siguió Tinelli– dice que no hemos ganado una elección y tenemos un odio visceral como en el ’55. El odio visceral es tuyo que vivís la vida con un revanchismo de un país de 50 años atrás”. Clarín puso la noticia en tapa el viernes: “Dura réplica de Tinelli. Fue por los ataques de Pichetto y D’Elía”.

Cualquier lector de Miradas al Sur podría pasar horas recitando de memoria los hechos de sus propios pasados que deberían aconsejar a los miembros de la modesta farándula argentina una cierta dosis de prudencia a la hora de hablar sobre temas como represión, inseguridad, caos, violencia, complicidad, relación con el poder de turno, órdenes para hablar de determinados temas u ocultarlos, impunidad. Pero más allá de sus argumentos más o menos oxidados y del modo en que juegan políticamente hoy, algunos sin ninguna inocencia personal, otros con cierta candidez, es lícito preguntarse si son cruzados que operan como vanguardia de una nada o si sus discursos expresan, con matices, lo que piensa una parte importante de la clase media urbana argentina.

La manera más fácil de resolver el asunto es inclinarse por la primera opción. Como la farándula es históricamente derechosa, inculta y acomodaticia, y está repleta de nuevos ricos, sería más o menos normal que en situaciones de tensión social sus referentes hablasen con el manual del enano fascista bajo el brazo. Es una posibilidad un tanto tranquilizadora, ya que sólo se representarían a sí mismos. Pero la verdad es algo más incómoda. Aunque pertenezcan a un ambiente enrarecido y sus cuentas bancarias presenten mucho más ceros que los de la llamada gente común, los nuevos pregoneros del orden basado en la represión parecen expresar de modo cabal lo que piensan otros millones de honrados ciudadanos que extrañan, aunque nunca lo digan en voz alta, el orden que proviene de los palos.

Dicho de otro modo: los enanos fascistas son parte del inconsciente colectivo de la sociedad argentina y los famosos operan como voceros, más o menos espontáneos, de un sentimiento larvado que en determinadas circunstancias sale a flote, con su pesada carga de resonancias del pasado. Videla y Massera, chacales que el chacal despreciaría, no bajaron de un plato volador. Fueron emergentes de vastos sectores de una sociedad que parecía necesitarlos, al punto de que por momentos reclamaba a voz de cuello su presencia en el escenario. Y que repudia sus nombres –no siempre sus métodos– cuando ya sirvieron a intereses que los precedían. Por eso, cuando las radios le llaman caos a toda alteración momentánea del orden vehicular, o un asalto es repetido tantas veces por los canales de televisión que se transforma en varios asaltos consecutivos, de los riñones de una sociedad sensibilizada aflora aquello que estaba oculto. Repriman, repriman, parecen pedirle a las fuerzas del orden los buenos padres de familia. Y si el Gobierno no quiere reprimir, que se vaya.

Es fácil decir que Mirtha atravesó toda la dictadura ganando plata en televisión sin decir una palabra sobre los atroces hechos que sacudían al país sin observar, en simultáneo, que la mayoría de los argentinos actuó como si nada estuviese pasando. Es simple decir que Giménez es capaz de comprar un auto para discapacitados para evadir impuestos, siendo dueña de fortunas, pero no reparar en que su supuesta viveza criolla es parte de un mandato que la sociedad que la rodea impone casi como prueba de pertenencia. Es sencillo señalar a Tinelli como un empresario amigo del poder de turno, hasta que ese poder se despluma, sin advertir que en todo caso sigue el comportamiento pendular de la misma sociedad que eligió primero a Alfonsín y luego a Menem, primero a De la Rúa y luego a Kirchner. La farándula sobreactúa al argentino promedio, pero no tiene libreto propio. Eso no significa que no haya aspirantes a libretistas, está claro, entre aquellos que son muy democráticos en apariencia, pero aman las conspiraciones más que sus propias imágenes reflejadas en los espejos.

Fuente texto: diario Miradas al sur, 14 de noviembre de 2009

Fuente imagen: página web talavera3000.es

Publicado en  on Noviembre 17, 2009 at 4:01 pm Dejar un comentario

José Natanson: Sutilezas del cambio

 

Durante décadas, las leyes electorales de la mayoría de los países tendían a respetar el principio de libertad de organización. La ley argentina de partidos, sancionada en 1985, exige un mínimo de democracia interna a través de la elección de autoridades de forma periódica y la disposición de un órgano independiente del Poder Ejecutivo (la Justicia electoral) para controlar estos procesos. Todo lo demás –desde los mecanismos de elección de los candidatos hasta la definición de las plataformas– queda librado al criterio de cada fuerza. En los últimos años, sin embargo, cada vez más países apuntan hacia una mayor intervención del Estado: el debilitamiento de los partidos como grandes agregadores de intereses sociales y formuladores de plataformas ideológicas –el ocaso de los partidos de masas– ha ido reduciendo sus funciones, hoy limitadas sobre todo al reclutamiento de personas para cargos públicos, convirtiéndolos en virtuales entidades paraestatales. Es por eso que en muchos países, no sólo en Argentina, se aprobaron diversas iniciativas orientadas a fortalecer a los partidos y devolverles su centralidad en la escena política, con resultados dispares. Veamos.

Pro y contra de las internas abiertas

Inspirándose en experiencias internacionales (Uruguay) y subnacionales (Santa Fe, parcialmente Salta), el primer gran ítem del proyecto oficial son las internas abiertas, obligatorias y simultáneas. Junto a otras modificaciones complementarias (quien pierde la interna de una fuerza no puede presentarse por otra, quien quiere presentarse por un partido que no es el suyo debe desafiliarse primero, cada partido puede presentar una sola lista, sin colectoras ni listas espejo, las alianzas deben definirse antes de la primaria, etc), la norma busca priorizar a las estructuras partidarias por sobre los liderazgos personales, establecer fronteras más nítidas entre un partido y otro, reforzar la dimensión institucional y territorial del partido y consolidar su unicidad.

Sin embargo, no está tan claro que este nuevo marco regulatorio derive automáticamente en un fortalecimiento de los partidos. Al abrirse la participación interna, el voto de los afiliados vale lo mismo que el de los independientes (o incluso menos, pues es probable que los candidatos consideren que es más rendidor conquistar a los independientes, que son más), lo que deriva en un debilitamiento del rol de los militantes. Ocurre que, hoy por hoy, el derecho a definir las listas es uno de los incentivos más importantes, en algunos casos el único, para afiliarse a una fuerza política. Si ese derecho se extiende a todo el mundo, se diluye, y la afiliación pierde sentido. No se trata de reivindicar la ilusión de una militancia que hace al menos dos décadas que no existe en la Argentina, pero sí de señalar la erosión del vínculo candidato-afiliados que una norma de este tipo podría generar.

Por otra parte, un candidato elegido por la ciudadanía –y no por los afiliados o las cúpulas– tenderá a expresar los valores generales de la sociedad antes que las ideas de su organización. Y si esto por un lado puede, como se ilusionan algunos, empujar al centro político a los partidos, por otro puede resultar en un vaciamiento programático e ideológico de las fuerzas políticas, tal como advierten Flavia Freidenberg y Francisco Sánchez López (¿Cómo se elige un candidato a presidente? Reglas y prácticas en los partidos políticos de América Latina).

Atendiendo a estos argumentos, conviene analizar cuidadosamente los efectos posibles –y no sólo los deseados– de las internas abiertas. Y es que, aunque es cierto que cada candidato estaría obligado a moverse dentro de las fronteras de su partido y que las fuerzas políticas encontrarían más incentivos para unificarse territorialmente, se corre el riesgo de que los líderes, luego de ser elegidos en internas masivísimas, se autonomicen aún más de sus organizaciones. Como sostienen Adriana Gallo y Victoria Sheepshanks (Representación política y democracia partidaria. El debate en torno a las primarias en los partidos de América Latina), “la paradoja es que se intenta mejorar la representatividad de los partidos a costa de procedimientos que tienden a desligar a las organizaciones de sus candidatos”.

Escenarios

Antes de avanzar en el análisis, conviene aclarar que los efectos concretos de una reforma política nunca son enteramente previsibles. Aunque muchos comentaristas actúan como si supieran lo que efectivamente va a pasar, ninguna ley –y menos una ley sobre la política– es un fórmula de futuro, sino un marco más o menos general cuyo resultado depende de una larga serie de cuestiones, desde la actitud (la inteligencia) de los actores hasta la reglamentación del gobierno o los fallos de la justicia.

En este contexto, la idea de que es un traje a medida para una eventual candidatura de Néstor Kirchner en 2011 es al menos exagerada. Sucede que, desde su derrota en las elecciones de junio, el ex presidente cuenta con más recursos de poder (dinero, aparato, etc.) que de popularidad, con un techo que, según las encuestas, ha bajado mucho, por lo que, en principio, daría la impresión de que le resulta más conveniente una interna cerrada (“aparateada”) que una abierta. Y si bien es cierto que una interna abierta le permitiría relegitimarse socialmente con vistas a la presidencial, nada indica que esto vaya a pasar (Francisco De Narváez lo sabe bien).

Lo que sí puede advertirse, en una mirada más general, es un posible –sólo posible– efecto global sobre el sistema de partidos. Como señaló Artemio López en su blog RambleTamble, la reforma política podría reforzar el dispositivo bipolar UCR-PJ, pero angostando su despliegue electoral concreto. En el 2003, por ejemplo, tres fórmulas peronistas se quedaron con el 65 por ciento de los votos. Lo mismo sucedió en junio en la provincia de Buenos Aires, donde dos fórmulas peronistas –Kirchner-Scioli y De Narváez-Solá– sumaron el 60 por ciento. Con la nueva norma, parece difícil que el PJ, totalmente unificado, obtenga más del 50 por ciento. En definitiva, la nueva ley haría más nítidas e infranqueables las fronteras partidarias, evitando este tipo de alternativas y, por lo tanto, complicando las chances del cuasi peronismo y del cuasi radicalismo de cara al 2011.

Cuidado con el piso

En cuanto a las terceras fuerzas, no es seguro que resulten perjudicadas. Al contrario, al blindar al PJ y la UCR y estrechar –aunque consolidándola– su base electoral, la ley puede generar incentivos para la unificación a lo largo del tiempo y su articulación en un verdadero espacio nacional. Las dos experiencias más cercanas de leyes de este tipo (Santa Fe y Uruguay) coinciden en este punto: una tercera fuerza de raíz municipal (el Socialismo rosarino y el Frente Amplio montevideano) logró primero romper el bipartidismo (radical-peronista en el primer caso; blanco-colorado en el segundo) y después alzarse con el premio mayor (en el caso santafesino, previa alianza con la UCR). Pero esto exige esfuerzos de articulación y, sobre todo, paciencia para la construcción política, dos cualidades en las que la centroizquierda argentina, salvo excepciones, no suele destacarse.

En cambio, es muy probable que la reforma política, al exigir un piso del tres por ciento en las primarias para poder disputar la general, perjudique a las cuartas, quintas, sextas y enésimas fuerzas (los ejemplos podrían ser el Partido Demócrata Progresista en Santa Fe y el Partido Independiente en Uruguay). También podría generar efectos negativos en los partidos nuevos y en los monotrobutistas políticos. En algunos casos, para no perder la personería, las nuevas fuerzas deberán buscar alianzas con alguno de los grandes partidos: la supervivencia al costo del acople –y la deglución– por parte de las fuerzas mayoritarias es un potencial efecto negativo a tener en cuenta.

Pero estamos ante un dilema: un proyecto que busca evitar la fragmentación del sistema de partidos, fortalecer la unicidad de cada fuerza y dotarla de estabilidad, apunta, implícitamente, a generar un diseño integrado por unas pocas agrupaciones nacionales y permanentes. ¿Cómo encontrar un equilibrio entre el objetivo último de reorganizar racionalmente el sistema y la necesidad de proteger a las nuevas fuerzas y garantizar su representatividad?

Un caso extremo es el de Chile, donde el sistema binominal que rige desde el final de la dictadura produjo una dinámica muy estable y ordenada en base a una coalición de centroizquierda y una de derecha. Pero el costo de tanta prolijidad –tan aplaudida– ha sido enorme: el sistema excluye de manera sistemática a los partidos que no forman parte de las dos grandes coaliciones –especialmente al Partido Comunista y al Partido Humanista–- que en algunas elecciones han arañado el diez por ciento de los votos, lo que implica dejar sin representación a una parte importante de la población, y castiga duramente a quienes abandonan las coaliciones dominantes (Marco Enríquez-Ominami es el primer contraejemplo en dos décadas). El costo de la estabilidad es una disciplina rayana en la obediencia debida.

Recursos

El proyecto oficial de reforma política incluye otras reglamentaciones menos discutidas pero no menos importantes, como los límites a la publicidad privada, la prohibición de los aportes de empresas (no de personas físicas) y el establecimiento de plazos para las campañas. En De las normas a las buenas prácticas. El desafío del financiamiento político en América Latina, Daniel Zovatto, el principal especialista en el tema en América latina, analiza las reformas implementadas en varios países de la región y concluye que, en general, el financiamiento público ha funcionado en adición al privado, sin sustituirlo. El talón de Aquiles de las reformas –explica Zovatto– son los órganos de control: que el sistema controle al dinero y no el dinero al sistema. En este sentido, parece necesario imponer controles que impidan por ejemplo iniciar la campaña antes de tiempo con el sencillo argumento de que, al no mencionar el cargo al que se aspira, el candidato no se está candidateando sino “difundiendo una idea” (como hizo De Narváez), del mismo modo que es necesario limitar de manera muy estricta la utilización de recursos públicos con fines electorales (de lo cual la campaña de Kirchner fue un ejemplo no menos notable).

Otros aspectos de la reforma, como la unificación de los padrones (propuesta por el Gobierno) o la minimización del rol del Ministerio del Interior (iniciativa de la oposición) parecen muy razonables. La cuestión de la boleta única también, aunque su implementación con decenas de partidos y cientos de candidatos parece difícil. El voto electrónico genera problemas ya que –de acuerdo con el sistema que se utilice– no deja constancia física, lo que impide los recuentos posteriores. La modificación de la lista sábana, cliché de los comentaristas, es muy discutible (si el piso del tres por ciento amenaza a los partidos chicos, la eliminación de la sábana directamente los liquida).

Más allá del debate punto por punto, es necesario moderar las expectativas acerca de los efectos concretos de las operaciones de ingeniería institucional: como escribió Edgardo Mocca en la revista Debate, pensar que resultará en un fortalecimiento automático de los partidos es tan absurdo como creer que la inseguridad se reducirá aumentando las penas. El camino elegido por el Gobierno –escuchar a la oposición y luego redactar un texto que el resto de los partidos ignoraban hasta el día de su presentación– no parece el más adecuado. Al tratarse de la ley que regula la política y define la forma en que se distribuyen mayorías y minorías –-y, por lo tanto, los equilibrios de poder–, parece lógico exigir una mayoría aún más amplia que la mitad más uno que establece la constitución. Como dirían en la tele, que salga por consenso.

Fuente texto: diario página 12, 8 de noviembre de 2009

Fuente imagen: página web la republica.com.uy

Publicado en  on Noviembre 16, 2009 at 1:48 am Dejar un comentario

Mirar el mundo: José Pablo Feinmann: Bicentenario, tumbas y estatuas

 

Todo lo que está pasando –en nuestro país y en el mundo– se integra en una estrategia global de contrainsurgencia. Los tiempos son graves y se irán endureciendo. La derecha occidental (que se expresa en la contrainsurgencia) tiene como horizonte inmediato el retorno a la Doctrina de la Seguridad Nacional. Si alguien había pensado que Obama habría de trastrocar los planes del Imperio en su política bélica global, ya puede olvidarse de esas ilusiones. El fortalecimiento del golpe en Honduras marca una herida de impredecible (o acaso, lo que es peor, predecible) importancia en América latina. Obama ha sido derrotado, antes que por los golpistas hondureños, por el complejo militar-industrial de Estados Unidos. Es este complejo el que nadie (demócrata o negro o santo o hippie o Jesucristo Super Star) podrá tocar. La contrainsurgencia seguirá ocupando la prioridad estratégica de siempre. Esto implica retomar el “consenso de Washington”, retomar los axiomas del neoliberalismo, sumar a Europa a este proyecto (lo que nada costará) y muy especialmente sujetar duramente todo posible “desvío” de ese patio trasero que se ubica al sur del Río Grande. Nosotros. Aquí, en América latina, la contrainsurgencia ha instalado su centro de operaciones en Colombia. No sabemos ni podemos saber qué pasa en Colombia. Que ya funcione una Escuela de las Américas no debiera sorprendernos. Y que las bases norteamericanas se hayan multiplicado, tampoco. El Imperio sigue sosteniendo la geoestrategia de la unipolaridad. Los llamados neocons-republicanos permanecen en dominio del gigantesco aparato militar, que es insaciable y no puede detenerse. La cuestión acaso sea menos intensamente ideológica que en los tiempos de la Guerra Fría, pero es más desesperada. Estados Unidos necesita asegurar su abastecimiento de modo seguro, permanente. El mundo se desangra en enfrentamientos para que el ciudadano medio norteamericano no pase calor ni frío. Para que sus automóviles funcionen y las industrias de la nación no se detengan. Los neocons-republicanos tienen un enorme país a su cargo y esto los arroja a asegurarse la posesión geoestratégica del mundo. Lo que implica la integración de China a este proyecto, ya que no se lo podrá agredir militarmente. Para el resto del mundo pareciera (muy momentáneamente) seguir rigiendo la preemption (guerra preventiva) que lanzara Bush después del episodio de las Torres. Pero, como dijimos, por el momento. El Imperio global-comunicacional deberá avanzar aún más si desea consolidar su predominio. Este predominio lo consigue interviniendo directamente –como en Irak– o respaldando abiertamente a los grupos políticos que expresan sus intereses en el mundo. Es decir, aquellos que enfrentan a todo lo que pueda expresar un desvío ante la política de poder unipolar norteamericano. Retorna (luego de una leve ilusión contraria con Obama) el “con nosotros o contra nosotros” de Bush. Nadie queda fuera del esquema beligerante. Para eso el mundo se ha globalizado. Así, debemos dejar establecido que la nueva teoría de la contrainsurgencia surge en el marco de la “Guerra contra el terror”. Esta “guerra” no sólo se libra en el campo militar. Todo aquello que se diferencie o se oponga a la geoestrategia de unipolaridad de Estados Unidos cae dentro del concepto de insurgencia. “Insurgencia” es, en lo esencial, aquello que aparta a las sociedades de lo establecido en el Consenso de Washington y de la concepción neoliberal de la economía. Así –aunque en Estados Unidos sea habitual el descabezamiento de ciertos monopolios–, si en un país latinoamericano se agrede a un monopolio encuadrado dentro del esquema de seguridad neocons-republicano (Consenso de Washington-neoliberalismo-lucha contra el terror y el narcotráfico), el Imperio lo defenderá sin hesitación alguna. ¿Cómo? Instrumentando los elementos de poder con que cuenta en el país en que sucede el conflicto. (Nota: Para preparar el golpe en Chile, Nixon y Kissinger le dieron a El Mercurio dos millones de dólares para crear el “clima propicio” para el descabezamiento de Salvador Allende.) Lo que no se aceptará es el freno –ningún tipo de freno– a la “era americana” en el siglo XXI. Los islámicos habían elaborado un concepto de gran precisión: lo “glocal”. De modo inmediato, ya, el Imperio asoció la “glocalización” a la “insurgencia”. No puede existir en la “era americana” glocalización alguna. Lo glocal sería una afirmación de lo local en medio de lo global. No se rechaza la globalización, pero sólo se aceptará integrarse a ella desde la primacía de lo local. Esta primacía es la insurgencia. Porque la primacía no es la de la “localización” ante la “globalización”, sino que sólo existe un proyecto bélico estratégico y cultural: la “globalización”. Todo acto de glocalización será severamente incluido dentro de la insurgencia. “Simon W. Murden propone otra mirada que ubicaría la contrainsurgencia (…) cuyo fin sería hacerles frente a las insurgencias ‘glocal’ (a la vez local y global) en un mundo globalizado” (Khatchik DerGhougassian, “La contrainsurgencia Global en la Lógica de la Geopolítica Unipolar”, en Cuadernos de Actualidad en Defensa y Estrategia, Edición del Ministerio de Defensa, p. 14). Y añade: “En esta perspectiva, la insurgencia ‘yihadista’ es tan sólo un episodio. En el marco de la globalización presente emergerán muevas rebeliones e insurgencias de distintos signos ideológicos y con estrategias diversas” (Ibid., p. 14).

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En resumen: la contrainsurgencia en el siglo XXI consiste en asegurar la unipolaridad del Imperio bélico-comunicacional. La contrainsurgencia se expresa como Lógica de la Geopolítica Unipolar. Si definimos al Imperio como bélico-comunicacional es porque instrumenta –desde hace ya tiempo, sin cesar– el poder que le otorga la revolución que hizo desde los ’80 hasta hoy. Se trata de la única revolución exitosa del siglo XX: la revolución comunicacional. El Imperio es bélico porque somete por las armas. Y es comunicacional porque somete por los medios. Este nuevo poder no alcanzó a ser estudiado ni por Foucault, el gran teórico del poder en el siglo XX. La misión de lo comunicacional es la de la colonización de las conciencias. Foucault acertó al decir que había que abandonar la idea de la “crueldad” como inherente a la “represión”. No, la represión comunicacional radica en entretener al receptor y atrapar su conciencia y sofocarla y colonizarla con la “verdad” del poder. La verdad no existe. La verdad es una creación de los medios. Los medios son parte esencial de la contrainsurgencia. Es necesario controlar o aniquilar o inmaterializar toda verdad que provenga del sector insurgente, el opuesto al proyecto global que hegemoniza la geopolítica unipolar. A las verdades del poder insurgente hay que oponerles las de la unipolaridad del poder global, transnacional, antiglocal, socio mayoritario de la empresa que forma con los poderes que lo representan en cada país. Se podría señalar que ésta es la “vieja” lógica del imperialismo y el antiimperialismo. Sí y no. Un Imperio –y el país que anhela imponer la “era americana” en el siglo XXI lo es– desarrolla siempre una política “imperialista”. ¿Qué hace Estados Unidos en Irak? Peor: hace colonialismo. Una táctica ya superada desde el siglo XIX. El país imperial se instala en el colonizado y ahí se queda. Hasta George Canning y Richard Cobden desaconsejaban esta política al Imperio británico. Pero varias cosas han cambiado. La contrainsurgencia enfrenta un fenómeno global, la insurgencia. Que está en todas partes. La enfrenta con las armas –al viejo estilo– y con los mass media, al nuevo estilo. “Denme a un sujeto, pónganlo 16 horas frente a un televisor y tendré un sujeto-sujetado”, podría decir el guerrero comunicacional. La insurgencia se sofoca por medio de la verdad de la contrainsurgencia que los medios que le sirven imponen a la población. En nuestro país –único caso en el mundo– la contrainsurgencia cuenta con la “ideología taxi”. Aunque ya es posible sospechar que algunos de los buenos muchachos que manejan esos bichos negros y amarillos están puestos ahí por la contrainsurgencia. Algunos tienen tanto ardor, vehemencia, tanta información, un pensamiento tan estructurado que uno, lo quiera o no, elabora teorías conspirativas. (Sí, créalo: es improbable que algunos “tacheros” digan lo que dicen, sepan lo que sepan, o, lo más evidente, razonen con tal precisión por el sólo hecho de escuchar la radio mientras manejan y llevan a sus pasajeros de un lado a otro contrabandeando ideología de un modo efectivo y casi admirable. Además, al taxista todos le temen. Suponen que tiene un caño para probar la presión de las gomas y con él les romperán la cabeza. Raro el que le diga: “Perdón, callesé, por favor. No subí aquí para escucharlo a usted”. O: “Pare en la esquina. Voy a tomar el subte”. No, todos escuchan. Algunos discuten. Otros no contestan y se hacen los distraídos. Pero el mensaje entra igual. La “contrainsurgencia tachera” es poderosa en la Argentina.)

En América latina el panorama es grave. Sé que Horacio González se presentó en un programa de televisión (Los siete locos) y sólo dijo: “Estoy aquí para advertir que una derecha temible nos acecha. Quiero decir eso, nada más”. Repito: lo de Honduras es gravísimo. Lo de Colombia también. Chávez está marcado, sólo lo salva el petróleo que negocia con Estados Unidos. Pero tiene una oposición golpista y educada en Miami. Evo ya ha enfrentado situaciones de golpe institucional. Nosotros también. Tenemos, para el Imperio y sus aliados locales, un gobierno insurgente. Un gobierno glocalizador. De aquí la furia que se descarga contra él. La ausencia de figuras lúcidas, inteligentes, en una oposición endeble, se sustituye por la agresión mediática. Acaba de aparecer un libro de un mínimo periodista que pinta al “líder de la insurgencia” (Néstor Kirchner) como el peor tipo que haya atravesado la política argentina. Es tanta la carga de atrocidades que se arroja sobre él que termina uno por reírse: “Aquí viene otro que quiere vender libros como pan caliente siguiendo el ejemplo de ese escritor que se lamenta de las desdichas de su pobre patria”. Pero no hay que reírse. Todo eso suma. Sobre todo en una clase media hoy próspera, que hizo su prosperidad bajo el “gobierno insurgente” y ahora quiere aniquilarlo. Los mismos que alguna vez dijeron: “Piqueteros, cacerolas/ La lucha es una sola”. La situación es grave. Si Lugo acaba de denunciar el peligro de “milicias agrarias” en Paraguay, habría que pensar hasta qué punto no se estuvo cerca de eso en 2008. Total, con el desdén por la institucionalidad que enuncian claramente los viejos militantes de la contrainsurgencia como Grondona y Biolcati, todo es posible. (¡Y vaya si el señor Grondona no es un viejo, nunca cansado, militante de todas las contrainsurgencias desde 1955 a la fecha!)

Para terminar: ¿qué bicentenario se piensa festejar? ¿El bicentenario de qué? Todas las fuerzas retrógradas que hicieron del primer centenario un festín triunfal de las clases dirigentes, de las triunfadoras oligarquías, están en total vigencia. ¿Nos vamos a unir todos? ¿Somos una sola nación unida por el amor de Dios? Cuando al general Roca le llegó la queja anarquista por los cientos de miles de indios que había exterminado en su “conquista” del desierto, dijo o debió haber dicho: “Así son las cosas. Son las leyes del progreso de la Historia. Por eso, a nosotros, la patria nos hará héroes y nos levantará estatuas. Ellos, los derrotados, siempre serán mártires y tendrán, con suerte, tumbas donde se los llore”.

Fuente texto: diario Página 12, 8 de noviembre de 2009

Fuente imagen: blogs.20minutos.es

Publicado en  on Noviembre 13, 2009 at 11:07 pm Dejar un comentario

Eduardo Pérsico: Por los dioses, la patria o lo que sea

 

Al referirse a la relevancia de las religiones en el desarrollo de la humanidad, el escritor José Saramago dijo ‘lo único que han hecho ha sido matar, matar y matar’; una apreciación no muy ajena a los pensadores independientes en serio y que en otros términos ya había dicho Bertrand Russell, al recordar las persecuciones y crímenes que ocurrieran entre los mismos cristianos. Una profunda disidencia con las religiones de dos pensadores que no invalidarían a cierto humorista de los años cuarenta en Buenos Aires, F.P., al decir que ante la pedofilia y homosexualidad creciente en los colegios de curas era lógico la adoración de los sables, pero que bendecir los cañones de Benito Mussolini en Italia ya era demasiado…

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Irreverencias aparte, las religiones aún vigentes están vinculadas al oro y no fueron casuales las uniones entre reinados y religiones, bien demostrado por los Reyes Católicos de España al impulsar la conquista de América con atropellos a punta de espadas y de cruces. En la Conquista, generada por el hambre como desde siempre fueron las migraciones del hombre, los indígenas de las Antillas fueron sometidos a trabajos forzados para así cargarse la mayor cantidad de oro a España, y al romperse así la economía agrícola antillana sobrevino la casi extinción de su población, sin la menor conmiseración del catolicismo que consideraba seres inferiores a esos nativos que eran en verdad los dueños del territorio. Luego Hernán Cortés imaginó hallar en México una riqueza imposible de satisfacer y el señor Inca Moctezuma no podía comprender semejante codicia. Esa vez y conocida como la Noche Triste, los conquistadores abandonaron Tenochtitlán con muchísimas pérdidas humanas, pero por 1561 Franciso Pizarro con el secuestro de Atahualpa, el último señor Inca, obtendría ‘una habitación de tres metros por cinco de ancho repletas de oro, y dos habitaciones más llenas de plata’. Atahualpa fue aconsejado por su gente que atacara con sus miles de guerreros a Pizarro, que sólo contaba con 167 hombres, pero como este igual que Moctezuma temía que los españoles fueran hijos del rey Viracocha, no lo hizo y los españoles no tardarían más de una hora en liquidar a los tres mil guerreros nativos. Así empezaría la fundición en lingotes del oro tallado por los orfebres para ser fletados a España, y con la muerte de Atahualpa moriría también una cultura con más de tres mil años de antigüedad; eso sí, con la bendición de dios nuestro señor padre todopoderoso, conquistador por ese entonces.

Ya ni vale cuestionar la conquista española de América, pero si el aporte mayor a las culturas existentes fueron las liturgias del catolicismo y el inicio de un sistema económico irracional y feroz que en pleno siglo veintiuno, con su liberalismo capitalista que exige invasiones y un pibe muerto de hambre cada cinco segundos, mi amigo Saramago tiene toda la razón sobre el aporte de las religiones y punto. Y acaso sea tiempo de preguntarle a los papas, ayatolas y rabinos qué pervive de tantos hombres roncos de gritar por cierto dios, bandera o patria siempre imaginaria; esos millones y millones de miserables sometidos a un perpetuo territorio emocional y desangrados en el campo de alguien, que como premio, no le dará ni un metro para dejar de herencia. El pobre común, el humillado que jamás lo sabe si con rezos, plegarias y alabanzas lo engañaron por siglos a jugarse la vida. Infeliz de creerse victorioso con su espada, arremetiendo hasta sentir costillas bien adentro lo único en verdad suyo en la pelea: el furor enemigo. Despanzurrado y hecho jirones no recibe más discursos, arengas o promesas para ganar su empeño; él y sus iguales enfrentados engordarán la tierra de otros, pero sus hijos o su hembra ni un sitio bajo el sol. ¿Será por ley de dios que también su causa de pelea se muera el mismo día y prosigan entre rezos, sotanas y plegarias los inmortales dueños de la tierra y el oro? Bienes inconmensurables que quienes Mandan se apropian sin medir las hambrunas perpetua o la metralla. Este inconfeso pero renovado Destino Manifiesto hitleriano que no jodamos, resulta inevitable para seguir con la explotación de los países centrales contra el resto. Algo sugerente de que esta historia de la especie humana sigue siendo una trágica historieta.

Fuente texto: la nota de Eduardo Pérsico ( narrador y ensayista ) fue extraida de la página web el ortiba.com, 28 de octubre de 2009

Fuente imagen: blog puertohurraco.wordpress.com

Publicado en  on Noviembre 12, 2009 at 3:59 pm Dejar un comentario

Washington Uranga: Universalización y política

 

La universalización de las asignaciones familiares dispuesta por el Gobierno significa un paso gigantesco en bien de la justicia social y de la equidad. Quizá sea la medida más importante que, en materia social, se haya implementado en la Argentina en muchos años. No hay dudas de esto, aun cuando puedan resultar atendibles algunas de las críticas a la forma de implementación. Parte de esas observaciones apuntan válidamente a metodologías que ya han demostrado su inutilidad política y social y en las que el Gobierno se sigue empecinando. Sólo a título de ejemplo: ¿alguien podría creer que el tema de la universalización de las asignaciones es tan sólo una idea brillante surgida de quienes hoy conducen el país y que sólo a ellos se les puede atribuir mérito? Entonces: ¿por qué no asumir y celebrar este paso como un avance del conjunto de las fuerzas sociales y políticas en lugar de pretender acaparar en exclusiva un rédito que finalmente no será tal?

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Otras críticas están apenas apoyadas en la miopía de dirigentes que creen que hacer oposición se restringe a decir “no” a todo lo que surja de los despachos oficiales, aunque esas determinaciones hayan formado parte de los propios reclamos o de las plataformas de esos mismos candidatos y partidos. Me opongo caprichosamente porque me opongo. Y en esto, vale decirlo, no hay distingos de derecha, centro o izquierda. Pareciera que conceder un acierto de la vereda contraria es claudicar en las convicciones propias. Tampoco del lado de Gobierno se entiende esto.

Así planteadas las cosas la decisión que, como bien se dijo, no acabará con la pobreza pero puede llegar a eliminar la indigencia entre los niños y niñas de la Argentina, quedó también envuelta en las mezquindades políticas de corto plazo.

A la hora del análisis habría que poner varias cuestiones en la balanza de las consideraciones. En primer lugar precisar que los titulares del derecho son todos los niños y niñas y no los adultos responsables, aunque por razones obvias éstos cobren el beneficio. Primer tema no aclarado. En segundo lugar: la universalización de las asignaciones familiares es el resultado de una conciencia colectiva construida pacientemente en la sociedad por una multiplicidad de actores. No habría que olvidar nunca el aporte del Frenapo y tampoco el de organizaciones sociales, de iglesias, de técnicos, políticos y personalidades. Cada uno sumó desde un lugar diferente y complementario para llegar a este final. Y el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner tuvo el coraje político de ponerlo en marcha. No existe lo uno sin lo otro. Todos aportaron para conseguir este logro.

El anuncio ocurrió hace apenas unos días. Aún no se conoce en detalle la forma de implementación y el tema ya salió de las primeras planas de los diarios y los noticieros. ¿Por qué en lugar de llenar las páginas con noticias que sólo hablan del conflicto no nos damos el tiempo para valorar los éxitos que como sociedad vamos plasmando? Más allá de las contribuciones que puedan provenir de la psicología social, seguramente esto tiene una respuesta directa en la batalla que los grupos multimediales y el Gobierno sostienen en torno de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Pero ésa no es la única explicación. También es cierto que en estos temas básicos y fundamentales el Gobierno aún sigue demostrando incapacidad a la hora de comunicar. Porque no bastan las cadenas nacionales y los discursos de la Presidenta. Es necesario entender la comunicación como un proceso complejo, que requiere llegar a cada audiencia con los mensajes apropiados, generando propuestas de mediación pedagógica y comunicacional para que todos y todas puedan apropiarse del sentido y del valor de lo que se está generando. Sin comunicación adecuada lo que es un derecho universal puede terminar envuelto en la maraña del clientelismo de algunos o, lo que no es menos grave, severamente limitado en el acceso efectivo.

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La comunicación no es apenas una cuestión de medios, sino fundamentalmente un proceso social, de interacción y de construcción de sentidos colectivos. Así entendida, la comunicación es acción política para producir nuevos sentidos en la sociedad. Y se hace no sólo a través de lo que conocemos como medios de comunicación, sino sobre todo mediante el trabajo de organización social, en los espacios culturales, en los ámbitos políticos e institucionales. ¿Alguien se habrá planteado que la universalización de las asignaciones familiares necesita ser comunicada también a través de canales diferentes del anuncio presidencial, una página de Internet o una línea telefónica de consulta? O lo que es lo mismo: ¿no será hora de que alguien en el Gobierno asuma que los logros sociales necesitan, para ser validados, de acción política genuina a través de las redes y las organizaciones sociales para que los mensajes lleguen a donde tienen que llegar y de la manera más eficaz? Seguramente la inquietud está, aunque bloqueada por la acción de algunos que siguen creyendo que la manera más válida de hacer política es a través de la sorpresa y el golpe de efecto y no de la construcción paciente, permanente y participativa de la organización social.

Fuente texto: diario Página 12, 7 de noviembre de 2009

Fuente imagen número 1: página web tunja.gov.co

Fuente imagen número 2: página web bieneraicesvideo.com

Publicado en  on Noviembre 10, 2009 at 11:10 pm Dejar un comentario

Orlando Barone: Preguntas periodísticas para no periodistas

 

¿Cree que un periodista es libre y autónomo? ¿Cree que cuanto más reconocido e influyente es, más independencia tiene? ¿Cree que un periodista opositor a un gobierno es más independiente que un periodista que es más acrítico? ¿Cree que el periodismo es más verosímil que el poder ejecutivo, que el legislativo o el judicial, y más objetivo que cualquier otro medio de opinión incluyendo el ámbito universitario y el de la ciencia? ¿Cree que las empresas de comunicación se abstienen de mezclar sus intereses privados o de corporación del contenido del mensaje que emiten? ¿Cree que los periodistas no arriendan su inteligencia ni sus principios al medio que los emplea o que los contrata? ¿Cree que es fácil darse cuenta de la veracidad o insustancialidad de la información que se recibe? ¿Cree que el receptor de noticias considera más creíbles las noticias que coinciden con sus deseos que aquellas que lo contradicen? ¿Cree que la adhesión a un periodista es exclusivamente por sus cualidades profesionales o que la adhesión es por compartir una ideología y un criterio acerca de las cosas? ¿Cree que el periodismo debería tener algún tipo de control o de consenso deontológico? ¿Cree que el derecho a saber de los ciudadanos debe ser correspondido por un esfuerzo de veracidad de los medios? ¿Cree que la concentración de medios es un riesgo que amenaza con la manipulación de la sociedad? ¿O cree que ya está manipulada? ¿Los multimedios se acostumbrarán mansamente a reducirse sólo a medios? Finalmente: ¿A los medios qué les importa más una verdad sin interés o una mentira emocionante? Esta pregunta se la robo a Aldous Huxley.

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Fuente texto: blog orlandobarone.blogspot.com, 21 de octubre de 2009

Fuente imagen: página web jrmora.com

Publicado en  on Noviembre 8, 2009 at 10:27 pm Dejar un comentario

Adolfo Pérez Esquivel: ¿ Etica política o basural político ?

 

El pueblo vive desconcertado frente al vaciamiento político de varios dirigentes y medios de comunicación, que incomunican y construyen la Babel de palabras sin contenido.

Me recuerda el tango siempre vigente: “Siglo XX Cambalache”… “Todo es igual, nada es mejor…” y es la realidad de un país que muchos quieren ver sumergido. A pesar de esos males el pueblo sigue resistiendo las frustraciones y desesperanzas y la violencia impuesta de la palabra de quienes buscan confundir y desestabilizar al gobierno, no importa cómo, ni cuando, sólo ven sus intereses partidarios y personales. Argentina ha retrocedido décadas en su capacidad productiva. Un país rico y con gran diversidad, se ha transformado en un país empobrecido y desarticulado. La dictadura dejó huellas del desastre.

Hoy tenemos un país sin soberanía y donde los señores feudales se enriquecen a costa del pueblo. Un ejemplo: ¿cómo es posible que la familia Gioja que domina la Provincia de San Juan, controle la Comisión de Minería en el Congreso y beneficie a empresas como la Barrick Gold, la Alumbrera, que provocan graves daños ambientales y a los pobladores?

La pitonisa mediática vocifera la hecatombe apocalíptica, desde el podio montado para su exclusivo uso por el Grupo Clarín y sus aliados. Consulta el oráculo y tira los huesitos anunciando las próximas plagas, la amenaza de la violencia desatada por supuestos grupos de piqueteros armados que van a provocar otro diciembre del 2001; y culpa al gobierno de todos los males habidos y por haber. Atacan a la organización Tupac Amaru que dirige Milagro Sala, esa mujer valerosa que realmente ha logrado un milagro, ayudando a organizar a los sectores más postergados para superar el hambre, la pobreza, la marginalidad y generando fuentes de trabajo, vivienda y dignidad para el pueblo jujeño. Hoy esa mujer Colla y jujeña sufre los ataques de los medios de “des-información”.

Muchos ciudadanos y ciudadanas se preguntan: ¿Si la pitonisa sabe de hechos comprobados de piqueteros y de grupos armados ¿por qué no hace la denuncia judicial y señala correctamente quienes son los grupos armados? Rechazamos las agresiones contra   grupos o personas, como lo ocurrido a Morales en Jujuy, pero también deseamos saber cual es la actitud del representante de la UCR. Me pregunto: ¿Cuánta violencia han sufrido los pueblos, los jujeños, a manos de los que mandan?

Perdonen, pero hay otro problema preocupante: el vicepresidente de la nación, que fue elegido para acompañar la política del gobierno, se dedica a serrucharle el piso. No debe olvidar que es parte del gobierno. Si no está de acuerdo con la política del gobierno, lo más lógico es actuar con transparencia y dignidad.

Es necesario tener sentido común, que es el menos común de los sentidos, que nace del hacer político y ético. Lo correcto es dar un paso fuera del gobierno y asumir la oposición con claridad. Pero el vicepresidente Cobos no quiere bajarse del sillón, se encuentra cómodo en su condición de opositor jugando a la ruleta del “todo vale”.

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¿Y… don Cleto, donde está la ética política?- ¿Dónde están los valores y la responsabilidad cívica? El pueblo no come vidrio y sabe de las conductas y valores. Es cierto que el gobierno más de una vez metió la pata y pateo hormigueros y encontró que las hormigas estaban furiosas y no sabe como sacárselas de encima.

Hay varios hormigueros pateados y furiosos que no quieren la intervención del Estado. Sólo les interesa ganar más. Son los que controlan la economía nacional, aquellos que privilegian el capital financiero sobre la vida del pueblo. Ocultan que nunca ganaron tanto dinero a costa de destruir los bosques, la biodiversidad e implantar los monocultivos de soja, expulsando de sus tierras a los pequeños y medianos productores rurales y a las comunidades indígenas. A eso le llaman desarrollo, yo lo llamo despojo.

 Hay poblaciones afectadas por los agroquímicos y las autoridades miran para otro lado. ¿Quién se hace cargo de la violencia desatada contra el pequeño y mediano productor rural y los trabajadores del campo, muchos de ellos asalariados en negro, sin obras sociales, sin posibilidades de progreso? Recuerdo a Josué de Castro, en su obra la Geografía del hambre que dice: “Los pobres no duermen porque tienen hambre y los ricos no duermen porque tienen miedo de los que tienen hambre”.

El gobierno debe asumir su responsabilidad y reconocer que, en muchos casos, fue gestor de las calamidades que sufre la población. Un país que no controla sus recursos naturales y las empresas estratégicas para su desarrollo, es un país sin soberanía. ¿En el año 2010 La Argentina cumplirá el Bicentenario de su Independencia, o de su dependencia?

Hay que abrir el debate social, saber el país que se quiere y hacia donde va y reclamar a los que mandan valores y ética en bien del pueblo y no generen más basura política que está asfixiando al país y deja muy mal olor.

La oposición política y económica vocifera contra la aprobada Ley de Medios Audiovisuales, que llaman “Ley K”, pretenden desconocer que hace más de 20 años que muchas organizaciones de medios de comunicación alternativos, de DD.HH. y organizaciones sociales vienen trabajando por la nueva Ley de Medios, superando a la impuesta por la dictadura militar. Felizmente se ha logrado gracias al esfuerzo de todos; pero los opositores pretenden anularla para continuar con la censura solapada y favorecer los monopolios

Al Grupo Clarín le patearon el hormiguero y furioso arremete contra el gobierno. Es evidente que estaba feliz con la ley de la dictadura militar y los “arreglos” con Menem, que durante su gobierno de relaciones carnales, entregó el país. Los monopolios de medios de comunicación hicieron trizas la libertad de prensa para imponer la libertad de empresa. Y la cultura de la violencia manipulando la conciencia colectiva de muchos sectores sociales.

El pueblo debiera preguntarse ¿Qué hizo la oposición política cuando fueron gobierno con la soberanía nacional y la pobreza, que afecta hoy a miles de argentinos y argentinas, con la entrega de las empresas nacionales y de los recursos del país en manos de las transnacionales?

La lucha es larga y no hay que perder la esperanza, hay capacidad de resistencia, conciencia social, cultural, política y espiritual. Hay que abrir las puertas y ventanas para sacudir el polvo y que entre la luz.

Hay luces que surgen de la acción de sectores sociales y religiosos, como es el “Foro del Pensamiento y Construcción Social”, que busca alternativas y la participación popular en defensa de los intereses de la Nación para la construcción de un auténtico estado de Justicia Social.

El compañero de caminada por América Latina, Eduardo Galeano, dice: “Una palabra abre puertas. ¡ABRACADABRA!, que en hebreo significa “envía tu fuego hasta el final”. A modo de todos los fuegos caminantes que van abriendo puertas por los caminos del mundo. Caminantes por la justicia, portadores del fuego sagrado ¡ABRACADABRA, compañeros!” Hay que liberar la palabra, el pensamiento y ejercer la ética en lo personal y en la política.

Fuente texto: página web alainet.org ( Agencia Latinoamericana de Información )

Fuente imagen:  público.es

Publicado en  on Noviembre 5, 2009 at 3:14 pm Dejar un comentario

Mario Wainfeld: Millones de razones

 

Hay millones de razones para valorar positivamente el decreto 1602/09 que establece la asignación universal por hijo. Millones de chicos, que viven en millones de hogares con estrecheces económicas enormes, serán los beneficiarios. Alrededor de diez mil millones de pesos (que, andando camino, posiblemente sean más) impactarán en sus ingresos, derivarán en la economía local, en buena medida en pequeños comercios. Las provincias, los municipios y el propio fisco nacional disminuirán en millones su gasto en planes afines, pudiendo derivarlo a otras finalidades.

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Lo cualitativo, a su vez, vale millones. Cuando el ingreso sea cabalmente universal (lo que requerirá correcciones y adiciones al decreto respectivo, de las que ya se hablará) se habrá consagrado un nuevo derecho ciudadano expandido. A los ojos del cronista el más relevante desde hace más de medio siglo, cuando se legisló el voto femenino. Aún en la transición actual se ha dado un salto de calidad en políticas sociales y se asiste al inicio del plan de ingresos más extendido y generoso de América latina, considerando el conjunto de beneficiarios y el monto, en proporción a la población.

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Revisionismo histórico: El Gobierno revisó su doctrina negativa de años, que juzgaba contradictoria la coexistencia de la promoción del trabajo decente y las políticas sociales universales. Ese paradigma “laborista” tiene su valor como objetivo deseable pero topó con la tozudez de los hechos: la ampliación del conjunto de trabajadores con conchabo formal o “negro” no puso fin a la pobreza por ingresos y a la indigencia. Los tres Kirchner (los dos presidentes y la ministra Alicia) renegaron contra la herramienta que juzgaban un contrapeso a la “cultura del trabajo”. Otros cuadros importantes del oficialismo, como Roberto Lavagna y Alberto Fernández, también fueron resistentes. La CGT tampoco se implicó hasta hace bastante poco, apegada atávicamente a los paradigmas de las buenas épocas en que había pleno empleo y en las que el que trabajaba podía parar la olla.

En el devenir de su mandato, la Presidenta fue repasando su juicio, hasta llegar a la decisión que merece celebrarse. En su imaginario fue crucial el aporte de funcionarios del Ministerio de Trabajo que mocionaron la forma de la asignación familiar, manteniendo el actual sistema contributivo para los trabajadores formales. Esa deriva también había sido insinuada por estudiosos de todo pelaje y dirigentes fundamentalmente opositores. Poner el beneficio “en cabeza” de los menores vencía las resistencias despectivas de amplias capas de sectores medios que, una vez que se salvan, creen que todos los pobres son vagos o cosa similar.

Preservar el sistema contributivo de asignaciones familiares (sostenido con aportes patronales) alivia la carga fiscal, retiene un sistema que funciona pasablemente desde hace décadas. A la vez, posibilita un “puente de plata” para los laburantes más necesitados si consiguen incorporarse al mundo, más tolerable, de quienes cobran con sobre.

Hace alrededor de dos meses Cristina Fernández de Kirchner expresó a sus ministros y a los principales operadores parlamentarios que la única valla a salvar era el financiamiento. Cambió la tozuda negativa por una aceptación condicionada a la sustentabilidad económica. El ministro de Economía Amado Boudou llevó la propuesta de hacerlo a través de la Anses. Ese fondeo garantizado desde el vamos y el dictado del decreto le permitieron al oficialismo ganar tiempo e iniciativa, dos de sus obsesiones: arrancar ya con la acción, evitar subordinarla al establecimiento de nuevos impuestos cuya cosecha tardaría en llegar.

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Errores e inconsecuencias: La prueba de ácido de la medida serán la cantidad y vastedad de beneficiarios que se vayan sumando. Algunas disposiciones del decreto limitan la universalidad, a veces por errores de redacción fáciles de paliar, otras por criterios que se deberán revisar.

En el primer supuesto está la exclusión del personal doméstico formalizado. La asignación cubre a los hijos de trabajadores desocupados, informales y de monotributistas sociales. Por lo tanto, las trabajadoras domésticas no regularizadas pueden acogerse al beneficio pero las formalizadas (que son monotributistas “normales”) quedan excluidas. La diferencia carece de razón y, para colmo, sería un aliciente para mantenerse en la informalidad, en la que se cobraría más. El titular de la Anses, Diego Bossio, reconoció en conversaciones informales con periodistas la inconsecuencia, subsanable vía reglamentaria en función del espíritu de la norma.

Mucho más seria es la exclusión impuesta en el artículo segundo del decreto: no tienen derecho a pedir la asignación “los trabajadores que se desempeñen en la economía informal percibiendo una remuneración superior al salario mínimo, vital y móvil”. Mientras los trabajadores en blanco cobran el beneficio así ganaran mucho más que el mínimo, se discrimina a los informales. El motivo que llevó a la Casa Rosada a poner esta cláusula es prevenir un aluvión de inscripciones de personas de ingresos medios o altos, flojitos de papeles, que abusaran del beneficio. La cautela es excesiva, castiga a laburantes de sueldos bajos y baja protección general. Quizá no influya en la gestión de las asignaciones porque el reclamante sólo debe presentar una declaración jurada sobre su sueldo. Pero es perverso inducirlo a macanear, máxime si la sanción en el (improbable pero nunca imposible) caso de ser descubierto es la pérdida del beneficio.

También es incorrecto que los que tienen seis hijos cobren sólo por cinco, también tiene un tufillo discriminatorio.

La división de la mensualidad, subordinando el pago de un 20 por ciento de su importe a la acreditación de controles sanitarios y escolaridad, también le resulta chocante al cronista. Cierto es que está prevista en proyectos legislativos opositores y que su finalidad es edificante. Pero impone a los padres que cobran la asignación no contributiva un deber que no pesa sobre los que reciben asignaciones familiares. Por añadidura, suma un engorro burocrático y de tramitación, que complica un trámite que debe ser sencillo. Nuevamente, más tareas para los más relegados… humm.

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Reglamentar y atender: La reglamentación será una tarea ardua, porque debe hacerse cargo de los claros dejados por un decreto muy parco. La maraña de planes sociales de todo tipo generará situaciones de hecho de compleja resolución. La recepción de los pedidos será todo un desafío para la burocracia gubernamental, que sigue poco aceitada. Ha de ser importante imponer que los trámites sean simples y amigables, regidos por el principio “in dubio pro reclamante”. Un rechazo indebido es más grave que una admisión prematura, revocable luego.

Daniel Arroyo, ex secretario de Políticas Sociales de Nación y ex ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, explica que el flujo de postulantes es irregular. En un primer momento, lo harán los más informados o avezados. Habrá otros sectores que será necesario interpelar y anoticiar, por diferentes medios. La publicidad oficial en medios masivos será necesaria pero no suficiente. Harán falta campañas intensas en escuelas, salitas hospitalarias, comedores públicos y otros centros de relacionamiento social. La experiencia del Plan Jefas y Jefes de Hogar (JJDH) que se pretendía universal y se cortó abruptamente por exceder los recursos asignados, fue cruel. Los más desamparados, los más desestructurados llegaron tarde a la ventanilla. La condición universal del decreto 1602 impide ese desenlace pero no que se ralente el acceso, lo que deberá atenderse con una acción proactiva y constante.

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Money, money, money: El aludido JJDH, que se encaminaba a paso seguro a la eutanasia, será suplido por uno más generoso. Para otros programas hay una zona gris, que se irá develando al andar. De cualquier modo, habrá muchos pases de beneficiarios al nuevo esquema.

La cobertura de la Anses liberará fondos estatales y será digna de verse la brega al interior de la nación, las intendencias y las provincias por redireccionarlos. A cuenta de esa puja, la ocasión pinta calva para otros programas laborales o sociales. El sistema laboral argentino prestó poca atención a los desempleados, desidia quizá explicable en el contexto existente, números redondos, entre mediados de las décadas del ’40 y del ’70. Ahora es una necesidad acuciante, insuficientemente resguardada por el seguro de desempleo contributivo (solventado por aportes patronales) y por el seguro de capacitación y empleo, no contributivo. El primero no tendrá nuevos ingresos. El segundo, que se nutre de partidas específicas del presupuesto, recibirá un posible trasvasamiento de actuales beneficiarios del JJDH. Podría ponerse al día con un incremento significativo que lo potenciara. Hacerlo arrimaría el bochín a un círculo virtuoso aludido por la Presidenta: la flamante política social insuflaría nueva fuerza a la laboral.

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Los nuevos cabecitas: Los de-sempleados, los informales, los que ganan menos de lo necesario… hay un nuevo mapa de la clase trabajadora. Los “cabecitas negras” del siglo XXI no son ya los camioneros, los mecánicos automotrices, los cuello blanco de UPCN. Hay un nuevo sector que está muy distante de ellos. No tienen vacaciones pagas, ni cobran aguinaldo, ni disponen de cobertura de obras sociales. Sus diferencias de talla, estado de salud y autoestima se perciben en las movilizaciones masivas. Ese sector es el que clamaba por medidas directas como la que estamos analizando, que no alcanzará pero que es un gran paso adelante. La distracción oficial por su suerte, la estigmatización que descarga la oposición sobre sus emergentes, hablan de la complicación de comprender la irrupción de un conjunto que está por debajo de los laburantes sindicalizados. En una interesante entrevista publicada ayer en el suplemento Las12, la socióloga Maristella Svampa analiza la fragmentación de la clase trabajadora y el surgimiento de “un nuevo proletariado plebeyo”, característico de esta etapa, que no encaja en las categorías tradicionales de clase trabajadora o lumpen proletariado. Su análisis, sin duda superior y tal vez no idéntico al del cronista, es digno de recomendación.

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Rara, como encendida: El gobierno de Cristina Fernández atravesó muchos más sobresaltos que el de Néstor Kirchner y sufrió dos derrotas sin parangón: la de las retenciones móviles y la de las elecciones de junio. A su vez, plasmó tres medidas de enorme implicancia institucional, largamente demandadas por actores progresistas: la vuelta al sistema jubilatorio estatal, la ley de medios y la asignación universal. Tiene menos consenso que el que disfrutó Kirchner y, da la impresión, adhesiones más fervorosas y militantes. La virtualidad del kirchnerismo para triunfar en 2011 es apreciablemente menor que la que disponía dos años antes de los comicios de 2007. Ha polarizado más, ha acentuado la politización de sus partidarios. El panorama es complejo, cuando no paradójico, da para tratamientos más agudos. Lo cierto es que va camino de dejar un digno legado al futuro presidente, sea o no de su signo.

En el interregno transcurrido desde fin de junio el oficialismo ha recuperado el control de la agenda política, aunque en este caso tomando una conquista que se acuñó fuera de sus filas. La oposición lo acusa de plagio, cuando se empecina en no escuchar le imputa cerrazón. También bucea en sus móviles para producir acciones de gobierno, siempre concluye que son espurios y que emponzoñan todo lo que hace.

Los móviles de las medidas son, como todo, tema presto al debate. En esta cuestión hay millones de cuestiones más interesantes en danza.

Fuente texto: diario Página 12, 1 de noviembre de 2009

Fuente imagen: página web cuidadoinfantil.net

Publicado en  on Noviembre 3, 2009 at 7:58 pm Dejar un comentario

Mirar el mundo: Boaventura de Sousa Santos: El hipnotizador

 

La hipnosis es un estado psíquico inducido artificialmente en que el hipnotizado, en una condición semejante a la de un trance, queda sujeto a la influencia del hipnotizador. El estado de concentración hipnótica filtra la información de modo que coincida con las directivas recibidas. Estas, a su vez, pueden traer a la conciencia del hipnotizado recuerdos suprimidos. La hipnosis puede conducir a actos destructivos para sí o para otros y, pasado su efecto, el contacto con la realidad puede ser penoso. El mundo (no todo, pero sí una buena parte) vive hoy en un estado de hipnosis y el hipnotizador es Barack Obama. La hipnosis consiste en un radical cambio en la percepción de lo que está pasando en el mundo, sin que en realidad haya razones para sustentar ese cambio. ¿En qué consiste tal cambio y de dónde vienen los poderes hipnóticos de Obama? ¿Qué pasará cuando el estado de hipnosis se desvanezca?

lahistoriadeldia.wordpress.com

El cambio de percepción se está produciendo en diferentes áreas:

- La crisis financiera global. El cambio: las audaces medidas de Obama para regular el sistema financiero y tomar el control de grandes empresas permitieron que la crisis sea superada y la economía retome su curso. La realidad: Obama inyectó astronómicos montos de dinero de los contribuyentes en los bancos y las empresas que estaban al borde del colapso, pero sin asumir el control de su gestión; hasta ahora no introdujo ninguna regulación del sistema financiero, prueba de eso es la vuelta del capitalismo de casino a Wall Street, con el banco Goldman Sachs obteniendo fabulosas ganancias a través de los mismos procedimientos especulativos que llevaron a la crisis; mientras, el desempleo sigue aumentando y los norteamericanos continúan perdiendo sus casas porque no pueden pagar las hipotecas.

- El regreso del multilateralismo. El cambio: Obama abandonó el unilateralismo de Bush y los tratados internacionales volvieron a ser respetados por los Estados Unidos. La realidad: las recientes negociaciones en Bangkok, que debieron reforzar el frágil Protocolo de Kioto sobre cambio climático, condujeron, por presión de los EE.UU., al resultado opuesto, con el agravante de haber atenuado las responsabilidades globales de los países desarrollados, los grandes responsables de la degradación ambiental; los EE.UU., que no firmaron la Declaración de Durban contra el racismo auspiciada por la ONU en 2001, volvieron a retirar su apoyo a la revisión de la Declaración, formulada en una reunión de la ONU en abril pasado, en Ginebra, arrastrando consigo a varios países europeos; los EE.UU. desconocieron el valiente informe del juez Richard Goldstone sobre los crímenes de guerra cometidos por Israel y Hamas durante la invasión israelí a la Franja de Gaza en el invierno de 2008, y, junto con Israel, presionaron a la Autoridad Palestina para que hiciera lo mismo.

- El fin de las guerras. El cambio: en señal de fraternidad y respeto, Obama tendió su mano al mundo islámico y pondrá fin a las guerras en Medio Oriente. La realidad: sin duda hubo un cambio retórico, pero Guantánamo aún no cerró; los generales dicen que la ocupación de Irak continuará por muchos años (aunque los soldados sean sustituidos por mercenarios); los pobres agricultores afganos siguen siendo asesinados “por error” por bombarderos cobardemente no tripulados, y las muertes ya se extienden hasta Pakistán con consecuencias imprevisibles; el fraude de la amenaza nuclear iraní continúa siendo difundido como verdadero; el pasado 10 de septiembre Obama renovó el estado de emergencia, declarado inicialmente por Bush en 2001, bajo el pretexto de la amenaza terrorista, otorgando al Estado poderes que coartan los derechos democráticos de los ciudadanos.

- Las bases militares en Colombia. El cambio: sin precedentes, Obama criticó el golpe de Estado en Honduras, lo que garantiza que las siete bases militares que se instalarán en Colombia estarán exclusivamente destinadas a la lucha contra la droga. La realidad: Obama criticó el golpe, pero no suspendió la ayuda financiera; el alcance de los aviones que llegan a Colombia revela que los verdaderos objetivos de las bases son: 1) mostrarle a Brasil que, como potencia regional, no puede rivalizar con EE.UU.; 2) controlar el acceso a los recursos naturales de la región, entre ellos los de la Amazonia; 3) intimidar a los gobiernos progresistas de la región para que no avancen demasiado en la vía socialista.

¿De dónde viene el poder hipnótico de Barack Obama? De la insidiosa presencia del colonialismo en la constitución político-cultural del mundo. El presidente negro de un país tan importante les da a los creadores históricos del racismo en el mundo contemporáneo la comodidad de expiar sin esfuerzo su culpa histórica, y les da a las víctimas del racismo la creíble ilusión de que el fin de sus humillaciones está próximo.

¿Qué pasará después de la hipnosis? Obama se está preparando meticulosamente para gobernar durante ocho años; hará algunas reformas que mejoren la vida de los norteamericanos, aunque muy por debajo de las promesas previas (como en el caso de la reforma del sistema de salud) y sin poner nunca en cuestión la vigencia del Estado de mercado; evitará a toda costa “revolver” el conflicto Israel/Palestina; mantendrá a Latinoamérica bajo estricto control; contentará en todo a China, con miedo a que deje de financiar el american way of life, dejará a Irán donde está y, si puede, saldrá de Afganistán; todo eso en un contexto de creciente declive económico de los EE.UU., en parte camuflado por el aumento del gasto militar, en algunos casos orientado al control de conflictos internos.

Fuente texto: la nota de Boaventura de Sousa Santos ( doctor en Sociología del derecho, profesor de la Universidad de Coimbra-Portugal y de la Universidad de Wisconsin-EE.UU ) fue traducida por Javier Lorca y extraída del diario Página 12, 23 de octubre de 2009.

Fuente imagen: blog lahistoriadeldia.wordpress.com

Publicado en  on Noviembre 2, 2009 at 1:54 am Dejar un comentario

C.Korol, M.Svampa, N.Giarracca, R.Gargarella, A.Pérez Esquivel*: La nueva criminalización

 

Declaraciones como las que vienen realizando los dirigentes de la UCR, Gerardo Morales, y de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, identificando a los movimientos piqueteros con la violencia son absolutamente funcionales a las políticas que desde los sectores más reaccionarios y conservadores de la sociedad claman por mayor represión a la protesta social, en nombre de la “seguridad” de los propietarios y del castigo a los desposeídos. Diarios como Clarín, La Nación y los medios de comunicación a ellos asociados se han unido rápidamente a una campaña de difusión y magnificación de estas posiciones.

colectivoandamio

Quienes firmamos esta declaración no tenemos ninguna relación con el gobierno nacional. Somos críticos de sus políticas, fundamentalmente en lo que éstas tienen de compromiso con las trasnacionales de la minería, del agronegocio, de la energía e incluso en terrenos como el de las libertades democráticas y los derechos humanos. En el marco de los debates de los movimientos populares hemos polemizado muchas veces con posiciones o metodologías utilizadas por uno u otro movimiento piquetero, ligado o no al gobierno kirchnerista. Sin embargo, hemos aprendido de la experiencia argentina que cada vez que comienza a agitarse el “fantasma” de la “violencia” por parte de cierta dirigencia del sistema lo que se abre es el camino para castigar a los sectores más vulnerables de la sociedad y a sus organizaciones. Así sucedió antes de los asesinatos en General Mosconi, o previo al crimen de Kosteki y Santillán, o al asesinato de Carlos Fuentealba. Si vamos atrás en la historia, recordaremos las declaraciones de Ricardo Balbín sobre la “guerrilla fabril”, que crearon el clima para la escalada golpista.

En la actualidad, la criminalización de los movimientos sociales es una acción que parte de la identificación de la lucha por los derechos sociales con el delito, estigmatizando a los movimientos populares que ejercen el derecho a luchar por sus derechos y transformando toda protesta en causa penal. De esta manera, se traslada la política social al ámbito judicial. Por este camino, desde mediados de los ’90 hasta el día de hoy, miles de luchadores y luchadoras populares en nuestro país han sido judicializados, hecho que constituye un gigantesco chantaje sobre las posibilidades de resistencia a las políticas de hambre, exclusión y precarización de las condiciones de trabajo y de vida hoy vigentes.

Quienes impulsan estas políticas de criminalización de los movimientos populares están atacando los derechos humanos y amenazan en consecuencia al conjunto de las organizaciones sociales, pretendiendo retrotraer los espacios ganados en dicho proceso de resistencia. Rechazamos enérgicamente este nuevo avance en la criminalización de los movimientos sociales y los intentos de promover una mayor fragmentación y vulnerabilidad de los sectores populares, frente a la iniciativa unificada de la derecha ruralista y conservadora y de sus representantes políticos y mediáticos.

* También firman Alejandro Grimson, Horacio Tarcus, Julián Rebón, Atilio Boron, Hernán Ouviña, Mario Pecheny, José Luis Coraggio, Ezequiel Adamovsky, Inés Izaguirre, María Teresa Sirvent, Alberto Binder, Patricia Agosto, Eduardo Rosenzvaig, entre muchos otros docentes e investigadores universitarios.

Fuente texto: diario Página 12, 28 de octubre de 2009

Fuente imagen: blog colectivoandamios.blogspot.com 

Publicado en  on Octubre 31, 2009 at 12:15 am Dejar un comentario

Sandra Russo: La hilacha del macrismo

 

Hay algo pasmoso en la manera en la que los funcionarios del gobierno porteño están reaccionando ante los frentes gruesos de tormenta política. Se trata de la primera vez que el macrismo debe salir a remontar flagrantes errores propios, y lo hace dejando al descubierto una extraña actitud de megalomanía, cerrándose cada vez más la posibilidad de remontar decorosamente el escándalo. Es difícil imaginar cómo intentarán volver al camino de la verdad cuando las pruebas se les caigan encima, aunque de hecho ya las tienen sobre sus hombros. Incluso aceptando la delirante versión del infiltrado, el Fino Palacios pasa del mejor policía del mundo a un gil que estuvo siendo manipulado desde el principio. No hay lugar por el que cierre.

Si en los antecedentes de Palacios no figurara un libro que reivindica el terrorismo de Estado en los ’70, tal vez a uno podría sonarle en falso el montaje de una centralita de Inteligencia ilegal dentro del gobierno porteño. Pero a quien reivindica masacres y prácticas aberrantes no le combina mal pincharle los teléfonos a un opositor político. Vamos de mayor a menor. Dónde, en los antecedentes de Palacios, hay algo que haga dudar sobre su ideología. No es que Macri no lo sepa. Lo eligió porque Palacios es así.

Y eso es lo que no puede explicar el gobierno porteño, tan insistente en lo pro que es tirar los papeles en los cestos. No es que esté bueno tirarlos en la calle, pero si mientras tanto hay grupos de tareas que levantan a patadas a los indigentes en la madrugada, o si hay policías metropolitanos haciendo inteligencia desde el Ministerio de Justicia porteño, tirar los papelitos al cesto se vuelve una estupidez. Una tilinguería de barrio privado, y no es otra cosa lo que el macrismo aspira a hacer de la ciudad.

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En el pasaje del empresariado a la política que hicieron buena parte de los principales dirigentes del PRO hubo un bache de contenidos que está saltando a la vista. Es como si esa desnudez lo exhibiera a Macri como presidente de un directorio, y no como un político. Hay algo desajustado en esta escena. Macri parece ubicarse incluso más arriba que la Justicia. Lo hizo cuando defendía a Palacios. “Para mí no”, respondía cuando se le planteaba el procesamiento del Fino en la causa AMIA. Que la Policía Metropolitana haya comprado los uniformes de sus futuros integrantes a la fábrica de Kanoore Edul fue otro signo extraño. No había ninguna necesidad de irritar más. Quizá deban leerse esos hechos, como síntomas de un liderazgo que nunca llegó a ser político.

A estos empresarios sus asesores les hacen spots que los ayudan bastante a ganar las elecciones. Les facilitan discursos de autoayuda para proponer cosas de consenso obvio, y hasta puede que entre ellos se reconforten en retiros espirituales. Pero la política no tiene nada que ver con eso. Y es eso lo que le estalla al macrismo.

El ministro Piccardo vio varios testimonios de víctimas de la UCEP. Lo hizo en televisión. Estaba la mujer embarazada a la que la patota manoseó en Pasco al 1300 a principios de octubre. La mujer gritaba que estaba embarazada, les mostraba su ecografía, pero la agredieron igual. La ecografía quedó tirada en el piso. La mujer lloraba en cámara. La reacción de Piccardo fue impactante, protopolítica. Cualquiera al ver y escuchar ese testimonio se escandalizaría, o propondría investigar a fondo, o se avendría a revisar lo mal tomada que estuvo la decisión de considerar a los indigentes con la misma entidad que los carteles ilegales. Es por eso que Piccardo es el ministro que debe deshacerse de los indigentes. Porque el macrismo no ve en esos pobres más que trastos que deben ser desechados. Esa es la piedad del macrismo. También, al ser públicos, esos testimonios están a disposición del cardenal Bergoglio. Sería oportuno que la Iglesia se pronuncie al respecto, ya que viene ocupándose de la pobreza. Son pobres entre los pobres los que duermen a la intemperie en Buenos Aires. Son pobres amenazados, golpeados y vejados.

Tanto para eludir las responsabilidades que tienen él o sus funcionarios en las escuchas como para enfrentar el escándalo de sus patotas nocturnas, Macri está mostrando la hilacha de un traje que le queda grande.

Fuente texto: diario Página 12, 28 de octubre de 2009

Fuente imagen: blog frenteporelotro.blogspot.com

Publicado en  on Octubre 29, 2009 at 3:12 pm Dejar un comentario

Norberto Alayón: Lo obsceno

 

Maradona estuvo mal. En rigor, estuvo pésimo con sus groseras expresiones dirigidas a algunos periodistas. Se equivocó por varias razones: por el carácter soez de sus manifestaciones; por la repercusión nacional y mundial que tendrían sus declaraciones; por eclipsar la principal noticia que fue la clasificación al Mundial; por desviar la necesidad de realizar análisis serios acerca de su papel como entrenador y sobre la débil performance deportiva del seleccionado. Millones de personas escuchamos su muy explícita referencia a una práctica antigua, que no es abominable en sí y que responde a la legítima y voluntaria opción entre adultos, pero que requiere de una consideración alturada, sin ventilarse de semejante manera ante una audiencia multitudinaria que, desde luego, incluyó a niños y adolescentes.

Seguramente ha habido comportamientos previos entre cierto periodismo y el propio Maradona que dieron pie (aunque no es justificable) a ese nivel de exabruptos. De todos modos, es absolutamente cierto, también, que algunos medios y periodistas pueden desencajar y encolerizar hasta al más pintado. Distorsionan, frivolizan, mienten, se mofan agresivamente. Algunos hasta fingen aparecer y/o se creen que son “la ética con patas”.

Y al día siguiente vino la respuesta de la “sociedad”, de los periodistas y diversos medios. Y le dijeron de todo al verborrágico DT de la Selección. Muchas críticas certeras y también muchas críticas miserablemente hipócritas. La global obscenidad del conjunto social se depositó sin más en el ex jugador de fútbol, casi expiando las obscenas conductas de tantos otros.

directum.com.ve

Existen, sin duda, distintas interpretaciones y valoraciones acerca de expresiones obscenas (si se quiere focalizadas) y de manifestaciones obscenas de carácter estructural en el funcionamiento de nuestras sociedades. La obscenidad de la explotación y las ganancias sin límites por parte de determinadas empresas; la obscenidad de los sectores económicos altamente concentrados y de enormes riquezas; la obscenidad de la consecuente pobreza; la obscenidad de los niños que mueren por desnutrición; la obscenidad de quienes no tienen acceso al empleo, a la salud y a la educación; la obscenidad de las mujeres (usualmente pobres) que innecesariamente mueren por prácticas abortivas que podrían evitarse o bien realizarse en adecuadas condiciones sanitarias, etcétera.

De todos modos, veamos algunos casos particulares:

¿Podría, por ejemplo, el senador Carlos Reutemann, ex gobernador de Santa Fe, criticar la real obscenidad de Maradona, cuando hace poco, ante la oferta de una eventual candidatura, dijo que “se la podían meter en el…?” ¿Podría el conductor televisivo y ex periodista deportivo Marcelo Tinelli señalar a Maradona como obsceno, olvidándose de sí mismo? Y los programas de Tinelli también son vistos por millones de personas, incluidos niños.

¿Podrían algunos canales de televisión cuestionar la obscenidad de Maradona, cuando publicitan con imágenes sugestivas y de alto voltaje que el público se comunique con un mensaje de texto para contactar con alguna exuberante y explícita “compañía” femenina?

¿Podría el diputado Francisco de Narváez imputar de obsceno a Maradona, cuando él reconoció por televisión que por todas sus grandes y diversas empresas pagaba menos impuestos que el periodista que lo entrevistaba?

¿Podría la jerarquía de la Iglesia Católica acusar de obsceno a Maradona, cuando no se expidió condenando los abusos sexuales del cura Julio César Grassi, quien está condenado a 15 años de prisión, aunque aún permanece en libertad? Precisamente el caso del cura Grassi tiene cierta simetría con las expresiones que virtió Maradona. Uno de los jóvenes abusados por Grassi declaró que el cura le propuso: “¿Querés que te la …?”.

El tradicional matutino La Nación tituló “Maradona escandalizó a todos, pero no se arrepiente”. Sería conveniente por diversas razones que Maradona se disculpara. Pero no podemos dejar de preguntarnos si La Nación se arrepintió de haber apoyado el genocidio político y económico de la dictadura cívico-militar de Jorge Rafael Videla y Alfredo Martínez de Hoz. Y la dictadura fue algo más que una obscenidad.

Maradona, el obsceno, en definitiva es un niño de pecho al lado de algunos “respetables” y bien educados actores políticos, económicos, eclesiásticos y periodísticos que pululan en nuestra sociedad. 

Fuente texto: la nota de Norberto Alayón ( profesor y ex vicedecano  de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA ) fue extraida del diario Página 12, 20 de octubre de 2009.

Fuente imagen: página web directum.com.ve

Publicado en  on Octubre 27, 2009 at 11:42 pm Dejar un comentario